Índice » Confesiones » Sexo Oral

 

Desde que recuerdo siempre tuve cierta obsesión con el sexo oral. Nada me parecía más dulce que una lengua resbalando por mis grieta húmeda y roja, o en su defecto, una boca caliente mordiendo mis labios vaginales. En fin, estaba yo loca y siempre que pensaba en esas imágenes, deseaba desesperadamente aquel día  en que tuviera la cabeza de alguien entre mis piernas.

A los 18 años pude cumplir ese deseo tan anhelado, pero la verdad no fue tan grato como yo lo esperaba. El tipo, se llama Michael Dazey -un americano buenísimo- sólo supo morderme demasiado sin mojarme todo lo que yo esperaba con su lengua. Sin embargo, sí pude terminar en su boca, pero con un orgasmo muy restringido y casi doloroso.

Pocos meses después, también tuve otra experiencia, fue con un muchacho de nombre Luis. Habíamos ido él, unos amigos y yo a un bar de poca monta al mediodía. Ahí fue, digamos que el flechazo, porque en realidad no me gustaba tanto. Simplemente estábamos bastante tomados y entre los juegos y la risa, terminamos besándonos.

Horas después fuimos a su casa, donde vivía con un hermano más o menos de la misma edad -casi 20 años-. Luis me ofreció bañarme con él, y entonces acepté teniendo en mente una gran mamada a mi vagina: un besote que me hiciera gritar como perra y exigirle que me penetrara.

Esa ducha también fue una pequeña decepción. Debajo de la regadera, Luis se hincó dejándo la cabeza a la altura de mi entrepierna y como cascabel extendió su lengua a mi puchita. La abrió con su molusco rojito, como si buscara algo adentro, mientras me tomaba de las nalgas. Luego sujetó con toda su boca mi clítoris, estaba chupe y chupe, pero sin éxito. Sólo consiguió hincharme tanto que parecía como si tuviera un pequeño penecito en medio de los labios. Sí, sí terminé, pero igual que la vez anterior: con dificultad.

A los tres meses de mi cumpleaños número 18, sucedió. Oh, Dios mío, eso era lo que yo estaba esperando. Un tipo enfermo, ansiosote de carnitas abundantes y jóvenes. Conocí a Víctor en septiembre, tenía aproximadamente 45 años y no era nada guapo, simplemente se conservaba delgado y lujurioso. Varias veces me llamó para invitarme a salir, pero siempre -la muy tonta- me negué. Hasta que un día, cuando estaba en mi casa después de haber ido a comer con unos amigos me llamó. Yo me había tomado varios rones y estaba bastante mareada, pero alegre. Víctor me llamó  para invitarme a comer y acepté.

Cuando estábamos en su pick up, me preguntó que a dónde quería ir a comer. Yo le dije que ya lo había hecho, pero que con mucho gusto lo acompañaría.

"Yo también ya comí, la invitación en realidad era nada más un pretexto para verte", me dijo. Entonces comenzamos a hablar un poco de comida, le dije que si le gustaban las cosas aguaditas y mojadas. "¿Cómo los ostiones?", preguntó riéndose divertido.

"Sí, como los ostiones: aguaditos, mojados y asquerosos", respondí. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que eran sus mariscos favoritos. "¿Te gusta su olor?, pregunté bien caliente, porque ya estaba imaginandome cómo podría follarme con su boca, que para esto estaba bien grandota.

Él me contestó que sí, que no le desagradaba. Así que recargué mi espalda en el interior de la portezuela y coloqué mis piernitas en el asiento de la pick-up. "¿No te gustaría comerte esto?", pregunté mientras abría en todo su ángulo mis piernas y mi índice comenzaba a molestar mi clítoris.

"Claro que sí, mi amor", dijo acercándose. Víctor abrió con las dos manos mi pucha y le dejó caer un escupitajo. ¡Aayy, que rico!. Levantó un poco mi blusa para besarme en la cintura mientras yo ya estaba desesperada porque me atendiera la concha. Besó mi cintura y luego volvió a bajar dejando resbalar más saliva por mi rajita. Hizo a un lado el sostén y comenzó a chupar mis pezones con suavidad y firmeza a la vez.

Víctor me dio la vuelta dejando mis nalgotas al descubierto, y luego las empezó a morder suavemente, con pequeños y grandes chupetes. En donde más me excitaba era precisamente en la parte donde comienzan las piernas, tanto me excitaba que levantaba el culo y llevaba un par de dedos a mi vulva. Cuando ponía los dedos para acariciarme, Víctor me los quitaba y decía "espérate, ahí voy. No te toques".

Obviamente estaba más mojada que una esponja. Por fin, me regresó a mi postura inicial, metió la caja de los discos en mi trasero para sostenerme con más altura.

Volvió a abrir con sus manos mi vagina dejándola completamente al descubierto. "Mira que delicia, mamita. Ahorita me la voy a comer toda, no te voy a dejar nada. Te vas a quedar sin pucha, porque me la voy a comer", me decía en voz baja. Y yo me ponía como perra en celo al oir todo eso, porque me excitaba muchísimo estar con un hombre que podría ser mi padre.

Primero recorrió con la punta de la lengua mis labios interiores: con calma, sin prisa, muy despacito. El labio izquierdo, luego el derecho. La puntita de la lengua resbalando por mis labios desde la altura del clítoris hasta el orificio vaginal. Mmmh, riquísimo. Luego,  comenzó a dibujar la misma línea pero del orificio hasta el ano, deteniéndose en mi grupa.

En el ano dejó caer toda su lengua, lamiéndo así, como cuando se lamen los restos de un plato, abarcándolo todo y lijando con las papilas mi hoyito. Me tenía bien caliente, sudando por todos los poros y más que nada, de la pucha.

Por fin, llegó a lo esperado. "Vico" regresó a su actividad anterior: dibujaba y dibujaba mis labios inferiores muchas veces. Escupió un poco más en toda la vulva y ¡Oh, sí!...Atrapó mi puntita con toda la boca, así como formando una "o" alrededor del clítoris. Me lo mamó con firmeza pero suavemente, sin utilizar los dientes ni nada: sólamente los labios en forma de "o". Parecía bebé mamando leche...

Cuando estaba a punto de venirme, dejó de mamar y se fue a mi orificio vaginal. Metió la lengua hasta el fondo: lo más que pudo en toda su extensión...Después de follarme suavecito con la lengua, regresó con el vaivén lingual en el perineo -la zona entre el orificio vaginal y el ano-. No tienen idea la deliciosa sensación que provoca una caricia de este tipo en esa área, porque curiosamente siempre queda desatendida.

Víctor luego repitió la "o" alrededor de mi clítoris. Mmmh, "bebito, mámame, sigue, vamos", le decía...

Cuando me comencé a venir, Víctor metió dos dedos en mi pucha y durante todo el orgasmo me estuvo follando con fuerza, como si estuviera buscando algo...

Después de Víctor, nadie me ha mamado la pucha tan rico como él. Aunque nunca tuvimos una relación verdadera, siempre lo voy a recordar como mi mejor mamada.

escrito por Anonimo
Añadir a meneame Añadir a del.icio.us
¡Puntúa este relato! ¿cuantas estrellas merece?


Menú privado
Envianos tu relato erótico
Webs Amigas