Índice » Fantasias Eroticas » Fantasía soñada

Fantasía soñada Somos una pareja argentina, mi esposa y yo, fantaseábamos en hacer un trío. Tras el paso del tiempo, toda aquella idea, fue borrándose en nuestras memorias. Ahora que nuestros hijos ya están grandes. Por las noches en momentos previos a tener sexo, se despiertan los recuerdos de realizar un trío. Ella siempre me alienta a cumplir con el deseo de hacerlo con una mujer para complacerme —yo, en cambio—, con un hombre. Este relato me costo mucho escribirlo... hasta qué me animé. Mi esposa Carolina de 43 años, mide 1,70 m., de cara bonita, rubia de ojos grandes verdes, cejas bien pronunciadas y labios carnosos. Un cuerpo muy bien conservado, de senos medianos y, un trasero bien formado, de piernas derechas hermosas. Ella ocupa gran parte del día, como ama de casa, de vez en cuando, sale de visita a casa de su madre o de amigas. Mi nombre es Ricardo tengo 46 años, mido 1,80 m., mi peso de 115 kg. — nada atlético—, cabello corto de color castaño de tez blanca. Mi trabajo, como jefe de administración de una empresa multimedia, me consume todo un día. Una tarde de domingo, estaba recostado en la cama, pensando…, hasta que quedé completamente dormido... todo comenzó cuando decidimos refaccionar nuestra casa. Por medio de un amigo, contraté un albañil, para que realizara el trabajo. El día domingo a las 10 h., se presentó —Raúl, el albañil— para presupuestar el trabajo. En ese momento, no estaba. Salí hasta casa de mi primo Antonio. Regresé a las 12 hs., cuando regresé Caro me comento que ya había pasado el albañil, y que tardaría por lo menos una semana en terminar todo, que lo llamará si estaba de acuerdo para que empezara mañana, —yo, le contesté, que no había problema con el tiempo, siquiera con el dinero, siempre y cuando lo haga bien. Lunes como de costumbre partí hacia mí oficina. En el horario de almuerzo llamé a Caro, para saber si el albañil había llegado, el teléfono sonó varias veces. Insistí. Nada. Por la tarde, a las 18 h, cuando llegué a casa, cansado, encontré a Caro en la cocina preparando la cena. La salude con beso, hablamos largo y tendido. Pregunté cómo iba toda la reparación, me dijo que el albañil —Raúl—, era una persona muy educada, que no me haga problema, porque cualquier inconveniente me llamaría al trabajo —yo, pregunté por la reparación, no por cómo era él—. Los días fueron pasando. Ya jueves, supuestamente, faltaba poco para que terminara. Viernes, por la mañana, llamé a Caro, sonó el teléfono varias veces, no atendía. Intenté más tarde. En el almuerzo volví a llamar, y atendió. Medio enojado pregunté porque no atendía, no contestó —la noté algo nerviosa—, me dijo que estaba repasando la casa, porque era un desastre de polvo en todo el ambiente —luego se silenció. Me comenta que el albañil no había terminado, que a Raúl le faltaba poco, qué seguro vendría algunos días de la semana que viene, porque sábados y domingos, no trabaja —que confianza, me dije, Raúl le llama—, esta bien le dije, que le avisará que no habría problema —me pareció algo extraño su forma de actuar—. Me percaté. Me estará engañando, dije. Todo el fin de semana, pase el tiempo pensando qué harían cuando estaban solos. Me carcomía la cabeza. Ya lunes, salí más temprano de casa, para sacar algunas urgencias del trabajo. A media mañana, tuve una premonición, me pregunté qué estaría haciendo Caro. Salí del trabajo. Llegué a casa. Quedé dentro del auto. Sentí un vacío en mi cuerpo, debía entrar y, sorprenderlos. No dije. Entraré por detrás. Sí. Estaba tenso, ingresé sin hacer el mínimo ruido. Me escondí en el lavadero, en un cuarto pequeño, desde ahí podía ver todo lo que ocurría. No los oí. Quedé un rato en silencio. Entreví a Caro —se me entumecieron las manos—, no podía creer, cómo lo provocaba, con una diminuta minifalda, y una musculosa muy ajustada al cuerpo, insinuaba colgar ropas en la soga. Raúl estaba ahí parado mirando, limpiando, no sé qué cosa, murmuraba elogios hacía Caro. Ella, pasaba delante, como si modelara sobre una pasarela, seguía con su propósito, risas de acá, risas de allá. Cada vez que se agachaba para recoger una prenda dentro de un fuentón, se veía una tanga hilo dental negra, él miraba todo el paisaje, ella se levantaba sensual, y caminaba erguida hasta la soga, llevaba puesta una sandalia muy sexy. Yo ya estaba a mil —recaliente—. Entreveo que Raúl terminó con su trabajo, se saca la remera que llevaba puesta. Tenía un cuerpo bien formado, tendría unos 30 años. Caro seguía simulando extender prendas —se le veía todo el culo—, Raúl se acerco hasta quedar detrás de Caro. Estaban frente a mí, dos metros. Caro se inclino hacía delante fingiendo buscar algo. Raúl ni lento ni perezoso, se desprendió el pantalón más rápido que un rayo, saco la verga, y que verga... Caro permaneció inclinada, apoyaba la mano derecha encima del lavarropas, con otra se levantaba la minifalda. Raúl con la mano izquierda, corrió el hilo dental hacia un lado. Yo presenciaba mí fantasía, una locura. Empezó a lamer todo su ano, Caro comenzó a calentarse. Con su mano derecha acerco la verga, jugueteando, pasaba la verga, cómo si pintara con un pincel una pared. Gemía como una loca. Pero a mí, yo su marido, nunca, pero nunca me dejo hacer lo que este desconocido hacia. Introdujo su verga, en un vaivén de movimiento, entró. Caro emitió un rugido, desgarrador. Pues cambiaron de posición, ella arriba. Cabalgaba como un jinete, con frenesí. Él avisaba que ya se venía, que se moviera más rápido, jadeaban los dos como si fuera la última vez. Mí respiración se entrecortaba, sentí una sensación horrible. Cuando desperté en mí cuarto, no entendía nada, había sido todo un sueño —dije—, ufff... tomé una remera y me enjugue la frente toda transpirada, fui camino hacia la cocina en busca de agua, pasé por el living, no había nadie —que raro— dije, escuche ruidos en el fondo de casa, caminé sin hacer ruido, ya llegando, no podía creer, estaba presenciando todo el sueño hecho realidad. Me quedé paralizado...

escrito por Anonimo
Añadir a meneame Añadir a del.icio.us
¡Puntúa este relato! ¿cuantas estrellas merece?


Menú privado
Envianos tu relato erótico
Webs Amigas