Índice » Dominacion » Chantaje a mi novia 1

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Hola, soy un chico de 23 años y vivo en Madrid. Os quiero contar cómo he conseguido en los últimos meses hacer que mi novia me obedezca ciegamente en todo y cumpla todos mis deseos y fantasías.
Empezaré por el principio, llevo cinco años saliendo con mi novia, ella se llama Patri y es muy atractiva, por lo menos a mi me lo parece, es alta, delgada, tiene el pelo rubio rizado, los ojos claros, buenos pechos, caderas anchas, culo redondo y unos muslos rellenitos. Desde siempre me gustó y desde que salgo con ella mucho más, pero en cuanto al sexo he tenido algunos problemas con ella.
Desde el principio nos hemos acostado con normalidad, y ahí está el problema, en lo que ella entiende por normalidad, no hay quién la saque de su rutina sexual de \"tu te pones encima y me la metes hasta corrernos\". Me costó Dios y ayuda convencerla del placer del sexo oral pero ella sólo consiente chuparme la punta de la polla dos minutos, y eso si me he lavado muy bien antes.
Del resto no quiere ni oír hablar, ni otras posturas, ni sexo anal, ni 69...

Otro problema es su forma de vestir, ella trabaja en una oficina y tiene que ir todos los días muy arreglada, pero con ropa muy seria y de mujer muy mayor.
Los fines de semana, en vez de cambiar de estilo, sigue vistiendo muy por el estilo y a mi me saca de quicio porque parece menos atractiva de lo que es.
Yo la ánimo a comprarse ropa más atrevida y acorde a su edad pero también se niega en esto, lo único atrevido que lleva son unos cuántos tangas del Carrefour.
Total, que si no la quisiera y no me resultara tan atractiva ya la habría mandado a la mierda.

Estaba ya resignado a convertirme en un hombre frustrado sexualmente con mi novia cuando, de repente, ocurrió un milagro, a mi novia le toco un piso de protección oficial, al principio me alegré y no entendí todo lo que yo iba a ganar con este hecho. Después de un año de trámites tubo que empezar a pagarlo y ella no tenía dinero suficiente ahorrado, fue al banco (aconsejada por sus padres) y le denegaron el préstamo y la hipoteca porque no era indefinida.
Ella quería que el piso estuviera solo a su nombre pero, entonces, tubo que acudir a mi para pedirme dinero y \"no desperdiciar esa gran oportunidad\", conclusión, a través del notario pusimos el piso a nombre de los dos.
Mi novia me debía mucho dinero y eso estaba reflejado en la notaría, si ella no me pagaba o rompíamos, yo podría quedarme con todo el piso y ella sin nada.
Sus padres vivían por aquel entonces en el norte de España y ella no quería irse de Madrid, no podía acudir a nadie cercano si se quedaba sin nada.
Patri no se dio cuenta de todo el poder que estaba poniendo en mis manos, entonces ocurrió otro milagro, la despidieron. Al principio no se preocupó y se puso a buscar trabajo pero la suerte me sonrió y no encontró nada. Ahora mi novia vivía mantenida por mi en un piso que yo pagaba.
Ella entró en una pequeña depresión y yo no pude negarme a que saliera un viernes con una antigua amiga suya de la Universidad, a la que yo no podía ni ver, esta chica era la típica guarra y borracha que se lía con cualquiera.
Ese viernes salió hasta muy tarde y cuando volvió sola en un taxi de madrugada estaba completamente borracha, la tumbe en la cama y se quedó dormida.
Fue entonces cuando todo se me ocurrió, parecía una locura pero todo encajaba a la perfección.
La cogí en brazos y la baje hasta el garaje, estaba profundamente dormida y no se enteró de nada cuando la puse en el asiento de atrás del coche. La llevé hasta la Casa de Campo y allí busque una zona no muy alejada de dónde se ponen las putas, y por la que pasaran coches. Encontré un sitio dónde había una mesa con unos bancos de madera al lado de la carretera, era el sitio perfecto, le quité toda la ropa menos el tanga y los zapatos de tacón que llevaba puestos y la dejé sentada apoyada de espaldas contra la mesa.
Sus pechos blancos brillaban a la luz de las farolas y yo había conseguido que su postura fuera bastante natural, parecía que mantenía una actitud de espera.

 

Me alejé un poco de ella, aparqué y apagué todas las luces. Saque la cámara de fotos de la guantera y me puse a revisarla cuando, de repente, un coche blanco apareció en la lejanía y se paró justo en frente de donde yo había dejado a mi novia sentada. Era el típico Seat Ibiza antiguo un poco tuneado, con los cristales traseros tintados y unas pegatinas negras con dibujos tribales en los laterales. Al principio parecía que hubieran bajado la ventanilla para hablar con ella, desde mi posición no podía escuchar nada, luego, se bajó un hombre alto y rechoncho de unos treinta años, llevaba unos vaqueros y una camiseta blanca muy ajustada, se le marcaba toda la barriga, se acercó a Patri y comenzó a balancearla y a gritarla para despertarla. Mi novia pareció despertarse un poco, se puso de pie con dificultad apoyándose en aquel gordo, éste se aprovechaba de la situación manoseándole el culo y los pechos. Él hablaba a través de la ventanilla del copiloto con el conductor del coche y se reía, parecía que le indicaba algo con la mano.
El Ibiza se movió y aparcó justo al lado de la mesa, entonces se bajó el conductor y otro tipo más. El conductor era un chico bajito pero de complexión muy fuerte, carne de gimnasio pensé yo, llevaba unos pantalones vaqueros y una camisa negra abierta hasta la mitad, el otro era un chaval delgado y moreno que llevaba toda la cabeza rapada salvo una larga coletilla engominada y retorcida que tenía en la nuca.
Empecé a arrepentirme y a sentirme celoso cuando los tres hombres rodearon a mi novia pero la situación y sus pintas me acobardaron completamente.
Los movimientos que hacía mi novia me indicaban que seguía muy borracha, ellos se reían abiertamente mientras la tocaban. El chico fuerte se agachó y le quito el tanga, Patri ni siquiera protestaba, se levantó y se lo guardo en un bolsillo de su vaquero. El otro jovencito miraba como el gordo la sujetaba por detrás, con una mano le apretaba y jugueteaba con los pechos a mi novia y con los dedos de la otra empezaba a forzar y sobar su vagina.
Todos se reían y parecían muy agitados, el que hasta entonces sólo miraba hizo caso de una especie de orden que le dio el fuerte y acercó una especie de caja de plástico que estaba tirada en el arcén, la colocaron de costado en el suelo y allí sentaron a Patri con las piernas casi en cuclillas y los tacones doblados, el chico fuerte se puso justo en frente de ella, la cabeza de mi novia estaba ahora justo a la altura de la entrepierna de él.
El tipo se desabrochó el vaquero y descubrió su pene, lo agarró con una mano y lo dirigió hacia la boca de Patri, ella estaba muy ida y no parecía que abriera la boca, el gordo le agarró del pelo a la altura de la nuca y empujó hasta que el rabo de su amigo se introdujo por completo en la cavidad bucal de mi novia. El chico de la coletilla aplaudió riéndose, el fuerte comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás, al principio despacio y luego, cada vez, más rápido.
Mientras, yo presenciaba todo aquel raro espectáculo desde mi coche. Sin darme cuenta, la sensación de celos y los remordimientos habían dado paso a una extraña y potente excitación, era como si estuviera viendo una película pornográfica en la tele del salón de mi casa, pero aquí todo era más real y la protagonista porno-star era mi amada novia.

 

De vez en cuando un coche pasaba cruzando la carretera delante de toda aquella brutal escena, pero ninguno se paraba porque lo que veían les parecía de lo más normal en ese lugar, una puta haciendo un servicio a tres tíos. La verdad es que a mi también me pasaba lo mismo, empecé a hacer fotos con el zoom a tope y sólo distinguía a una prostituta rubia agachada sobre sus tacones mamándosela a tres hombres. Cualquiera diría que esa mujer era mi novia, y que unas horas antes, ella nunca jamás había tenido contacto con un mundo tan sórdido como este.
Los tres tíos se habían bajado los pantalones y los calzoncillos colocándose uno al lado de otro frente a Patri. Ella parecía que estaba un poco más espabilada pero no sé hasta que punto se enteraba de lo que la estaba pasando, sus manos se agarraban torpemente a dos penes diferentes mientras le obligaban, moviendo su cabeza, a tragarse la polla del tercero. Su cabeza iba ahora de un rabo a otro, comía y lamía la polla de uno durante un ratito y en seguida otro hombre le obligaba a centrarse en la suya.

Mi pene llevaba un buen rato creciendo y poniéndose duro debajo de mi pantalón, hacía fotos sin parar y no paraba de imaginar que pensarían los padres de mi novia si la vieran actuando así. Me excitaba mucho pensar en aquel matrimonio tan conservador descubriendo que su hija se comportaba como una ramera barata.

El hombre gordo les dijo algo a sus amigos, levantaron a mi novia de la caja en la que estaba sentada y la colocaron boca arriba en la mesa de madera, se quitó los pantalones del todo y se subió sobre ella después de haberle abierto bien las piernas. Se veía que el gordo no aguantaba más y deseaba follársela, pero no comenzaba a moverse encima de ella, creo que no conseguía metérsela porque Patri no había dilatado nada.
El gordo gritaba de rabia y los otros dos se reían, el chaval fuerte fue hasta su coche y se metió dentro, al rato salió con una especie de tubo de pasta de dientes y se la ofreció al gordo. Éste la abrió y empezó a huntarle a mi novia una especie de crema por toda la zona de su vagina, yo supuse enseguida que debía ser vaselina o lubricante. El gordo le devolvió el bote a su compañero y, ahora sí, de un solo empujón, le metió su enorme y dura polla hasta el fondo. Patri se agitó un poco sobre la mesa pero no protestó nada, el tipo obeso se movía sobre ella, apoyando su barriga sudorosa sobre sus pechos, como un jinete endemoniado. Gemía y reía levantando las piernas de ella sobre sus peludos hombros mientras le clavaba aquel enorme falo una y otra vez. La violencia de las embestidas era tal que llego un momento en que mi novia perdió uno de sus zapatos de tacón, se le cayó al suelo ante la vista de los otros dos tíos.

 

No le duró mucho el polvo al gordo, no porque se corriera o no estuviera disfrutando mucho del cuerpo de mi novia sino porque sus dos compañeros empezaron a quejarse ostensiblemente de que ellos también querían follársela. El tipo obeso sacó protestando su polla engrasada de lubricante de la vagina de Patri y se levantó con muchas dificultades de encima de ella, la cogió como a una muñeca y dándole un azote se la arrojó a los otros dos.
El chaval de la coletilla la agarró y la acercó otra vez a la mesa, pero esta vez la dejó de pie contra ella y la hizo agacharse boca abajo hasta aplastar sus pechos contra las tablas de madera de la superficie. El tío fuerte le puso de nuevo los tacones y su culo se elevó, redondo y respingón, mirando hacia la carretera.
El malotillo de la coleta se puso un preservativo y con su pene erecto se enganchó a la cintura de mi novia y empujó. Rápidamente comenzó a adelantarse y a retroceder en una danza rítmica y violenta metiendo su polla en la rajita de mi novia, su pequeño cuerpo rebotaba con fuerza contra los glúteos de Patri, y eso parecía excitarle más. Puso sus manos sobre ese culo y las cerró con fuerza agarrándose a toda esa carne blanda como si fueran las asas de una cacerola.
El chico fuerte levantó le levantó cabeza a ella para ver su rostro, estaba despierta y su cara se torcía en ese típico gesto que tienen las mujeres cuando disfrutan en la cama, esa mueca parecida al dolor. El cachas se rió y quiso tapar esa boca abierta en busca de aire, tiró de su pelo rizado y la acerco hasta su pene, clavándoselo hasta la garganta.

La imagen era alucinante, el gordo miraba toda aquella orgía de sexo duro enfadado, sentado al lado de la mesa sólo se permitía, de vez en cuando, meterle alguna bofetada en el culo a mi novia.

Pero detrás de esto estaba yo con mi cámara de fotos echando humo. Como un dios ausente pero que lo observa y lo sabe todo, ellos creían que estaban de suerte por haberse encontrado con una puta que estaba borracha. Se reían porque pensaban que iban a poder hacerla de todo sin tener que pagarla, y tenían razón.

El chico de la coletilla le cedió el sitio al fortachón tras un rato follándose a gusto a mi novia, el fuerte fue a ocupar el mismo lugar que él, pero éste no iba a conformarse con follarse su coñito. Seguramente, eso podía hacerlo siempre que quisiera con su novia, él quería algo más. Volvió a sacar su botecillo de lubricante y se puso a vaciarlo, apretándolo como un loco, sobre el trasero de Patri, luego, lo extendió con sus manos por todos sus glúteos y, sobretodo, por su ano. En la distancia, y a pesar de la tenue luz, el culo de mi novia brillaba como si fuera de plástico, yo sabía lo que la iba a tocar aguantar ahora. El hombre terminó de limpiarse las manos de vaselina frotándoselas con el preservativo que llevaba su enorme polla, Patri ignoraba su doloroso destino mientras su boca se enganchaba, con las tetas colgando sobre la mesa, del rabo del gordo obeso.
El cachas colocó la punta de su pene en el ano de ella y empujando fuertemente fue consiguiendo abrirse paso por aquel estrecho e inexplorado orificio de mi novia, hasta ahora.
Ella pareció despertar y gritó de sufrimiento como una loca, pero el gordo apretó su cabecita rubia contra su polla y se hizo el silencio. Las piernas de ella parecieron flaquear, pero sus tacones se mantuvieron firmes hasta que aquel malnacido fibroso frenó en sus empujones para correrse dentro su todavía pequeño culo.
Casi al mismo tiempo, el hombre gordo, viendo todo aquello, también eyaculó, entre gemidos de placer, en la boquita antes pura de Patri. Contemplé como ella intentó sacarse aquel pedazo de carne, ahora viscosa, de la boca, pero el tipo se lo impidió con su fuerza animal hasta que ella no se hubo tragado todo el semen que soltó.

Después de eso, Patri se levantó mareada y dolorida, se balanceó hasta llegar a un árbol y vomitó.
Los dos cerdos se reían a lo lejos, el tercero se acercó a por ella y la tumbó boca arriba de nuevo en la mesa. Éste no parecía ni tan bruto, ni tan sofisticado como lo demás, se ve que le valía con un polvo de los de toda la vida. Se tumbó sobre ella y se folló su abierto y usado coño manoseándole las tetas sin parar. En sólo unos minutos también se corrió, soltando todo su esperma sobre sus grandes y limpios pechos.

La función había terminado, casi no me quedaban fotos en la cámara, y los tíos, tal como habían venido se fueron en su coche, eso sí, antes le hicieron unas cuantas fotos, ellos también, con sus móviles.

Espere cinco minutos y me acerqué de nuevo con el coche hasta aquella mesa de lujuria, yo había cometido varios pecados intencionadamente, pero ella también, que había sido la protagonista de todo, y lo ignoraba.

escrito por Kapitán84
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