Estuve mucho tiempo pensando cómo decírselo.
Comenzamos esta historia de a poco con pequeñas fantasías que compartíamos en la cama. -¿Cuál es tu fantasía? –pregunté. Ser puta y que me cojan unos ejecutivos mientras tú me ves y te masturbas –me respondío.
Así, mientras nos relatábamos lo que cada uno hacía o se dejaba hacer entrábamos en ambiente. Prepararla para la aventura final.
Una noche que nuestro hijos se quedaron donde sus abuelos, preparé una sesión de vino y fotografías, lingerie variada y música brasilera. Comenzamos tomándonos una copa de un solo trago y comenzamos la sesión de fotos. Se puso unas medias red, tacos altos, un corsé negro y se pintó los ojos y la boca muy roja. Variamos las posiciones en el living de nuestro departamento, sobre los sillones, en el suelo, mostrándome su culo y su vagina, que es enorme y velluda. Y comencé a retomar su fantasía de hacerse puta mientras se revolcaba en el piso con la vagina caliente y tremendamente húmeda.
¿Cómo quisieras hacerlo? –le pregunté. Y me comenzó a dar detalles. ¿Cuánto cobrarías? –dijo. Unos trescientos dólares por una sesión a medio día en una oficina de algún amigo –dije. ¿Y cuántos serían? Supongo que unos 5 –dije. –Ah, entonces cobra quinientos, a cien por pene –sugirió.
Esa noche reventamos de placer, con tantas cosas que le metía por su deliciosa concha y por el culo que ya no me acuerdo. Tenía toda la intención de complacerla en su fantasía.
Entonces, una noche que salimos a cenar con unos amigos, entre que los hombres nos reuníamos a hablar de cosas triviales y las mujeres también en su rincón con lo suyo, surgió el tema entre los amigos. Como veía que uno de ellos estaba tremendamente animado, a la salida de la cena le dije que lo llamaría porque tenía algo que consultarle. Al medio día siguiente lo llamé y le planteé la posibilidad de conseguirnos a alguien para armar algo divertido en su oficina, que dicho sea de paso, tenía una sala de reuniones muy elegante. Así armamos la sesión para un día miércoles a medio día. Le dije que sería una grata sorpresa para todos y así recaudó, al terminar la tarde, los quinientos dólares.
Llegó el día miércoles y antes del mediodía voy a mi casa y le digo a mi esposa: -Mira, acá tienes trescientos dólares, hoy es la sesión… ¡Qué, no puede ser! Dijo. ¡Ni muerta hago algo así!. Entonces te aumento doscientos más para que te animes, le dije. Lo pensó un momento y me dijo: -Pero me cuidas, y no te separes de mí –dijo. En ese momento tuve una tremenda erección.
Ya en la oficina de mi amigo vino la segunda sorpresa. Todos me miraron incrédulos por lo que había llevado a mi esposa y como ocurre en estos casos, todos se pusieron aún más cachondos pensando en cómo sería tirarse a la esposa de un amigo, con su consentimiento. Y la sesión fue larga, totalmente orgiástica y deliciosa. Hubieron los que se chorrearon en su cara, los que se turnaban en la mesa, haciendo fila india mientras el mete-saca cambiaba de penes, los que se animaron a cogérsela por el culo y la concha al mismo tiempo mientras intercambiaban las chupadas, los que les daban palmadas en las nalgas, y claro, los que le sacaban fotos, con la música muy alta mientras se meneaba. Ella estaba extasiada y me miraba, de rato en rato con ojos de absoluto placer. Ahí comprendí que le excitaban dos cosas, el sexo y el dinero. Y uniendo ambas cosas, podía conseguir de ella lo que sea, con tan de ponerle unos billetes delante.
Aunque no crean, estamos ahora muy unidos. Compartiendo otras fantasías sin que podamos cuestionarnos que somos unos pendejos de la gran siete. Adicionalmente, aunque el dinero no nos hace falta, pero el que llega de esta fantasía, nos sirve para comprarnos aquellas cosas que nos dan mucho placer, como cámaras de fotos y lingerie, además de alquilarnos, de ves en cuando a algunos muchachos y muchachas que nos sacan de la rutina diaria.