Estrellas Porno
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Quizá da igual cómo se llame, podriamos decir que María. María, mi cuñada, tiene una cara preciosa, unos ojos que miran por descuido hacia donde no se debería mirar, unas manos que tiene la tendencia a acariciar mientras habla, unas tetas pequeñitas y un hermosísimo trasero que no se corresponde con su aparente delgadez. María y yo, una noche cualquiera, tomamos algunas copas de más y comenzamos a mirarnos de otra manera. Ya de madrugada, era verano, hacia una noche esplendida, paramos el coche frente al mar, por despejarnos un poco. No sé si había intención, si sé que su falda casi de gasa se había desviado de su posición y dejaba a la vista buena parte de sus piernas bronceadas, no pude evitarlo, puse mi mano sobre ellas y mi cuñada siguió mirando al mar como si de nada se diera cuenta ¡había deseado tanto ese momento!miré a sus ojos, los había entornado!, mi mano fue subiendo lenta hasta tocar la seda de sus braguitas, cerró sus ojos, abrió un poco más sus piernas, mis dedos recorrieron despacio la rajita de su sexo bajo la tela, sentí en mis yemas la humedad y el calor, aparté la seda y un suave vello rozó la punta de mis dedos, ella se movió relajando su cuerpo, mis dedos buscaron su clítoris, su sexo estaba empapado e inicié una lenta masturbación, suave, dulce, hasta que sus dientes mordieron su labio inferior y tembló como si un calambre recorriera su cuerpo. Me miró, nos miramos, despacio dirigió su mano hacia mi entrepierna, acarició mi paquete, duro, ansioso, lentamente¡me estaba poniendo malo!bajó la cremallera del pantalón, me acarició sobre el calzoncillo retrasando mi placer. Se dobló sobre mi, mordió mi sexo duro, lamió mi verga, mis testículos, chupó como un caramelo mi capullo, hasta que en un orgasmo casi femenino, inacabable, me derramé en su boca. Arrancamos el coche.

escrito por Anonimo
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