Índice » Gays » En mi casa

No era homosexual, o por lo menos no conocía esa parte de mi hasta que conocí a Ramón, un bedel negro que entro a trabajar en el vestuario de mi club, al verlo la primera vez me sentí muy atraído por el, y noté que el me miraba también con interés. Desde ese primer encuentro empecé a tener fantasías eróticas con el cada vez que me masturbaba. Acababa de salir de una relación, y no quería involucrarme con nadie en esos días, pero me sorprendí a mi mismo fantaseando con Ramón. Cada día era más intenso mi deseo. Una tarde lluviosa me fui a duchar y encontre a Ramón duchandose, mire su bello y bien definido cuerpo, el bello color de su piel oscura, y su sexo hermoso. Después de ponerme champú voltee para hablarle y casi me desmayo, Ramón miraba mis nalgas con deseo y su pene estaba totalmente erecto. Mi pene se erecto violentamente y voltee asustado de que hubiera notado mi excitación. Ramón se acerco a mi y me abrazo por detrás diciendome: "No temas, yo siento lo mismo por ti". Sentí su piel cálida en mi espalda, y su sexo erecto en mi trasero, pero no me separe, sino más bien me aprete contra el levantandole mi trasero. Ramón empezo a besar mi cuello, y yo sentí que mi pene explotaría, sus manos empezaron a tocarme sensual y lujuriosamente, y su lengua y sus labios acariciaron mi espina dorsal. Yo gemía quedamente temblado de miedo y placer, y levantaba mi cola instintivamente contra el. Finalmente su boca llego a mi ano, y el deslizo su lengua en mi sin apuro, yo solo gemía de gozo y me apretaba contra su boca. Ramón deslizo uno de sus dedos en mi y comenzo a abrirme viril y lentamente, luego de un rato deslizo un segundo dedo y luego un tercero. Después se levanto y me tomo por las caderas colocando su glande en mi ano, y apretandome contra el comenzo a deslizar los 18 cm de su grueso sexo en mi cuerpo, que se abrió suavemente para el. Sentí un dolor punzante no muy fuerte y sentí como aquel divino tubo de carne se hundía completamente en mi, y me vine en un orgasmo tan intenso que no pude reprimir mis gritos y jadeos de placer. Ramón me apreto dulcemente contra el y me dejo disfrutar aquel momento. Al calmarme empezo a hacerme el amor delicadamente diciendome lo divina que estaba, lo bellas, apretaditas, y firmes que eran mis nalgas, y cuanto me deseaba. Acelero su movimiento y yo me acople a el gimiendo de placer, era algo divino e intenso, Ramón me dijo que me quería, que deseaba que fuera su mujer, y que me amaba, y diciendo esto se vino dentro de mi. Al sentir su cálido chorro de semen, exploto un segundo orgasmo en mi y quede insensible y mareado. Ramón se quedo allí largo rato y volvió a cogerme con deseo. Desde ese día me convertí en la hembra de mi negro precioso. Hace un mes comenzamos a vivir juntos, hemos hecho de todo para satisfacernos el uno al otro, soy totalmente pasiva en en la cama, y nunca imagine que otro macho pudiera darme un placer tan grande, y un sentimiento tan intenso como el que siento con Ramón

escrito por Anonimo
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