Estrellas Porno
Índice » Amor Filial » GRACIAS SOBRINO

Es una historia que me sucedió hace dos años y que, cuando la pienso, todavía me hace cosquillas en el vientre. Diciembre había comenzado con una llovizna densa, pero ese año terminó con nieve. Mi familia estaba un poco desperdigada por todos lados y mi suegra había insistido que las fiestas de fin de año debíamos pasarlas en su casa de Mons en Bélgica. Mi marido con sus hermanos partieron antes y yo debía reunirme con ellos después de Navidad por cuestiones de trabajo. Yo no digo que soy una mujer hermosa, pero debo tener algo de atractivo porque los hombres siempre me miraron con deseos. Tengo cabellos castaños claros no muy largos, 39 años y soy del tipo de mujer muy reservada y tímida. La educación rígida que me inculcaron mis padres no me permitió nunca engañar a mi marido a pesar que hubo hombres que me atraían bastante sexualmente o que me despertaron fuertes fantasías eróticas. El viaje entre París y Mons en Bélgica, eran muchas horas de auto; pero por suerte mi sobrino Bruno que venía de cumplir 18 años quiso aprovechar mi retardo para quedarse mas tiempo con sus amigos durante las vacaciones de invierno. El día que partimos, él me esperó a la salida del trabajo y de allí nos fuimos directamente. La noche cayó rápidamente y un accidente en la autopista nos retardó aún varias horas más; entonces decidimos pasar la noche en un hotel para continuar a la mañana siguiente mas descansados. Parece que todo el mundo había pensado lo mismo y los tres hoteles en el área de servicio estaban completos. En el último establecimiento nos dijeron que apenas les quedaba una pieza, pero que no estaban seguros si debían ofrecerla al público. Ya era tarde para ir a buscar otro hotel entre los pueblos vecinos y le dijimos que mientras tuviera calefacción la tomábamos igual. Después nos fuimos a cenar. Bruno era un chico bastante retraído e introvertido vamos que las palabras había que sacárselas con tirabuzón. Cuando entramos al cuarto, después de cenar, nos encontramos con una minúscula pieza un poco tristona y una sola cama de dos plazas que no estaba en muy buenas condiciones, porque en el centro el colchón tenía los resortes vencidos y formaba casi un hueco. Yo no tenía pensado dormir en el camino y tampoco estaba preparada para ello, no habíamos bajado ni los bolsos del auto, así que me acosté con la misma remera que tenía puesta y también me dejé las ropas interiores porque yo no estaba acostumbrada que nadie me viera desnuda fuera de mi marido. Bruno se acostó en slip tal vez como lo hacía siempre y, cada uno de nosotros, se atrincheró en un rincón del lecho dándonos las espaldas, pero el pozo nos empujó dos veces hacia el medio como si fueran arenas movedizas que nos absorbían y nuestros cuerpos chocaron. A la tercera vez decidimos quedarnos directamente en el centro de la cama con nuestros cuerpos pegados ligeramente. Entonces yo apagué la luz para dormir, pero ese contacto con mi sobrino despertó algo extraño en mi interior; fue una especie de sensación rara, de cosquillas que nacían en mi vientre y que se extendían por todo mi interior. Eso me puso incómoda y traté de volver a mi rincón haciendo equilibrio para no caerme. Bruno aprovechó ese momento para buscar una posición mas confortable y terminó dándose vuelta. Algunos minutos mas tarde yo volví a caer en el pozo de la cama que ya estaba ocupado por Bruno y quedé de nuevo pegada contra él. Esta vez sentí todo su cuerpo contra el mío; sentí su calor y su respiración contra mi nuca. Hubiera sido prudente reusarlo, pero finalmente acepté ese contacto que me resultaba agradable y molesto al mismo tiempo. Entonces las cosquillas de mi vientre se transformaron en fuego y mi corpiño pareció reventar ante la presión de mis senos y de los pezones que se volvían duros. Yo tenía que reconocer que, a pesar de todo, era una sensación agradable la que invadía mi cuerpo y contuve la respiración para no delatarme. A lo mejor Bruno creyó que yo dormía y acomodó su sexo contra la raya de mis nalgas. De pronto sentí a través de mi bombacha que su miembro iba endureciendo hasta quedar totalmente duro; él también ya estaba invadido por el deseo. Yo experimentaba un especie de vértigo, no quería moverme a causa del temor y de la excitación que me producía ese hecho . El apoyó suavemente una de sus manos sobre mi cadera y yo cerré los ojos como para contener el ardor que venía de producirme su contacto. Era como si Bruno esperara mi reacción para confirmar si yo dormía, pero como continué sin moverme, posiblemente se convenció y con un movimiento lento trató de bajarme la bombacha algunos centímetros. Luego metió delicadamente su pene entre mi cola y la bombacha. Sentí su piel sobre mi piel y un vahído de calor. Mi vagina comenzó a lubricarse de placer. Como lo haría naturalmente una persona que duerme incliné un poco mi cuerpo en cucharita tratando de abrir involuntariamente mi ano para que su sexo quedara bien prisionero entre la raya de mi cola. Entonces él comenzó un movimiento suave, bien lento, frotando su pene mientras trataba de contener la respiración. Mi placer continuó a remontar rápidamente y tuve que morderme los labios para ocultar ese gesto. Un minuto mas tarde su pene pareció temblar y él contrajo su cuerpo de gozo. Yo pensé para mis adentros “¡no, continua, todavía no acabes!” pero su esperma ya había inundado la línea de mis nalgas mojando mi bombacha. Luego apoyó su cabeza sobre mi espalda y se quedó acurrucado. Así nos dormimos. Esa noche tuve un sueño erótico. Algunas veces tuve sueños eróticos, pero nunca fueron tan marcados y tan profundos. Soñé que estiraba mi mano tocando su sexo mojado por el placer de la eyaculación y que luego comenzaba acariciarlo con mucha ternura. Su miembro empezaba a estirarse de nuevo y entonces yo bajaba mi cabeza para introducirlo en mi boca, limpiándolo dulcemente y sintiendo el gusto salitroso y cálido del deseo; luego lo introducía hasta el fondo de mi garganta. Era un sexo joven, tendinoso y rosado que reaccionaba rápidamente a las caricias. Yo abría las piernas y él, delante mío, con todo su cuerpo desnudo se dibujaba en la penumbra del cuarto. El me frotaba delicadamente la vagina por encima de la bombacha y mi cuerpo temblaba de deseos incontenidos porque era una mujer en calor que lo único que anhelaba era una penetración honda y él me penetraba sin sacarme la bombacha simplemente corriéndola a un costado empujando cada vez con mas fuerza y poniendo sus dos manos en mis hombros. Entonces me desperté en plena noche. En realidad lo que me había despertado fue el sexo de mi sobrino que empujaba discretamente tratando de penetrarme. El ya me había bajado casi toda la bombacha y trataba de introducirme su miembro en la vagina por detrás, pero sin éxito, porque con mis piernas cerradas la bombacha había quedado enganchada cubriendo la entrada al útero. Yo estaba terriblemente excitada con mi sueño y me hubiera gustado chupar su miembro hasta la última gota de su esperma. Pero tenía miedo que si él se viese descubierto en su acto clandestino pudiera sentirse herido y humillado en su primera relación sexual porque, mientras cenábamos la noche anterior, me había confesado que nunca había hecho el amor. Entonces yo fingí continuar dormida y me doble un poco mas en cuchara abriendo discretamente la piernas para liberar la bombacha y ofrecerle libremente la intimidad de mi cavidad. El se quedó un instante quieto como para dejar que yo recobrara mi sueño profundo y yo soñaba. Soñaba con una penetración mas profunda sintiendo su pene abrirse camino al interior de mi cuerpo. El deseo me había invadido totalmente y un fuerte ardor me carcomía entre las piernas. Entonces me dije en silencio “dale tesoro soy toda tuya” y largué un pequeño suspiro de placer como si retornase a mis sueños profundos. Bruno creyó que yo estaba dormida y con las puntas de los dedos terminó por bajarme la bombacha, enseguida apoyó su mano dejándola sin moverla entre mis piernas, con su palma apoyada en la raya de mis nalgas y sus dedos sobre mi vagina. El iba luchando contra la impaciencia del deseo, sin hacer ningún movimiento brusco para no despertarme, ganando mi cuerpo lentamente minuto a minuto. Entonces, sin desplazar la mano, uno de sus dedos fue penetrando en mi vagina ya toda húmeda por mi ansiedad. Su dedo acariciaba lentamente las paredes interiores de mi vulva y una corriente eléctrica de placer se desplazó por todo mi cuerpo y yo estaba a punto de liberar mi orgasmo. Pero él sacó la mano llevando su dedo mojado a su nariz para oler el perfume de mi deseo. Después se chupó el dedo como si estuviera bañado en confitura. Yo no podía verlo, pero sentía su respiración de ansiedad y lo imaginaba todo excitado. Cuando volvió a poner la mano entre mis piernas fue para humedecerme con su saliva porque tenía pensado tratar de penetrarme. Sentí el movimiento de su mano masturbándose como buscando estirar mas su miembro y sus deseos y enseguida sentí su verga apoyarse tímidamente con temor en la puerta de mi entrepiernas. Tal vez Bruno estaba en una posición incómoda porque trataba de tocarme únicamente con su sexo. Era un sexo largo, no muy grueso, pero con grandes venas que yo podía sentirlas infladas y que muy lentamente comenzó a empujar hacia dentro mío. Era como una serpiente que no se atrevía a continuar su camino y que penetraba dubitativamente por mi cavidad íntima. Yo ya no pude contener más mi excitación y mordiéndome los labios casi hasta sangrar expulsé un orgasmo profundo, sintiendo toda la posesión de la carne en mi bajo vientre. Mientras tanto él comenzaba un movimiento ligero y dulce. Unos minutos más tarde sentí la glande de su sexo que se hinchaba y un chorro de semen inundó el interior de mi vagina produciendome una especie de espasmo en mi interior que me produjo otro orgasmo fuerte, eléctrico e irracional. Entonces cerré los ojos para disfrutar de ese instante con toda la intensidad del silencio al que estaba condenada. Momentos mas tarde, Bruno me subía de nuevo discretamente la bombacha para que yo no me diera cuenta cuando despertara de lo que él venía de hacer. El venía de tener su primera relación sexual con una mujer. Ese recuerdo agradable lo acompañaría todo el tiempo. Ese recuerdo me acompañaría a mí también. A la mañana siguiente cuando nos levantamos me vestí sin darme una ducha para conservar por algunas horas mas todo el placer que había vivido y, luego mientras tomábamos el desayuno le pregunté como había dormido. El me respondió que bien, pero su voz temblaba y sin mirarme a los ojos preguntó lo mismo. Le dije que había estado tan cansada con el día de trabajo y el viaje, que terminé por desmayarme toda la noche. Cuando llegamos a Mons, mientras bajamos los bolsos del auto, le manifesté con cariño - ¡Gracias Bruno! - ¿Por qué Tía? - Porque si vos no hubieras venido conmigo yo me hubiera aburrido enormemente en este viaje.

escrito por Anonimo
Añadir a meneame Añadir a del.icio.us
¡Puntúa este relato! ¿cuantas estrellas merece?


Menú privado
Envianos tu relato erótico
Webs Amigas