Ya iban unos cuantos meses que conocía a Betty (una rica morena) por el trabajo y desde el primer momento nos simpatizamos. Es así que un día la invité a almorzar, ella aceptó,... fuimos a comer chicarrón de mariscos, un cevichito y luego de tomar un par de cervezas salimos a caminar, risas van risas vienen y pasamos por la puerta de un hostal, le pregunté si quería entrar, me respondió que no, pero al insistir un poco aceptó (la verdad era que ella esperaba eso). Al entrar en la habitación ella se sentó al borde la cama y yo me quité el pantalón, inmediatamente ella tomó mi pene entre sus manos y lo metió a su boca, era increible, me lo chupaba como nadie lo había hecho antes, chupaba y succionaba tanto que su boca se llenó de saliba y me puso más tieso que cadáver. Luego nos fuimos a ducharnos para refrescarnos un poco, al verla en la ducha desnuda mi excitación aumentó (que buen cuerpo!), la enjaboné, rocé mi pene por sus nalgas, acariciando su culito y vagina. Salimos de la ducha y en la cama ella empezó a chuparla de nuevo, volviendo a ponerla tiesa, levanté sus piernas y frtoté mi pene contra su vagina, ya estaba húmeda así que procedi a penetrarla poco a poco, ella jadeaba y gemía de placer, con cada movimiento ella se mojaba más y empezó gemir en voz alta, casi gritando, era increible, (parecía tranquila y resultó ser super ardiente). No les miento, la manera en que se mojaba era abuandante, sus piernes y mi pene estaban blancos de todo el jugo que salía de ella, entonces luego de un largo rato de metersela hasta el fondo sintiendo la pared en la profundidad de su vagina me vine dentro de ella regándola toda, mojándola profundamente, con tanto semen que parecía nunca acabar, en ese momento ella me susurro que la quería por atras, ni corto ni perezoso le pedí que me la chupara de nuevo, haciéndolo inmediatamente, le abría las piernas y metí mi pene en su vagina para empaparme de sus jugos, luego lo pasé por su culito, una y otra vez hasta asegurarme que estuviera bien mojado. Entonces ella me dijo que si se la metía no iba a dejar nada para San Pedro, ya para eso mi pene estaba en la entrada de su potito, empecé empujando poco a poco, pero estaba tan lubricada que el pené fue entrando con poca dificultad (debo asegurar que su culito era virgen, me consta), iba metiendo y sacando poco a poco hasta que entró todo en ella (gemía de dolor y placer), seguí entrando y saliendo, cada vez que lo sacaba lo hacía hasta afuera para volver a meter la cabeza del pene nuevamente, así la fui dejando más abierta que parecía que nunca hubiera estado cerrada, ella mientras tanto empezaba a tener orgasmos y continuaba mojándose, su culito igual me dejaba su crema blanca, continuamos hasta que me vine dentro de ella (por atrás), esto se repitió en muchas ocasiones, ya les volveré a contar otro día.