Me fui a dormir ansiosa, pensando en cómo pasaría el día en el campo después de lo que pensaba hacer y me desperté mil veces mientras dormía.. A la mañana armé mi bolso y escondí una pastilla de viagra en el bolsillo de mi pantalón vaquero, no quería olvidarme de eso y la llevaba bien escondida.
Sin embargo, todo había comenzado en mi adolescencia, yo tenía 18 años y cuando íbamos a visitar mi familia en el campo mi tío abuelo sabia acariciarme. Yo lo dejaba hacer porque al principio solo eran simples caricias sobre mi ropa, pero una tarde él fue más lejos en sus intenciones y en el galpón donde guardaban los tractores me arrinconó contra unos fardos de heno y sacando su sexo del pantalón me obligó acariciarlo. Entonces lo masturbé y le chupé su pene hasta que eyaculara. Desde ese entonces, nunca dejé de pensar en mi tío abuelo y cada vez que lo hacía me excitaba más hasta llegar muchas a veces a masturbarme pensando en eso. Después a causa de mis estudios viajé y por muchos años no lo vi más. Ahora tengo 26 años y decidí vivir esas imágenes que se habían vuelto una obsesión y que tanto me perseguían desde entonces.
Cuando iba en el auto sentía mi vagina caliente, únicamente mis pensamientos ya me estaban excitando, era la idea de lo que podía pasar con mi tío que me ponía así pero estaba un poco nerviosa. La idea de la familia en la casa me daba miedo esta vez, sin embargo no quería que eso me impidiera vivir esta aventura que yo había esperado durante años.
Mi tío abuelo comenzó a excitarse con mi presencia, daba vueltas por toda la casa, no me sacaba los ojos de encima y me hablaba de él, de todo este tiempo que había pensado en mí, en lo que había pasado años atrás. Estando solos en la cocina me dijo: “me acuerdo de ese chupón que me diste” Entonces aproveché para hacerle bromas y decirle que tenía que buscarse una novia, pero a los 70 años eso le parecía un sueño inalcanzable.
El movía sus manos nervioso, me tocaba la cabeza y los brazos y de a ratos se perdía en la casa, en las habitaciones o por el jardín, como si no soportara mi presencia en el campo o que eso lo alterara demasiado. Así pasó la mañana y aproveché para charlar con la familia y tomar mates con facturas. Por momentos buscaba acercarme a él y me sentaba a su lado provocadora. A veces lo abrazaba con ternura, apoyándome descuidadamente para que él pudiera sentir mis pechos contra su cuerpo.
A las 12 horas ya estabamos comiendo y cuando yo le servía a mi tío lo miraba y le hacía una sonrisa, y él se inquietaba. El estaba sentado en frente mío y yo disfrutaba con eso, casi me divertía de verlo cuando lo rozaba con mi mano dándole el vaso con frutas.
Cuando terminamos de comer ayudé a levantar la mesa, pero quería que mi tío se acercara porque tenía algo para darle. Entonces me ofrecí a trasladar la bebida a la heladera que se encontraba al fondo de la casa así como un plato con comida que había sobrado. Yo pensaba que mi tío vendría detrás mío como lo había hecho toda la mañana y fue así.. El aire era raro entre nosotros porque los dos sabíamos que nos esperaba algo más ese día, en caso él ya podía intuirlo. Cuando volvimos al comedor le pregunté si se iría a dormir la siesta y él me dijo que si, que se acostaría un rato, entonces antes de que se fuera le dije que tenía algo para darle y metí la mano en el bolsillo de mi pantalón para sacar la pastilla. El me miró sorprendido y comentó: “ Es la pastilla esa que dicen...” entonces le respondí, “Si, ¿quieres tomarla? Te dará energías!” Antes habíamos estado hablando de los medicamentos que tomaba habitualmente porque yo buscaba asegurarme que no tenía problemas de corazón. Mi tío se tomó la pastilla con una botella de agua que sacó de la heladera., se lo veía entusiasmado y hasta me hizo reír porque la daba vueltas en la boca, la mordía y no la tragaba, hasta que le dije: “¡pero trágala de una vez o te hará efecto en la lengua!” y así la tragó y se fue a dormir.
Yo volví a la casa vieja donde estaba el resto de la familia conversando. Normalmente una hora después de la comida acostumbran a tomar mates sentados alrededor del calentador en el piso de la cocina, allí sería el momento de escaparnos.
Cuando el agua para el mate ya estaba casi hirviendo, llegó mi tío a la cocina, peinado y con una camisa a cuadros, parecía que se iba a una fiesta. Entonces le pregunté: “¿Y tío, vamos a caminar o no?” entonces me dijo que sí pero que antes tomaría un mate. Cuando salió de la cocina para comenzar la caminata estaba preocupado y hacía gestos con la boca que yo no entendía, entonces le dije: “¡dale tío no pierdas tiempo!” y me comentó que estaba nervioso porque la pastilla no había hecho efecto. Entonces le expliqué que se quedara tranquilo, que la pastilla actuaba en el momento en que él lo necesitara, cuando estuviera bien excitado ya vería sus efectos. El pareció quedarse tranquilo, pero estaba agitado y comenzamos a caminar por el camino de entrada a la casa mientras el me llevaba tomada del brazo. “¡tío, en el medio del camino no podremos probarla!”. Yo sugerí que fuéramos al galpón.
Entramos al galpón y nos dirigimos directamente al fondo y nos paramos en la parte de atrás del tractor. Ese lugar era ya conocido para nosotros, allí habíamos estado la vez que lo había masturbando y luego succionado su verga. Yo no había tenido mi orgasmo y siempre sentí que eso me había faltado.
Mi tío se paró enfrente mío y me quitó la campera que colgamos en una manija del tractor y luego me tomó la cara con sus manos, se sonrió y me dio un beso en la mejilla izquierda y después en la derecha. Me abrazó contra su cuerpo y yo le respondí con mi brazo derecho por la espalda, mientras comenzaba a sentir su sexo duro sobre mi cuerpo cuando me apretaba contra él. Enseguida comenzó a tocarme el cuerpo, levantó mi pullover, pero me tocaba desordenadamente, entonces le dije que se calmara, y de esa manera podríamos disfrutar más de ese momento. Tuve que repetirle varias veces que lo tomara con calma pero que estaba muy nervioso desde la mañana. De todas maneras se mostraba cuidadoso con lo que iba diciéndole, como un chico obediente.
El intentó meter la mano por mi pantalón, pero como no podía me lo desprendí frente suyo y él me lo bajó hasta las rodillas, y después de acariciar un poco mis nalgas con movimientos circulatorios y tocar mi vagina sobre la bombacha también me la bajó dejándome desnuda. Yo sentía el fresco en mis nalgas y en mi vulva y eso comenzaba a excitarme. Enseguida él se desprendió su pantalón y un bulto enorme sobresalió de su calzoncillo azul y dijo: “ ¡Uy, creo que funciona!”. Mi tío sacó su sexo afuera y yo lo miré asombrada por el tamaño que tenía. Su glande parecía una flor abierta y su miembro era extremadamente largo, duro, y rosado. Era un pene tentador que yo pensé llevármelo rápidamente a la boca, como tanto lo había imaginado. Pero solo le toqué sus testículos, que estaban redondos y duros; después tomé su verga entre mis dedos y le dije: “si, claro que hizo efecto, mira como estas”.
Le expliqué a mi tío que podía tocar mis senos si quería, entonces cuando el metió de nuevo la mano debajo de mi pullover yo me levanté la remera que llevaba y dejé mis tetas al aire, porque no tenía corpiño. El las acarició y después chupó mi seno izquierdo con su boca mientras se apoyaba con su sexo sobre mi vulva, fue allí que sentí el primer espasmo por mi excitación y estaba contenta de ese placer que empezaba a subirme por el cuerpo. Entonces le pregunté si quería que lo chupara y cuando respondió afirmativamente me agaché frente a su sexo y me lo metí entero en la boca. Su glande era tan grande que cuando tocaba mi garganta me daba arcadas, pero seguí chupándolo de afuera hacia adentro, succionando para aumentar su placer y mi tío abuelo comenzó a gemir. Se escuchaba su respiración agitada, mientras hacía movimientos suaves como si me penetrara por la boca. Yo sentí mi cola desnuda casi rozar el piso de tierra y eso me dio una sensación exquisita de placer. Sentir el cuerpo desnudo en aquel galpón frío por el invierno, escondidos para que no nos descubran, chupándole el sexo a mi tío que estaba por eyacular en cualquier momento, sin culpas y dispuesta a disfrutar al máximo de ese encuentro que inflamaba todos mis sentidos.
Mi tío abuelo me tomó de la cabeza y me levantó, entonces me di vueltas para que él metiera su pene en la raya de mi cola que tanto deseaba que lo hiciera. No iba a parar hasta tener mi orgasmo y esta vez yo sabía que podría lograrlo. En esa posición quiso penetrarme, entonces me acomodé frente a la rueda grande del tractor y abrí más mis piernas en compás mostrándole la cola. El abrió mis nalgas y apoyó ahí su sexo, y después de tocar apenas mi vagina con sus dedos, metió su pene largo y duro en mi vagina toda mojada y comenzó a bombear. Yo sentí ese enorme miembro que entraba y salía potente en mi vagina; en esa posición era como si me estuviera haciendo una penetración anal. Su sexo llegaba hasta el fondo de mi hueco que era chico para el tamaño de su verga. Yo sentía como su sexo me violaba mientras miraba de reojo su cuerpo presionando contra el mío. Siempre me gustó mirar como me penetraban los hombres y eso aumentaba más mi excitación.
Yo estaba apoyada con mi cabeza sobre el hierro de la rueda para sostenerme y aunque los golpes de mi tío me hacían mal, no me importaba y sentía como su pene atravesaba mi cuerpo abandonado a ese placer prohibido e insensato. Mientras tanto, me acariciaba yo misma con fuerzas el clítoris y con la mano izquierda pellizcaba mis pezones humedeciéndome los dedos. Pero a mi tío se le escapó su sexo afuera y aproveché para decirle si quería meterlo en mi cola y él me dijo que sí! Yo escuché como se chupó su dedo que apenas rozó por mi ano y después apoyó su sexo sin encontrar el orificio de mi recto, entonces le indiqué cuál era y le expliqué que lo apoyara allí y fuera metiéndolo lentamente, pero su pene no estaba tan duro para meterlo y él volvió a penetrarme por la vagina, pero esta vez con más fuerza, con toda la violencia que le había dado su oficio campesino y como si le hubiera dado rabia no poder hacerlo por la cola como se lo había pedido. Allí yo sentí otra vez su sexo y sus manos que hurgaban entre mis nalgas para abrirlas aún más y meter más profundo su verga que ya no encontraba lugar en mi vagina llena de su carne. Mi tío abuelo me tomó de las caderas y me penetró fuerte, entonces yo me desplacé para apoyar la cabeza sobre la goma de la rueda y poder soportar los golpes contra mi cuerpo, hasta que exploté en un orgasmo que sentí venir desde el interior de mi estómago, mientras continuaba tocándome el clítoris y pellizcándome mis tetas. Hubiera querido gritar ese orgasmo del incesto que ya no me asustaba y me estaba dando tanta satisfacción, pero tuve miedo de que me escucharan y gemí con una respiración fuerte y ahogada que mi tío sintió y respondió con un bombeo mayor y su propio gemido de placer, hasta que sacó su sexo medio muerto de mi vagina.
Yo me paré y volví a chupar su pene sucio de su esperma y de mi propio flujo, limpiándolo, mientras mi tío hacía movimientos de penetración contra mi boca y me decía que creía que ya había “escupido”. Lo chupé mucho, por todos lados, hasta que quedó bien limpio y que mi tío lo sacó de mi boca para ponerse el calzoncillo y terminar de vestirse. El volvió a acariciar mi vagina toda mojada, que comenzó a hacer ruidos extraños, eructando llena de aire, producto de ese sexo que venía de abandonarla, como si se quejara por eso...
Yo también me vestí y los dos nos reímos cuando cada uno sacó de su bolsillo una toallita blanca para limpiarnos las manos. Después salimos del galpón y caminamos hasta la tranquera charlando de todo y de nada, y cuando volvimos a la casa me metí en el baño y él dijo que entraría de vuelta al galpón para borrar las huellas de nuestros zapatos en el piso de tierra. Cuando regresó a la cocina yo ya estaba sentada tomando mates en familia. Eran las 16.45 de la tarde, y él se peinaba el cabello y se cepillaba las zapatillas, entonces le hice una broma diciéndole si había que hacer tanto lío por dar una vuelta por el campo y él dijo: “más que eso! una vez me agarró una polvareda en el medio del campo y después pasé dos días en cama!!!”
De retorno a mi casa sentí la calma volver a mi cuerpo, era la calma del placer finalmente cumplido, y la sensación de un viaje perfectamente terminado donde yo venia de vencer mis obsesiones. Entonces llamé a mi novio para decirle que estaba de vuelta y que el cansancio me había invadido porque el aire de campo siempre me cansaba mucho, pero que estaba muy feliz.