Índice » Gays » LA BIBLIOTECA NO ES ABURRIDA

Soy un ratón de biblioteca desde hace muchos años. Me gusta meterme entre los estantes de libros y saber cada vez más del mundo. Sin embargo, también aprovecho para, de vez en cuando, intentar ligar algún chavito estudioso y sabroso, y a veces funciona. Lo mejor, sin embargo, fue descubrir que en el baño de mi biblioteca preferida hay un muy riquísimo ambiente y, por ello, les platicaré una experiencia que tuve. Estaba yo en el estante de libros sobre medicina, cuando, de pronto, vi a un guapo chico moreno que se me quedó viendo. Yo le devolví una mirada braguetera y cachonda, y, con ella, lo seguí hasta que se metió a buscar libros en otra mesa, desde donde me podía ver. Yo tenía mis libros a la mano, por si me había fallado la brújula y me resultara un buga, que se sintiera molesto y me echara bronca. Cuando él me descubrió, tomó sus libros y vino a sentarse frente a mí, no sin antes haberse agarrado muy discretamente el bulto en su entrepierna. Enfrente de nosotros, se encontraban dos chavas estudiando y, a la vez, cotorreando; lo bueno es que nos tapaban de la demás gente. Así pudimos, de vez en cuando, bajar nuestras manos y acariciarnos suavemente nuestras vergas, ya para entonces babeantes y tiesas. De pronto, él tiró un lápiz y, al agacharse a recogerlo, me mordisqueó suavemente el muslo, lo cual, por la excitación de estar en un lugar público, casi me hace venirme. Sin embargo, tenía que estar muy serio, sobre todo por las chavas que teníamos enfrente y que parecían ya haberse dado cuenta de algo, pues estaban calladas, y como que nos miraban muy serias. Súbitamente, el moreno se levantó y me hizo señas con los ojos de que lo siguiera al baño; yo lo hice y entonces descubrí que tiene un rincón, que es como una “esquina mágica”, donde todo mundo está viendo a los que entran al mingitorio, mientras fingen esperar su turno para cagar, incluso hay un pequeño espacio donde te puedes poner y, en forma discreta, agarrársela al que está en el mingitorio cercano; y no sólo no se nota mucho para los que no saben nada y no se las huelen, sino que, además, los que están alrededor y son de ambiente, te echan ojo, aunque no falta la perra que ni picha ni cacha ni deja mamar. Pues como les contaba, seguí las ricas nalgas del moreno hasta ese paradisíaco lugar de placer, en medio de la cultura y ¿qué creen…? que el muy baboso se metió a una cabina, la más pegada a la entrada, donde, obviamente, no podíamos hacer nada. Yo me acerqué a los mingitorios, de los que ya les hablé, y agarré el último, lo que ayudó para que una mano amiga se acercara y me empezara a masturbar suavemente, con una maestría que sólo dan las muchas chaquetas hechas, y con la confianza de quien ya es veterano del lugar. Pues bien, mientras disfrutaba de estas ricas artes manuales, observé que algunos de los que fingían esperar turno, se empezaban a hacer bolita cerca de nosotros. Yo (debo decirlo) soy un exhibicionista de primera, y al ver la rica cara, en especial la boca guagüisera (mamadora) de quien me estaba chaqueteando, aunque sin miedo, me acerqué a un discreto muro, donde el chavo se agachó, tomo entre sus ricos labios mi verga y me la empezó a succionar con un ritmo muy suave. Yo me escogí un ángulo para que pudieran vernos nuestros espectadores y, al mismo tiempo, poder ver si entraba algún vigilante o un despistado buga que quisiera usar el baño para lo que es. Poco a poco, el chavo me fue poniendo a punto, hasta que me sentí tan excitado, que le quité la mano con la que sostenía mi verga y se la dejé ir, hasta casi tocarle la campanilla. Al principio, él no quería, pero poco a poco se acostumbró a que yo usara su boca, como me daban ganas de usar sus nalgas, que se veían ricas a través de su pantalón blanco de estudiante de medicina. De pronto, con el metisaca de mi verga entre sus ricos labios, sentí que no podía aguantarme más y, como buen practicante del sexo seguro que soy, jale mi verga, que él no quería soltar, pues también notó la proximidad de mi venida, y le bañé la cara con mi leche, pues ya no me dio tiempo de alejarme de él. De repente me dio pena verlo bañado de leche, pero luego se me hizo muy tierno y, aprovechando que llevaba un paliacate, lo limpié y le di un beso para que no se enojara por no haberlo dejado tragarse mi esperma; y no es que yo crea tener sida, pero como dice mi cuate, nunca sabes si te lo hayan acabado de pegar y no tienes derecho de perjudicar a nadie. Por eso, ni me descuido y tampoco pongo en riesgo a otros. Al salir, pase junto a la cabina donde estaba el moreno, que me había llevado hasta allí. Abrió su puerta cuando me vio venir, y lo vi acariciando una rica y proporcionada verga. Metí mi mano para sentirla calientita, llena de venitas y babosa por lo que acababa de ver. En ese momento, noté que quienes me habían hecho casita se movían rápido, y la solté justo a tiempo, para que cerrara su puerta y yo fingiera estar orinando, mientras entraba un policía con cara de haber olido algo, pero que no pudo pescar a nadie. Así que ya lo saben, ir a la biblioteca, como dicen los sabios maestros, además de brindarte conocimiento, te da el placer de saber…

escrito por Anonimo
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