Invitaron a Sara por ser una muchacha preciosa, dulce y caprichosa. Emocionada, estuvo pensando qué ponerse y, entre su variado vestuario, eligió un vestido blanco muy sugerente y atrevido de gasa semitransparente atado al cuello, que dejaba toda su espalda al descubierto.
Sus pechos respingones jugaban bajo la tela y la largura de las múltiples capas de gasa blanca destacaban el bronceado de sus esbeltas piernas.
Se maquilló con sencillez destacando sus carnosos labios con un rojo intenso, a juego con su bolso y zapatos. Un coche la esperaba en la puerta de su casa para llevarla a la fiesta.
Al llegar sintió las miradas fijas en ella y un breve murmullo invadió la sala. Le pareció que iba a ser la más joven de la fiesta. La anfitriona acudió rauda a recibirla, presentándola poco a poco a todos los invitados, que quedaban prendados por su encanto.
La música sonaba en el aire, mezclándose con la algarabía de las charlas y el chin-chin de las copas. Sara pidió un daikiri y, tras bailar con varios invitados pensó que la noche no se presentaba mal. Un camarero anunció que la cena estaba servida. Se sentaron todos alrededor de la gran mesa. Sara estaba entre Mariona, la anfitriona, y un esbelto y atractivo caballero, llamado Jorge.
Sara y Jorge congeniaron enseguida y charlaron animadamente durante toda la cena. Las burbujitas del champán estaban haciendo efecto y cada vez el ambiente era más desenfadado. De improviso, y para sorpresa de Sara, éste comenzó a acariciar con disimulo su muslo bajo la mesa. Ella no se lo impidió. Con un gesto le indicó que abriera las piernas y le acarició la entrepierna hasta alcanzar su sexo, que ya empezaba a excitarse. Jorge se acercó a la muchacha y le susurró al oído: "Quítate el tanga y mételo en el bolsillo de mi chaqueta". Sara obedeció e hizo que el tanga le cayera hasta los tobillos. Se agachó con la típica excusa de la servilleta en el suelo y al levantarse lo introdujo en el bolsillo de Jorge. Este volvió a acariciar sus muslos y, lentamente, se acercó al sexo caliente y húmedo que deseaba ser acariciado. Sara no pudo reprimir un gemido y Mariona le preguntó: "¿Te encuentras mal?". La muchacha dijo que no, pero Mariona ya se había dado cuenta de la situación y, atraída por la joven decidió aprovechar el momento: "Será mejor que te acompañe a tomar el aire, pareces acalorada". Ella no pudo decir que no y ante la decepción de Jorge se disculparon y se retiraron.
Salieron al jardín a pasear y, antes de que Sara se diera cuenta, Mariona se detuvo y la cogió por la cintura, le acarició el cabello y, acercándose, la besó. Sara, entre excitada y confusa, le correspondió calurosamente. No hizo falta decir nada, ambas lo deseaban. Juntaron sus carnosos y sedientos labios y se dieron un largo beso.
Mariona la cogió de la mano y, atravesando el vestíbulo, la hizo subir las escaleras hasta llevarla a su habitación, grande y acogedora. Allí la besó de nuevo ardientemente, sus lenguas entrelazadas, a la vez que se acariciaban con deseo. Mariona llevaba un ajustado y cortito vestido de noche negro que dejaba ver las ligas que sujetaban las medias. Sara se lo desabrochó y entre besos se lo quitó. A su vez ésta le soltó el lazo del cuello y el vestido de gasa se deslizó hasta sus tobillos quedando totalmente desnuda ya que no llevaba sujetador y el tanga se encontraba en el bolsillo de Jorge.
La anfitriona se quitó las bragas negras y el sujetador, dejando relucir su exuberante pecho. Obligó a la joven a tumbarse sobre la cama y con unas medias le ató las manos a los barrotes de la cabecera y las piernas abiertas a las patas de la cama. La besó y empezó a pasar la lengua por todo su cuerpo haciéndola retorcer de excitación y placer. Sus pezones respingones se endurecieron y su sexo húmedo pedía a gritos que lo acariciaran, pero Mariona aún no quería centrarse en esa zona. Su juego continuó. Le hizo que le chupara sus pechos y luego se sentó sobre su cara para que le chupara el chochito. Sara obedeció, cada vez más excitada y fuera de sí. Entonces Mariona bajó hasta la entrepierna de Sara y empezó a lamerle el clítoris parando cada vez que estaba a punto de correrse. Sacó de debajo de la almohada una gran polla de látex con la que penetró el chomino de Sara, que gemía sin parar. La soltó de sus ataduras y ambas se entrelazaron uniendo sus sexos, húmedos y deseosos de alcanzar el clímax. Se besaron de nuevo ardientemente y comenzaron a moverse frenéticamente frotando sus sexos y acariciándose sus cuerpos hasta correrse entre chillos de placer.
Se quedaron abrazadas durante unos instantes, mirándose la una a la otra con sonrisa de satisfacción y sin decir nada. Perdieron la noción del tiempo así que cuando se dieron cuenta se vistieron rápidamente y bajaron a unirse de nuevo al desenfreno de la fiesta, que ya se había descontrolado un poco.
Parecía que nadie las había echado de menos pero Sara se dio cuenta que Jorge la seguía con la mirada.
Todos los invitados habían terminado de cenar y ya se habían tomado unas cuantas copas al ambiente de una musiquilla que les hacía bailar en una sala enorme, contigua a la de la cena. Había sofás de terciopelo distribuidos alrededor de la pista de baile y algunos invitados charlaban animosamente mientras se tomaban sus copitas.
En el centro de un lateral había un pequeño escenario y en el momento en que vieron aparecer a la anfitriona anunciaron una actuación especial. El espectáculo podia comenzar. Expectantes ante la sorpresa del acontecimiento, se hizo el silencio y todo el mundo centró su atención allí.
La luz se volvió más tenue y unos focos iluminaron el escenario a la vez que se empezaba a escuchar una música muy sugerente. En el escenario apareció una pareja muy sexy que comenzó a moverse con provocación bailando al ritmo de la música a la vez que poco a poco se iban despojando de sus vestiduras. Siguieron bailando durante un rato totalmente desnudos. La gente aplaudía y silbaba enfebrecida mientras la pareja comenzó a acariciarse y a moverse provocativamente. El muchacho tenía el miembro totalmente hinchado y duro, y la muchacha se acariciaba su sexo y le mordía el cuello a su compañero. Se frotaron el uno contra el otro y se fueron poniendo cada vez más cachondos. Lentamente la chica fue descendiendo hasta meterse en la boca la imponente polla de su compañero. Arriba, abajo, arriba, abajo........ El público miraba expectante como entraba y salía la enorme polla de su boca.
Bruscamente, el chico le dio la vuelta y la hizo ponerse de rodillas como un animal. Le fue besando y lamiendo todo su cuerpo. Ella arqueaba su espalda mostrando su buena disposición cual animal salvaje. De improviso le metió el dedo en el ano y la chica gimió. A su vez le introdujo dos dedos en su vagina. Tras comprobar que realmente la chica estaba chorreando de excitación le abrió la raja y le introdujo su lengua. Con un movimiento rápido y gran destreza levantó la cabeza y la penetró por su sexo a la vez que le metía por el culo un aparatito con forma de puro moviéndo con coordinación su gran aparato natural y el compañero de plástico.
Los invitados aplaudían y le animaban a follarla. Algunos de ellos se fueron quitando la ropa y, en solitario o en pareja, se acariciaban demostrando su excitación.
Jorge y cuatro amigos suyos se acercaron a Sara que miraba con atención y comentaron entre risas la actuación. Casi sin darse cuenta se encontró desnuda comiéndole la polla a Jorge, masturbando a dos de sus amigos con las manos, otro de ellos chupándole las tetas y el último con la lengua entre sus piernas.
Mientras tanto la pareja del escenario culminaba su acto entre jadeos, sudor y placer.
El panorama era increíble. Cada cual se lo montaba lo mejor que podía con quien podía.
Sara se encontraba feliz entre tanto hombre, todos ellos pendientes de su cuerpo. El descontrol de las sensaciones de su cuerpo era tan increíble que no creia que pudieran sentirse. Los cinco chicos se iban turnado y la follaban de un modo bestial, inundando cada uno de los agujeritos de su cuerpo. Se encontraba mareada entre tanta polla y tanta lengua y tanta excitación…… Acabó bañada de leche por todas partes.
Mientras tanto los invitados se fueron retirando poco a poco, y cuando sus chicos terminaron y ella se había corrido tantas veces que ni las habia podido contar también lo hizo. Subió al baño pribado de Mariona y se dio un baño para refrescarse de tantas emociones.
Al bajar Jorge la estaba esperando y se ofreció a acompañarla a casa. Ella aceptó, pero cuando llegaron y éste quiso subir a tomar la última copa a su casa, Sara le dijo que no. Estaba muy cansada y todo lo que quería era dormir. Mañana sería otro día.
Al día siguiente se despertó al mediodía, pensó en el día anterior y sonrió satisfecha. Con cara de sueño y con un camisón de seda transparente se hizo un café para despertarse. Al rato cogió el teléfono de su mesilla de noche y tumbada marcó el número de Jorge. Pensaba darle una sorpresa y …… ¡qué sorpresa!. Riiiing, riiiing, riiiing…… le costó contestar al teléfono.
- ¿Quién es? - preguntó por fin él, aún soñoliento.
Allá voy, pensó Sara:
- Imagínate que estás en un bosque. Un gran silencio te rodea. De vez en cuando el piar lejano de algún pájaro rompe ese silencio. Estás solo y …
Jorge escuchaba atónito, pero sin decir nada. Sara seguía...
- … Caminas desnudo entre la bruma. El ambiente es tranquilo, relajado …… De repente surge entre la niebla la silueta de una mujer, también desnuda, que no te ha visto. La observas. Camina lentamente con los ojos cerrados mientras las ramas de los árboles la acarician al pasar. Parece hacer un paseo nupcial, lenta sinuosa …… Está excitada. Se detiene junto a un árbol y apoya su espalda y su cabeza en el tronco inlinado, casi tumbada. Lentamente lleva una de sus manos a sus labios, se chupa un dedo y la baja acariciándose el cuello hasta llegar a acariciar los duros pezones de su pecho. Un leve gemido sale de su boca. Con la otra mano se empieza a acariciar su húmedo sexo. Tú te has excitado mucho mirándola y estás empalmado. Sin poder resistirlo te acercas sigilosamente y te agachas para lamer la blanca piel de sus piernas. Ella se sobresalta y abre los ojos mirándote agitada, pero en medio de su excitación te acoge con ardor. No son necesarias las palabras, los hechos se descontrolan y un gran frenesí se apodera de ambos.
Le besas el cuello con suavidad primero y con pasión después, deslizas tus manos hacia sus pechos, mientras ella sigue acariciándose sin pudor. Bajas una mano hasta su sexo y compruebas que está muy caliente y mojado. La miras y con pasión os besáis entrelazando vuestras lenguas. La coges por las muñecas y la tumbas sobre la mullida hierba sin soltarle. Con tus piernas le abres las piernas y las apresas fuertemente para impedirle el movimiento. Con tu lengua recorres su torso. Ella arquea la espalda y mueve la cabeza de un lado a otro con los ojos cerrados. Le indicas que no se mueva a la vez que la liberas de tus amarres. Sin hacer caso de tus indicaciones salta sobre ti y apresa con su boca tu dura polla moviéndose de una manera que te vuelve loco.
Al poco rato, la miras de nuevo y con ojos suplicantes te pide que la folles, está como loca y fuera de sí. Abre sus piernas ante tus ojos lascivos y con fuerza se la metes en su jugoso coñito. Comienzas a moverte con auténtico frenesí, y ella empieza a chillar pidiéndote que se la metas hasta dentro con fuerza, como si fueras una bestia salvaje. Cambiáis varias veces de postura y cuando la tienes cogida desde atrás, se coloca a cuatro patas y se abre más indicándote que la sodomices.
Con gusto la complaces y cuando tu gran polla penetra su pequeño agujerito, un gemido de dolor y placer sale desde su garganta. Aceleráis los movimientos y por fin llega el momento sublime del placer máximo, y entre chillos, descargas tu cálida leche dentro de su culo a la vez que ella se corre de un modo alucinante que te deja temblando.
Sales de ella y mientras intentas recuperar el aliento, la misteriosa muchacha sin decir nada desaparece entre la maleza del salvaje bosque............
- Ahhhhh, síííííííí, que bueno........
- Bueno, respira ...... ¿qué tal?
- Estás deliciosamente loca, Sara.
- Entonces, ¿te ha gustado?
- Muuuuucho tontina. ¿Has descansado bien?
- Sí, ¿te apetece que quedemos para comer?
- Me encantaría.
- ¿Te parece bien dentro de media hora?
- Perfecto, te paso a buscar.
- Vale, hasta luego.
(( continuará ))