Habían pasado dos semanas desde el caliente encuentro entre Julia y yo. Durante ese tiempo, yo me había mantenido un poco distante. Era consciente de que yo había sido quien había provocado nuestro primer roce, y, mi experiencia me demostraba que ahora, debía hacerme "el duro", esperando si ella me deseaba de nuevo. En definitiva, debía esperar que ahora ella diera el primer paso. No es bueno demostrar un desmesurado interés hacia una mujer, luego ella se aprovecha.
Nuestro contacto se había reducido en esas dos semanas, a alguna mirada furtiva entre los dos, acompañada, eso sí, de alguna sonrisa cómplice.
En eso, las mujeres tienen un especial don. Julia, en más de una ocasión, al cruzarnos, había bajado su mirada, sumisa, como sonrojada. Pero cuando tenía la cabeza algo bajada, sabía levantar muy bien, de golpe, la vista y fijar su ardiente mirada en mi sorprendida cara, al tiempo que sus labios dibujaban una sonrisa de diablilla.
Era evidente que seguía recordando la gozada que le había proporcionado nuestro encuentro.
Como también era evidente que a mí, su recuerdo me seguía provocando notorias erecciones.
Sucedió una tarde, alrededor de las 16 horas, con el calor todavía castigando nuestros cuerpos. Primero tuvo lugar un fugaz encuentro en el área de descanso de nuestra oficina. Cuando me dirijía hacia allí para tomarme un café, me encontré con Julia que estaba sorbiendo con erótica obsesión un chocolate caliente. A peasr del calor, a ella siempre le ha encantado esa bebida. Mi mente perversa siempre piensa que sus características, tanto el ser una bebida caliente, como algo espesa, le harán recordar alguna corrida en su boca. Es extremadamente excitante ver como se acerca el vaso a sus labios y, a pequeños sorbos, con los ojos medio cerrados, se la bebe con pasión. Algún día le preguntaré qué piensa mientras se lo bebe. Bueno eso será tema para otro relato.
Al salir del área, se acercó a mí, y con voz dulce, pero entrecortada me dijo:"tengo terminado el informe de ventas del mes, luego te lo acerco, tal y como quedamos...".
Era normal que cada mes me pasara ese informe, pero por la forma en que se dirijió a mi, entendí que se estaba refiriendo al deseo de fantasía erótica que me contó aquella vez que ya os relaté anteriormente, cuando follamos como locos por primera vez.
El caso es que el resto de tiempo hasta que pidió permiso para entrar en mi despacho, lo pasé con una notoria impaciencia, y, por que no decirlo, con una profunda excitación. Quería que fuera capaz de desarrollar lo que me había prometido, pero a la vez no estaba seguro de que llegara a cumplirlo. Siempre las mismas dudas de los que ya tenemos una cierta edad.
Pero por el momento ahí estaba, frente a mí, con una carpeta archivadora en sus manos y unas hojas. Vestía una camiseta malva, con cuello redondo y manga corta, eso sí, ceñida a tope sobre su desarrollado busto, contorneando firmemente sus pechos, y dejando ver su cintura. una falda tejana, de cintura baja pero estrecha rodeaba su cuerpo volando después en pliegues hasta cubrir ligeramente sus rodillas. Sus zapatos de tacón ancho, pero generoso, le daban un aire encantador al andar. No podría decir que su indumentaria fuera provocativa en exceso, pero, al menos a mis ojos se presentaba como extremadamente discreta, a la vez que realzando sus encantos naturales con generosidad.
Al recibir mi autorización, avanzó hasta la mesa, rodeándola con seguridad y colocándose a mi lado. No era normal esa posición. Siempre que alguien entra en mi despacho, se coloca frente a mí, de espaldas a la puerta y al resto del personal que puede verse al otro lado de la cristalera.
"Como te dije la otra vez, aquí tienes el informe del mes de las ventas, comparado con el año anterior y por productos...." su voz salía seguida pero algo entrecortada.".... y si quieres te lo voy comentando mientras compruebas que lo prometido es deuda."
Al pronunciar estas últimas palabraa su mano se apoyó sobre la mesa, permitiendo que su cuerpo se apoyara sobre la pierna derecha, inclinando así su cintura, movimiento que le dió un cierto vuelo a su falda, acercándose a mi silla.
" En este carpesano está la comprobación de que todo se ha hecho según lo previsto..." siguió diciendo, al tiempo que separaba las gomas del mismo y lo entreabría, con la tapa hacia la puerta para que mis atónitos ojos pudieran comprobar que en su interior se encontraba un excitante tanga blanco. " Así que puedes empezar a comprobar por tí mismo."
Mi mano derecha se deslizó hasta su rodilla izquierda, se introdujo entre sus dos piernaa, que Julia se apresuróa a separar ligeramente, y se clavó en su muslo, fime y duro. El solo contacto de su piel hizo que mi polla se enervara como una loca. Yo estaba alucinando, pero intentaba mantener la compostura. Sabía que Julia estaba cumpliendo su fantasía, y que en ella era parte importante el hacerlo en público, con el resto del personal al otro lado de la cristalera, además sin que nada pudiera delatar lo que estaba sucediendo detrás de mi mesa.
Mientra ella seguía señalando con su portaminas los distintos gráficos del informe en Excel, y su entrecortada voz se entestaba en dar las explicaciones oportunas, que dicho sea de paso, yo ni oía, mi mano fue subiendo hasta su entrepierna, comprobando con excitado placer que no llevaba bragas. Mi mano se abrió en su centro, colocándole el dedo pulgar sobre la raja del ano, y empezando a introducirle mis dedos en su húmedo y chorreante coño. Primero el índice, y ante la gran excitación y dilatación que Julia experimentaba, después el corazón y el índice. Sobre la palma de mi mano, la espesa capa de pelo de su pubis me proporcionaba un excitante contacto y amotiguaba mis movimientos.
Mis dedos exploraban el interior de su coño, entestándose en impartir un roce circular sobre su clítoris, agrandado por la excitación y con una turgencia que me transmitía el enorme placer que la zorrita estaba experimentando. Cada vez su voz se entrecortaba más, y ahora, cuando no señalaba con el lápiz los gráficos se apoyaba con las dos manos en la mesa para no caerse. Incluso sus ojos se entrecerraban mientras seguía con un murmullo incesante de datos y explicaciones que no me importaban en absoluto.
Mis dedos empezaro a mojarse en demasía, y su posición, ligeramente abierta de piernas permitía que parte de sus fluídos vaginales le empezaran a resbalar por los muslos. Noté que su cuerpo empezaba a contraerse por los espamos de la corrida que se le venía, y tuve la certeza de ello, cuando cerró sus piernas dejando mi mano prisionera en su coño, eso sí, sin cesar mis dedos de masajearla con fuerza. En ese instante estaba señalando una columna de un gráfico con su lápiz, y la presión que su mano le imprimió hizo que rompiera la mina al tiempo que un enorme rallote se dibujaba en el informe.
Por más que se empeñó en contenerlo, un apagado suspiro salió de sus labios, y en ese momento cesó en sus explicaciones. Ahora apoyaba de nuevo las dos manos sobre la mesa y exhaló un nuevo y mucho más prolongado suspiro. Mis dedos bajaron ligeramente la intensidad del masaje en su coño, pero la presión de sus piernas cerradas me impedía retirarla.
Fué en ese instante cuando entró en mi oficina una compañera suya, Lourdes, a preguntarle algo sobre un tema que no recuerdo. Sí recuerdo que nuestra sorpresa fué mayúscula, pero creo que más me sorprendí yo cuando Julia no hizo ninguna intención de aflojar la presión que sus piernas ejercían sobre mi mano. Lourdes permanecía de pie en el dintel de la puerta y era evidente que desde aquella posición no podía ver lo que estaba sucediendo detrás de mi mesa. Julia le contestaba a sus preguntas, pero al mismo tiempo, con ligeros espasmos sobre mi mano me estaba indicando que la siguiera masajeando. Creo que su excitación estaba desbordando a su propia fantasía, así que inicié de nuevo mi movimiento esta vez con renovada fuerza, incluso, lo reconozco, hasta con cierta brutalidad. A mí también me estaba sobrepasando la situación, y ahora fueron tres dedos los que introduje en su dilatada vagina, sin cuidado, casi salvajemente. Un ligero quejido se escapó de los labios de Julia, y su cuerpo se arqueó ligeramente hacia atrás, como para permitir mejor la penetración. "Te ocurre algo?" le preguntó Lourdes, a lo que Julia, astuta, respondió:"me duele el estómago, pero no es nada" aunque sus últimas palabras le salieron extremadamente entrecortadas. Siguió hablando algo más como deseosa de mantener a Lourdes presente, mientras noté que se corría esta vez con unos desmesurados espasmos vaginales que dejaron toda mi mano empapada.
Lourdes se retiró, deseándole que se recuperara y pidiendo perdón por la interrupción. Si supiera que no lo había interrumpido, sino que su presencia lo había multiplicado.
Fue en ese instante que Julia entreabrió las piernas, liberando mi mano, que durante un buen rato se paseo por sus nalgas y muslos, masajeándolos y esparciendo por ellos los jugos que su coño había depositado en ella. Entonces sí que Julia estaba agotada, mantenía su imagen para que nadie pudiera ssopechar al otro lado de la cristalera pero se la veía felizmente agotada. Su boca solo repetía con voz extremadamente baja:"gracias cabrón, gracias por haberme provocado uno de mis mayores orgasmos, lo único que lamento es estar viendo esa enorme polla bajo tu pantalón y no poder hacer lo mismo yo contigo, pero no te preocupes, te recompnesaré. Ahora te dolerán los huevos, porque seguro que los tienes a reventar de leche, pero no tardaré en agradecértelo. ¡Ah!, por cierto, quédate con el carpesano, las braguitas son para tí, yo llevo otras limpias: Esas las he llevado todo el día, mientras pensaba en como llevar a cabo este encuentro, así que olerán bien, olerán a mí...."
Y se fué hacia su sitio, eso sí, con un andar mucho más titubeante que con el que había entrado.
Mientras la observaba, sentada en su mesa, me refregué su tanga por mi polla, debajo de la mesa, y cuando ví que alzaba su mirada para observarme, me introduje el dedo índice en mi boca, relamiéndolo con lujuría.
Lo que todavía no sabía es que aquel día no me iba a ir a mi casa con la polla llena.
Pero es lo guardo para el próximo relato.
Escribirme. Y si no conocíais a Julia leer mi anterior relato: "Mi secretaria"
Cuando temine de contaros todas las historias con élla, deseareis conocerla.