Cada año, cuando el invierno toca a su fin, toda la familia marchamos a algún lugar tranquilo y apartado, referiblemente a alguna sierra cercana; este año alquilamos una gran casa en plena montaña, no demasiado lejos de la ciudad ya que la hermana de mi
mujer, Ángela, está embarazada de cinco meses y había que prever un eventual incidente en su estado.
La mañana del sábado nos levantamos temprano para salir a hacer senderismo, una bonita ruta hasta una cascada de unas tres horas de duración entre ir y
volver. Pero como siempre comenzaron los primeros problemas, a mi cuñado, el marido de Ángela se le había olvidado comprar café y alguien debía ir hasta
el pueblo más cercano, a unos veinte kilómetros, una hora más o menos entre ir y volver en coche ya que a aquel lugar sólo se podía llegar por una carretera de
montaña muy sinuosa y peligrosa. Sabía que a mi cuñado no le gusta nada conducir por esas carreteras así que
me ofrecí para ir yo, todos aceptaron gustosos.
Mi cuñada Ángela no podía ir a pasear por lo que decidió quedarse en la casa y su cuñada Teresa, mujer de su hermano, decidió quedarse también para que no se
quedara sola, los demás se marcharon.
Yo cogí el coche y me fui, pero un par de kilómetros más abajo pinche una rueda. Al abrir el maletero me encontré con la rueda de repuesto totalmente vacía y
para colmo cuando fui a llamar a mi cuñada por el móvil, resultó que no había cobertura; así que tuve que volver andando a la casa.
Cuando llegue de nuevo a la casa, la puerta estaba cerrada; por un momento pensé que mis cuñadas también
se habrían marchado, rodeé la casa y al pasar junto a la ventana de uno de los dormitorios escuché las risas de mis cuñadas, coloqué una piedra bajo la ventana, me subí a ella para avisarlas y entonces vi una sugerente escena, la puerta del baño estaba entreabierta, Ángela y Teresa estaban desnudas bajo la ducha, Teresa frotaba la barriguita de Ángela con una esponja mientras ésta le acariciaba los pezones. No podía creer lo que estaba viendo, aquellas dos mujeres
buenas esposas y madres, jugueteando con sus cuerpos.
Teresa dejó caer la esponja y comenzó a chupar y masajear los inflamados pechos de Ángela, que a su vez seguía pellizcando los pezones de los pequeños y puntiagudos senos de su cuñada. Sin darme cuenta, mi polla había crecido y pedía guerra, baje la cremallera
y la deje ver la luz, comencé a masturbarme en silencio, no quería interrumpir la sugerente escena.
Cerraron el grifo, cogieron sendas toallas y procedieron a secar cada una el cuerpo de la otra, con ternura y morbo. Salieron del baño y se dirigieron hacia la cama de la habitación, yo me agaché para que
no notaran mi presencia. De nuevo me asomé a la ventana, pero ya no podía ver nada, se habían tumbado en la cama y el ángulo de visión desde mi posición no
me permitía ver mas que un pie de una de ellas.
La puerta de la casa estaba cerrada, habían tenido esa precaución, rodeé la casa y encontré la ansiada entrada, una de las ventanas del salón estaba abierta.
Entré en silencio, me quité los zapatos y me dirigí a la habitación; la puerta estaba entreabierta, mi cuñada Teresa estaba tumbada en la cama boca arriba y
Ángela se había puesto de rodillas justo encima de su cara mirando a sus pies, aplastando su coñito de embarazada sobre la boca de Teresa.
Ángela, que gemía suavemente mientras lamían una y otra vez su clítoris, bajo su mano hasta el peludo conejito de su cuñada y procedió a introducir su dedo
índice en él, Teresa se estremeció; de nuevo saqué mi polla y proseguí con mi paja. Ángela comenzó a trotar con más intensidad sobre la cara de su montura, a la vez que sus gemidos subían de intensidad; aquella redondeada figura subía y bajaba rítmicamente mientras
sus grandes pechos oscilaban arriba y abajo, en ese momento yo no pude más y solté mi semen a chorros -uhmm, uhmmm-, no pude evitar hacer algo de ruido.
Ángela sobresaltada y acalorada cogió la toalla que estaba sobre la cama y se tapo apresuradamente -Quién
anda ahí-; Teresa a su vez rodó hacia un lado de la cama y se escondió tras ella; yo, torpemente al intentar subir mis pantalones, perdí el equilibrio y caí dentro de la habitación.
-Qué estas haciendo aquí, espiando-, increpó Teresa.
En ese momento sentí más vergüenza que ellas, pero reaccioné, -Cómo que qué estoy haciendo-, ellas se vinieron abajo -Por favor … no es lo que tu piensas -,
dijo tartamudeando Ángela, - No claro, sólo estáis jugando a médicos, verdad -, ironicé yo. Ellas callaron, yo me acerqué a la cama y tiré con fuerza de la toalla que tapaba el orondo cuerpo de Ángela
dejando a la vista sus encantos - Pues yo también quiero jugar -, ellas se miraron con perplejidad,
Teresa se levantó mostrando su delgado cuerpo, se me acercó sonriendo, cogió con su mano mi exhausto pene,
se arrodilló y procedió a lamer los restos de semen que aún colgaban de él.
Ángela contempló la escena con estupor -Qué estas haciendo, estás loca o qué-, Teresa paró un momento,
la miró y dijo -Prefieres que este nos delate-, callaron ambas. Me tumbé sobre la cama y coloqué mi cabeza entre las piernas de Ángela mientras Teresa
prosiguió con la mamada. Saqué mi lengua y la introduje en su coñito, lamiendo arriba y abajo, de derecha a izquierda, empujándola con fuerza hacía
dentro de vez en cuando y sorbiendo su clítoris otras veces; al momento la intranquilidad de Ángela dejó paso a sus gemidos, levanté mi mano y comencé a sobar sus enormes pechos. Notaba como sus fluidos cálidos y salados comenzaban a brotar resbalando por mi lengua e inundando mi garganta, sus gemidos iban a más. Teresa
mientras tanto había conseguido poner dura de nuevo mi polla, se subió sobre ella, la agarró con fuerza y se la introdujo en su diminuto coñito hasta el fondo.
Ambas trotaban al unísono sobre mi, mientras gemían y se besaban como locas, Ángela no pudo más y llegó al
orgasmo -Ahhhhhhhhhhhh-, que barbaridad, nunca había tenido que tragar tantos fluidos y al momento Teresa -
Ahh, ahh, ahh, aahh - también se corrió. Las dos se tumbaron en la cama, me levanté agarré a Ángela por
las piernas, la acerqué a mi, y me dispuse a follarla -Con cuidado por favor - pidió ella. Agarré mi dura polla, la coloqué entre su raja y empujé suavemente, mi falo entró sin problemas en su lubricada cueva, comencé a bombear, primero lentamente, después algo más rápido, al final con fuerza. Mi polla empujaba su cuerpo, su barriga y sus pechos vibraban como si estuvieran hechos de gelatina, Teresa se colocó sobre ella poniendo su chochito en su boca y Ángela comenzó a darnos placer. Acerqué mi mano hasta los pechitos de
Teresa, duros y firmes, los pellizqué con suavidad lo que la excitó sobremanera. Con mi otra mano agarré unos de los grandes pechos de Ángela, la diferencia
era notable, grande y pequeño, duro y blando.
- Sitúate a su lado- pedí a Teresa que obediente tomo posición, saque mi polla de Ángela, no quería correrme tan pronto, me arrodillé frente a Teresa, abrí un poco
sus piernas y comencé a lamer su coñito, mientras tanto, acerqué mi mano hasta el coño de Ángela y comencé a masturbarla, primero un dedo, después dos.
Con mi otra mano separé los labios de Teresa y comencé a sorber su clítoris, las dos gemían como locas y casi
a la par llegaron de nuevo al orgasmo.
Me puse en pie, Ángela se reclinó con su rostro enrojecido y acalorado debido al raudal de placer obtenido, Teresa continuaba tendida y respirando
aceleradamente, entonces mi embarazada cuñadita me miró y dijo -Qué, no vas a correrte nunca-, acercó su
cabeza hasta mi polla, abrió su delicada boquita y comenzó a mamar de ella.
Su saliba refrescaba mi dolorido pene, que salía y entraba hasta su garganta, Teresa quiso unirse a la fiesta y también se arrodilló ante mi, acercó la mano
hasta mis huevos e inició un suave y placentero masaje. Ángela acercó mi pene hasta la boca de Teresa la cual sacó su lengua y lamió mi glande repetidas veces produciéndome un dulce cosquilleo que aumentó mi excitación. Después ambas disputaron mi erecto trozo de carne que pasaba de una boca a otra una y otra vez, lo que me llevó al éxtasis final, - AHHHHHHHHH-
explotando en un inmenso chorro de leche que salpicó cara, pelo y pechos de mis sedientas cuñaditas.
Los tres terminamos tumbados en la cama exhaustos y complacidos.
Desde entonces la relación con mis
cuñadas a ganado enteros y esporádicamente nos reunimos para "fomentar los lazos familiares", pero
eso es otra historia que ya contaré otro día.