Me recuesto en la cama tras el almuerzo. Le debo horas de sueño a mi amigo Morfeo, y con intereses, aunque creo que él sabrá fiármelas. Mientras tanto, te refrescas bajo la ducha y tarareas divertida una canción. El ruido del agua y tu voz sugerente me relajan aunque no me dejan conciliar el sueño. Sigo escuchándote cantar bajo el agua y no puedo dejar de pensar en ti.
Empiezo a pasar de la vigilia al sueño pero tu presencia en la habitación me sacude de mi estado. Ya sé que no vas a dejarme dormir; sinceramente, me resigno a renunciar a gozarte ahora y prefiero no sucumbir al cansancio. Mi deseo por ti es demasiado grande para dejarlo morir ahora.
Te sientas en el borde de la cama, disimulada y a la vez vanidosa, tan sólo envuelta por tu toalla. Me hago el distraído, pero no puedo dejar de apreciar tu esencia, mezcla de aroma de mujer y gel de baño; es una combinación deliciosa. Decides hacerte notar y te acomodas algo más adentro de la cama. Sigo intentando resistirme a tus encantos.
Has dejado el peine sobre las sábanas a la altura de mi mano derecha. Es tu manera de solicitar mi ayuda y la oferta es demasiado tentadora para rechazarla. Me incorporo y me acerco a tu espalda; no quiero rozarte todavía. Te aproximas a mí un poco más, tu espalda apenas dista de mi pecho. Tu perfume embriagador, tu piel húmeda y la visión hermosa de tu nuca, de tus hombros, tus brazos y tu nuca avivan mis sentidos. Apenas puedo oír tu respiración y sentir tus palpitaciones junto a las mías. Te acercas un poco más. Puedo adivinar una sonrisa en tu rostro, alegre y maliciosa a un mismo tiempo.
Me encanta acariciarte y rozar tu cuerpo con mis manos a la vez que desenredo tu pelo. No puedo evitar cogerte por la cintura y besar tu cuello, tus hombros y tu pelo. Te aprieto contra mí mientras te desprendo de la toalla. Mis dedos buscan la seda de tus pechos. Disfruto amasándolos, estrujándolos suavemente y gozando de su tacto divino mientras mis dedos juegan con tus pezones. Mi lengua y mis labios se deleitan con tu cuello y tus hombros, y recorren tu espalda y tus brazos. Entretanto, empiezas a notar la turgencia de mi falo en tu espalda baja.
Mis manos bajan por tu vientre hasta tus muslos, y se adentran poco a poco entre ellos. Tu excitación aumenta considerablemente, la mía también. Decido hacerte sufrir un poquito más. Me incorporo y me coloco a la altura de tus rodillas. Te miro a los ojos mientras te separo las piernas para poder devorar tu sexo. Chupo tus muslos y me acerco poco a poco a su centro. Humedezco mis dedos y separo tus labios, me zambullo en ti. Tus manos acarician mi pelo mientras pretendes dirigir mi ritmo. Intensifico la velocidad y el movimiento de mi lengua; es como si te penetrara. Un gemido de placer escapa de tu boca y te tumbas sobre la cama. Mis manos masajean tus pechos y mis dedos pellizcan tus pezones delicadamente, a la vez que mi boca y mi paladar se emborrachan del sabor de tu sexo.
Tu clítoris se estimula cada vez más al contacto de mi lengua y mis dedos. Mis lengüetazos te pierden y tus muslos me aprietan. En mi cabeza tarareo esa canción de Pablo Carbonell (ay que gustito pa mi orejas, enterradito entre tus piernas ¡! :P). Estás sedienta de mí, puedo notarlo.
Te ayudo a levantarte y ocupo tu lugar tendido en la cama. Te sientas sobre mí a horcajadas y tu sexo se roza con el mío ligeramente. Me pasas las manos por los párpados y cierras mis ojos por unos momentos. Frotas tu cuerpo con el mío, tu pecho y tu sexo contra los míos, te siento cada vez más intensamente. Tu pelo me acaricia la cara y tus labios se funden con los míos. Anhelo estar dentro de ti.
Con tus manos me liberas de la ropa interior y al hacerlo sé que sonríes lasciva. Siento tus pechos rozándome a la vez que tu pelo acaricia mi cuerpo. Tu lengua humedece un poco mi pene mientras subes por mi abdomen y mi pecho hasta llegar a mi cuello y posar de nuevo tus labios en los míos. Abro los ojos y tu mirada y tu boca me reciben generosas y sugerentes. Enhiesto, acerco mi tersa turgencia al humedal de tu ser y me deslizo entre tus muslos. Una excitante sensación se expande con la ola de tu piel acariciándome en cada acometida. Tu ritmo se hace cada vez más rápido y cadencioso y mi deseo sexual es cada vez mayor.
Intento degustar el néctar de tus pezones pero te los tapas con tus brazos; sin embargo, tus codos quedan a mi merced y me tomo la venganza besándotelos y mordiéndolos dulcemente. Ya no impides que me aproveche de tus pechos. Los recorro mientras mis manos aprietan tus nalgas y tu cadencia es más intensa y profunda. Te incorporas colocando tus manos sobre mi pecho. Sujeto tus manos mientras siento el placer que se agita en tu espalda. Necesito sentirte aún más. No quiero parar y quiero llenarte hasta rebosar. Tu cuerpo tiembla sobre mí y puedes sentir toda la fuerza de mis embestidas. Pareces una amazona, con tu cabello mojado flotando en el aire.
El orgasmo latiguea nuestros cuerpos y nuestras mentes, me entrego en un instante que ojalá fuera infinito y que también me hace temblar. La misteriosa luz que todo envuelve ahora eclosiona dentro de tu vientre. Te derramas sobre mí, tus jugos chorrean entre tus muslos y riegan mis testículos. Tu ritmo es ahora lento pero no quieres detenerte.
Te tomo, me coloco sobre ti, y te sigo llenando hasta que no puedo más. Sólo entonces me derrumbo sobre tu cuerpo. Por unos instantes permanecemos así inmóviles, callados, hasta que me echo a un lado y te contemplo. Me sonríes y me besas, yo acaricio tu pelo y te beso en el cuello. Quisiera ser el guardián de tu piel, aunque sé que eso es imposible. Me susurras algo al oído mientras el sueño nos atrapa ...