El siguiente
relato, narra el primero de una serie de eventos acaecidos durante los
carnavales del año pasado en la finca de la familia de mi esposa localizada a
unos 380 kilómetros
de la capital.
Luego de una piscinada mañanera nos dispusimos
a montar la parrillera para asar varios kilos de carne, pollo y embutidos con
la intención de comenzar la juerga; sin embargo, hacia falta comprar las
cervezas, refrescos, golosinas para los muchachos y otros víveres, ya que hasta
ese momento, había en la finca 57 personas incluyendo 34 menores de edad y faltaban
por llegar mas invitados, todos de la familia; por lo tanto se hacia urgente
realizar las dichas compras, elegimos por votación el comprador y por azares de
la misma resulté electo para ir al pueblo y realizarlas; para salir de la
finca, es preciso cruzar dos pasos en bajíos del río y a unos pocos minutos de
travesía en carro, se llega al centro poblado; al llegar al pueblo me dirijo al
bodegón con la intención de de adquirir los insumos necesarios y por
coincidencias de la vida me tropiezo con una primita de mi esposa; que dicho
sea de paso está de un buenísimo impresionante, que compraba varias botellas de
vino, quesos y otros pasapalos para luego reunirse con todos en la finca.
Se trata de una
morena clara de ojos verdes aceitunados, cabello castaño oscuro poco mas arriba
de los hombros de 23 años de edad, soltera y recién graduada en ciencias
actuariales, 1.75 m
de estatura mas o menos, nariz perfilada y labios carnosos, los cuales siempre
me hicieron fantasear con metérselo en la boca; además, por su espectacular
parecido con la Loren
en sus mejores tiempos, unas tetas abundantes, creo que de talla 38 “C”, cinturita de avispa, vientre completamente
plano y un culo respingón acompañado de caderas anchas cual el mas claro
ejemplo de un perfecto derriere de brasilera…ella vestía para el momento, una
franela sin mangas y pantalones tipo pescador que delineaba perfectamente sus
hermosas piernas largas, algo gruesas, pero muy bien contorneadas, dibujando
además ese carnoso, dividido y bien marcado “bollo” entre las piernas y ni
hablar de cómo lucían ese par de tetas que harían pecar al mas decididamente
célibe de los frailes; aunado a tal espectáculo, ese color de llanera
Venezolana que asemeja poseer un perfecto bronceado permanente …la verdad es
que prácticamente yo la vi nacer; pero, desde que esa niña cumplió los 17 años
se convirtió en el monumento que indignamente les acabo de describir ya que me
faltan palabras para hacer justicia a semejante exótica belleza y sabrosura…en
honor a la verdad; desde hace cierto tiempo hemos flirteado jocosamente entre
nosotros con juegos de palabras de doble sentido “sin ir mas allá” pero con la
picardía de lograr extremos excitantes para ambos, por lo que tácitamente los
dos entendíamos; sin detalles claro está, que algún día eventualmente podríamos
llegar mas “allá”; sin embargo, nunca se me había dado la oportunidad de estar
a solas con ella, por lo que al encontrarnos fuera del ambiente familiar y por
demás sin compañía, inmediatamente supe que esa era la ocasión de pasar la
barrera “del dicho al hecho”… es ahora o nunca, dije para mis adentros…
Nos saludamos
con la sincera sorpresa que proporcionaba el azar y la fuerza que aportaba el
hecho de que no nos habíamos visto desde diciembre del año anterior; ello
excusaba perfectamente un fuerte abrazo y besos en ambas mejillas, muy cerca
por cierto de la comisura de sus labios, acción que avivó mis deseos,
provocando que le arrimara el paquete
con desparpajo mas arriba de su ombligo causando que mi pene diese uno de esos
sobresaltos de pene cuando actúan como si los hubiesen llamado de emergencia,
cosa que sintió de principio a fin ya que la cara que puso mi querida prima
política fue todo un
poema, pasando del asombro, a una pícara sonrisa, acompañada con una
mirada que asomaba en la lascivia sin
llegar a ser de lujuria.
Adoptando ella,
una actitud casi de complicidad se tomó de gancho a mi brazo izquierdo
invitándome a seguir con las compras para cumplir con el mandado; de allí en
adelante nos pusimos al día con los detalles familiares de rigor y salimos del
establecimiento.
Fraguando ya en mi mente un plan que incluyera
la posibilidad de pasar más tiempo a
solas junto a ella, le pedí que me acompañase a buscar una farmacia con la
excusa de reponer el botiquín de primeros auxilios de la finca que se
encontraba bastante mermado; dicho establecimiento queda relativamente cerca de
donde nos encontrábamos, pero so justificación del calor reinante le sugerí
irnos en mi camioneta para refrescarnos con el aire acondicionado; sabiendo que
el tránsito se hace pesado por la cantidad de temporadistas, tenia claro que
ello se convertiría en una oportunidad que me ayudaría en el logro de mi
objetivo; que no era otro, sino poder disfrutar con toda la lujuria posible de
esa hermosa mujer, que si bien no se había declarado abiertamente de acuerdo en
tener sexo conmigo, tampoco dejaba de seguirme la corriente en ese juego de
palabras al filo de ser participe de una eventual infidelidad.
Ya con rumbo a
la farmacia me preguntó si la piscina de la finca estaba apta o teníamos
planeado ir a la represa ya que la había comprado unos tangas mínimos
especialmente para la ocasión, a lo que contesté que me encantaría ver como se
tragarían el hilo ese par de nalgas y que cuente con que yo sería el mejor
espectador y admirador de su escultural cuerpo en tales prendas, me miró con
una expresión que mezclaba desconcierto y deseo a la vez lo; cual interpreté
como una invitación a besar eso riquísimos y carnosos labios, me acerqué y la
besé suavemente sin obtener ninguna reacción, pero tampoco hubo rechazo alguno;
sin embargo, noté que había cerrado los ojos, me separé busqué alguna respuesta
en su expresión y cuando abrió los ojos me acerqué poco a poco nuevamente y
esta vez ninguno de los dos cerró los ojos sino que mantuvimos la vista hasta
que junté mis labios a los suyos y nos abandonamos en un beso que al principio
estaba lleno de una calma ternura, pero que al contacto de nuestras lenguas
fuimos aumentando el ritmo hasta chuparnos los labios, la lengua, mordernos,
comernos mutuamente, bebernos esa rica mezcla de salivas que siendo nueva y prohibida
la hace mas excitante; pasé a besar sus mejillas, sus ojos, busqué su cuello,
subí pasando la punta de mi lengua por el lóbulo de su oreja, lo mordí
suavemente para luego bajar nuevamente al cuello y de vuelta a la boca, había
logrado asir uno de sus suaves senos plenos de esa firmeza que tienen la
mujeres que todavía no han parido ni amamantado arrancándole gimoteos de
placer; estábamos dispuestos a seguir adelante camuflado por lo polarizado de
los vidrios del vehiculo, cuando un escándalo de bocinas y cornetas de los
conductores que hacían fila detrás nos sacaron del rico trance en que nos
encontrábamos; riendo como un par de chamos, nos incorporamos en nuestros
asientos y dispuesto a seguir con lo que se había interrumpido, inmediatamente giré en “U” regresando a la vía principal en
busca del camino rural de vuelta a la finca a sabiendas que era transitado solo
por los propietarios y finqueros del lugar y de que seguramente encontraríamos
un sitio seguro para parquearnos y seguir con nuestros retozos.
Al llegar a la trilla sin pavimento recorrimos
un par de kilómetros, tomé una trocha que evidenciaba ser poco transitada por
la cantidad de maleza que presentaba, rodamos unos doscientos metros dentro
de una especie de túnel formado por los árboles
y nos detuvimos en una pequeña explanada bien escondida cercana al río.
Por causa del
calor reinante no apagamos el motor de la camioneta sino que nos cambiamos al
asiento trasero para contar con mayor espacio y seguir disfrutando del aire
acondicionado del vehiculo, allí comenzamos con un poco mas de calma, deseaba
aprovechar cada segundo que el tiempo y las condiciones nos permitían, debía
disfrutar al máximo de semejante Hembra y hacer que ella disfrutara al igual
que yo y propinarle el mayor placer posible; a los pocos segundos comenzamos a
besarnos como posesos por los demonios de la lujuria, nos comíamos los labios,
la lengua, chupando la saliva que en ocasiones chorreaba por la comisura de
nuestros labios, al poco tiempo, levanté la blusa y solté el sujetador haciendo
saltar un par de hermosos globos de carne suave y firme, coronadas de unos pezones color pardo deliciosamente
erectos que se tensaban cada vez más con las caricias que les propinaba con
toda mi boca, luego comencé a frotar sus pezones a mis dientes como si los
estuviera cepillando para luego aprisionarlos suavemente entre mis incisivos y
mi lengua e incrementando la presión poco a poco sin causar daño alguno hasta
que me pedía que me detuviera, llegando así al umbral de dolor que podía
soportar; ella misma se desabotonó los pantalones para luego hacer lo mismo con
los míos y sacar mi herramienta, nos separamos un poco para terminar de
desnudarnos en función de seguir con lo previsto; ya desnudos, comenzamos a
abrazarnos para sentir el mayor contacto de piel, comencé nuevamente a mamar
sus tetas y a subirlas alternativamente hasta ponerlas al alcance de su boca;
ella colaboró entendiendo mis intenciones bajando su cabeza para juntar
nuestras lenguas en el mismo pezón, bajo su mano izquierda y comenzó a
masturbarse lentamente, para entonces yo sostenía con los dientes el pezón como
podía desde abajo mientras ella lo lamía y pasaba su lengua entre mis dientes
para alcanzar su propio pezón, al parecer esta practica le pareció sumamente
excitante ya que no dejaba de gemir y comenzó masturbarse frenéticamente a la
vez que lo hacíamos, así con cada seno y después comencé a bajar el caminito que
se forma entre las tetas y el abdomen, hundí mi lengua en su ombligo a lo que
ella respondió con un gemido, me regodeé allí para seguir la ruta del placer
húmedo que proporcionaría su vulva, anunciando con la tensión expectante que
provocaba esa acción en su abdomen, se abrió completamente montando su pierna
derecha sobre el respaldo del asiento y la izquierda sobre el asiento del
copiloto, permitiéndome alcanzar mayores profundidades; sumergí mi nariz dentro
de sus labios menores rozando su rígido clítoris con la punta, el olor a hembra
ligado con un ligero toque de perfume francés hacía enervar mis sentidos, luego
de hacer ese tierno trabajo con la punta de mi nariz, comencé pasar mi lengua
delicadamente por el espacio que deja los labios mayores entre los menores para
subir hasta el clítoris y pasar al otro lado para terminar succionando el labio
mayor en cada caso; luego saqué la lengua pasándola ancha sobre todo el
conjunto con movimientos circulares lentos y suaves aumentando la presión hasta
que mi lengua entraba con fuerza en su vagina y presionaba su hueso púbico
desde abajo, subía a lo largo de sus labios menores para concentrarse en su
clítoris con movimientos rápidos, sus manos tomaron mi calva cabeza tratando de
hundir lo mas que podía mi lengua en su sabrosa raja, sus jugos fluían
abundantemente, las piernas le temblaban y luego comenzó a dibujar círculos
como podía alrededor de boca; en ese instante, comencé a presionarle clítoris
con la lengua entre mis dientes a la vez que succionaba todo esa carne en mi
boca, comenzó a jadear anunciando el inminente orgasmo y a profesar frases
entrecortadas; fue entonces cuando me
separé rápidamente para montarla como un sátiro y penetrarla sin contemplación;
mis 19 cm
entraron como el metro en un túnel haciendo que profiera palabras obscenas
diciendo que sentía que le llegaba al estomago y la reventaba por dentro y le
iba a sacar la mierda, después de unas cuantas embestidas, me arrodillé frente a ella levantándola en
vilo y le metí el palo hasta que sus nalgas toparon con mis bolas para comenzar
luego un frenético mete y saca, la presión de su vagina hacia mas placentera la
penetración; sin embargo, por la cantidad de flujo que copiosamente segregaba
su vagina todo se hacía mas fácil, seguí bombeando como pude mientras ella
trataba a la vez de hacer girar sus caderas, en un momento dado mi pene se
salió y lo metí bruscamente provocando sonoridades como de un peo y una
vibración agradable creo que para los dos, ella había logrado tres potentes
orgasmos para entonces, cuando le anuncié que estaba a punto de acabar y que ya
casi no podía aguantarlo mas, ella misma se volteo dándome la espalda, al
hacerlo le pegó la cabeza al vidrio de la ventana; pero creo que ni siquiera lo
sintió; me pidió que le llenara el culo con mi leche, hundí nuevamente mi
instrumento desde atrás en su vagina cuando sus espasmos por un nuevo orgasmo
asieron mi palo como una mano invisible propinándome un placer indescriptible;
sintiendo como hervían mis bolas con el inminente orgasmo, lo saqué de ese
apretado guante de terciopelo y apuntando a su hueco de culo descargué profusamente
varios chorros de lefa mientras ella con sus propias manos abría y cerraba sus
nalgas repetidamente, dilatando de esa manera su ano y permitiendo que la leche
entrara en su agujero; cuando estaba a punto de soltar el ultimo chorrito
presioné mi glande en la entrada de su hueco e’ culo y lo sostuve con fuerza
para asegurarme que sintiera la lechita caliente y recién batida dentro de
ella.
Caímos
desfallecidos casi acalambrados por el poco espacio y la posición, sintiendo
como las pulsaciones de nuestros corazones y sexos entre el agitado ritmo de las respiraciones
iban amainando.
Nos quedamos en
esa posición por un corto espacio de tiempo, nos reincorporamos y comenzamos a
besarnos tiernamente como novios de secundaria; al rato, nos separamos para
asearnos; yo lo hice con una toalla que siempre guardo en mi vehiculo, pero
ella estaba tan embadurnada que se vio en la necesidad de meterse al río para
completar sus abluciones intimas; luego nos dirigimos al bodegón donde nos
habíamos encontrado, para que cada quien llegase a la finca como si nada
hubiera ocurrido.
Nos despedimos aun dentro de mi vehiculo y con
una risita picara me prometió que tendríamos mas y que para la próxima vez
seria ella quien comenzaría con las caricias; además, me hizo prometerle que no
desperdiciaríamos la más mínima oportunidad para dedicarnos a estas practicas,
ya que ambos teníamos mucho que aportar en nuestros futuros encuentros furtivos,
me tomó de la mano y al separarse de mi echó una fugaz mirada a mi bulto como
despidiéndose de él, luego girando sobre sus talones fue en busca de su
vehiculo.
Conduje de regreso
a la finca pensando en las aventuras que podrían suceder, todavía restaban ocho
noches y siete días.
Continuará…