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EL TORDO

¿Por que razón ocurren los hechos?

No me arrepiento de lo vivido porque de nada sirve. Si hacerlo sirviera de algo seguramente lo haría de inmediato.

Han pasado muchos años desde mis primeras experiencias con el sexo y considero que fueron los mejores momentos de mi vida. Digo el por qué.

Cuando comienza a descubrirse el mundo de los grandes y todo lo que siempre se ha imaginado se hace realidad, la emoción es tan fuerte que nunca se olvida y gustaría volviera a repetirse.

Mis primeros escarceos fueron con los chicos de la barra. La cambiadita, la apoyadita, la tocadita que son el preludio de lo que vendrá en poco tiempo.

Para ello será necesario lograr identidad con alguno de los del grupo para que ese proceso de investigación sobre el tema se profundice.

En mi caso se dio con uno un par de años mayor. Le decíamos “Tordo”, no me pregunten por qué. No lo se.

Trabajaba en el abasto y había desarrollado un cuerpo bien definido. Tanto como le es posible a un muchachón de catorce años. Comparado con mi primera década recién cumplida era una enormidad.

Todo el grupo se reunía cada siesta para ir hasta un campo cercano y  meternos en una laguna  para bañarnos. Había una distancia importante desde la laguna hasta las primeras casas del barrio. A medida que avanzaba la siesta íbamos llegando al lugar.

Ese día ya estaba bañándose el Tordo. Siempre lo hacíamos desnudos y ese día no fue la excepción. Como ya destaqué el Tordo tenía catorce años. Plena edad de la pubertad y en él se notaba mucho ya que al desarrollo físico se le unía la natural y permanente calentura. Se le destacaba la erección del miembro que ya estaba cobrando formas distintas, con un tamaño considerable y una abundante cantidad de vello en la base. Mención aparte merecen las bolas que a él le colgaban plenas y gordas.

Después de estar un tiempo largo en el agua nos salimos y tendimos sobre el pasto a un costado de la laguna. Nos llamaba la atención la ausencia del  resto del grupo que demoraba en llegar.

El Tordo comenzó a acariciarse y pronto tuvo el miembro duro. Yo lo miraba asombrado y él se exhibía orgulloso

-¿Querés jugar a la apoyadita? – Me preguntó

-No se –Contesté nervioso

-Dale. Total estamos solos y nadie se va a enterar – Dijo acercándose a mi

No me resistí cuando me puso boca abajo y acarició mis nalgas. Después se montó sobre mí. Comenzó a pincelarme la rayita con la cabeza del pene, mojando mi orificio con el abundante  líquido que le salía. Para mi la cosa no pasaba de una caricia excitante que me fue relajando.

-Abrí bien las piernas y pará más el culo así te lo hago mejor – Me dijo

Lo hice como me lo pedía y de pronto sentí como que se me apagó la luz. Un dolor agudo me atravesó entero. Sentí como si mi cuerpo se rasgaba desde el ano y grité. Hice fuerzas tratando de expulsar el pene de mi ano y lo único que logré es que se me entrara hasta la raíz. Grité más. Manoteaba desesperado tratando de safarme.

-Si gritas se van a enterar todos que te la dejaste meter. Aguantá un poquito que ya está y nadie se va a enterar – Me dijo

-No Tordito, sácamela. Me duele mucho – Rogué

Pero no me escuchó y comenzó a moverse en un metisaca insoportable que me hacia sentir como si me sacaba las tripas para afuera. Lloré un poco. De pronto ese dolor tan violento fue aliviándose y hasta dejé de llorar cuando el Tordo me apretó con fuerza contra el pasto y se quedo quieto. Un repentino dolor de panza me hizo rogarle otra vez

-Ay! Quiero hacer caca, me duele la panza, Tordo.

En silencio se volvió de costado y se salió de mí. Me levanté y fui corriendo entre los yuyos. Mi cola parecía el escape de un motor a explosión.

Cuando volví el Tordo estaba en la misma posición pero fumando. Se sentó y me dijo.

-No le digas a nadie lo que hicimos, sabés

-Bueno.

-Es un secreto de los dos… ¿Te dolió mucho?

-Un montón.

-Después ya no te va a doler tanto… Vamos a bañarnos.

Nos metimos al agua un rato más. El agua fría alivió un poco el dolor que sentía en mi agujerito. Por momentos tenía ganas de irme. Lo que había deseado tanto ocurrió con el agregado del dolor y la sensación de  culpa enorme. Después nos salimos al ver que los otros no venían. Cada cual se fue a su casa.

A partir de ese día todo cambió. Pasó una larga semana en que no lo vi al Tordo y me sentía extraño. Recordaba las sensaciones que me producía la caricia de su miembro entre las nalgas, la suavidad de los pelos y el roce de sus bolas pero también el dolor que me produjo al meterlo todo en mi culito. Reviví el momento en que se agitó y empujaba su cuerpo contra el mío y los fuertes latidos del pene en mi interior.

Ya no era lo mismo estar con el grupo si él no estaba. Entonces me decidí y fui hasta su casa. Era la hora de la siesta, cuando en su casa no estaba ni la madre  ni el hermano mayor porque trabajaban.

Apenas toqué la puerta abrió él.

-Eh, Cachito ¿Cómo estás? – Preguntó sonriente

-Bien –Contesté medio avergonzado

-Te mandaron los vagos a buscarme – Interrogó

-No. Vine yo solo –Dije y me puso colorado  

-Ah, bueno. Vení, pasá.

Entré a la casa que tenía un zaguán largo que se abría a un patio con galería a donde tenían puerta las habitaciones donde dormía cada uno

-Recién me bañé y me iba a ir a la laguna a ver si te encontraba – Me dijo

Yo me puse contento por lo que dijo porque además me acarició la cabeza.

-¿Cómo estás?-Preguntó

-Bien – Respondí intimidado

- ¿Te duele el potito todavía?

-No. Ya no me duele.

Me acarició la cola por sobre el pantalón mientras tomaba mi mano y la ponía sobre su paquete.

-¿Querés?

Asentí con la cabeza.

-Sacate el pantalón. Y vení a la cama.

Repetimos lo de la laguna y esta vez solo me dolió al entrar. Después me gustó hasta que me dio ganas de ir al baño.

Desde ese día seis veces a la semana lo hacíamos en su casa. Poco a poco fuimos experimentando todo lo que el Tordo aprendía en el abasto. La primera vez que lo besé en los genitales me dio un poco de asco pero después era la parte que más me gustaba hacer.

Todo cambió el día en que nos descubrió el hermano pero el Tordo no se dio cuenta ni yo tampoco. El hermano era un hombre grande que se había separado de la esposa y estaba viviendo con ellos; tenía como 30 años. Había llegado en silencio y nos había visto en la cama cuando el Tordo me estaba penetrando. No dijo nada y se fue a su cuarto. Nosotros ni nos enteramos de nada.

Unos días después el Tordo viajó con la madre a ver a un familiar que estaba enfermo grave. Yo no sabia nada y fui a su casa. Cuando llamé, sorpresa. Me abrió el hermano que me hizo pasar. Estaba envuelto con una toalla a la cintura que apenas le tapaba un poquito-

-Eh, Cachito ¿Cómo andas? Pasa.- Dijo abriendo la puerta para que entrara.

-Permiso - Pedí

-Llegaste justo que salía de bañarme y escuché que llamabas.

Caminaba delante de  mí en ojotas. La pequeña toalla se entreabría al andar y me mostraba una nalga peluda

 -Sentate –dijo señalando una silla- Mi hermano se fue con mi mamá a la casa de una tía. En un par de días vuelve. Si necesitas algo que yo te pueda dar, decime nomás pero esperá que me termino de secar.

-¿Ya no trabaja usted, don Mario? –Pregunté

-Me preguntás por lo que me ves acá, ya se. Hoy es mi día de descanso. Trabajo seis días corridos y descanso uno.

Soltó la toalla y quedó desnudo frente a mi. Quedé con la boca abierta. Era la primera vez que veía a un hombre adulto desnudo. Tenía pelos por todos lados pero mi atención se detuvo en sus genitales. Enormes. Seguro tenía cara de asombro porque él me preguntó

-¿Tenés miedo de lo que ves, Cachito?

-No – Dije

-Sí. Le tenés miedo

-No, don, no tengo miedo.

-A ver. Si no le tenés miedo tocala. A que no sos capaz.

Era todo un desafío además de que era lo yo deseaba hacer. Me levanté de la silla y acercándome acaricié lo que se me ofrecía.

-¿Te gusta? – Dijo el hombre

-Si

-Vení

Entramos a su cuarto y  cerró la puerta.

-Chupala un poquito – Pidió

Me acerqué y él la puso en mi boca. Apenas si cabía y cuando comencé a succionar creció mucho más. Todo era enorme.

-Yo se que mi hermano te la mete por el culo, yo los vi el otro día cuando estaban culeando en la pieza. ¿Me dejás que te la ponga yo también? Te la voy a poner despacito y si te duele me decís y te la saco. Dale. Dejate que quiero culear

-Pero despacito, don

-No te hagas problemas. Yo se como se culea, dale

Me pidió que me quite el pantalón y que me arrodille en su cama. Lo hice y de esa manera me penetró. No se cuanto entró de su enormidad en mi cola sí que cuando empujó al final me dolió hasta los ojos. Desde ese día volvía  a esa casa toda vez que podía y más. Con el Tordo lo hacia todos los días y con el hermano una vez a la semana Y me gustaba.

Al hacerlo con un adulto mis preferencias cambiaron ya que tenía un sabor distinto y busqué toda vez hacerlo con un “grande”. Solo una vez fracasé en mis intentos. Si bien ponían retaceos y daban vueltas al tema, siempre me daban lo que les pedía y así pude conocer el sexo con muchos hombres hasta que crecí.

Cuando crecí, fue diferente. Todos aquellos que antes me llamaban a escondidas para llevarme a algún lugar para tener sexo conmigo, se alejaban o me ignoraban al pasar.

En mi lista puedo contar maestros, policías, carniceros, verduleros, choferes de colectivo, mecánicos, carpinteros, etc. Muchos eran casados  pero, mejor…

  Lo cuento en la próxima

escrito por Alejandro
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