Sucedió una tarde, muy tarde en la oficina. Yo estaba en mi despacho, repasando las últimas tareas del día. En la oficina general, la penúltima de las chicas, se despedía hasta mañana.Quedamos solos Julia y yo. Ella seguía en su mesa, entestada en acabar el montón de tareas que el agobio del trabajo todavía no le había permitido acabar.
Enfrascado en mi trabajo, y con ganas también de acabar para marcharme no oí el teléfono, el cual atendió desde la sala Julia. Al poco de colgar, llamaron a mi puerta. Era ella. Venía bastante agitada y con el semblante desencajado. Acababa de recibir una bronca impresionante por teléfono del director general, por no haber entregado unos informes, y la angustia se le reflejaba en los ojos.
Mientras, entre sollozos contenidos me lo contaba, ahí, de pie, en el dintel de la puerta, pude observar una vez más, su espléndida figura. La verdad es que la maternidad, le había sentado muy bien, y el contorno de su figura se dibujaba al contraluz, con una excitante sinuosidad.
Hacía calor, sobre todo en la oficina general, en donde el aire acondiconado había dejado de funcionar. Una camiseta de tirantes blanca, dejaba ver sus encantadores hombros, al tiempo que apretaba sus espléndidos pechos contra su cuerpo. El contraste del frío de mi oficina había hecho encrespar susagudos pezones que, ahora, se distinguían con esplendida abundancia debajo del suave algodón de la camiseta. La falda ibicenca blanca que le cubría hasta la rodilla, le ceñia con fuerza sus nalgas para despúes dejarse caer en una transaparencia descarada que, al contraluz del dintel, me dejaba adivinar sus encantadoras piernas. Y sus altos zapatos de tacón, daban el realce justo a su figura, como para hacerme sentir un cosquilleo sospechoso en mi entrepierna.
Como no cesaba en su desesperación, me levanté de mi mesa para tratar de calmarla un poco en su desasosiego, y al acercarme hacia ella, para tratar de darle un poco de confianza, se abalanzó sore mí, abrazandose a mi cuerpo, llorando con mayor agitación,
Sus erectos pezones se clavaron en mi torso, mientras mis manos, en tono paternalista le acariciaban su suave cabellera negro azabache.
Mientras su agitación iba bajando de intensidad, la mía subía en la misma proporción.
"Tú si que me entiendes y eres bueno..." fueron el detonante para que me lanzara a por el manjar exquisito que se ofrecía a mí.
Poco a poco, y utilizando palabras de tranquilidad, fuí bajando mis manos hasta su cintura, sin notar ninguna resistencia por su parte. La apreté más hacia mí, a lo que Julia respondió, estrechando más sus brazos sobre mi torso, dando un empujón más a sus pezones contra mi pecho.
Mi mano derecha, decidida, bajó por debajo de su cintura, hasta posarse encima de su nalga, firme, dura, y libre como el viento, porque entre ella y mi palma solo se interponía el fino tejido de la falda ibicenca. Totalmente clavada a mí, su única reacción fué un susurrante " que no hay nadie, por favor....." que más que una reprobación estaba resultando algo más que un desesparado"adelante".
En cuestión de segundos me encontraba morreándomela con un desmerusado ímpetu, al que Julia respondía con leves gemidos, acompañados de un desesperado recorrido de su lengua por todo el interior de mi boca.
Mis manos, ya sin ninguna precaución, le estaban palpando todas sus nalgas, y poco tardaron en levantar la falda para posarse encima de su nalgas desnudas, tan solo coronadas por una fina tanga brasileña en su centro.
Julia se esforzaba por clavarse más a mí, cuando de repente, y echándose algo para atrás, intodujo sus manos entre su cuerpo y el mío, buscando con rapidez el enorme tamaño de mi pene erecto.
Poco tardaron sus manos en desabrocharme el pantalón y manosearme todo el pene y los huevos, sacándolos con hábil maestría fuera del calconzillo.
Con un rápido movimiento, mientras me susurraba que "quería hablar por el otro auricular..." se agachó ante mí y empezó a trabajarme la polla con una golosa boca que se la iba comiendo y lamiendo, haciéndome temblar desde lo más profundo de mi ser.
Su mano me retorcía la verga, sus labios me la mojaban con ardor, y entre espasmo y espasmo, notaba el fondo de su garganta en el extremo de mi pene.
No se´cuanto estuvimos así, pero me pareció una eternidad en el paraíso. Sin embargo, la cogí suavemente con mis manos por su cara y la alcé hacia mí, para, en un brusco movimiento, empujarla hasta la mesa del despacho, darle la vuelta, y subirle la falda en cuestión de segundos.
Julia, apoyó sus manos en la mesa, y contorneando su culo me insinuaba: "venga, por detrás, amor, que no sabes lo que me enciende".
Mi mano acababa de apartar el tanga y sus últimas palabras se cortaron al salir de su garganta un largo gemido mezcla de dolor y placer, al tiempo que mi pene le entraba por derás, directamente en su coño. Estaba más que lubrificado y los movimientos de vaivén que le impartía coincidían con unos torpes intentos de subirle la camiseta, para que aparecieran a la luz, sus dos pechos.
Mis manos, desde detrás, se colocaron encima de los mismos, y sus erectos pezones se apoyaron sobre mis dedos, frenando así el movimiento de vaivén que ambos pechos seguían a los impulsos que mi polla le daba a toda mi Julia.
"más, cabrón, más, que me gusta y hace tiempo que no me lo hacen tan bien, no pares", me decía al tiempo que su lengua se relamía sus propios labios.
Después de un buen rato así, paré, se la saqué, y me alejé ligeramente. Julia aprovechó para sacarse el tanga, no así la falda ni la camiseta, que había quedado arrugada casi a la altura de su cuello. estaba roja como un tomate, pero su mirada lanzaba kilos de deseo sobre mi polla, y su jadeo, mezcla de cansancio y ansia, le daba una música erótica a la escena que me ponía a cien.
La muy cachonda, subió uno de sus zapatos sobre la mesa, dejando la otra pierna firme al suelo para matenerse en pie, y levantando la falda sobre su barriga me mostró toda la belleza de su coñito. Sus labios empezaron a murmurar: "vas a dejar que se enfríe, jefe mío, no ves que tu secretaría quiere que acabes bien el trabajito...."
Empecé a penetrarla de pie, ante ella, al tiempo que Julia se echaba ligeramente para atrás, provocando un auténtico revuelo de papeles. Mis manos, se apoyaron en sus nalgas, para poder evitar que todo su cuerpo retrocediera, y lograr así que mi polla le entrara hasta el fondo.
Ahora nuestros gemidos se confundían en cada embate de mi polla, y su melena le caía para atrás, mientras agitaba la cabeza de lado a lado, y seguía murmurando: "más cabrón, más, así me gusta y no la mierda de polvos que me hace Carlos". Carlos es su marido.
Yo ya estaba a punto de llegar al clímax, así que se lo hice saber con agitada voz, respondiendome Julia:"aguarda cabrón, que primero me corro yo, que luego quiero beberme tu lecha".
Esa palabras me excitaron tanto, que se me hizo un autentico calvario no correrme, mientra veía a Julia retorcerse de placer, oyédola gritar: "me corro, cabrón, me corro por tí".
Sin descanso, al acabarse, se incorporó de la mesa, y de rodillas ante mí, primero frotándose mi polla entre sus dos pechos y luego intoduciéndoselo con avidez en su boca, me hizo llegar a una de las mejores corridas que recuerdo. Eso sí, no desaprovechó ni una sola gota. Se lo tragó todo. Aún después, relamia mi polla como una niña golosa, a la búsqueda de cualquier resto.
Y todo esto, sin ni tan solo bajarme los pantalones. Con la corbata ladeada, la camisa entreabierta porque anduvo un buen rato relamiendome mis pezones, vamos que debía tener una pinta de "perfecto ejecutivo".
Lo más sorprendente de todo, es que después de todo lo acontecido, Julia se alegró de haber recibido la bronca del director. Ello le había, nos había, permitido, conocernos un poco mejor.
Incluso, al salir, me comentó con cara de pícara colegiala:" el próximo día, vendré sin bragas, y vendré a tu oficina para que me repases unos informes. eso sí, lo haré cuando estén todos, y me pondré a tu lado en la mesa, yo de pie, y tú sentado. Así nadie verá como me metes la mano por debajo de la falda y me corro con tus dedos".
Me dijo que era otra de sus fantasías eróticas que nunca había conseguido hacer, y que le encantaría.
Otro día os las contaré.
Y también os contaré las que yo tenía, y que gracias a Julia, las he hecho realidad.
Y que buena está la condenada. Y como folla.
Nos llevamos 15 años. A ella le gustan maduros, y a mí, jovencitas. Pero expertas....