Índice » Gays » Una noche en el cuartel

Hacía mucho calor así que decidimos quitarnos los calzoncillos y dormir desnudos. Javier enseguida concilió el sueño pero yo no podía dejar de fijarme en aquel nabo. Desde que me duchaba en el cuartel con tantos tíos, me moría de ganas de tener un rabo en mi boca a todas horas. Empecé a pajearme y con mis gemidos Javier se despertó: - Joder tío, al oírte como te la estás cascando me he puesto cachondo. Hace un mes que no me tiro a mi novia y tengo un dolor de huevos que cuando me la tire le llenaré el coño de leche. Javier agarró su polla y empezó a menearsela. La tenía gruesa, de unos 20 centímetros de largo y con las venas muy marcadas. - Si quieres puedo ser tu puta esta noche- le dije sin pensármelo. -¿Estás loco? A mi eso no me va. - ¿Lo has probado? Puedo hacerte sentir igual que una mujer - Pero...- Javier estaba cada vez más caliente así que me fui a su cama y empecé a pajearlo. - No seas tonto-le dije. Déjate llevar y así nos bajará el calentón. Javier se tranquilizó y dejó que me metiera su polla en la boca. Cada vez estaba más dura y movía mi cabeza hacia abajo para que se la chupará sin parar. Mientras, me metía dos dedos en el culo como si quisiera dilatarlo. No hizo falta mucho tiempo porque estaba muy caliente así que entraban con mucha facilidad. - ¿Te has tirado a tu novia por el culo? - No pero me muero de ganas - Pues ahora es el momento de que me enseñes lo macho que eres. Me tumbé boca a bajo y separé las piernas. Javier empezó a meterme la lengua por el culo y chupaba mi polla y los huevos, metiéndose uno entero en la boca. Al rato me dijo: - Ya es hora de que te folle. Y de una estocada me la metió sin contemplaciones. Las embestidas eran cada vez mayor al igual que el placer que sentiamos los dos. Estabamos tan cachondos que no nos habiamos dado cuenta que la puerta estaba entre abierta. Él seguía follándome sin parar hasta que sacó su nabo se acercó a mi cara y descargó un buen chorro de semen. -Chupa hasta la última gota. Vamos, mama Me la metí otra vez en la boca para saborear las últimas gotas que tenía en el capullo. En ese momento, la puerta se abrió y apareció el sargento. - Ya sabía yo que erais un par de maricones, ¿qué. os gustan los rabos, no? Javier y yo no sabiamos que decir, pero a mi el sargento siempre me ponía muy cachondo. Era fuerte, moreno con algunas canas y un paquete enorme. Tenía el pecho peludo y, cada vez que lo veía sin camiseta, desaparecía un pepino de la cocina. Os podréis imaginar a quien representaba y que hacía con él en mi habitación. - Os he hecho una pregunta.- En ese momento, se bajo la bragueta y se sacó la polla, un poco morcillona.- ¿Os gusta mi polla? - Sí , mi sargento- contestamos. Me levanté de la cama, me dirigí a él, todavía con restos de la corrida de Javier por mi pecho y le dije: -Estoy loco por sentir ese nabo en mi culo y que luego te corras en mi boca. Me inclinó con los brazos apoyados en la cama y me iba metiendo, poco a poco, la polla pero sin llegar al final. - Hacia tiempo que no pegaba un polvo como éste. Vamos mueve ese culo. No quiero que me quede ni una sola gota de leche en los huevos- me dijo el sargento. Javier seguía tumbado en la cama y había empezado a meneársela al ver como el sargento se estaba trabajando mi culo. Después, nos tumbamos al lado de Javier y seguíamos follando sin parar. El sargento pidió a Javier que le metiera su polla en la boca mientras su nabo entraba y salía de mi culo como una barra de hierro. No podíamos aguantar más, las embestidas del sargento eran cada vez más fuertes y nuestros gemidos cada vez mayores. Javier no aguantó más y se corrió en mi boca. Su semen era más blanquecino que el que me había dado antes. El sargento se puso de pie y empezó a meneársela. Empezó a descargarse en mi boca tal cantidad de leche que me corrí de placer en el pecho de Javier. Los tres nos levantamos y fuimos a la ducha. La polla del sargento que tan cachondo me ponía era ahora mía, cada vez que el sargento quería. Con Javier los encuentros eran más numerosos y esperabamos a que el sargento se duchará para ponerlo caliente. Desde entonces, lo hemos hecho en la playa, en el coche del sargento y, la última vez, nos hicimos una mamada en los probadores de un hipermercado. Me voy que siento el agua correr en las duchas...

escrito por Anonimo
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