Índice » Gays » Me rompieron el culo...

 Bueno, aquel día era tan normal como cualquier día de escuela y trabajo. Ya eran casi dos meses de hacer lo mismo: toda la mañana en la Universidad, la tarde en el trabajo y a veces por las noches, como ese preciso martes, ir al gimnasio a levantar pesas.

Había elegido exactamente ese, porque la atención de los instructores era en verdad muy buena tal vez porque eran los dueños quienes te atendían personalmente. Uno de ellos, Ron se portaba de lo mejor conmigo y en repetidas ocasiones al finalizar la rutina solía invitarme algún trago en los bares cercanos. Pero aunque gustoso hubiera aceptado su invitación, nunca había podido ir a la copa con él. En verdad me agradaba.

Ron tenía aproximadamente diez años más que yo, me gustaba para que tuviera unos 30. Su cuerpo, obviamente por el oficio, era una reproducción adonisiaca: cada músculo lo tenía cincelado con una maestría formidable y seguro, alcanzaba el uno noventa de estatura. Era de cabello algo rubio y ligeramente por abajo de los hombros. Claro, sus tiempos en los Estados Unidos le habían llenado de un no sé qué anglo...Pero lo mejor de todo, es que era de una simpatía formidable.

Aquella noche salí del trabajo más tarde que de costumbre, no sé, tal vez eran las ocho y media de la noche pero de cualquier manera me dirigí con todo y maletas al gimnasio.

Al llegar me regocijé al ver que estaba prácticamente vacío, la clase de spinn acababa de terminar y sólo quedaban algunos retardados -como yo- en los aparatos.

Ron me saludó como siempre, afectuoso y emocionado porque creyó que no iría esa noche. Y yo simplemente le choqué las manos y espere con paciencia a que me dictarA mi rutina mientras me dirigía rumbo al vestidor.

Desde que comencé mis visitas al gimnasio y lo conocí, pude darme cuenta que era un tipo bastante pulcro: siempre olía delicioso. Pero claro, entre nosotros los hombres casi no nos decimos "qué bien huele tu perfume, cómo se llama". Aunque eso no quiere decir que no sepamos reconocer la estética masculina y en este caso, Ron era un verdadero galán con sus cejas densas que parecían sostenerse por unas pestañas curvas y largas.

Me puse unas bermudas que se sostenían en las caderas gracias a un cordoncito blanco. Eran unas que me había regalado mi ex-novia cuando cumplí 20 años, con las que según ella se me notaban una nalgas deliciosas: "redondas y paraditas".

Durante la hora y media que estuve ahí, crucé algunas palabras con Ron y otro chavo que se ejercitaba, nunca imaginé cómo cambiaría mi vida después de esa inocente sesión de ejercicio.

Cuando me dirigí al último cuarto con toda la intención de hacer abdominales, Ron me siguió y me dijo: "¿vas a hacer abdominales?, yo te acompaño porque no he hecho las mías" y luego posó su mano sobre mi hombro, actitud que me pareció de lo más normal pues seguido lo hacíamos.

Cuando estuvimos tumbados en la alfombra pude ver en el gigantesco espejo que esas sesiones ya me tenían con el abdomen marcado y los bíceps llenos de hinchazones con todas las venas a punto de reventar.

Ron comenzó a hacer crunches y me obligó a seguirlo, "uno, dos, no Aníbal no los estás haciendo bien. A ver otra vez", me decía mientras posaba la palma de su mano en mi estómago.

No sé qué sucedió, Ron estaba muy atento a mis ejercicios como buen instructor que es...yo jadeaba como loco por el esfuerzo y no me desagradaba por ningún motivo que estuviera presionando con fuerza el músculo abdominal, todo lo contrario, me ayudaba.

¡¡¡Ay, aahh, ya no puedo!!!, dije sofocado y con los pulmones sin aire, pero Ron me exigía más diciendome que yo podía cuando de pronto ya casi estaba encima de mí sosteniéndome los codos -que tenía cruzados por atrás de mi cuellos- y sus rodillas enmedio de mis piernas dobladas en un ángulo de 90 grados. Era mucho el sudor y mis jadeos, ya estaba incluso, algo mareado y con un zumbido en los oídos.

De pronto, todo el panorama se me nubló y nada más existió una cosa: los grises ojos de Ron que me veían cada vez con una ternura extraña. Lo ví fijamente y mientras fuí bajando mi espalda hasta tocar el piso. Nos quedamos callados.

Ron metió las manos por debajo de la playera empapada de sudor y la recorrió hasta mi cuello. No sabía qué estaba haciendo, me sentía tan extraño y fuera de mí como la primera vez que estuve con una mujer.

Total que me dejé hacer, una locura rara se había apoderado de mí y ya comenzaba a jadear porque Ron me lamía todo el sudor del pecho con su lengua extrañamente rasposa, como si fuera de gato.

Luego pasó a mi cuello y lo chupó y mordisqueó haciendo que mi sexo se endureciera como un gran trozo de metal, estaba literalmente ardiendo. Sus manos no dejaban de moverse por todo mi cuerpo, me acariaba las piernas, las caderas y la verga por encima de la bermuda.

Luego se acerco a mi boca y a pesar de mi temblor, logró atrapar mi lengua con la suya, muy rasposita y rica. Incluso su saliva tenía un sabor especial, así como a menta.

Decía "siempre soñé con esto, desde que te conocí quise meterme esa preciosa verga que tienes en mi boca". Al escuchar eso me sentí a punto de vivir algo todavía más inolvidable.

Ron me quitó las bermudas y luego arrancó con fiereza mis calzoncillos, tomó con la mano derecha mi miembro caliente y se lo metió casi entero a sus fauces, lo acaricio y llenó de saliva. ¡¡¡¡¡¡Ah, delicioso papi, delicioso, sigue!!!!!, le grité como perrra en celo.

Ya que me tenía más duro que una roca me tomó de las caderas y me puso boca abajo con las palmas contra la alfombra. Comenzó a besarme y morderme la espalda, y yo involuntariamente levanté las nalgas...

Cuando hize ese movimiento, el tipo se puso como loco y se fue directito, así como perro hambriento ante plato de comida hacia mi culo...Me las mordió y ensalivó hasta el cansancio, y yo estaba pero si ladrando de placer, gritando como putita ¡Ron, Ron, ah, Ron!...

Eso no fue todo, luego con sus manos abrio mis nalgas y yo, todo jadeante, esperaba algo...Pero no. Las abrió y -estoy seguro- que vio mi asterisco que palpitaba...Pronto comencé a retorcerme a sí con el culo bien abierto...

Fue la locura cuando hundió su lengua en toda la raja, de los huevos a mi ano...Grité como perra...Me lamió concienzudamente todo el agujero y lo llenó de saliva...

Cuando retiró su lengua comenzó a sobarme las nalgas y  de pronto sentí una tremenda víbora rondándome el culo...Quién sabe por qué no pensé en lo que sucedería, cuando....¡¡¡¡¡AAAyyyy!!!!! ¡Me metió su barra de un sólo el golpe!...

¡Ya no, papi, me duele!, le decía como toda una virgencita. Ron me ignoró y continuó moviendose, cabalgándome mientras me jalaba del cabello con una mano y con la otra me sobaba los huevos y las nalgas.

Pronto comencé a sentir placer, placer ¡¡¡¡mucho placer, porque tenía el agujero lleno de saliva y de lubricante seminal que salía de la verga de Ron!!!

¡¡¡¡¿¿Te gusta cabrón???!!! me preguntó Ron con un puñado de mi cabello en su mano. Me dolía y me gustaba...¡¡¡Sí papi, también yo quería esto, tienes una verga bien rica!!!!

Cuando ya casi se iba a venir, tomó mi fierro -que ya estaba flácido- y comenzó a masajearlo...Me puse como loco, porque sentía el culo maravillosamente lleno y mojado y mi verga totalmente maseajeada.

Grité como perra cuando le bañe de semen su mano y sentí el de él correr por mis nalgas...´También un chorrito de sangre corría por mis piernas.

Ron se agachó y comenzó a lamer el semen y la sangre que tenía en  mis piernas.

Todo fue riquísmo, nada más que llegué a mi casa caminando con los piernas abiertas. Pero todavía en la noche, me masturbé pensando en Ron...

A veces voy, y me coge...Una vez me sangró, como la primera vez...

 

 

 

 

 

escrito por Anonimo
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