Fui a una playa en un pueblo de la costa. Era día de semana y no había casi nadie allí y eso era lo que buscaba. Poco después de llegar un negro enorme se me acerco y entablamos una conversación. El empezo a coquetearme, al ver que le atraía y quería seducirme me sentí halagado y excitado. Había tenido algunas fantasías homosexuales y decidí jugar un rato con el. Después de un rato se fue a almorzar y yo hice lo mismo. Volví tarde a la playa, el apareció con un bikini que no ocultaba su gran bulto. Al verlo así noté que era un hombre magnífico, alto, viril, y musculoso. Siguió con el coqueteo y empezó a tocarme. Eso me excitó mucho y noté que la Lycra de su traje de baño estaba estirada al máximo, y muy húmeda en la parte final de su sexo. Sentí miedo, y deseo, pues quería verlo al natural. El me invitó a ver el atardecer desde un alto y accedí. Allí quedábamos ocultos del pueblo. El atardecer era hermoso y el me abrazó por detrás para contemplarlo. Mi cuerpo se tenso al máximo, pero el no me soltó, poco a poco me fui relajando, aunque aquel sexo erecto en mi traseo me asustaba un poco. Al ocultarse el Sol, me aflojo y yo voltee para partir, pero el tomó mi rostro y me beso en la boca. Era un beso tan ardiente que no me resistí mucho y lo abrace por el cuello. Sus manos tomaron mis glúteos bajo mi traje de baño, y me apretaron contra el. Quise oponerme pero el bajo mi bikini y me hizo dar vuelta. Sentí que descubría su sexo y dije: \"No, No, por favor\", pero el no escucho. Llevó su glande a mi ano y me apretó contra el. Nunca había sido penetrado, pero el no preguntó. Al ver que era estrecho solo me pegó contra el y empezó a empujar su sexo en mi. Le rogue que me soltara, pero no hizo caso, era muy fuerte y no podía hacer mucho. De vez en cuando daba un grito de dolor, entonces retrocedía un poco y volvía a comenzar. De repente sentí su sexo resbalar en mi interior, fue una sensación muy extraña. Me sentí lleno, completo, suyo, pero me dolió y fue un dolor placentero. Grité de dolor y placer y tuve un orgasmo delicioso que me dejo aturdido. Luego empezo a cogerme hasta que eyaculó en mi. Me apretó y me dijo que era suyo y me cogería cuando y donde lo deseara. Volvió a poseerme sin separarse de mi y luego me beso larga y apasionadamente. Esa noche disfruté su sexo también en mi boca. Ahora, cada vez que me llama o va a Caracas, tengo sexo con el. Hemos copulado en el carro, en una iglesia, en un parque, en la playa, en moteles, en ascensores, escaleras. Cuando el me dice que me desea, no puedo negarme. Además nos ha fotografiado teniendo relaciones, y si me opusiera las enviaría a todos mis contactos de correo. A el le soy fiel y sumiso totamente