Siempre he sido una persona sexualmente muy activa. Recuerdo una vez con 19 años que quise comprobar cuantas veces podía cascármela en un día. Conseguí correrme unas diecisiete veces. No os podéis imaginar el dolor de huevos que tenía. Me empalmaba y como no podía correrme sentía que iba a explotar. El motivo de este calentón era un tío madurito de unos cuarenta años que había empezado a trabajar de cartero por el barrio. Era alto, moreno con el pelo corto y no muy musculoso pero muy marcado. Era un auténtico Adonis. Cuando lo veía sudado, me ponía muy cachondo y me lo imaginaba igual de sudado después de haber estado follando conmigo toda la noche.
A la mañana siguiente, a pesar de haber estado cascándomela varias veces por la noche, me levanté empalmado. Así que me metí la mano debajo del bóxer y empecé a meneármela. Al rato sonó el timbre. Miré por la mirilla y era él. No me lo podía creer. ¿Estaría soñando? o ¿sería verdad que hacerse tantas pajas afectaría el cerebro?. Abrí la puerta.
-El señor Martínez.
-Sí, soy yo.
-Lo siento, si le he pillado en mal momento. - dijo mirándome el paquete- Si quiere puedo volver en otro momento.
El tío se había dado cuenta que estaba empalmado. Mi polla estaba tiesa y dura como nunca. Se marcaba un paquete y un bulto tan gordo dentro del bóxer que yo mismo me excité.
-Oh no. Sólo me la estaba cascando. ¿No me dirás que no te la pelas de vez en cuando?.
-Cada día. Muchos días más de tres veces...
-¿Quieres pasar y ponerte cómodo?
-La verdad que lo necesitó. La tuya es la última carta certificada de hoy y ya he acabado la jornada.
-Estupendo, pasa, como si estuvieras en tu casa...
Lo dejé en el comedor y fui a la habitación a buscar mi carnet que me había pedido para entregarme la carta certificada. Cuando llegué al comedor, pensé que me había vuelto loco. Me lo encontré sentado en el sofá con un bóxer azul ajustado y mirando el canal porno.
-¿Qué estás haciendo?
-Bueno, has dicho que me sintiera como en casa. Siempre voy en calzoncillos por casa y me encanta hacerme gallolas mientras veo una porno. Pero si te molesta, me voy.
- No tránquilo pero ¿y mi carta?
Él se levanto y me entregó la carta y el carnet.
-Aquí tienes Luís. Yo soy Marcelo.
-Encantado. Veo que tú también estás caliente. Su polla estaba tiesa y el capullo aparecía por encima del bóxer.
- Uff. Me he puesto a cien. He visto como se la metían a un tío y me he puesto muy cachondo.
Le propuse ir a ver la peli porno. Nos sentamos en el sofá y empezó a meneársela. Yo lo seguí y tarde poco en empalmarme.
-Marcelo, ¿Quieres que te la chupe?- le dije al ver semejante polla.
-Sí, lo estaba deseando....
Me tumbé sobre aquel cuerpazo y me metí su polla en la boca. Empecé a chuparla mientras masajeaba sus huevos. A veces lamía sus pezones mientras continuaba meneándosela con la mano.
-¿Quieres metérmela?- Propuse a Marcelo mientras sacaba una goma del cajón del mueble.
-Sí, me encantaría...
Le puse la goma, le meneé la polla (se le había bajado un poco) y me la metí entera dentro del culo. Sentía que entraba y salía y sus huevos chocaban contra los míos. Marcelo se incorporó, me tumbó en el sofá y se quitó la goma.
- Voy a correrme en tus huevos.
Empezó a pajearse, mientras yo lamía sus pezones. Me empujó y cayeron las primeras gotas de leche y dando un gemido descargo toda la corrida en mis huevos como me había dicho. Continuó tumbado encima mío y estuvimos un buen rato morreándonos. Los dos nos habíamos vuelto a calentar así que le dije:
-¿Por qué no vamos a la ducha y me bajas la polla?
-No te creas, a mi me gustaría meterte mi espada...
Me fije en su polla y, en realidad, aquello había aumentado de manera espectacular. El agua empezó a salir del grifo y dirigió el agua de la alcachofa a mis huevos mientras se metía mi polla en la boca. Después dirigió el chorro a su culo y continuó mamándomela con mucha fuerza. Dejó la ducha, se puso a cuatro patas y me dijo:
- Ahora, te toca a ti. Fóllame.
Me arrodillé y le metí toda la polla. Marcelo agarró el grifo para poder contener mis embestidas. Me estaba tirando al tío de mis sueños y tenía que aprovecharlo. Cambiamos de postura, me senté en la ducha y era Marcelo quien controlaba ahora la profundidad de mi polla en su culo. El muy cabrón se la metía más al fondo. Muchas veces, cuando la tenía toda dentro, hacía círculos con el culo. Lo hacía tan bien que me vine enseguida:
- Aparta, que quiero correrme en tu cara-ordené a Marcelo.
Me quite la goma y en pocos segundos estaba corriéndome en la cara de aquel macho. El dolor de huevos me había desaparecido. Se ve que necesitaba un polvo con aquel tío.
- Luis, ¿por qué no me la mamas?.
Me arrodillé delante de aquella verga y me la metí enterita en la boca. Como ví que se había empalmado rápidamente, le pedí que me volviera a follar. Me puse a cuatro patas y me la metía mientras me estiraba del pelo para que me entrara toda. Antes de correrse, sacó su nabo y note como su leche salpicaba mi culo y como algunas gotas cayeron en mis huevos. A Marcelo le encantaba lamer la leche en los huevos de un tío después de habérselo follado. A mi eso me ponía muy cachondo, tanto que las visitas de Marcelo se repetían a diario.