Índice » Amor Filial » Mi concuña Juana

Este relato en realidad yo lo llamaría “la concuña”, pero el titulo que le pongan le cae bien. Todo se inicio cierta tarde en que abordamos el metro mi esposa, mi cuñado y su esposa, la cual me encanta ya que es una mujer muy sensual, gordita pero nada exagerado, de grandes pechos, amplias caderas y de unas piernas hermosas. Todo el tiempo anda con ropas entalladas y cada que la veo no puedo evitar que se me pare la verga. Ese Día volvíamos del cine las dos parejas, habíamos visto una película algo cachonda y la verdad yo ansiaba llegar a casa a coger con mi mujer, pero teníamos que ir a la casa de mi suegra. Abordamos el metro a esa hora pico e iba lleno de gente, mi cuñado frente a su mujer y mi esposa a mi lado, pero poco a poco nos fueron apretando hasta quedar casi yo de frente a las nalgas de mi concuña. En un principio me puse algo nervioso al sentir las nalgas de mi concuña pegadas a mi pelvis, la delgada tela de su falda me hacia sentir sus carnes. Platicaba con mi cuñado tratando de disimular lo que pasaba, empujando cada vez más la verga contra las nalgas de su esposa. ¡Era la primera vez que hacia algo así, y con mi concuña! El metro tomaba velocidad y con esto ella se movía, su rostro no reflejaba nada, pero sus nalgas buscaban mi verga. Con la verga bien parada y pegada a sus nalgas de ella, seguía platicando con mi cuñado como si nada pasara, ahora ya de plano totalmente pegada a mi, entonces decidí jugarme el todo por el todo, haciendo un esfuerzo supremo logre despegarme un poco y en lugar de mi verga apoye la mano contra las deliciosas nalgas de mi concuña. En un principio el toque era delicado, con algo de miedo, pero al ver que ella no hacia ni decía nada al sentir mi mano que la acariciaba de lleno, fui tomando confianza, lentamente le fui subiendo la falda hasta acariciar las redondas nalgas, descubriendo que llevaba una tanga de hilo dental. La idea de estar cachondeando a mi concuña frente a mi cuñado, y a mi esposa, me tenia súper caliente, ella estaba fantástica, la piel era suave, fresca, pasaba los dedos por ambas nalgas, por la separación de la tanga, sentía el calor de su panocha. Decidí continuar restregándole mi verga contra sus nalgas, pero ahora con la falda subida, el vagon se continuaba llenando al grado de que casi íbamos montados unos sobre otros. Lo cual facilitaba las cosas ya que de plano me saque la verga y se la clave entre las nalgas, ella se movía muy rico al ritmo de los movimientos del metro. ¡Casi hacemos el amor pegados a nuestras respectivas parejas! Faltaban dos estaciones para llegar a nuestro destino, pero lo que le di unos piquetitos, a los que correspondió elevando un poco sus nalgas, con lo cual pude comprobar que también ella lo estaba disfrutando. Continuaba platicando con mi cuñado no se de que cosas, en realidad no lo recuerdo, lo que si recuerdo son esas nalgas. Antes de llegar a nuestro destino, pude pegar la cabecita de mi verga contra su caliente panocha, y si el viaje ha seguido, seguro que me la cojo ahí mismo. Antes de empezar a luchar por abandonar el vagon, me miro por encima del hombro y sonrió conmigo, nos miramos a los ojos por breves segundos y se inicio la lucha por salir. En cuanto llegamos a la casa de mi suegra me fui al baño a hacerme de plano una chaqueta, ya que en verdad que estaba caliente por lo ocurrido en el metro. Un poco mas calmado empezamos a tomar la copa, a todos en casa les encanta el trago. Mi suegra es una mujer de 48 años pero muy bien conservada y con un cuerpo en verdad cachondo, pero esa ya es otra historia. Una copa nos llevo a otra y otra, mi mujer nunca ha sido una gran tomadora y al poco rato mostraba los efectos que los tragos le provocaban, casi se quedaba dormida en el sillón. Mi suegra y mi cuñado parecían también bastante tomados y platicaban de cosas que solo ellos entendían, pero estaba seguro que si se ponían de pie se caían. Mi concuña como yo no estábamos tomados, pensando el uno en la otra, mirándonos con deseo, miradas de las que no se percataban su marido ni mi mujer, la cual de plano se había quedado dormida. En eso mi concuña le dice a su marido-¡oye, vamos por unos refrescos, ya sabes que a mi no me gusta sola!- se refería a la bebida. En un tono molesto le contesto si deseaba refrescos que fuera por ellos, ante lo cual la vi. Ponerse de pie y con toda naturalidad me dijo ante ellos que si la acompañaba. Pero era evidente que ninguno de los ahí presentes la pelaron. ¡La vi caminar frente a mí, moviendo las caderas de manera sensual! Ya era mas de media noche, la calle lucia solitaria, íbamos a una tiendita que esta a unas cuadras de la casa de mi suegra, una tiendita que vende toda la noche a través de una ventanita. Antes de llegar a la tienda pasamos por un terreno baldío que tiene unas bardas de asbesto y una especie de puerta, la llevaba tomada del brazo y sentí como se detenia. Le pregunte se se sentía mal y me dijo que necesitaba hacer “pipi” sugerí volver a la casa, pero me dijo que no llegaría. Entramos al terreno baldío, la vi. Bajarse las pantaletas por abajo del vestido,-¡Cubreme para que no me vean!- me dijo y se puso en cunclillas. Me plante ante ella, en realidad nadie nos veía ya que la barda nos cubría. Recordé el juego en el metro y de nuevo cuenta que se me para, ella se dio cuenta de esto y dijo. -¡Acércate mas para que me tapes bien!-casi me le monto de lo cerca que quede, mi verga a unos centímetros de su rostro, lo cual no parecía molestarle, siguió haciéndoos pis y de pronto sentí sus manos encima de mi pantalón, acariciándomela. -¿Así que te aprovechas de las mujeres en el metro? ¿Vamos a ver si eres tan caliente como aparentas?- me bajo el cierre y empezó a darme una rica mamada, sin dejar de hacer pisss, lo cual me puso mas caliente aun. ¡En la penumbra del baldío la escena era de lo mas erótica! Pero yo deseaba algo más que una rica mamada, por lo cual la levante por las axilas y la puse de espaldas, se apoyo con ambas manos en la barda, separo un poco las piernas y se la metí en la panocha empapada. No daba crédito a lo que estaba sucediendo, a unas cuadras de la casa de mi suegra, me estaba cogiendo a mi concuña. Ella gemía de placer y elevaba las nalgas buscando que la penetración fuera mas intensa. De repente que se desprende de mi verga y busque desesperado en la puerta que daba al baldío, crei que alguien nos había descubierto, o tal vez la había lastimado. -¿Qué pasa?- pregunte intrigado-¡Quiero que me la metas por atrás!- no terminaba de decir eso cuando ya estaba casi en cuatro, apoyada en el suelo sucio, con las nalgas al aire y el vestido arremolinado en la cintura. Había deseado esas nalgas por meses, miraba las redondas mejillas brillar bajo la luz de la luna, miraba como las separaba con sus manos y apoye la cabeza de mi verga contra el centro de ella. Luego de lubricar su culo con un poco de saliva, separe con ambas manos la redondez de sus nalgas y con mucho cuidado se la fui metiendo. -¡Ahhhh… despacito la tienes muy grande…despacio papi!- me rogaba. Pero no desistía, poco a poco se le fue yendo toda. ¡A su marido le parecía sucio hacerlo de esta forma! Y sin embargo a ella era lo que mas le excitaba, ya que según su marido era algo prohibido, gemía por el dolor pero al rato los gemidos eran de placer. Nos olvidamos del lugar en que estábamos, nos olvidamos de los refrescos y de que en casa nos separaban y si alguien hubiese pasado por ahí, sin duda nos vería, pero ni eso nos importaba, lo único que importaba era seguir cogiendo, gozar esa aventura que empezó en el metro. El placer era infinito, sentía que en cualquier momento me iba a venir, había sido demasiado tiempo deseándola, y ahora que veía la redondez de sus nalgas chocar contra mi pelvis, miraba como la totalidad de mi verga entraba y salía de su ano, sentía que me iba a volver loco de tanto placer. ¡Nunca había hecho algo tan loco, tan cachondo! Estaba a punto de llenarle el culo de leche, cuando se dio cuenta que me iva a venir y nuevamente se safo, la mire intrigado. -¡Quiero que te vengas en mi boca, quiero saborear tu leche!- se puso de rodillas y se la llevo a sus labios, sin dejar de masturbarme, suavemente acariciándome los testículos cargados de abundante leche. Restregaba los grandes pechos contra mis muslos, me aferre a su cabeza y de pronto estalle en un orgasmo brutal. Sentí que hacia esfuerzos por tragarse todo sin ahogarse. Así me tuvo hasta quedar vació, sentía que las piernas me temblaban, se puso de pie y nos dimos un beso en la boca. ¡Nos miramos con amor, el placer mutuo había sido maravilloso! Prometimos hacerlo nuevamente en un lugar mas adecuado, lo cual ha sucedido varias veces, cada que estamos cachondos y como siempre lo estamos. Volvimos a la casa con los refrescos, tanto mi suegra como mi cuñado seguían en lo suyo, hablaban de cosas que creo ni ellos entendían. En esas que llega mi cuñada con su marido, ella es una chava fresa, para mi gusto, ya que es la única que no toma ni consejos, me relaje recordando lo sucedido en ese baldío.

escrito por Anonimo
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