POR UN PÀJARITO
A veces traigo a mi memoria mis primeras experiencias sexuales apenas entraba en la adolescencia: vivía en Maracay cerca de la laguna de Valencia y como era natural mi infancia transcurrió en un mundo donde la inocencia de los más pequeños era aprovechada por los más grandes. Regularmente el inicio se daba cogiendo o dejándose coger. Recuerdo que en una oportunidad un grupo de varoncitos se reunió para ver quien lo tenía mas grande y finalmente acordamos, éramos cinco, que todos daríamos el culo a los demás, y para eso hicimos un sorteo. Estábamos en la carpintería del papa de Antonio, Toñito por ser el más carajito, un polaco que vivía en esa barriada: y como era natural fue él el primero en tener que darlo. Toñito era un carajito rellenito con un culito bello que no tardo en poner a nuestra disposición. A mi me toco de tercero y reconozco que apenas se lo pude poner entre las nalgas y darle una que otra “empujada” sin penetrarlo, sin embargo Anibal, que era el mayorcito, aprovechando todo los líquidos que habíamos depositado en aquel hoyito rosado, logro penetrarlo y sostenérselo un rato adentro a pesar de la oposición de Toñito que soporto un rato aquello, muy callado, hasta que logro sacar aquel miembro de su culito adolorido. Terminado el acto Toñito reclamo su turno y el sorteo para ver a quien le tocaba darlo. Se hizo el sorteo y le correspondió a un negrito que llamábamos “caraota”, poniéndonos de acuerdo en realizar el acto en una fábrica abandonada que estaba cerca de allí. Nos dirigimos al lugar y justo cuando estábamos dentro de la construcción, salió un loco a quien llamaban “Melenas” y todos salimos corriendo para la casa sin que culmináramos la faena. El pobre Toñito reclamaba a diario su parte formando una gran “garizapa” sin que lograra nunca su cometido: al final todos nos reíamos de la mala jugada que le hicimos al polaquito. Por cierto nos enteramos después que Anibal le cojió nuevamente, pero con su consentimiento.
Unos años después me mude a otro barrio y como es natural conocí nuevas amistades, entre ellas a Jesús, un moreno flaco y feo, mayor que yo en dos años, que tenía como afición ir a cazar pajaritos a los alrededores de la laguna que no quedaba tan lejos de nuestro barrio. Le veía salir temprano con una “trampajaula” y casi siempre regresaba con varios pajaritos atrapados. Mi interés fue creciendo por la cacería al punto que le pedí que me llevara para ver como lo hacía y me preparé para acompañarlo al otro día.
Esa mañana Jesús preparó la pega, la trampa jaula y el pajarito pitador que servía de señuelo. Cogimos camino por las trochas de los caminantes hasta llegar a un bosquecillo donde Jesús coloco la trampa. Luego nos escondimos agachados detrás de unos matorrales. Jesús se colocó detrás de mi, casi encima de mi y me hizo señas para que guardara silencio. Al rato de estar alli sentí como sus manos acariciaban mis nalgas y uno de sus dedos tocaba mi ano e intentaba penetrarlo apenas: yo me sobresalte, pero el me dijo que hiciera silencio porque ahuyentaba las aves. Por momentos cesó en su afán y en pocos minutos efectivamente logramos capturar nuestra primera presa. Jesús me dejo tomarla entre mis manos y la guarde en la otra jaula que llevábamos. De pronto se hizo a un lado y sacó su miembro para orinar y sin poderlo evitar pude verlo muy cerca: era largo y delgado, su cabeza pequeña y de color oscuro; lo tenia semiparado y el chorro de orine era fuerte. No aparte mi vista de aquello hasta que lo guardo
_Tu no tienes ganas de orinar?-me pregunto.
_No, le conteste algo asustado, retirando mi vista de su entrepierna.
_Tu no has cogido a nadie, a una burra, a un marica, a nadie?
Le conté a Jesús lo que había pasado con Toñito y reímos del cuento por un buen rato.
_Oye pepito y a ti no te gustaría probar como Toñito…tu sabes?
_Porque no seguimos cazando, se va a hacer tarde y no quiero que me regañen en la casa. Le replique con cierto recelo viendo sus intenciones y mi debilidad ante su acoso.
Jesús coloco nuevamente la trampajaula y nos dirigimos nuevamente al matorral donde, como la vez anterior, se colocó detrás de mi, pero ahora mas cerca. Nuevamente comenzó sus escarceos, pero ahora metió su mano entre mis nalgas, por dentro del pantaloncito, una pieza elástica sin correa que era muy fácil de bajar. Sentí su dedo penetrar mi ano, ahora con mayor profundidad. Ya yo no tenía fuerzas para detenerlo, sentía un deseo intenso de dejarlo hacer a pesar de mis temores. Jesús aprovecho mi silencio y me propuso.
_Te doy el pajarito que cazamos si me das el culo.
Me quedé callado por un momento y volteando a verle le respondí muy quedo con cierto amaneramiento.
_esta bien, pero no se lo digas a nadie.
Dicho esto, Jesús termino de bajarme los pantalones a las rodillas mientras hacía lo mismo con los suyos dejando ver aquella lanza negra que había visto orinar hacía pocos momentos. Con sus manos abrió mis nalgas, depositando un calido beso en el ano, que me hizo estremecer de una forma que nunca había sentido: fue divino. Luego lo vi. colocar un escupitajo en una de ellas y bañar aquella cabeza puntiaguda que colocó sin
titubear en mi rendija. Yo apreté mi hoyito ante el intruso, pero afloje cuando Jesús me dio un golpecito en el abdomen, aprovechando para meter su cabeza y un trocito de su bicho. Yo aguante, confieso que me dolió, pero ya no había marcha atrás: Jesús me estaba cogiendo por el culo y me estaba gustando. Pienso que desde hacía tiempo quería ser sodomizado, quizás cuando entré en el sorteo del barrio El Carmen ya lo deseaba. Por mala suerte no fui el primero.
Esa mañana supe lo que era recibir la leche de un macho por detrás y sentirse deseado como toda una hembra. Se lo di dos veces esa mañana y en ambas lo sentí venirse en mi. Después le dije que quería ver como su guevo echaba leche y se hizo la paja frente a mi, observando como derramaba su semen sobre el monte ante mi sorpresa. Jesús me enseño a masturbarme y me hizo acabar por vez primera enseñándome a tener orgasmos mientras me penetraba así como a mamársela hasta tomarle la leche.
La cacería de pajaritos se hizo consuetudinaria y duro varios meses hasta que nos mudamos. Durante todo es tiempo lo consideré mi marido: creo que hasta me enamoré de él considerándome su novia cuando estábamos solos. No se que es de su vida hoy en día
Luego de esa experiencia homosexual tuve varias novias con las cuales sostuve relaciones que me satisfacieron plenamente: posteriormente me case tuve hijos y creo que me consolidé como heterosexual, sin embargo a veces me recuerdo de estas experiencias y siento cierta rosquillita y gusto cuando mi mujer me besa los glúteos y juega con mi año, el cual penetra de vez en cuando en nuestros momentos íntimos.