UNA NOCHE AGITADA
Por: Touya
Este relato esta basado en un hecho real. En él les cuento la pérdida de mi inocencia y la manera en que me inicié en el sexo. Sin más preámbulo, comienzo con mi historia.
En ese entonces tenía 18 años, 1.75 de altura, piel blanca, los ojos castaños, al igual que mi cabello, y gracias a ser tan delgado había logrado marcar leve y fácilmente mis músculos.
A esa edad todavía no pensaba demasiado en sexo, veía a mis compañeros del colegio que hablaban de sus aventuras sexuales con mis compañeras, pero como que a mí no me interesaba el tema, me dedicaba simplemente a los estudios.
Un día, al salir de clases, camino a casa, escuché que alguien trataba de llamar la atención con el claxon de su automóvil, se trataba de mi padrino. En ese momento nunca me había llamado la atención, su nombre es René, él es alto debe medir 1.85, es de tez apiñonada, con barba de candado, y cuenta con un cuerpo muy bien desarrollado toda vez que acostumbra a ir al gimnasio para ponerse en forma.
Él se estacionó y yo me aproximé hacia donde se encontraba, él bajo la ventanilla de su camioneta y me dijo.
-¿A dónde vas muchacho?- Me preguntó con su voz ronca y varonil que siempre lo ha caracterizado.
- Voy a mi casa- Contesté
-¡Yo la mera verdad, ando de parranda y como me caes a todo quería ver si me acompañabas!
-E. . . este yo, no se si deba en mi casa me esperan y. . .
-¡No te hagas el remolón, yo invito todo!, además ya hablé con tu madre y dijo que no hay bronca. ¡Anda, súbete que no tenemos todo el día!
-B. . . bueno, como usted diga. . .
- Ay pinche chamaco, cuántas veces te lo he dicho ¡No me hables de usted dime simplemente René a secas!
-Pues como tú digas René.
- Eso me parece mejor.
Me subí inmediatamente a la camioneta, y nos pusimos en marcha.
- y ¿a dónde vamos a ir?
- Hoy te vas a convertir en un hombre. ¡Te voy a llevar a un lugar donde hay unas viejas bien efectivas, con unas chichotas y unas nalgotas bien apetitosas!
-¿N. . . nalgotas dijiste?- pregunté con un semblante congestionado de pena y asombro.
-¡Claro que son "putonas" pero dan un servicio de primera cuando te las "coges"! ¿A poco no te gustan las viejas? – me preguntó entre estricto y bromista
-¡Claro. . . claro, que me gustan y mucho. . .! –Le respondí. Aunque en ese momento todavía no lo aceptaba, siempre me llamaron más la atención mis compañeros de clase que mis compañeras.
-¡Pues como te decía esas viejas dan un buen servicio y sobre todo "aprietan" resabroso, que diferencia de mi vieja que esta gorda y "guanga"!
-Ejemp, ejem. . .
-No te sonrojes mano, entre hombres no debe haber secretos.
-Oye René, tengo ganas de ir al baño. – dije tal cosa para cortar aquella plática que se estaba haciendo un incómoda para mi.
René se detuvo en un restaurante de comida rápida y ahí nos dirigimos al baño. En el interior pude observar como varios muchachos hacía pipí, y fue en ese momento cuando mi padrino abrió el cierre de su pantalón para sacar su verga, nunca en mi vida había visto una verga grandísima, en estado de reposo era tan grande como la mía parada. Al contemplarla no pude controlarme y la mía se paralizó, al momento que mi padrino me miró y dijo:
-¡Apúrate a "miar" que debemos" aprovechar la noche para divertirnos'!
-E. . . este yo haré en uno de los cubículos, ya que también quiero hacer del "dos".
-¡Órale pues, pero no te tardes!
En el cubículo, pude orinar a gusto, pero al recordar la exposición de penes de 'los que orinaban en los mingitorios, empecé a sentir una sensación especial por toda la piel. . . y cada vez me convencía más que lo que estaba a punto de suceder sería un error, pero no podía librarme tan fácilmente, además tenía miedo de la reacción que pudiera tomar mi padrino. Me armé de valor y seguí adelante.
Al llegar al burdel mi padrino expresó:
-¡Ahora si ahijadito, afila tu "charrasca" que vas a ver unos "cueros" de viejas con unas nalgas portentosas!- Al mismo tiempo que me palmeaba el hombro con entusiasmo creciente.
-¡Qué milagro René!- decía una de las dos hermosas mujeres mientras se nos acercaban.
-¡Lorena, Silvia qué tal, miren, les presento a mi ahijado, Adrián, es a todo dar!
-¡Está bien "chavito" y sobre todo muy guapo y yo me lo "aconchavo" para toda la noche!- Lorena sin pérdida de tiempo ya me estaba abrazando con especial intención.
-¡Pues que nos den un buen "pomo" y buen cuarto para encerramos los cuatro en una feliz faena de amor!- Dijo mi padrino al tiempo que apretaba con su mano derecha las nalgas de Silvia.
Ya en el cuarto, pude observar como Silvia le bajaba el cierre del pantalón a mi padrino, en eso salió su verga la cual estaba erecta al máximo, se podría decir que casi golpeaba su propio vientre, luego con habilidad ella empuñaba el miembro viril. En ese momento deseé estar en el lugar de Silvia, pero no tuve mucho tiempo de pensarlo pues Lorena hurgaba en mi entrepierna con avidez y con desconcierto.
-¿Qué pasó? ¿Acaso no tienes? –me preguntó.
-¡Claro. . . claro que tengo lo que pasa es que aun no estoy lo suficientemente excitado!- Dije al tiempo que alejaba la mano de Lorena.
En tanto, Silva ya estaba completamente desnuda y abría las piernas con lascivo movimiento para que mi padrino la penetrara. Él que ya se encontraba impaciente y excitado se dispuso a ensartar su enorme mástil en aquella abertura.
-¡Silvia, te la voy a meter hasta las "anginas" ! ahorita que ando "jarioso¡" –pronunció mi padrino.
No podía continuar con esa farsa, por un lado sabía perfectamente que no le correspondería a Lorena, y que lo que más deseaba en ese momento era estar en el lugar de Silvia y que mi padrino me hiciera suyo. Por lo que dije exaltado:
- ¡Basta! ¡No puedo continuar con esto!- Mi reacción descontroló a mi padrino quien me reclamo.
-¿Qué te pasa, idiota? ¿Acaso no venimos a "esto" a este lugar?
En ese momento me valió madres todo, me importaba un bledo lo que pensara mi padrino, y dije:
- ¡Yo me largo de aquí!, te espero en el auto
Al salir escuché que mi padrino exclamó:
-¡Me lleva la chingada, ese tal Adrián es un joto y ahorita me la va a pagar!- mascullaba enojado.
En el pasillo siento que mi padrino me agarra por detrás, me miró a los ojos con rabia, nunca lo había visto tan enojado.
- ¡Nada de que te largas!, yo pagué por un cuarto y no me pienso ir sin salir satisfecho, ¿entendiste?
En esos momentos pasaron Lorena y Silvia.
- Bueno nosotras los dejamos para que resuelvan sus problemitas.
- ¡Silvia no te vayas! –suplicó mi padrino.
- Cuando terminen, y si es que todavía tienen ganas, ya saben dónde buscarnos. Pueden utilizar el cuarto para que hablen tranquilamente. –pronunció Silvia mientras se retiraba al lado de Lorena.
En ese momento nos quedamos solos, mi padrino me levantó por el cuello de la camisa y me dijo:
- Ahora muchachito me vas a explicar lo que pasa contigo de una vez.
- Yo no…quería estar con ellas –dije temeroso.
- Y eso, que ¿acaso no te gustan las chicas o qué?
- ¡No!, me gustan los hombres –sabía que tal vez con esa contestación me podía ganar una buena golpiza por parte de mi padrino, pero preferí decir toda la verdad que seguir ocultando por más tiempo mis sentimientos.
- Ahh!, entonces nos saliste puto, vaya, vaya.
No dijo más, por un momento se quedo callado, para mí esos segundos fueron horas pues no sabía como iba reaccionar mi padrino. El clavó su mirada a mis ojos, la piel se me puso como de gallina pues no sabía lo que iba hacer conmigo. Después me tomó del brazo y me llevó de nuevo a la habitación. Ahí, me aventó a la cama como si fuera un títere, donde permanecí inmóvil, mientras mi padrino empezaba a caminar por la habitación como si fuera un león enjaulado. Se aproximó a la cama, me miro de nueva cuenta a los ojos, paso su mano sobre su boca, luego profirió un suspiro y dijo:
- Anda, desnúdate – en un tono muy serio.
Yo estaba totalmente desconcertado, para serles honesto quede petrificado, pues no esperaba este tipo de reacción de mi padrino
- ¡Que no escuchas! , ¡¿no me digas que también eres sordo?!
Obedecí a las órdenes de mi padrino, mientras que él también se quitaba sus jeans, ya que para alcanzarme no le dio tiempo de ponerse su camisa. Quedo totalmente desnudo, y fue la primera vez que pude observar bien su cuerpo: Un pecho muy desarrollado, espalda ancha, y como ya lo había notado con anterioridad una verga grande, sin circuncisión, muy cabezona, adornada por un par de pelotas grandes que colgaban largamente, que eran cubiertos por una mata de vellos.
Se paro a un lado de mí, puso su verga frente a mi rostro y dijo:
- ¡Chúpame la verga!
No podía dar crédito a lo que estaba escuchando, aquello por lo que había fantaseado hace un par de minutos se estaba haciendo realidad.
- ¡Qué esperas!, apúrate antes de que me arrepienta de lo que voy a hacer contigo, estoy bien caliente y tú fuiste el culpable de que no logrará mi propósito, ahora tú vas a ser mío.
En ese momento me olvidé de mis temores y me entregué al placer. La comencé a masajear lentamente de arriba abajo, bajé su prepucio y vi asomar su glande rosado y lubricado por líquido preseminal, empecé a limpiársela lengüeteando y lengüeteando. Se la lamí desde la base hasta la punta, sin dejar ningún resquicio sin lamer. Le lamí también los huevotes y como no me entraban los dos en la boca los chupé de a uno. Y sin pensarlo, me introduje su verga a la boca y comencé un sube y baja imparable. Mientras mi padrino con una mano guiaba mi cabeza y con la otra sé tocaba las tetillas, lo mire sin sacarme de la boca su verga, vi que tenía los ojos cerrados, la boca abierta y suspiraba agitadamente, esto me dio más ánimo para seguir con la mamada y hacerlo mejor cada vez.
- ¡A. . . así... Adrián, sabes "chupar" perfectamente, no detengas, no te detengas por favor! - decía jadeante.
Mi padrino me follo la boca como si hubiera sido un culo, pues no tuvo consideración conmigo, llegue a sentir arcadas cuando me la introducía más profundamente, yo tenía su vello púbico en mi nariz, nunca antes había tenido esas tragaderas. Confieso que me gustó y me excitó de manera extrema. Seguí chupando y chupando, él empezó a gemir cada vez más fuerte.
- ¡Oh que rico!, ninguna vieja me la ha mamado tan rico como tú.
Así estuvimos durante un tiempo, esa verga me gustaba tanto, yo disfrutaba viendo como salía de mi boca húmeda toda ensalivada, hasta que él me detuvo. Retiró su miembro de mi boca, me miró a los ojos y dijo:
- Vaya que eres un muchacho muy glotón, pero a penas acabamos de empezar-dijo en un tono irónico.
- ¿A qué te refieres?-pregunté un poco incrédulo.
- ¡Calla!, y ahora ponte a cuatro patas
- ¿No piensas metérmela o sí? la tienes muy grande, me partirás el culo en dos –exclamé un poco preocupado.
- Es lo que quiero; cogerte hasta que tu culo quede dilatado para metértelo mucho más, relájate y verás que lo gozarás.
- Pero…
- ¡Pero nada!, querías estar con un hombre ¿verdad?, pues ahora veras que se siente estar con uno.
Una vez que me encontraba boca abajo, mi padrino puso sus manos en mi cintura y sentí como su lengua recorría centímetro a centímetro todo mi cuerpo, que lengua tan placentera pues al llegar a mis nalgas las separo y sentí enloquecer cuando la punta de su lengua penetraba mi ano, posteriormente me introduce uno de sus dedos, en ese momento proferí un gran grito, pero no tuve tiempo de recuperarme pues mi padrino me metió otro dedo más. Después sentí que paso toda la punta de su verga por todo mi trasero y en eso penetro bruscamente tomándome de la cintura y empujándome hacia su cuerpo
- ¡Ya sácalo!, me duele demasiado-le grité, mientras cerraba los ojos.
- Así es al principio pero después lo gozarás, ya veras- dijo, mientras me la metía más.
Yo mordía la almohada y quería que me la sacara, sentía que me partía el ano, pero me aguantaba porque al mismo tiempo la quería tener toda adentro. El dolor era inmenso. En determinado momento pensé que me iba a desmayar del dolor, yo apretaba con fuerza los parpados mientras exclamaba:
- ¡Me duele! , ¡Me arde!- le gritaba a mi padrino para que me lo sacará.
- Quédate quieto –y me da una nalgada- siente como te hago mío, te estoy abriendo para que me recibas, siente como se acomoda, poco a poco lo sentirás tuyo.
Poco a poco la fue introduciendo más, sentí como se dilataban las paredes de mi culo, hasta que llegué a sentir los testículos de mi padrino que llegaban a golpear mis nalgas, así como su vello púbico, que me indicaron que esos 23cms de verga se encontraban dentro de mí.
Una vez adentro, mi padrino comenzó a moverse nuevamente, hacia dentro y hacia fuera con un suave movimiento. El dolor se fue transformando en un gran gozo y una sensación extraordinaria que sentía en mi interior. Fue entonces que mis gritos ya no fueron de dolor sino de placer. Al ver mi padrino que me estaba gustando empezó a acelerar el ritmo.
- Así, ábrete entero para mí, quiero dejarte el trasero abierto.
Me la metía y me la sacaba, primero lentamente y después fue acelerando el ritmo, la respiración de mi padrino se tornaba cada vez más agitada, en tanto yo cerraba los ojos disfrutando las envestidas, sus huevos grandes y velludos chocaban con mis nalgas, esos minutos fueron maravillosos, era como estar en el paraíso. De repente siento como caía en mi espalda el sudor que provenía del pecho de mi padrino, cada una de esas gotas me excitaba más. Al mismo tiempo que los dos estábamos gimiendo como machos en celo.
- Te gusta mi pedazo de carne dentro de ti, era esto lo que te imaginabas cuando mirabas de reojo mi paquete cuando estábamos en el baño y con Silvia. Crees que no me daba cuenta cómo me mirabas, ahora lo tienes, ahora es tuyo. –Al terminar de decir esta frase mi padrino me lo metió con toda la fuerza que pudo, por lo que volví a gritar.
-¿Te gusta mi verga?
- Sí.
- ¿Quieres más?-me preguntó
- Sí –dije en un susurro.
- No te escuchó, ¡anda, dilo más fuerte!
- ¡Sí, quiero más padrino!-le respondí con una voz entre cortada por los gemidos.
- Ya te he dicho que no me hables de usted, dime René. – Y nuevamente me envistió con todas sus fuerzas.
- ¡Sí René, quiero más!
- Eres un niñito vicioso, si quieres más, tendrás más.
Entonces me sacó su verga, me tomó y me acostó boca arriba, al mismo tiempo que me solicitó que levantará las piernas. Puse mis piernas sobre sus hombros, no voy a negar que estuviera nervioso pues sabía que René me iba a dar con todo. Él se acomodó y me penetró con más fuerza, ahora en esta posición nuestros rostros quedaron frente a frente. Podía verle su cara, como la de un animal furioso, sus embestidas eran salvajes, prácticamente saltaba encima de mí. Oía sus huevos chocar conmigo, sentía el vello de sus muslos rozarme, el peso de su cuerpo sobre mi. Mientras René me decía:
- Quiero ver tu cara de dolor, quiero ver que me pidas que la saque por que no aguantas más. Ahora vas a sentir lo que es provocar una verga de macho como la mía.
En ese momento René perdió el control y se volvió una máquina de coger, entraba y salía de mi culo con más fuerza, la cama se sacudía con violencia y yo me tenía que agarrar de las sábanas y del colchón para evitar que cayera al suelo. Nuestros cuerpos escurrían de sudor. De repente emití un gemido largo y profundo, pues sin siquiera tocarme la verga me había venido, hasta la última gota de semen brotó de mis huevos, llegándome hasta la cara, manchando mi pecho. Estaba teniendo el mayor orgasmo de mi vida. Él me gritaba:
- ¡Corretee puto, así, se nota que te gusta que te cojan ¿verdad?
En tanto él aceleró sus embestidas, que se hicieron más brutales, de auténtico animal, cada vez me atravesaba más rápido hasta que noté que él también se venía porque se elevaban sus gritos y su respiración, empujó con tal fuerza que soltó un gran gemido al mismo tiempo que dejaba salir con una gran potencia todo su semen, sentía en mi interior que era bañado por grandes chorros de lava ardiente, poco a poco fue deteniéndose hasta que paró del todo; finalmente René cayó exhausto sobre mí, mi pecho contra su pecho, mi cara contra la suya, me dio un beso en la boca, después me abrazó y así nos quedamos por unos minutos. Sentía como su corazón palpitaba a mil por hora, mientras que nuestros cuerpos mojados reposaban serenos.
Así nos quedamos por un par de minutos hasta que su verga se salió por sí sola de mi culo fue cuando me di cuenta que ésta actuaba como tapón, pues pequeños hilillos de esperma salieron de mi ano dilatado y algunos se quedaron en su verga.
Luego de limpiarnos y vestirnos, bajamos de nuevo al burdel donde nos esperaban Silvia y Lorena, ellas fueron a nuestro encuentro y dijeron:
- ¡Vaya hasta que bajaron! ¿Ahora sí ya están listos?
René suspiró, me miró a los ojos y después les dijo:
- Gracias, pero ya descargue toda mi energía.
Ellas se quedaron confusas con la respuesta de René, él me tomó y salimos del lugar.
René me llevó a mi casa y no contó nada de lo ocurrido a mi familia, ni yo tampoco. Desde ese día no hemos vuelto ha hablar del incidente, como si nada hubiera ocurrido entre nosotros. Tal vez tiene miedo de confesar que había tenido relaciones conmigo y que le habían sido placenteras, y eso sería arruinar su reputación de macho ante todo el mundo. No obstante, le tengo mucho que agradecer pues gracias a él pude experimentar, gozar y definir claramente mis gustos y preferencias sexuales.
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