¿Recordáis a mi prima Verónica? Yo os aseguro que jamás podré olvidar aquel verano en el que lo hice con ella por primera vez. A continuación os voy a contar lo que sucedió cuando me visitó dos años más tarde, convertida ya en toda una mujer...
Vinieron mis tíos y mis primos a visitarnos a la costa, donde vivía con mis padres. Todos lo pasábamos muy bien haciendo excursiones y paseando, pero donde más disfrutábamos era en la playa, donde ahora era yo el que aprovechaba los revolcones que nos daban las olas para intentar aproximarme a mi prima.
Un día después de volver de la playa, Verónica y yo fuimos a tomar un helado. Mientras paseábamos, aproveché para fijarme en lo bonita que se había puesto en estos dos años: había crecido, su figura se había redondeado mucho más, además se realzaba por su piel morena y las escuetas camisetas de tirantes con shorts o mini falda que siempre vestía. Como de costumbre, intercambiamos los helados, para probar el sabor del otro, “y no sólo del helado” pensé yo. Era un juego inocente, pero que me llenaba del morbo de lo prohibido, al pensar que junto con el helado estaba saboreando la saliva de ella. Creo que a Verónica le sucedía igual.
Paseábamos tranquilamente al fresco de la tarde, cuando nuestras manos se rozaron y terminaron entrelazándose. Nos detuvimos a mirar las olas y ella apoyando su cabeza en mi hombro me dijo con un suspiro: “¡Ay primo, cómo he echado de menos estos ratos juntos!”. Lleno de congoja, apenas pude carraspear un ronco “yo también”.
Cuando llegamos a casa, tuvimos una sorpresa: nuestros padres nos dejaron una nota: se habían ido de excursión a una población cercana y no volverían hasta tarde por la noche. Nos calentamos en el horno una pizza para cenar y después pensamos en esperar levantados hasta que los demás volviesen, pero ¿qué haríamos mientras tanto?
“Ya sé -dijo Verónica- jugaremos a verdad o atrevimiento, que es un juego muy divertido que juego con mis amigas y amigos”. A mi aquello me sonaba a bobada de chicas, pero decidí complacerla. Tiramos una moneda: cara, te toca confesar una verdad; cruz, una prueba de atrevimiento. Tras varias bromas, se me ocurrió pasar a algo más fuerte: “¿A que no te atreves a beberte una cerveza de un sólo golpe?” Mi prima puso cara de un poco acobardada. “Bueno, pero si tu también bebes”. Así fue que nos bebimos una cerveza de las que había frías en la nevera, solo que yo procuré que ella se bebiese la mayor parte.
Seguimos jugando y -ya algo más desinhibidos- comenzamos a demandar pruebas un poco más picantes: nos dimos un beso con lengua, nos quitamos algo de ropa, acaricié su pecho, le enseñé mi verga...”es estupenda” me dijo con cara de admiración.
Entonces me tocó a mí besar su sexo. Se tumbó boca arriba y levantando las piernas, se quitó las braguitas y separó los muslos, para que yo pudiese acercarme. Tenía una preciosa raja coloradita, con una pequeña pero espesa mata de pelo. Me tumbé entre sus piernas y le besé con delicadeza. Luego, percibiendo de nuevo aquel dulce aroma, separé los labios de su vulva y la volví a besar. Mi prima emitió un suspiro y dobló sus rodillas, empujándome con los talones en mi espalda, para que no me separase de ella. Yo comencé a lamer su chochito y a introducirle mi lengua, como había visto en alguna película, lo que arrancó unos largos y suspirantes gemidos de su garganta. Realmente le estaba gustando: “¡Ay primo, qué bueno, qué gusto me da! Ven, bésame como antes”
Así que subí hacia arriba para besarla. Nos abrazamos y mi erguido bulto quedó apoyado justo encima de su ahora caliente y húmedo sexo. “¿A que no te atreves a que hagamos una cosa más?” Me dijo. “Lo que tu quieras” le contesté. Ella me bajó los calzoncillos y tomando mi pene, colocó el glande en la entrada de su vagina. Capté el mensaje y no me hice esperar. Con toda la suavidad que pude, comencé a empujar y poco a poco mi durísima verga fue penetrando en su apretado sexo. Primero el glande y después poco a poco varios centímetros. De pronto me di cuenta: ya no encontré ningún obstáculo: aunque estaba un poco apretado, fui entrando hasta el fondo de mi prima. “Ooooh!” suspiró.
Comencé a meter y sacar suavemente, pero después, entre gemidos y jadeos, el ritmo de nuestros movimientos se hizo cada vez más rápido, hasta que un gritito y unas frenéticas sacudidas de mi prima me hicieron correrme una y otra vez en su interior.
Casi sin respiración, nos quedamos un buen rato así juntos, sin movernos. Yo dentro de ella y ella apretándome con sus brazos y sus piernas. Después, nos abrazamos y nos besamos, hasta que decidimos que era mejor recoger todo para cuando regresasen nuestras familias.
Cuando por fin llegaron a altas horas de la mañana, nos encontraron muy formalitos, viendo la televisión. ¿Qué tal lo habéis pasado? ¿Qué habéis estado haciendo? Bien, hemos cenado pizza y visto una película...Si, de esas de amor, añadió ella, mientras me miraba con una pícara sonrisa....
CAP. 3 Verónica- Probar algo especial
Después de esa vez, el resto de la visita fue una gozada y un sufrimiento para mi prima Verónica y para mi, ya que aprovechábamos el baño o cualquier rato que estábamos solos, para desatar nuestra pasión, pero no queríamos que nadie nos viese y descubriese nuestro secreto.
Uno de los últimos días, mientras los demás se fueron a ver a unos familiares, nosotros nos quedamos en la playa y ahí si que pudimos bañarnos a gusto, acariciándonos y dándonos besos entre las olas, y tomando el sol cogidos de la mano, sin miedo a que nos viesen.
Luego, fuimos a casa a ducharnos, antes de salir a pasear. Verónica pasó a la ducha y después de un rato me llamó: “ya puedes pasar”. Entré en el cuarto y ella estaba envuelta en una toalla: “pasa a la ducha, yo te espero aquí”. Me duché, me sequé y al salir, cual sería mi sorpresa, que me encontré a mi prima tendida boca abajo en la cama, haciéndose la dormida, con el culo en pompa. Me quedé observando su espalda desnuda, su redondo y firme culo, y de pronto, me dí cuenta de que se movía. Con una mano por debajo de su vientre, se estaba masturbando y emitía suaves gemidos, a la vez que se movían sus caderas.
Comencé a besarla en la nuca, en la espalda, en las nalgas...ella suspiraba y se estremecía y viendo lo caliente que estaba, me excité muchísimo, lo que mi entrepierna corroboró de inmediato. Me tumbé encima de ella y le introduje toda mi verga de un empujón, lo que ella facilitó curvando su espalda. “Aaaah!! que gusto!!!” , gimió. Empezamos a movernos y estuvimos cabalgando así un rato, probando diferentes ritmos e intensidades. En eso, mi prima se para y me dice: “mira primo ahora que estamos tan bien y hacemos de todo, no quiero irme sin probar una cosa que me contó una amiga” - ” claro, lo que tu quieras!!” - “¿Podemos probar por detrás, porfa?”
Esto me dejó un poco descolocado. Aunque lo había visto en alguna peli porno, no había pensado en esa posibilidad. Pero mi prima insistió y al final nos decidimos. Pusimos un poco de aceite corporal como habíamos visto hacer, y tras probar varias veces, aquel agujerito tan cerrado empezó poco a poco a ceder. A mi me costaba empujar, porque no quería lastimarla. Ella decía que le hacía un poco de daño, pero me animaba a seguir.
Al fin conseguí meter un par de centímetros y me recosté encima de ella para iniciar un suave mete-saca. Era muy placentero apoyar mis caderas sobre su mullido culo, mientras nuestros acompasados movimientos iban haciendo que mi verga y su agujero se fundiesen en un abrazo cada vez más profundo. Ella gemía, lloraba y reía, en una mezcla de dolor y placer, mientras que yo me volvía loco de sentir mi duro pene tan apretado por sus carnes y con cada embestida penetrándola más y más.
Separé sus glúteos con mis manos y ví que estaba más de media polla dentro. “Más, más” me pedía ella entre jadeos, mientras se acariciaba el coñito y se metía los dedos. Por fin, no pude resistir más y descargué toda mi leche en su interior con varios movimientos bruscos que terminaron de ensartarla en mi mástil.
Quedamos agotados sobre la cama. Luego, entre besos, nos duchamos de nuevo juntos, para rememorar una de las folladas más impresionantes que he tenido jamás......
Ahora tengo 18 años y el verano se acerca de nuevo. Si las fotos que mi prima me ha enviado no mienten, se ha convertido en una mujer explosiva. Estas vacaciones prometen ser memorables, ¿no os parece?
elnene@yahoo.es