Somos Alex y Daniela, 32 y 27 años respectivamente. Casados dos años y con una vida sexual intensa, a pesar de nuestros años de fiel matrimonio. Todo empezó un día que, terriblemente calientes, mientras hacíamos el amor, comenzamos a contarnos nuestras fantasías más íntimas. Fue un arranque pasional, intenso, en el momento mismo de mayor entrega y confianza. Daniela de piernas abiertas, montándome y moviéndose como una diosa, con sus 97 cm de pechos jugando en mi cara, parecía disfrutar mis fantasías, las que sin dudas, provocaban una mayor calentura y apuraban el inevitable orgasmo. Por su parte, ella me confesaba sus pensamientos más eróticos, que consistían en sentir la mirada caliente de los hombres al mostrarles su cuerpo, cosa que siempre la ha excitado mucho, aunque lo sabe disimular muy bien. Sus ideas me trastornaban, lo mismo que el tono de su voz, interrumpido constantemente por sus acostumbrados quejidos de placer. Fue en ese instante, justo antes de que mi mujer llegara al orgasmo, en que le propuse hacer realidad nuestras fantasías, aunque fuese difícil y peligroso, a lo que ella, con el placer al máximo, accedió, momento en el cual la llené de semen.
Pasaron algunos días, hasta que por fin llego el sábado. Estuve toda la semana planeando mi fantasía, de tal manera que la Dani accediera a realizarla. Esta consistía en que mi esposa se mostrara a un desconocido y en un lugar en donde yo pudiera observarla. Quería verla sumisa, caliente y entregada totalmente a sus mas bajos instintos. Se que suena perverso y hasta enfermizo, pero esa idea francamente me volvía loco y se que a ella también; imaginen a una chica rubia preciosa, con medidas espectaculares (97-60-94), exhibiéndose a un hombre que jamás ha visto… esa idea me excitaba demasiado, tanto así, que estaba dispuesto a todo por verla realizada.
Al anochecer de ese esperado día, me acerqué a la Dani y le propuse que fuéramos a nuestro cuarto para "jugar" un momento, antes de salir a bailar. Empezamos nuestro ritual erótico, con mis manos recorriendo su increíble cuerpo y nuestros labios fundidos en un beso intenso y apasionado. Daniela con su blusa abierta y su entrepierna húmeda, cubierta solo por su diminuta tanguita, se me acerqué a al oído y suavemente me propuso salir a cumplir su fantasía y poder así hacer realidad mi deseado juego… y así comenzó la aventura.
Daniela, excitada (además de mis juegos, también por esa pastillita azul, que en las mujeres, produce efectos impresionantes) y muy enamorada me dijo:" esta noche haré todo lo que me pidas, siempre que me cuides y me acompañes en todo", a lo cual asentí rápidamente. Lo primero fue la vestimenta. Quería que luciera su perfecto cuerpo, sin dejar mucho a la imaginación, como demostrando de que buscaba compañero, como una hembra en celo. Le pedí que se sacara toda la ropa y que se colocara sus botas negras, su minifalda también negra (que era tan ajustada que su culo se veía por completo, más aún, sin su acostumbrado colalés) y arriba un peto blanco, de esos que dejan su exquisito abdomen descubierto. Sus tetas, sin sujetador, se veían perfectas, lográndose traslucir casi por completo sus pezones rojos. Parecía la mejor puta del mundo, capaz de cautivar a cualquiera que se pusiera en su camino. Su pelo suelto, rubio, largo hasta un poco más abajo de sus hombros, coronaban su impresionante figura. Para no despertar la sospecha de mis vecinos, Daniela se cubrió con un abrigo negro, que disimulaba completamente su osada vestimenta. Yo ya a esa altura estaba con el pene más erecto que nunca, excitado a más no dar y así partimos.
Empezamos a dar vueltas por la ciudad, buscando el lugar propicio para desarrollar nuestra aventura. Daniela estaba muy ansiosa, pero entregada completamente a la situación, ya que sin duda, en lo más íntimo de su ser, deseaba la aventura tanto o más que yo.
Dimos varias vueltas, hasta llegar a un lugar apartado de nuestro barrio y de nuestros respectivos trabajos, cosa de que nadie conocido pudiera sorprendernos. Daniela, que conocía más tiempo la ciudad que yo, me guió hasta un lugar conocido como población sur, un punto apartado y con casas muy antiguas y modestas. El sector me pareció muy peligroso como para exponer a mi mujer, pero ella insistió en que quería ese lugar, cosa que luego comprendí, ya que le calentaba mucho la idea de hacerlo con un hombre de clase social inferior.
Llegamos a una esquina y me estacioné frente a un negocio que parecía ser una distribuidora de abarrotes, la cual a esa hora (23:30 hrs.) estaba cerrada. Entonces besé a la Dani y le dije que se bajara del auto, que caminara y que yo la seguiría a unos 10 metros de distancia y que desde ese momento se transformara en una hembra caliente capaz de cualquier cosa. La besé nuevamente, se sacó el abrigo y se bajó del auto. Esperé que se adelantara y luego me bajé y comencé a seguirla.
La calle estaba semi oscura, ya que la iluminación era muy deficiente. Daniela, a unos 20 pasos míos caminaba contorneando su figura. Era impresionante ver a esa mujer rubia de 1,72 m moviéndose por la calle. Yo estaba muy caliente y muy expectante, hasta que por fin doblamos por unos callejones y Daniela tuvo su primer encuentro. Eran dos hombres, de unos 40 años, que al parecer, cuidaban la entrada de una bodega. Me detuve unos pasos para que no se percataran de mi presencia y pudieran abordar sin problemas a mi mujer. Daniela al verlos comenzó a caminar más lento, sentí como la excitación comenzaba a poseerla, miró hacia atrás y me miró como buscando aprobación. Yo a la distancia le hice un gesto para que continuara su incursión y así lo hizo. Caminó directamente hacia los tipos, que no tardaron en verla. De inmediato se pusieron de pié y comenzaron a comentar en voz alta la sorpresiva presencia de mi mujer. No tardaron, a medida que Daniela se acercaba, en abordarla con piropos y frases clichés, a lo que mi mujer mostraba superficial indiferencia, ya que según me contó después, estaba hirviendo de excitada. Dani pasó frente a ellos e intentó seguir su camino , pero uno de los tipos se puso delante de ella y la detuvo. Acercó su rostro al de ella y le dijo "tan solitaria mamacita, tenga cuidado, mire que en estos barrios pasan muchas cosas y a usted, con ese cuero, se la pueden comer enterita" y la abrazó por la cintura, cosa que incomodó a Daniela y de inmediato trató de apartarse, pero el tipo la apretó fuerte y empezó a bajar su mano, tocando el culo de mi esposa. Yo a cierta distancia, en vez de actuar y protegerla, me inmovilicé y comencé a sentir como la excitación más grande que he sentido en mi vida se apoderaba de mí. Me producía un enfermizo placer ver a mi mujer en esa circunstancia, tanto así que decidí esconderme y dejar que las cosas siguieran pasando. Daniela forcejeaba con el tipo y al verse perdida, comenzó a gritar mi nombre para que la fuera a socorrer, hasta que el segundo hombre entra en escena y la toma por atrás cerrando su boca, mientras le decía "calladita, si no gritas, no te haremos nada malo". Daniela, temblaba, ya no de caliente sino que de miedo, ya que la sitación se salía de control. Su rostro reflejaba el temor y sus ojos como locos trataban de buscarme, pero sin resultado. Entonces, el hombre destapó sus labios y entre los dos, comenzaron a tocarla. Daniela seguía forcejeando, tratando de arrancarse y terminar así su atrevida aventura, pero los tipos sabían lo que hacían y la tomaban firmemente. Al verse perdida y entendiendo de que yo no haría nada por impedir la situación, mi mujer comenzó en silencio, a entregarse lentamente, cerrando sus ojos. Al ver esto, uno de los tipos le dijo "vas a ver las estrellas puta desgraciada", y le desgarró el peto, dejando sus inmensas tetas descubiertas. Los tipos comenzaron a tocárselas y a lamer sus pezones con frenesí. Daniela comenzaba a quejarse, primero de dolor y luego de placer, con lo que entendí, era el comienzo de la parte agradable de su aventura. Los tipos,los que ya no conformes con eso, sacaron la minifalda y la dejaron completamente desnuda. Yo a distancia no podía creer lo que estaba pasando, mi esposa estaba en la calle, desnuda dejándose tocar por dos desconocidos que la disfrutaban como locos. Ha sido el instante más erótico de mi vida.
Daniela, mi linda y elegante esposa, caliente como nunca antes la había visto, se acercó al más alto de los hombres y sin decir una palabra se agachó frente a él, desabrochó su pantalón y le sacó el pene, a esas alturas erecto y se lo introdujo en su boca. Comenzó a mamarlo con tal rapidez, que el tipo no duró más de un minuto y se corrió en la boca de Daniela, la cual, no perdió ni una sola gota de semen, tragándoselo por completo, cosa que nunca había hecho conmigo. El segundo tipo, ya con el pantalón abajo, puso a mi mujer en cuatro patas, dejando a mi esposa como una perra, apoyada en un muro, con su inmenso culo listo para ser follado. El tipo tomo su pene y se lo metió entero por la vagina, con un solo y fuerte empujón. Daniela gritó de dolor, pero al segundo comenzó a moverse haciendo gemir de placer al tipo. Yo no podía creerlo, solo miraba anonadado, mientras me masturbaba descaradamente en aquel callejón. Mi mujer, transformada en puta, movía sus caderas de una manera tal que alcanzó el orgasmo, con sus acostumbrados quejidos, justo antes de que su "amante" se corriera en su vagina, llenándola de semen.
Era increíble, Daniela exhausta se incorporó y el semen comenzó a chorrear por sus piernas. El otro tipo, se acercó de nuevo y agarrando el culo de mi mujer, la besó con pasión a lo que mi esposa respondió con la calentura todavía al máximo, se corrieron mano y luego ella decidió poner fin a su aventura. Tranquilamente se puso la minifalda y lo que quedaba de su remera, y dándole un beso en la boca a sus violadores, caminó en dirección hacia donde yo estaba, me tomó de la mano y al verme con el pene afuera me acorraló en la puerta de un kiosco y me chupó la verga como nunca antes lo había hecho, vaciándome en su boca, tal como lo había hecho hace un instante con su improvisado amante.
Nos fuimos al auto en silencio, se puso el abrigo y nos volvimos a casa. Llegando se duchó y luego, en el cuarto me preguntó "¿te gustó verme follando con otro hombre?", a lo que respondí que, en verdad, había sido la experiencia más intensa de mi vida y que verla a ella, tan hermosa, tan fina, tan sensual, entregándose a dos desconocidos como una perra en celo, había sido lo más erótico que pudo pasarme. Ella, por su parte, reconoció que en un principio estaba desesperada, pero luego, cuando ella tomó el mando de la situación, pudo disfrutarlo realmente.
Hoy seguimos juntos, haciendo el amor como nunca, ya que con el solo recuerdo de aquella noche, no puedo pensar en otra cosa que follar a mi hermosa y caliente mujer.
Alex
02/07/03