Estrellas Porno
Índice » Gays » Mi primera vez

Todo fue por el teatro. Eran los días de Facultad y todo era posible entonces. Yo era buen estudiante y tenía mucho tiempo para dedicar a otras actividades. Cuando Vicente me ofreció hacer una obra de Jean Genet, me pareció maravilloso. No conocía ni al autor ni la obra, pero me prometía no se qué maravillas. Me dijo que en su habitación -vivía en una pensión en el barrio gótico- tenía diez ejemplares y que le acompañara a buscar uno. Y alla fuimos, charlando de teatro con mi total y plena inconsciencia, a pesar de mis 18 años cumplidos. Ya en su habitación, con la ventana abierta a un mediodía de primavera empezamos a mirar libros. Yo me senté en el suelo y se colocó a mi lado y me pasaba los libros y me señalaba párrafos interesantes. De repente, quedé petrificado, sin saber ni qué decir, ni qué hacer. Vicente estaba pegado a mi y su mano me acariciaba la nuca, con suavidad, con cariño. No sabía qué hacer, ni sabía qué sentía, ni si sentía algo. Cerré los ojos y me recosté en su hombro para no caer desmayado. Vicente consideró este gesto como mi sumisión y tomó mi cara con sus dos manos y acercó mis labios a sus labios. Y me besó con pasión, con hambre, con sed, con locura... Siempre con los ojos cerrados, yo le devolvía los besos en una guerra de lenguas y un intercambio de salivas. No sentía el resto del cuerpo, tan sólo su calor. Sin saber cómo, estábamos ya tendidos en su cama, sin dejar de besarnos. Yo no había abierto los ojos en todos ese tiempo y sólo besaba y besaba aquella boca y me dejaba acariciar y desnudar por aquellas manos. Me desabrochó los pantalones y los bajós hasta mis rodillas, junto con los calzoncillos... Luego subió mi camisa y mi camiseta lo más arriba que pudo y siguió con sus caricias. Yo no me movía, pero me dejaba hacer. Mi polla no reaccionaba, no sentía deseo alguno. Me hizo dar la vuelta y así pude ocultar yo mi cara en su almohada mientras él, sin condones ni nada, me penetraba con suavidad. Escribo con suavidad, porque no recuerdo dolor alguno... ni placer tampoco. Oía sus jadeos y sentí al cabo de un rato mi ano húmedo... El se tumbó jadeante a mi lado y siguió acariciándome suavemente. Me volteó de nuevo y me besó. Y nos besamos de nuevo. No sé cómo ni de qué manera nos levantamos y sin lavarnos, me vestí de nuevo y me acompañó hasta la parada del autobús que iba a mi casa. Antes de salir me dió el ejemplar que me había prometido y me despidió cariñoso. Cuando llegué a casa no quise comer. Me encerré en el baño para sacar aquel líquido viscoso que bañaba mis entrañas y eché toda la mierda de una semana. Y me lavé con violencia en la ducha arrancándome sus caricias y su saliva... y sin poder dejar de llorar. Me sentía sucio y mal y llamé a un psicólogo conocido. Con el tiempo supe que el psicólogo era también gay, aunque no había salido del armario. En aquellos años nadie. Vicente me perseguía a diario y quería llevarme a su habitación de nuevo y me prometía regalos. Yo nunca acepté nada, ni volví con él, aunque no lo negué abiertamente. Había desvirgado mi hermoso culo un chico mayor que yo, poco atractivo y no estaba dispuesto a ceder más. Me lié con todas las chicas que pude e intenté olvidar lo sucedido. Pasó a ser como una mala película. Pero con el tiempo descubrí que aquello me gustaba, que era como una perra en celo a la que le gusta que la follen. Y me dediqué a buscar sexo... Pero eso ya es otra historia que les iré contando, si quieren, poquito a poco...

escrito por Anonimo
Añadir a meneame Añadir a del.icio.us
¡Puntúa este relato! ¿cuantas estrellas merece?


Menú privado
Envianos tu relato erótico
Webs Amigas