Las historias con Alfredo siempre estaban cubiertas por un halo de complicidad, silencio y clandestinidad. Nunca hablamos de lo que hacíamos, nunca charlamos de cómo nos amábamos y nos acariciábamos, sabíamos muy bien que para ambos nuestra primera vez había sido con el otro, no había traición, engaño, solo la inocencia del despertar y el descubrimiento sexual. Pasaron los años y nuestros juegos sexuales también maduraron, el sabia donde empezar y donde terminar, y yo también leía muy bien lo que su cuerpo me pedía. Recuerdo una vez después de un carrete, donde hubo alcohol y vino, nos separamos del grupo con intenciones de irnos a dormir, era tarde. En el camino a casa nos desviamos hacia una avenida donde los arbustos crecen altos. Paramos con la “idea” de que se nos pasara un poco la borrachera y en ese momento nos comenzamos a tocar en esa oscuridad apenas aclarada por una luz distante. Como hacia calor nos desnudamos. Alfredo me besaba por largos ratos mientras con sus dedos con saliva me frotaba mi ano, yo por mi parte tocaba su verga dura y gruesa deseoso de llevarla a la boca para succionarla. Hicimos el 69, me lamía mi ano deseoso mientras yo hacia lo mismo, era exquisito sentir su lengua entre mis glúteos mientras yo aprisionaba con mi boca su dureza. Recuerdo que en ese instante no muy lejos de nosotros una pareja de policías se pararon al parecer con la intención de hacer guardia. Eso añadió mas calentura a nuestro amorío oculto, recuerdo que nos pusimos “cucharita”, el nunca me penetraba al instante, siempre jugueteaba con su pene entre mis glúteos y entrepiernas que siempre estaba húmedo pos su saliva y sus jugos, el esperaba que yo con mis movimientos colocara mi ano en su glande y le pidiera ser penetrado,.......con solo escribir esto me erizo por completo, era tan suave sus movimientos, tan experto en sus caricias, en sus palabras. Luego sin que el terminara cambiábamos posición para que yo le diera también de lo mío, el se puso boca abajo y lo penetre mientras le decía lo bien que me hacia. Así estuvimos hasta el amanecer, aguantando nuestros orgasmos, llevando el placer al máximo mientras los policías hablaban de sus vidas. Fue cuando ellos se marcharon que decidimos terminar, esto después de mas de dos horas, el justamente bajo de mi y con sus verga hasta los testículos en mi ano, explotó en espasmos que aun recuerdo, sus palpitaciones fueron una revelación, todo el tiempo con pequeños movimientos para que la penetración no dejara de ser profunda. Luego se puso boca a bajo y me pidió mi néctar, como nunca aprisiono mi pene con su ano y exprimió toda mi leche en ebullición.
El otro día nos juntamos con un grupo de amigos, siempre nos mostrábamos relajado, ” Aquí no ha pasado nada”, pero nuestros ojos siempre leían las entrelíneas de la complicidad.