El tiempo pasa, y aùn la recuerdo...amantes clandestinos, ella una mujer morena cabello lasio y negro como una gitana, espectacular,un poquito mayor que yo en edad, pero me hacìa sentir de maravilla. Cuando ella se sentaba en mi pene nuestros dos cuerpos se fundìan en una danza, su calor y su fuego me hacìan arder en las profundidades del placer, su cuerpo era perfecto, sentìa sus nalgas golpeando mis testiculos cuando cabalgaba mi cuerpo en una carrera sin fin, apoderandose de una gran parte de mi ser.
Trabajabamos en un gym ella en aerobics y yo en pesas, como se pueden imaginar nuestros estados fìsicos eran envidiables..sus ropas de trabajo mostraban un cuerpo hipnotizador y provocativo, para cualquier alumno un pajazo seguro, cuando la recordaban en la noche... emanaba pasiòn y sexo.
Una noche cuando el gym quedò solo, me citò en consultorio mèdico, hablamos un minuto y apartir del segundo ya nos estabamos besando, un beso tìmido que se transformò cuando su lengua comenzo a divagar en mi boca, mi lengua se convirtiò en pene y ella la chupaba mientras su saliva era el nectar que me embriagaba,seguidamente nos acariciamos, mis manos tocaban sus nalgas por encima de su ropa, su piel era tan suave como la seda y su aroma capaz de exitar a cualquier hombre a kms de distancia. Pasaba su lengua por mi cuello, chupaba mis orejas sentìa el calor de su aliento como fuego que se exparsìa hacìa el extasis. Tomè sus manos y la hize palpar mi cuerpo hasta colocar sus delicadas manos en mi pene que se abultaba en mi ropa. Estaba duro, ella lo apretò y metiò sus manos para frotarlo y sentirlo en toda su dimensiòn, ella notò mi desespero y viò que mi pene necesitaba el contacto con esa boca anciosa que volaba en su imaginaciòn. Me mirò a los ojos y atravez de ellos me demostrò que me deseaba quitò mi camisa y sus manos recorrieron mi pecho mientras me besaba desenfrenadamente. Palpò mi cuerpo dejando una huella humeda con sus labios y su lengua en cada poro de mi piel, lamiò mi abdomen, agarrò mi pene, lo lleno de saliva y comenzo a masturbarme... levantò su mirada y con un gesto de agradecimiento pasò mi pene por su rostro mientras cerraba sus ojos. Su lengua comenzò a lamer mis testiculos depilados, paseò su lengua impregnando mi pene de su aliento y saliva, abriò su boca, haciendo chupadas cada vez màs profundas. Ella pensaba que era el ùltimo pene en el mundo y ademàs no me pertenecìa era de ella en ese momento.
Quize devolverle su dulce mamada y comenzè a quitar cada prenda que cubrìa su hermoso cuerpo, sus tetas eran grandes, magia de esos escultores modernos que trabajan con silicona. Sus pezones rosados me llamaban, abrì mi boca poco a poco y mi lengua recibiò esa carne que en un instante se endurecìa en mi boca, los mordìa suavemente mientras que mis manos recorrìan su cuerpo, tenìa un hilo pequeño y su rajita era carnosa se notaba por encima. Ella gemìa en mi oido y su respiraciòn agitada me exitaba cada vez màs. Corrì su ropa interior con mis dedos y los deslizè pacientemente, sentì la humedad y el relieve de sus labios que plasmaban en mi mente su protuberante clìtoris. Esta monumental carne llamò mi atensiòn, y quize comprobar lo que tocaba, mi boca se hizò agua, y mi rostro se viò dominado por ese paisaje que caì en ese manjar y mi boca se pego con locura, chupe con delicia sintiendo ese sabor tan rico que alimentaba mi placer, mi lengua buscò su clìtoris y lo estimulè hasta hacerla gemir una y otra vez, con mi dedo pulgar la penetraba mientras la seguìa chupando y mi dedo indice frotaba el ojete de su culito.
Mi corazòn se acelerò y mi respiraciòn se acortò, ella se sentia extasiada me diò dos giros y terminò sentada en mi cara, chupando mi pene otra vez, pero con mas pasiòn, pensè que querìa tragarse mi leche de una vez... yo mordìa sus nalgas y mi pene estaba en su punto maximo.
Era su esclavo en ese momento. me pidiò que la penetrara, entonces frotè mi pene por su rajita sin meterselo y vì como me imploraba que la clavara, accedì y lo hundì suavemente, y profundo, mis caderas marcaban el ritmo, mientras mi pene hacìa sonar su vulva. Los liquidos viscosos, nuestra piel sudorosa, mi miembro llenando ese orificio carnoso, complementaban el placer que necesitabamos. Se mordìa los dedos, y luego me abrazaba enterrando sus uñas en mi espalda, mi lengua buscaba su oreja y nuestro sudor se mezclò formando un liquido afrodisiaco, que lubricò nuestra piel y fue testigo fiel de aquellos momentos.
Tomò las riendas y se montò a su caballo, agarrò mi pene y se lo metìa deliciosamenete, su rajita tomo vida propia y comenzò a devorar cada cm de mi pene, su cuerpo temblò y sus manos se aferraban a mis hombros, mientras apretaba sus caderas contra mi cuerpo y sentìa el manantial de su primer orgasmo, acercò su boca a mi oido y susurrò lo mucho que le gustaba... siguiò meneando sus caderas, adelante..atras...adealante ...atras..le fasinaba pronunciar mi nombre cada vez que alcanzaba un orgasmo. La presiòn de sus nalgas y mi pene dentro de su rajita era perfecto, cada vez se movìa màs rapido, con sus ojitos cerrados gemìa. Me pidiò que me viniera y chorros calientes de leche invadieron su vagina al instante su orgasmo se pronunciò y su temblor se viò apasiguado con el calor de mi leche que llenaba su ser, y abrìa una gran pagina en mi vida.