Era la alborada de una nueva epoca tanto dentro como fuera de mi simple vida en contraste con la ebullicion latente donde uno quisiera tomarse unos minutos y dejar de mirar para ver, el publo dejaba su humilde lugar a una ciudad llena de todo, inclusive cosas, placeres y formas que jamas crei existentes.
Necesitaba antes de nada un lazarillo, alguien que me pudiera guiar, que supiera tambien esperar y por sobre todo no preguntar, por que mi aun adormilado Mr. Hyde aun no tenia autonomia, ni siquiera se lo solia oir para tomar las desiciones importantes.
Comenze por pubs y pequeños grupos de amigos gays, para poder aprender de a poco por lo menos los modos...A donde fueres has lo que vieres...eso me preocupaba mas alla de mi propia sexualidad me planteaba , el sentirme desplazado por el simple hecho de no pertenecer, de no hacerlo sentir atraido por mi. A esa edad uno ni siquiera sabe que es lo mejor que uno tiene, como aprovecharlo al máximo; la inseguridad propia de la adolescencia y la inexperiencia hacien estragos con la poco autoestima que aun rondaba por mi cuerpo flanqueando los peores fantasmas.
Pero ese dia llego y de la mano de un joven mucho mas heterosexual de lo que me imagine siempre bajo el estereotipo del gay. Ignacio un joven moreno, con brasos fornidos y vozarron tupido como casi todo su cuerpo, cubria su cuerpo con ropa muy tipica del campo argentino, es un modo incluso de ver la vida que dista demasiado de la realidad que me planteo al momento de mermar la cantidad de gente que enbellecia su sala, con conversaciones llenas de colores y aventuras que el miraba con atención y parecía comprender en totalidad.
Antes de irme lo salude con un beso en la mejilla y el aprovechando la cercanía susurro algo al oido , el sonido fue inteligible, pero la sensación no necesito de subtitulos, mi cuerpo por completo pudo traducirlo y decidi pasar por la barra y preparar un último trago y de ese modo quedarme unos minutos mas.
Despues de artilugios de los mas bajos y rebuscados fui dejando a todos mis compañeros de lado en aquella noche, para quedarme a compartir aquella noche junto a el, en un hermoso piso del centro con estilo tan cálido, tan cuidado como sacado de alguna pelicula de la decada de oro del cine, cuadros de paisajes sin llegar a un monnet, parecia poder sentir la brisa que salia de sus labios cuando hablaba, te acariciaba con las palabras, lo sentias en cada letra.
Yo necesitaba eso no una persona tosca que no supiera como llevar esa situacion, no le pedia que remara, sino que supiera llevar bien el timón, para poder sobrepasar mi tempestad interna...