Índice » Fantasias Eroticas » En el jardin

Como todos los días soleados de primavera me dispuse a tomar el sol en mi jardín particular en topless. No es demasiado íntimo, pues vivo en un adosado y tengo vecinos, pero a la hora de comer no suelen estar, además las vallas de separación están cubiertas de plantas que impiden la visión y por evitar problemas no suelo colocarme en ningún sitio demasiado visible. Quizás desde el edificio de enfrente, una torre alta de pisos, alguien me pueda mirar, pero me da lo mismo, no lo voy a saber, no los conozco, nunca me ha importado, no tengo pudor alguno para esto, en todo caso me hace gracia imaginarlo y si así fuera les deseo que lo disfruten y pasen un buen rato en mi honor. Es mi casa y hago lo que quiero.

 

Coloqué la hamaca en el medio del jardín, pues la posición del sol en ese momento así lo exigía, y extendí la toalla. Antes había colocado el ordenador portátil, a modo de equipo musical, sobre la mesa de comedor del jardín, donde daba la sombra, con la pantalla y los altavoces dirigidos hacia mí para poder escuchar bien la música que puse tan alta como pude y donde sonaba una curiosa mezcla de estilos y canciones.

 

Me acerqué a la tumbona, coloque cerca, a mi lado, el teléfono de casa, el móvil con la alarma puesta por si me dormía, una botella de agua y  el tabaco y comencé a desnudarme dejando mi ropa sobre el toldillo. Normalmente me cambio y me pongo una braguita de bikini, pero llevaba una tanga negra de hilo minúscula que me servía perfectamente a mis fines, que me dejaría menos marca, (me gusta contemplarme desnuda y ver mi culo y el triángulo cercano a mi pubis ligeramente marcados con el contraste de piel blanca y morena, incluso a veces, también mis pechos), y así me quedé, con los tacones puestos. Me tumbé mirando hacia la fachada de casa y me unté crema protectora por todo el cuerpo.

 

Enseguida comencé a sentir sobre mi piel la suave tibieza típica de las fechas que te reconforta, te calienta ligeramente pero no te agobia. Sonaban las canciones de un grupo de moda durante mi juventud que me encantaba pues en todas me sentía en aquellos momentos identificada de algún modo, con ellos lloraba o me reía, me recordaban historias vividas similares, canciones de amor, canciones divertidas...Pese a eso reinaba un gran silencio solo roto por mis canciones, pero también podía escuchar algunos pájaros y el sonido de ligeras ráfagas de viento. Me sentía muy a gusto, muy relajada. Hacía unos días que mi vida estaba algo revuelta y en ese minuto me invadió la paz que necesitaba.

 

Cerré mis ojos para evitar la luz directa del sol, y coloqué mis gafas sobre el pelo, como si fueran una diadema para que no me dejaran marcas. Los abrí por un momento para encender un cigarro y beber agua y al sorber el primer trago lo hice con tanta ansia que se derramó sobre mi pecho produciéndome un ligero escalofrío y haciendo que mis pezones se estremecieran por el frío. Me quedé mirando mi cuerpo, mi piel morena brillaba al sol resbaladiza por la crema y el agua, tenía un aspecto suave, era bonita, mis pechos tenían gotitas salpicándolos, como en los anuncios de bebidas refrescantes en verano, mis curvas se veían acentuadas por la posición en la que estaba y me guste mucho, me vi atractiva y sentí una punzada de deseo en mi sexo, en lo mas profundo de mi vagina.

 

Me tumbé de nuevo y mi imaginación empezó a funcionar inventando una fantasía que surgía de lo que mi inconsciente me pedía y mi consciente más deseaba.

 

En ella me veía tal y como estaba, pero no estaba sola. Escuchaba como él llegaba y esperaba que viniera a saludarme con un beso, pero no lo hacía. Escondida bajo mis gafas veía como se acercaba hasta la cristalera de la puerta de salida al jardín y al verme se quedaba tras ella sin hacer notar su presencia mientras yo me hacía la tonta, como si no supiera que estaba allí. Me excitaba tanto que me mirara que mi deseo resurgió. Cogiendo de nuevo la crema comencé a extenderla sobre mi cuerpo, pero muy lentamente, con toda la sensualidad de la que era capaz, parándome en las partes de mi cuerpo que sabía que a él mas le gustaban. De vez en cuando le miraba de reojo para ver que hacía para ver si él sabía que lo estaba haciendo para el pero no conseguí descubrirlo, me contemplaba quieto pero yo sabía que su sexo estaba hinchado por mí y para mí. Dejé la crema y me tumbé de nuevo. Mi excitación había crecido tanto que me costó disimular porque lo que me apetecía era pedirle que viniera hasta mí y me follara con todo ese deseo contenido que yo le adivinaba, pero decidí darle más morbo a la situación y esperar. Quería que sus ganas de mi aumentarán tanto que cuando me penetrará lo hiciera con tanta pasión como yo sentía, quería que la mías me llevaran a pedirle a gritos que me hiciera suya allí mismo, sin importarnos vecinos ni el mundo. Me gusta aguantar y alargar mi deseo ya que luego mi placer es mas intenso. Llegado le momento que considere oportuno para ello comencé a acariciarme, mis manos escurrían bien sobre mi piel, pasé las yemas de mis dedos sobre mis hombros rozándolos apenas y fui bajando por el canal interior de mis pechos, el aire había encogido sus pequeños botones y me fui acercando a ellos en círculos concéntricos, rozándolos de vez en cuando un instante para luego llegar definitivamente hasta ellos y pellizcarlos, apretarlos con mis dedos previamente mojados a ser chupados por mi boca. Continué acariciando un antebrazo de arriba a abajo con la mano contraria cambiando después y pasando al interior de mis muslos ardientes por la calentura, mis dedos primero, las palmas de mis manos recorriéndolos después para terminar apretándolos en mis puños casi como castigo para olvidar y retrasar mi goce.En ese momento mi coño ya palpitaba de ansia y notaba mi clítoris duro como un pequeño pene contra la poca tela de la tanga. Jugué un rato con el elástico, levantándolo, pasando mis dedos por su borde dejando que él entreviera mi sexo abierto llamándole, recién depilado como a él le gustaba para poder verlo bien, húmedo y brillante. Levanté de nuevo la vista y vi que se acariciaba. Tenía su enorme sexo entre las manos y lo estaba preparando para darme placer, estaba al máximo, pleno, sus venas parecían a punto de reventar. Entonces sentí como una oleada de calor bajaba desde mi ombligo por mi interior y se derramaba en mi coño empapándolo. Mojé mi dedo anular en ese humedad y lo apreté sobre mis pezones y después lo froté sobre mi clítoris, Cuando esa humedad se desvaneció metí entonces dos dedos en mi interior, entraban y salían muy despacio pues mi cuerpo necesitaba mas, mas velocidad, mas intensidad y estaba a punto de correrme del gusto de sentirme observada por él y  de adivinar lo que en un rato pasaría, del morbo de pensar que alguien pudiera vernos, pero quería esperarle, sabía que no resistiría mas, como así fue.

 

Vino a mi con los ojos brillantes, su cara estaba trasformada por la necesidad y yo me abrí entera para recibirle. Se arrodilló a mis pies sobre la hamaca, me agarro fuerte de los hombros, se acerco a mi cuello y lo beso con rabia, con fuerza, lo mordió. Bajó sus manos desde los hombros y con ellas como garras sobre mis pechos los apretó como si quisiera arrancármelos, puso su lengua en pis pezones, los lamió y saboreó, soplo sobre ellos y grité de placer acercando mi sexo al suyo, apretándome contra el, sintiéndolo inmenso aumentando mi deseo y esperando el momento en que el decidiera darme lo que, mejor que nadie, sabía que necesitaba y cuando lo necesitaba para hacerme gozar como nadie. Bajo su lengua desde mi ombligo por mi vientre y se detuvo lamiendo mi sexo, mi ano, cambiando de ritmos, de movimiento de presión. Igual me lamia ligeramente que introducía su lengua en mi. A veces mordía mi clítoris. De repente cogió mis pies con sus manos y colocándolas sobre sus hombros me miro directamente a los ojos disfrutando de mi necesidad de él, y con una mano guió su polla hasta la entrada de mi coño, introduciendo primero la punta de su glande y sacándola, sin dejar de mirarme, jugando conmigo, dandome lo que quería para quitármelo despues, yo gemía en cada intento, en cada intento el introducía su pene mas en mi, despacio, volviendolo a sacar, yo cada vez que el entraba intentaba levantar mis caderas hacia el para penetrarme entera pero no me dejaba y me gustaba. Acerco su boca a mi oído, lo chupo y me susurro \" ven a mi puta mía\". No aguanté mas y le  pedí, \"soy tu puta, fóllame como merezco, fóllame como sabes, fóllame, fóllame, por favor\". Entonces sacó su polla lubricada en mi, me agarró de las caderas y me dio la vuelta poniéndome de rodillas sobre el suelo y apoyando mi cuerpo sobre la tumbona y se colocó también de rodillas tras de mi e introdujo todo su sexo de una vez en mi culo. Grité, grité mucho pues el dolor me desgarró y el placer me invadió pues pasó las dos fronteras de un solo golpe. Mis gritos eran gemidos y mis gemidos gritos, alternándose mientras el entraba y salía, mientras me follaba intensamente, rápidamente, fuertemente, salvajemente, apasionadamente y yo gozaba y gozaba aguantando mi orgasmo contenido en mi sexo hinchado, en mi culo dolorido luchando por escapar como una explosión. Pero yo sabía que el colmo de mi placer era sentir su orgasmo en el mio y aguanté un poco mas, casi en éxtasis. Todo estas sensaciones se produjeron realmente en un corto espacio de tiempo, pero el placer fue tan intenso que me parecieron horas. Sentí que sus movimientos se aceleraban aun mas como yo ya conocía y supe que se iba a correr, entonces me deje llevar para poder corrernos juntos y cuando sentí su polla palpitando dentro de mi, cuando sentí como mi culo se llenaba de calor cuando me lleno con su semen me apreté contra el como si ahora fuera a penetrarle yo, y mi cuerpo se arqueó, se tensó y exhale el último aliento de mi orgasmo. El se echó sobre mi exhausto y así nos quedamos durante un rato. Intuía que eso era el comienzo de una larga y excitante jornada de sexo.

 

 

 

Mientras imaginaba todo esto y al tiempo que en mi cabeza me veía acariciándome al sol, me di cuenta de que en realidad lo estaba haciendo, que fantasía y realidad se estaban mezclando, que todo sucedía a la vez pero en tiempos diferentes. Mientras en mi sueño me incorporaba para beber, lo hacía realmente en el jardín de mi casa y comprobé que el hilo de mi tanga no era suficiente para contener la humedad que escurría sobre mi sexo y se había derramado sobre la toalla. Deseaba masturbarme y pensé en subir a mi habitación en busca de alguno de mis juguetes sexuales, quería follarme a mi consolador grande recordando mi sueño, recordándole a el, recordando su polla erecta en mi, pero sabía que el tiempo que tardaría en buscarlo disminuiría mi deseo y excitación y no estaba dispuesta. Eché un vistazo a mi alrededor buscando algún objeto sustituto y no lo encontré, mientras no dejaba de acariciarme sin moverme de mi sitio. Mi vista reparó sobre la cesta de la mesa donde guardo los utensilios de jardinería entre los que se encontraba una pequeña pala de mango amarillo, grueso largo y estriado que me serviría como cualquier vibrador para mi necesidad. Lo recogí con rapidez, lo lave con la manguera y tumbándome de nuevo lo introduje en mi coño, masturbándome con el con intensidad, con su polla en mi cabeza y en mi sexo, como si fuera el quien me follara, con la excitación de imaginar que tras la pantalla del ordenador el me obsevaba y sin evitar emitir un gran gemido al correrme. Fue un intenso orgasmo que me dejó sin fuerza, pero que queda grabado en mi mente para siempre y que necesitaba  no olvidar.

 

escrito por Valkiria
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