Cogí mi toalla y, como hacía cada día, me fui a la playa. El calor era sofocante. Cuando iba de camino, sonó el móvil:
-¡Hola Jorge! Soy Miguel.
-¡Qué tal tío! Cuanto tiempo...
-Sí ya lo sé. Desde que lo dejamos no había vuelto a saber nada ti. He alquilado un piso y he venido con mi pareja a pasar unos días...
- Ah... pensaba que estarías sólo...
-No, pero me gustaría que lo conocieras... luego te diré porque.
Me dió su dirección, que no quedaba muy lejos de allí. Realmente no sabía lo que quería pero Miguel y yo siempre habíamos funcionado muy bien en la cama. Era el hermano de mi primer novia. Era una época en la que no tenía clara mi sexualidad pero cuando lo vi salir en pelotas de la ducha se me aclararon todas las dudas.
No sé si era que hacía más calor pero, al llegar a la puerta de su apartamento, era realmente insoportable. Llame a la puerta y un tío en calzoncillos abrió la puerta. Era joven, con el pelo rapado y con un bote en la mano. Iba tan cachondo que pensé que era vaselina pero, realmente, era uno de crema solar para la playa :
- Hola, estoy buscando a Miguel.
- Sí, es aquí. Miguel, preguntan por ti.
Miguel apareció tambíen en bañador. Era tipo bóxer que le marcaba perfectamente la polla. Fue uno que yo le regalé y sabía que realmente me ponía cachondo porque era el que llevaba un día que lo hicimos en la playa. Me sonrió y me dio dos besos.
- Braulio y yo vamos a ir a la playa. Si quieres puedes venir- me dijo Miguel.
Nos dirigimos los tres a una cala apartada del tumulto. Era de difícil acceso y no solía ir mucha gente. Al llegar, extendimos la toalla y nos quitamos la camiseta.
-¿Quieres que te ponga crema? me preguntó Braulio.
- Sí , si no te importa ponme en la espalda.
Abrió el bote, empezó a extender la crema en mi espalda y me hizo un masaje en los hombros. Realmente lo necesitaba, me dejó completamente relajado.
- Vamos a bañarnos- sugirió Miguel.
-¿Por qué no nos bañamos en bolas?-apuntó Braulio.
A los tres nos pareció bien y no dudamos en quitarnos el bañador.Nos metimos de golpe en el mar y estuvimos un buen rato nadando. Ya en la arena, nos pusimos a hablar. Uno de los temas fue el sexo.
- La verdad que nunca olvidaré la tarde que te estrené en casa cuando viniste a ver a mi hermana y se había ido al pueblo con mis padres a visitar a mi prima que acababa de tener un niño -me dijo Miguel.
Yo empecé a sonreir. Miguel conocía mi risa picarona, por lo que no tardó en preguntar:
- Eh! tío ¿qué pasa?
- Bueno, tengo que reconocer que no fuiste el primero. Se ve que a tu padre también le gustan las pollas.
- Venga, tío, no tiene gracia ¿no me digas que a la única que no te has tirado es a mi madre?
- Sí, con ella no lo hice...
-Yo sí que creo lo que dice Jorge- susurró Braulio a Miguel y, a continuación, lo morreó en la boca.
- Braulio, ¿qué dices? ¿es que la calor os está afectando la cabeza?
- Yo no trabajaba en la empresa de tu padre. Me ganaba la vida de chapero y conocí a tu padre. Venía a buscarme casi todas las tardes antes de que lo trasladaran a París...
-Joder tíos, ¿qué queréis joderme? - dijo Miguel enfadado.
- A mi no me importaría que tú y Braulio me jodiérais un rato- le dije a Miguel sin pensármelo dos veces.
La verdad que Miguel seguía tan atractivo como siempre y Braulio tenía un buen polvo. Se notaba que, como en nuestra relación, Miguel era la parte más activa.
-Pues, si estamos todos diciendo la verdad- dijo Miguel- he de reconocer que te he llamado porque me gustaría que no lo montaramos los tres.
-Eso está hecho- dijo Braulio antes de volver a meter su lengua en la boca de Miguel y tocarle la polla con las dos manos.
-Me gustaría veros como os lo montáis- dijo Miguel.
Braulio se giró hacia mi y empezó a besarme. Al poco tiempo, se agachó y empezó a mamarme la polla. Se la metió entera y se la sacaba para escupir en mi capullo, luego seguido se la metía hasta llegar a su garganta. Braulio se giró y se dirigió a Miguel, que se estaba pajeando mientras nos miraba:
- ¿Te estás poniendo cachondo cariño?
- Sí, mucho- susurró Miguel mientras seguía gimiendo y cascándosela.
-Ven, méteme la polla por el culo que estoy muy cachondo- sugirió Braulio a Miguel. Éste se acercó y metió su nabo en el culo de Braulio, que se metió mi polla entera en la boca por el empujón que le dió Miguel. Seguía siendo un toro y follaba con mucha fuerza. Con la mano golpeaba el culo de Braulio que seguia mamando mi polla. La verdad que era una auténtica ventosa. Miguel me miraba fijamente a los ojos, mientras seguía tirándose a su novio. Yo también lo miraba y recordaba todas las veces que habíamos follado. Me vinieron a la mente la vez que lo hicimos, por primera vez, en el baño de la universidad o las veces que quedabamos en casa de su amigo Luís, éste a cambio de una mamadita y algún que otro polvo.
- Chúpale el culo que quiero tirármelo- ordenó Miguel a Braulio. Éste obedeció al instante y empecé notar como su lengua humedecía mi culo. No tardó mucho en hacerme un dedillo que me metía en la boca para que lo lubricara con mi saliva. Cuando lo había dilatado se apartó y le dijo a Miguel:
-Aquí lo tienes papito, todo calentito para ti. Le dio un morreo y Miguel tardó poco en meterme el nabo en el culo. Se notaba que me follaba con deseo. Mientras mantenía la polla metida en el culo, hacía lo mismo con su lengua en mi boca.
- Braulio, ponte debajo de Miguel que nos vamos en tren...
Braulio obedecía todas las órdenes de su macho. Miguel era muy exigente pero sabía dar mucho placer en la cama. Su polla era normal pero sabía como meterla, de tal manera que hacía correrte varias veces. Tenía mucho aguante y nunca se corría antes que tú. Una vez me acuerdo que cuando me desperté tenía ya la polla metida en mi culo y no se corrió hasta casi una hora después. Había tenido un día duro de trabajo y quería descargar tensiones. Esa capacidad de sorprenderme y de imaginación en la cama (una vez lo hicimos vestidos de romanos después de una fiesta de carnavales) fue lo que me cautivó de Miguel. Mirad si me pone cachondo que me he olvidado que estábamos Miguel, Braulio y yo follando en la playa.
Miguel nos pidió que nos pusieramos a cuatro patas a Braulio y a mi, mientras nos morreabamos o metíamos nuestras pollas en la boca del que no tenía la de Miguel en el culo. Miguel iba alternando el culo de Braulio y el mío, dándonos placer a los dos de igual manera.
Miguel se tumbó en la toalla y nos pidió que fuesemos corriéndonos mientras cabalgabamos sobre su polla. Braulio fue el primero. Se sentó sobre aquella verga hasta hacerla desaparecer en su culo. No tardo mucho en soltar su corrida en el pecho de Miguel que no tardé en lamer, con sumo placer, como a Miguel le gustaba. Cambie el sitio a Braulio y me metí la polla de Miguel en el culo hasta el fondo.
- Veo que sigues follando tan bien como siempre. Mueve ese culo que yo también quiero correrme- me dijo Miguel mientras me estiraba del pelo y me hacía lamerle los pezones del pecho. Se notaba que seguía yendo al gimnasio, donde, por cierto, solíamos follar cada semana. Recuerdo una vez que casi nos pilló la policia con el coche al salir del aparcamiento del gimnasio, mientras estaba a punto de correrse. Aquella vez tuve que tragarme, a toda la prisa, toda la corrida (sin dejar de saborearla) antes de que nos hiciera bajar del coche.
Veo que otra vez me he olvidado del polvazo de Miguel, Braulio y mio. Yo hice caso de aquel macho y también me corrí en su pecho. Braulio también lamió toda mi leche sin dejar ni una gota.
-Poned la boca, que ahora vais a probar leche del rabo de un auténtico macho- nos ordenó Miguel a Braulio y a mi.
Braulio y yo obedecimos sin rechistar. De rodilas ante aquella tranca, me fije en lo grandes que eran los huevos de Miguel y me metí el izquierdo en la boca y Braulio el derecho. Estaba muy caliente y las venas de la polla de Miguel indicaban que aquel macho iba a deleitarnos con una buena corrida. Nos sacamos el huevo de la boca y, agarrados de sus piernas musculosas y peludas, empezamos a recibir la corrida de Miguel. Seguía sabiendo tan ricamente como siempre. Braulio y yo lamimos la polla de aquel macho y saboreamos las últimas gotas que salían de aquel pollón, como si fuera la última vez. O tal vez no...