Índice » Confesiones » A veces creo ser ninfómana..

A veces creo ser una ninfómana, cualquier cosa me viene bien cuando estoy muy caliente. Una tarde, me llamó mi gran amigo, diciéndome que llegaría bastante tarde, es más, no llegaría a tiempo para cenar. Eso me alegró mucho, todo el día para mí sola, ya que era verano,así que me dispuse bajar a la piscina de mi edificio en un día que iba a ser todo para mí, sin que me controlara nadie, sin oir a nadie, sin tener que aguantar algun pesado, en fin, un día fuera de lo común, qué más se puede pedir? Mi bikini era minúsculo, la pequeña tanga amarilla, tapaba mas bien poco y encima al mojarse se transparentaba el velo de mi cuquita y el corpiño apenas alcanzaba a tapar mis ya hermosas aureolas, con unos pezones que se me ponían reduros al mojarme, pero no importaba, precisamente la "gracia" de aquel bikini, era esa, que era sintetica. Muy lasciva era yo como siempre! Acabé de arreglarme poniéndome un diminuto pareo y cepillándome mi cabellera que me daban un aspecto mojigato en contraste con la vuluptuosidad de mi cuerpo de putona. Bajé los escalones caminando, no quise tomar el ascensor, además, había probabilidad de encontrarme saliendo o entrando de su casa con aquel chico que me gustaba horrores y que no me daba ni bola, pero, cuando había bajado 3 plantas, me topé en un tramo con el portero, un hombre bastante obeso, calvo y maloliente, un típo que daba asco nada más verlo. Siempre vestía casi igual, una camisa que no se sabía si era gris o beige, abierta a la altura del ombligo, porque ya no le cerraba y de los botones de arriba salían unos pelos canosos largos que daba asco nada más verlo, los pantalones le caían y cuando se agachaba asomaba sus calzoncillos que algun día habrían sido blancos. Usaba ojotas de las de viejo de toda la vida y su calva estaba provista de poco pelo, canoamarillento. Un tío asqueroso, descuidado, que ocupaba toda la escalera y al pasar yo, se quedó quieto para que le rozara al pasar. Antonio (que así se llamaba) apoyó la espalda contra la pared, como queriendo meterse en ella para dejarme paso y yo me puse de espaldas a él para bajar encontrando la mejor manera, ya que peligraba quedarnos trabados alli, tal situación era algo embarazosa. Pasé como mejor pude, de espaldas a él, sin embargo, sentí al pasar un leve roce sobre mi culo redondo y durito. El me preguntó por Hugo y le dije que llegaría mas tarde, presumiendo de lo libre que estaba ese día. Al pasar, noté que el cuerpo de Antonio se tensaba y se apretaba contra mi culo y, para mi sorpresa, noté unos dedos gordos y torpes meterse por dentro de la tanga, no sin cierta agilidad. Me quedé sin respiración y llena de extrañeza, como había osado hacer una cosa así aquel viejo? Bueno, tenía fama de viejo verde, la verdad que nos miraba mucho a todas las minas del edificio, pero llegar a eso, nunca me lo imaginé, es más, de haberlo pensado me habrìa dado un asco horroroso. El hombre tenía el dedo en la puerta de mi conchita que ya estaba comenzando a palpar, le pregunté con un susurro qué hacía y por toda respuesta encontré que me metía el dedo un poquitín, yo, en vez de quitarme que es lo que mi cabeza me dictaba, abrí mucho las piernas, al tiempo que le susurraba; - que esta haciendo Antonio ?. Por toda respuesta pasaba el dedo a lo largo y ancho de mi conchita poniendome ya bastante caliente,yoo ya estaba conteniendo el jadeo, no sea que alguien me escuchara y podría morirme de la verguenza. Antonio, con la mano que le quedaba libre, y al ver que yo no me iba, me tocaba una teta por fuera del bikini primero y metiendo la mano después, cuando me la pellizcó me caí de culo. Aquello era demasiado, un típo que olía a demonio, asqueroso, de lo peor, me estaba metiendo un dedo en la concha descaradamente al tiempo que me pellizcaba una teta y notaba un bulto cada vez más gordo en mi culo y de pronto, me soltó deseándome un buen día. Me fuí a la piscina llena de angustia, de miedo y sobre todo una calentura para mí entonces desconocida, teniendo que meterme en el agua varias veces para meterme el dedo, recordando cada movimiento que me hacía Antonio para imitarlo y tratar de buscar aquel gustito, que sin embargo, me daba más gusto al recordarlo que con lo que me estaba haciendo yo misma. Ya no podía más, iba a subir a mi casa a masturbarme tranquilamente, aquello era demasiado, hacía un calor de muerte y eso hacía que me calentara más, así que mejor en casita, con el aire acondicionado y tranquila. Allí estaría a mi sola y libre. Mi pensamiento era subir en el ascensor, aunque nunca lo hacía, porque así llegaría antes porque me faltaba tiempo, pero, justo cuando se cerraba, una mano volvió a abrirlo, era Antonio que me miraba con sus ojos ahuevados y con cara de sacado.Apenas empezó a andar el ascensor, lo paró y se avalanzó contra mí apoyándome contra una de las paredes, me metió la lengua en la boca y habría vomitado si no hubiese sentido otra vez aquellos ágiles dedos manoseandome mi conchita palpitante, en vez de eso, jadeaba en su boca como una puta cualquiera y me entregaba a aquella sucia caricia que a mí me sabía a gloria. Sin soltarme pulsó el botón del último piso, que era la portería para ello tenía que introducir una llave, lo que hizo con la mano que le quedaba libre despegando entonces su boca de la mía. Estaba babeando, jadeando y rojo de la tensión, no todos los días un tipo así tiene una hembra como yo y entregada tan facilmente.Apreto el botón y subimos, yo ya sabía que quería cogerme, yo me decía decile que no queres estupida, pero no abría la boca, me quedé en silencio, tan solo mordiéndome el labio inferior del gusto que sentía con el leve roce de aquel dedo gordo tan magnífico, desde luego, no era igual que cuando me lo hacía yo, tan torpe que era aún. Volvió a besarme y toquetearme las tetas, el viejo sudaba como un pollo y gemía como un cerdo, intentando ponerme la verga entre las piernas, pero no podía, ya que la barriga le caía casi hasta las piernas. Llegamos a la última planta, la que nadie tenía acceso, a rastras me sacó del ascensor, todo muy nervioso e inquieto, se sacó la pija y me llevó hasta allí con la mano. Era una pija gorda, apenas morcillona, no se le llegaba a poner del todo dura, con unos huevos muy gordos que le caían y a mí se me figuraba los de un burro, tocarlo era asqueroso, pero me daba tanto gusto con la mano que seguí, obedeciendo y le toqué y nada más notar el tacto de mi pequeña mano, tuve entre ellas una pija inmensa y gorda y me aterré. Yo ya no estaba excitada, tenía miedo y quería irme pero no me lo permitió, me dijo que ahora no podía que estaba por venir lo mejor, que no tuviera miedo, que iba a acariciarme como nunca me lo habían hecho y así era, porque a mí nadie me había acariciado antes. Sin soltarme abrió la puerta de su casa y entramos mientras seguía besándome con una lengua llena de babas repugnante. Tenía que tragar mucha saliva de aquel típo que yo trataba sin éxito de escupir, pero como me daba más se me acumulaba en mi boca, aquello no me gustaba, estaba llena de contradiciones, que me tocara la concha me gustaba, tocarle la pija y que me besara, no, pero continué haciendo ambas cosas apretando además mucho las piernas para sentirle un poco más. Fuimos al sofá, la casa estaba muy desordenada, llena de ropa sucia por el suelo y olía a pocilga pero a mí me daba igual, yo estaba en la gloria y casi desnuda casi sin darme cuenta, porque me había desatado el sujetador y bajado la tanga hasta las rodillas casi sin darme cuenta, probablemente lo vendría haciendo ya por el camino a su depto., el caso es que yo ni lo noté. Mis piernas apretujaban su dedo que yo quería sentir no sabía de que manera, pero aquello me estaba sabiendo a poco, me daba tanta verguenza estar con el portero así que me puse a llorar, me daban náuseas su boca y su poronga, y antes de pensarlo, me ví tumbada en el sofá con las piernas abiertas sin la tanga ya, entregada, ofrecida, muy puta, muy sacada, del sujetador abierto salían mis grandes tetas cuyos pezones Antonio mamaba con ganas, sin dejar que me enfriara. Se bajó del todo los pantalones y los calzoncillos, me daba tanto asco que volví la cara para no mirar, pero el me cogió por la cabeza obligándome a mamarle la pija. Lo que sentí cuando me la enchufó no puedo ni relatarlo, casi me atraganta, esa polla olía a pis un montón, me daban arcadas pero me obligó a mamársela y, dado que el muy cerdo, no dejaba de tocarme la conchita, seguí , todo menos que parara, lo que ocurría era que a mi entender el muy turro estaba llegando demasiado lejos. Con una mano traté de apartarle de mi cara, pero fué imposible, aquella mole humana se la había tomado con mi cara y mi boca. Para que le chupara mejor, me cogía la mano para levantarle la gran barriga y aún bajo esta quedaba un buen trozo de pija gruesa y asquerosa que yo me tenía que meter porque no paraba de decirme, - entera... "métetela entera en la boca, anda preciosa, que yo te estoy haciendo muy feliz, hazme tú también a mí, cariño" yo no quería, intentaba apartarle, pero era imposible, en vez de apartarse, se ponía mas caliente mi portero. Me acabo en la boca, yo ya no podía más y sobre su barriga lo escupí como pude de tanta repugnancia que me entró, creí que se enojaria, pero lejos de eso, me puso la cara sobre lo que escupí y me obligó a lamerlo, lo hice entre sollozos y me obligó otra vez a meterme la chota en mi boca que además de a pis, sabía a semen asqueroso. Lamí sin dejar de lloriquear, y, al poco noté que se le ponía dura de nuevo. Mientras yo hacía eso, Antonio se quitó la camisa y debajo llevaba una de esas camisetas musculosas que llevan los viejos ya amarillenta del uso que no se quitó. El olor a sudor ya era insoportable y yo ya no podía más, eso me superaba y para mí había sido suficiente, por lo visto, para él, no. Tiró de mis piernas y me las subío a la altura de sus hombros, volvió a subirse la barriga para que yo por mi concha notara su glande rozarme. Al sentirlo, no pude más y me hice pis sobre él. El tío gemía como un cerdo y seguía frotándome y frotándome, me daba asco, pero lo meaba una y otra vez sobre aquella gorda pija, se retiró un poco y apuntando hacia mí me meo él tambien que, lejos de asquearme, me dio mucho gustito que me diera sobre mi concha caliente. Todo eso era demasiado, yo no podía imaginarme que el sexo fuera tan guarro y tan raro, pero allí estaba con las piernas bien abiertas para un típo que no se follarían ni las putas, yo me desconocía. -"Vas a coger conmigo, Susi... vas a ver como Antonio, te mete esta pija dentro de tuyo y sentirás el mayor de los placeres que tendrás en tu vida" Me tensé del miedo "coger, no, por favor, no quiero coger con Ud.Antonio! Sigamos con las caricias, lo que quiera, pero no me meta la poronga, que me va a doler, por favor, no" El contesto: "precisamente voy a cogerte porque se que sos una puta y ahora vas a saber lo que es coger de veras, o crees que no te veo como inutilmente lo intentas con el dedito en tu habitacion? Te veo por la azotea del bloque de enfrente cada día y, créeme, he soñado con este momento cada tarde" Me puse a gimotear pero él hizo caso omiso, volvió a acariciarme con el glande y volví a sentirme mojada hasta las rodillas del gusto, ya no sabía si me orinaba o acababa pero un dolor de pronto paralizó aquel frenesí. Antonio estaba tumbado sobre mí, su barriga me presionaba y pesaba como un mueble, su poronfa la tenia adentro y era precisamente lo que me hacía daño. El estaba quieto y susurró que me tranquilizara, que aquello pasaba pronto, y , así fué, lentamente, comenzó un metesaca que, aunque al principio era algo molesto, luego me hizo perder el sentido. Su pija enorme entraba y salía cada vez más rápido y fuerte, sus huevos hacían ruido contra mi culo en cada embestida que se me hacía insostenible, pocas veces había sentido tanto gusto en mi cuerpo. Toda yo temblaba, gemía y abría más las piernas, quería sentirla toda, quería más, yo misma me sorprendí pidiendo eso, más. Seguía el bombeo atroz, este viejo estaba lleno de potencia, me daba mucho gusto y sentía vértigo del placer, y , cuando me sobrevino uno de los miles de orgasmos que me hizo sentir, noté su pija que palpitaba siguiendo a continuación un mar de leche que inundaba mi cuerpecito delgado. Se tiró encima mía como un plomo, aún jadeoso y con los ojos en blanco, babeaba y tenía la boca entreabierta, me lamió toda pero yo lejos de darme asco ya, estaba siendo suya del todo. Me sacó la chota, bajó mi cabeza y yo la acabé de limpiar. "Ya no hace falta que me lave, me la has dejado muy limpita ya, anda, ponete esa ropita que llevas y vete antes que nadie te vea que bajas de aquí, y ya sabes, cuando quieras, ven a verme" Me puse la tanga rápidamente, estaba llena de leche que me caía piernas abajo cada vez que me movía, llena de babas del muy cerdo y olía casi tan mal como él, claro, si había gozado como una puta entre sus brazos, como iba a estar? pues como él, echa una guarra. Sentí mucha verguenza, asco de mi misma, como pude perder el sentido con un viejo gordo de 60 años que no se lavaba? me había vuelto loca o que? Abrí la puerta de mi casa y llorando abrí la ducha donde me pasé horas, pero ya era tarde para mí, me había convertido en una puta con una experiencia mas,jamas imaginada y, aquello sin duda traería sus consecuencias. A los 15 ' minutos llego Hugo y lo obligue a quedarse en casa para que me recogiera toda la noche como solo el sabe hacerlo.

escrito por Anonimo
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