Por dos veces me eché la mochila al hombro y marché hacia Ámsterdam, ahora me preparo para una tercera ocasión y no puedo dejar de pensar en mi primer viaje, cuatro dias en solitario que marcaron mi primera estancia por varios motivos.
Recuerdo llegar pronto por la mañana, a la aventura, y perder casi el primer dia entero buscando alojamiento ; a eso de las seis de la tarde, paseando y aun en busca de techo para la noche, me crucé con Rose, una mujer inglesa de unos 40 años que regentaba un pequeño hostal, sin habitaciones libres, con la que habia hablado por la mañana. Me pregunto por mi situación y al conocerla, me invito a descansar y tomar un café en la cafeteria del hostal. No esperaba tanta hospitalidad pero la agradeci, y Rose resulto ser una mujer de charla fácil y agradable, mas aun cuando tras tomarnos nuestras respectivas tazas, me ofreció algo que yo no esperaba, alojamiento.
Como ya dije el hostal estaba completo, acepté encantado preguntando si algun cliente se había ido antes de tiempo, Rose me respondió que el hostal seguía completo, pero que tenía una cama libre en los cuartos de personal, y podia pasar alli la noche si lo deseaba. Acepte encantado y agradecido, me acompaño a la habitación y resulto ser la siguiente a la suya, cuatro paredes con ventana, calefacción, cama y baño, no podía pedir más. Pasé el resto de la tarde en la ciudad, y a la vuelta, tras cenar, me dirigi hacia la cama, tras un dia agotador.
A eso de las doce, aun despierto pero echado a oscuras en la cama, se abrio la puerta de mi cuarto y con los ojos entrecerrados vi a Rose a contraluz, que me preguntaba si estaba despierto. Decidí no contestar y hacerme el dormido, y para mi sorpresa Rose cerró la puerta, pero una vez ella estuvo dentro.
La calefacción estaba a tope, con lo cual yo estaba hechado en ropa interior tapado con una simple sabana. En la oscuridad vi como se acercaba y se sentaba a mi lado, pasando su mano por encima de mi cuerpo a traves de la sabana. Al llegar a los pies introdujo la mano y empezo a acariciarlos, deslizo la mano hasta mi entrepierna y comenzo a lamer uno de mis pies por encima de la sabana. Simulando estar en el mundo de los sueños, con la mano de Rose acariciando mis bajos y la otra levantando la sabana a la altura de mis pies, para acercar de nuevo su lengua a ellos.
Comence a acariciar sus piernas pero Rose ni siquiera se giro para mirarme, continuo lamiendo mis pies y me acerco los suyos a la cara. Los acaricie mientras ella me masturbaba y lamia los mios, pero cada vez los acercaba mas a mi rostro, hasta que acabe teniendo sus dedos encima de la boca. Excitado comence a lamerlos tambien, convirtiéndose la cama en una orgia de lamer pies mientras sus manos acariciaban mi entrepierna de manera cada vez mas rítmica. Disfrute hasta llegar a eyacular, Rose metiendo la lengua entre los dedos de mis pies y yo chupeteando los suyos, de manera que aun continuamos un rato dedicándonos a ello antes de que ella se marchara. Siempre he sentido atracción por los pies femeninos, pero no para atreverme a hacer algo como lo que hizo ella, de suerte que esa primera noche fue solo el principio de mi estancia, y lo mejor aun estaba por llegar. Pero eso, como dicen, es otra historia.