Estrellas Porno
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RIO DULCE (I) El agua del río de la comunidad de El Platanal estaba muy fría, a pesar de que ya eran mas de la cuatro de la tarde. Keni, un muchacho de no mas de veinte años se bañaba desnudo, chapoteando y haciendo alarde de sus conocimientos natatorios. Yo, en la orilla, saboreaba un trago de ron con Coca Cola, que movía incesantemente con el dedo índice de mi mano derecha. Recién terminábamos de trabajar en un proyecto social que el gobierno pensaba acometer en aquella comunidad. Habíamos llegado muy temprano a Platanal, en horas de la mañana, para luego de terminar las labores decidir internarnos en las selva e ir hasta el pequeño río ubicado a 10 kilómetros de la comunidad para bañarnos y descansar un rato antes de regresar a la ciudad. Aquel paraje solitario, rodeado de un verdor inclemente, era una paraíso terrenal donde la naturaleza nos absorbía como por arte de magia. Keni era un mozo que había conocido por intermedio de mi mujer, y en el momento de surgir este estudio se me ocurrió utilizarlo para que me ayudara en algunas cosas, además de que me servía de compañía durante el camino, ya que el lugar quedaba bastante retirado del sitio de partida. Era un muchacho muy despierto y dicharachero, algo que me agradaba. Su contextura era delgada, pero fuerte, el color de su piel bastante morena, curtida por el sol. Su cara cuadrada con pómulos salientes, ojos negros y una blanca dentadura detrás de una boca pequeña de labios muy finos que sonreían a cada instante. Durante el viaje hacia la comunidad, Keni, “curiosiando”, como todo muchacho, tomó una agenda vieja que tenía entre sus páginas algunas fotografías pornográficas, entre las cuales había una relación de lesbianas. Ante el interés que tomó por aquellas gráficas, le pregunté con picardía: _ ¿Que te pasa ¿ ¿nunca habías visto fotos de parejas singando?. _ Si, pero de cachaperas no. _ No me digas...¿y de maricones?... Keni permaneció mudo por un momento y reaccionó. _No vale....de maricos no he visto fotos.... _ ¿Qué te pasa?..tu como que tienes tu historia.....¡cuéntame! nuevamente Keni permaneció en silencio, y al rato replicó. _ ¡Esta bién!, hay algo, pero eso me paso cuando yo estaba mas carajito. _ Sí, ¿y que te paso pues?¿te cogieron?, mira que chiquito no vale. _ ¡Cogerme!, a mí. ¡que vá! ¡Yo fui el que cogió!.Te lo voy a contar de pana, pero eso sí...no se lo cuentes a nadie. El Muchacho, pareció tragar saliva ante de iniciar su relato, mientras que yo, mirándole de reojo continuaba atentó la conducción del vehículo que avanzaba a una velocidad media, tragándose la carretera por debajo de su carrocería. _ ¡Cuéntame la vaina pues! -le increpe-, ¿qué estas esperando?...si te arrepentiste, dímelo, porque ya me despertastes la curiosidad. _ Okey,.. pero eso si.......¡mosca!¡ciudado con una vaina y se te afloja la lengua _ No vale, despreocupate, seré una tumba, una pared. Confía en mi chamo. Lo cierto fue que comencé a sentir cierta excitación por lo que podía haberle pasado al muchacho y la curiosidad me mataba. Keni se acomodó en el asiento y me dijo: _¿Falta mucho para llegar? _¡Coño vale! Me vas a seguir vacilando-le contesté. _Bueno, esta bien, ahí va. Resulta que en mi pueblo, hace dos años, cuando yo iba para la escuela, había un tipo, como de veinte años que siempre me decía cosas raras, como si yo fuera una carajita; me ofrecía dinero, me daba caramelos y cuanta vaina se le ocurría. Poco a poco fue ganándome la confianza hasta que un día me invitó a buscar unas reses en el campo. Esa tarde me jubilé de la escuela y me fui con él hasta un fundo que era de su papá. Allí montamos a caballo y luego de pasillanear largo rato me invitó para un río. Como no traíamos mas ropa que ponernos, nos desnudamos y lanzamos al agua casi de inmediato. Augusto, que así se llamaba, se había ganado mi confianza, pero no me gustaba la forma extraña como me miraba a veces, y eso me daba cierto escalofrío en el cuerpo. Luego de zambullirme en el agua varias veces, decidí salir a la orilla desde donde Augusto me observaba fija y detenidamente. Avance casi directamente hacia él, sintiendo su mirada fija en mi pene y me preguntó con cierta malicia. _¿tu eres virgo Keni?..¿todavía no te han sacado la leche? Aquella pregunta me dejo como petrificado, mientras Augusto no me quitaba la vista de encima. _ Todavía lo tienes encapullado, tu como que no te has tirado ni con una burra todavía El susto que me dió, me dio ganas de salir corriendo, pero no podía darle muestras de tener miedo y le contesté: _ ¡Claro que me he cogido mi burrita vale! _ A lo mejor, porque lo tienes grande para tu edad,..¿y le acabaste? _ ¡Claro! Claro que le acabe, ¿qué te creías tu? Dicho esto salí corriendo y me metí de nuevo al agua. Augusto me siguió y se colocó a mi lado. Ya dentro del rió, se me acerco y mientras hablábamos, el agua nos daba mas arriba de la cintura, sentí como una de sus manos rozaba mi miembro. Al principio creí se trataba de algo accidental, sin embargo al continuar la conversación note como se insinuaba tratando de enseñarme sus nalgas, colocándose de espaldas a mi y agachándose continuamente. A todas estas mi guevo comenzaba a tener una leve erección, cosa que Augusto noto inmediatamente, y como una águila cazando su presa, se lanzó raudo a atraparlo entre sus garras. _Chamo, tu pija como que quiere pelea..mira, tiene ganas de pararse. Yo me sonroje y subí la vista mientras mi boca dibujaba una risa pícara y burlona. _ Ay vale, tu como que quieres que yo te coja-le contesté. A todas estas ya Augusto, muy cerca de mi, tenía mi miembro en una de sus manos y luchaba por pelarme la cabeza del pipi, halándolo suavemente hacia atrás, mientras se reía y adoptaba una voz amanerada. _Si papito, adivinaste. Hace tiempo quiero que seas mi maridito. Aquellas palabras me hicieron retroceder un paso, pero ya aquel hombre..o mujer, estaba decidido a seducirme. Sin dejarme pensar se sumergió bajo el agua y sin mediar introdujo mi miembro en su boca, mordiéndolo suavemente. Ya las cartas estaban echadas, me lo tenía que coger para poder regresar a casa. Salimos del río tomados de la mano y al llegar a la orilla Augusto se acostó boca abajo y me miró volteando su rostro hacía mi como invitándome a proceder. Acostado como estaba, mis ojos se pasearon por su cuerpo, completamente desnudo, lampiño y con una color de piel morena, tostada por el sol. Su culo era bastante grande para ser de hombre y hasta bonito. _¡Que estas esperando! Me gritó en voz alta. A todas estas mi miembro tenia una soberbia erección y era la primera vez que lo iba a meter en algo que no fueran mis manos. ¡Debutar con un marico!-dije para mis adentros-y me dirigí decidido hacia mi presa. Augusto levanto su pompi y con sus manos abrió aquellas duras nalgas, dejando al descubierto aquel orificio que le quitaría el virgo a mi pijita. Tomé mi verga con una mano por el medio y dirigí su punta hasta el aro que me ofrecía aquel maricón de mierda. Acto seguido se lo empuje con fuerza hasta penetrarlo a la mitad. Augusto soporto mi arremetida ayudándome en sentido contrario mientras lanzó un quejido quedo pero Profundo, acompañado de una letanía. _Tuya mi vida...mi carajito..tuya..tuyita..métemelo todo y acábame adentro porque quiero sentir esa lechita caliente en mi culo. Ya perdido el miedo y decidido a acabar lo mas pronto posible, comencé a entrar y salir con bastante rapidez mientras que él se movía en forma de molinete haciéndome sentir un exquisito placer. Así estuvimos varios minutos hasta que de pronto sentí como si el mundo se me viniera encima, me fui hacia delante, tomándolo con mis brazos por la cintura, atrayéndolo hacia mi, para metérselo hasta la empuñadura, mientras Augusto, gimiendo de placer gritaba agitado. _Si papi, si..ahora..ahora,,,échamela toda, ¡córrete papito lindo!.gritaba como poseído mientras que con su mano derecha se masturbaba aceleradamente. Por momentos me pareció estarme desangrando por la verga, nunca había acabado dentro de algo y para mi aquello era algo novedoso. A pesar de lo apretado de aquel culito, el chorro que eyaculé fue algo increíble. Augusto retozaba de placer mientras eyaculaba al ritmo de su mano. _ ¡Que rico coño!.que divino es dar ese culo. Divino papito. Cuando retire mi miembro de entre su nalgas, un goteo de semen salió de su ano mientras dormitaba sobre la colchoneta que había traído expresamente para esa ocasión, por lo visto ya calculada de antemano. Dejé a mi compañero de aventura y corrí al río donde me zambullí varias veces hasta que mi marico se levanto e hizo señas para irnos al pueblo, ya estaba anocheciendo. Durante el camino de regreso hablamos poco. Apenas nos veíamos a la cara. Cuando llegamos al pueblo, me bajé del caballo y me iba a dirigir a la casa, cuando me detuvo y me dio un fajo de billetes mientras me decía. _Espero que te haya gustado y no te olvides de mi. Cogí el dinero y me perdí corriendo por la calle rumbo a mi casa. Esa noche no pude dormir casi, acordándome de lo que me había ocurrido esa tarde. _ ¿Y te seguiste cogiendo al marico? _....bueno una tres veces mas...cuando necesitaba dinero-contestó con una risita maliciosa. Apenas terminaba de contarme su historia cuando avistamos la comunidad donde íbamos a trabajar ese día. _Bueno carajito,Platanal a la vista, se acabo la habladera de paja,¡a trabajar! Mientras observaba a Keni bañarse, como Dios lo trajo al mundo, pensé en Augusto y el banquete que se había dado con aquel capullo. Ahora mi niño lo tenía algo mas grande y con mas experiencia. Salió del río caminando hacia mi, y sin poder evitarlo, mi mirada libidinosa se poso en aquel miembro moreno que amenazante presentaba una erección cuyas malas intenciones eran mas que determinantes............ II Keni estaba ahora frente a mi, amenazador, sabía que los tragos de ron me habían ablandado, y en mas de una oportunidad me había observado mirándole el cuerpo con lujuria. Aquella historia de Augusto estaba latente en mi, daba vueltas en mi mente y Kení era un potencial enculador de maricones; quizás no solo Augusto había pasado por sus armas. Lo cierto es que al verle parado tan cerca, con aquella herramienta hermosa a medio parar y su cabeza púrpura brillando; mis fortalezas se convirtieron en debilidades. Tanto tiempo guardando mi secreto y en solo unos minutos, un carajito me estaba poniendo a su disposición. Sobreponiéndome a mis deseos lo increpé: _ ¿qué te pasa chamo? Estas birriondo. _ No, solo quiero que me des un trago, para ponerme en nota. Tomé la botella y le serví en un vaso de cartón que estaba detrás de mi, debiendo voltearme, dejando al descubierto mi trasero. En ese momento sentí como dirigió su mirada a mis nalgas. A mis treinta años era un futbolista activo y mi cuerpo no era nada despreciable. _ Ricky, todavía estas duro, Se te puede jugar un quintico.-me dijo el muy desvergonzado, a sabiendas de que ya había descubierto mi lado flaco. Desde donde estaba sentado, dirigí el vaso hacia una de sus manos, lo que aprovecho Keni para llevármela cerca de su miembro. Traté de retirarla, pero él me lo coloco en la mano a cambio del vaso de licor. Seguidamente introdujo su polla en el trago y se acerco donde yo estaba, de tal forma que su pene quedo frente a mi cara. _ ¿Quieres probar este trago?- me pregunto. No supe que hacer en ese momento, si resistirme, armar un escándalo o liberarme de una vez por todas. Finalmente opte por lo que hacía mucho quería hacer. Como un desesperado tome con mi mano aquel miembro, ya erecto en su máxima expresión, y lo introduje en mi boca, no sin antes acariciarlo con mi lengua alrededor de su glande y luego sus bolas. Ya no podía detenerme, quería que me enculara, quería tomarme su leche, quería ser su puta. Acto seguido lo obligue a sentarse a mi lado mientras continuaba succionándole sus mieles al tiempo que lo masturbaba suavemente, tal como lo había visto en los videos gay de Fotos Privadas. No tardo aquel mancebo en llenar mi garganta de aquel viscoso y agrio líquido seminal, el cual trague hasta el último sorbo, mientras se estremecía eyaculando. _ Ahora me toca a mi-le dije, y me levante para colocarme de espalda a su cara, buscando con una de las manos su exprimido pene para colocarlo en la puerta de mi ano. Keni, viendo mi desesperación, me ayudó, abriéndome las nalgas para que aquella puya agotada pero aún erecta, comenzara a penetrarme. Primero sentí entrar su pequeña cabeza, para luego dar paso al resto de su miembro. Me dolía mucho y traté de sacarla, pero Keni me tomo por la cintura y me halo rudamente de forma que su tallo me penetró totalmente. Así permanecí, sentado sobre mi trono, hasta que el muy pícaro comenzó lentamente a moverse en redondo mientras yo intentaba hacerlo hacia arriba y hacia abajo. Duro poco tiempo para que nos sincronizáramos y pudiésemos acoplar nuestro coito al ritmo de una cadencia llena de suspiros y palabras de amor. _Mi amor, soy toda tuya..de ahora en adelante seré tu putita, tu zorra, tu marico. Te amo. Rómpemelo chico malo. Tómalo como quieras, ¡partemelo! Al mismo tiempo que Keni me enculaba yo comencé a masturbarme; mi pene tenía una erección como nunca y mis manos trataban de que mi orgasmo coincidiera con el de mi ahora marido, quería sacarle la leche de nuevo, algo que logré a costa de tener que aguantar mi eyaculación en una oportunidad. De pronto cuando Keni me llenaba de besos y mordisquitos en la espalda, sentí el latir su verga, señal inequívoca de su orgasmo y me deje caer sobre sus piernas abriendo las nalgas para que entrara toda su verga en mi culo, y depositara en él, con la misma fuerza de la vez primera, aquel chorro de semen cuyo calor quemó mis entrañas. Seguidamente moví la mano para que mi pene descargara todo el liquido sobre la arena al tiempo que mi recto convulsionaba cual mano sobre su redondo trozo de carne. Exhausto me eche hacia atrás y coloque mi espalda sobre su pecho, sin sacarlo, hasta que aquella serpiente, ya flácida, salió de su cueva para descansar. Luego me voltié lentamente y busque aquellos labios finos, depositando en ellos un sensual beso que recibió gustoso con la respuesta de una lengua muy dulce y larga que chupe como un sediento hasta saciarme. _Esta tarde no la olvidaré jamás mi amor. _Quien no la va a olvidar nunca será tu culito- me respondió. Me paré de un solo brinco y corrí hasta el jeep para mirar la hora y llamé a Keni. _ Mi amor, vámonos, que se nos hizo tarde y tengo que buscar a la catira. En el camino de regreso me tocó recordarle a aquel bandidito: _ ¡Mosca!¡ciudado con una vaina y se te afloja la lengua _ No vale, despreocúpate, seré una tumba, una pared. Confía en mi chamo. ANGEL

escrito por Anonimo
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