Índice » Hetero Infidelidad » cena cachonda

Leo su revista de forma ocasional y aunque mi caso no es nada especial me apetece contarlo. Esto ocurrió hace algunos años. Entonces estaba casado y tenía una gran amistad con una pareja casi diez años mas joven que mi esposa y yo. Salíamos juntos de fiesta, nos juntábamos a cenar, en fin que lo pasábamos bien. En cierta ocasión salimos de fiesta y después de cenar y tomar unas copas, entonces no había tantas restricciones, decidimos volver a casa y tomar la penúltima. Habíamos bebido, pero el que más cargado iba era mi amigo, al que llamaré Luis, habíamos cogido su coche, pero para volver a casa me puse yo al volante, a mi lado iba Luis y detrás Pepa y Juana. Durante todo el trayecto Luis no hacía mas que girarse y decirles picardías a las chicas, ellas le seguían la broma y yo todo serio al volante, procurando no perder la compostura, ya que aunque no había tanta prohibición como ahora, era evidente que si nos paraba la policía y veía como estábamos podíamos tener un disgusto, además de que yo quería llegar bien a casa y no tener problemas. Luis además de decir tonterías, empezó a volverse hacia atrás y a intentar toquetear a su mujer y ella se reía y le decía que estuviese quieto que la estaba poniendo calienta y como iba de bebido seguro que al llegar a casa se dormía y la dejaba a dos velas. Él no paraba y Pepa llegó a enfadarse un poco, para evitar problemas decidí parar en un Pub cerca de casa y tomarnos algo fresquito, debo decir que era finales de Julio. En el pub, que tenía música, Luis quiso bailar, pero Pepa no quiso, entonces se dirigió a Juana y ella por no discutir le dijo que si, salieron a bailar y Pepa me mostró su disgusto, pensaba que la borrachera de su marido nos estaba estropeando la noche, la tranquilicé y pareció calmarse, Luis y Juana volvieron a la mesa después de varios bailes muy contentos y entonces Pepa, que se le había pasado el enfado dijo que también quería bailar, salimos los cuatro, pero al ir a emparejarnos Luis le dijo: Ahora soy yo quien no quiere bailar contigo. Y se agarró a Juana, la cual empezó a reírse, y le siguió la broma, Pepa se quedó parada y yo me agarré a ella y me puse a bailar, de momento se quedó un poco tensa, pero enseguida se relajó y me comento: No vamos a consentir que este tonto nos estropee la noche, ¿te molesta que baile con Juana? A lo que contesté ¿A mí?, que va, no te preocupes y pasémoslo bien. Al rato decidimos seguir hasta casa y los acompañamos a la suya, allí Luis se empeño en una última copa y como hacía mucho calor, y aún no se habían popularizado los acondicionadores de aire, se fue a su habitación y salió en pantalón corto y sin camisa, Juana seguía vestida de calle, pero Luis empezó a insistir que había confianza, que hacía mucho calor y al final nos convenció a todos y yo acabé con pantalón corto, que me prestó él y las mujeres con sendas camisetas de ir por casa, cortitas y finas, que dejaban entrever sus encantos, los de Juana yo los tenía vistos, pero los de Pepa no y Pepa tenía 10 años menos que mi mujer y no había tenido hijos. En fin hay que ser de piedra y el Luisito que pone música y que sigue con la tontería de que su mujer no había querido bailar con él y ahora era él el que no quería bailar con ella, cogía Juana de la mano y se ponía a bailar con ella, Pepa y yo a veces bailábamos y a veces nos quedábamos sentados, cuando salía a bailar con Pepa, al cojerla por la espalda y sentirla a través de la camiseta, me iba poniendo a tono y todo era disimular, por eso no bailábamos todo el tiempo. Tomamos alguna copa más y como ya no había que conducir bebíamos con menos mesura y llego un momento que estábamos bastante “cocidos”, Luis se dejo caer sobre un sillón y Juana a su lado medio amodorrados, como Pepa y Yo habíamos bebido menos y como que estaba preocupado por que no se me notara el “tono” muscular, parece que el alcohol nos había afectado menos, pero eso es lo que yo creía. Cuando Pepa los vio en el sofá y como soplaban, empezó a arrimarse más y cuando yo retrocedía, eso si con mucho disimulo, se acercaba más, al final dejé mis prejuicios a un lado y mirando de reojo y viéndolos dormir me arrimé mas a Pepa, bajé las manos hasta su cintura y luego hacia las nalgas y acerque mi boca a la suya, ella la entreabrió y nos juntamos en un beso de película, bajé las manos agarrando sus nalgas bien fuerte, apreté fuerte y deje de bailar, simplemente besaba con toda la pasión de que era capaz, miré de reojo al sofá, allí nadie daba señales de vida, solté a Pepa y cojiéndola de la mano intenté dirigirme a su habitación, pero ella me dijo: No en nuestra cama no. Pero aquí...¿Y si se despiertan? –Que va estos están bufaos perdidos, además si vemos que se despiertan lo dejamos estar, total no tenemos ni que vestirnos. Y efectivamente así era, yo con el pantalón corto y ella con la camisola, estábamos prácticamente desnudos. Levante lentamente la camisa, hice a un lado el camal del pantalón y saqué mi pene que estaba para reventar, no es que sea nada del otro mundo, pero con el calentón, creo que estaba mas grande que otras veces. Lo restregué por el vientre de Pepa, luego flexioné ligeramente las piernas y lo pasé por delante de su vulva, ella apartó la tela de las bragas y acerqué mi mano, para dirigir el pene y noté que estaba tremendamente mojada, se lo dije y contestó: Pues tu no te quedas atrás, vaya calentón que llevas, bueno llevamos. ¿No nos estaremos pasando,- le dije. Bueno ¿ahora me vas a venir con remilgos? Si quieres lo dejamos, pero me parece que tu tienes las mismas ganas de dejarlo que yo. Ahí ya me lancé, estaba como una moto y el miedo que tenía era que a ella se le pasara el efecto del alcohol y me mandase a la porra, así que decidí que ya estaba bien, me fui hacia un sillón que estaba al otro lado de salón y medio tapado por la mesa, me senté, le quité las bragas y sacando mi pene la senté sobre él, yo veía a los otros dos y ella estaba de cara a mi y no los veía, empezó a subir y bajar, paré un momento y le dije: Pepa ¿tienes condones? estaba temiendo que me correría enseguida y quedaría fatal, esperaba que además de anticonceptivo el condón me aquietaría un poco, se levantó y fue a su habitación, trajo uno y me lo puso, pero bien sea por la bebida, bien por la situación, Pepa empezó a suspirar y yo estaba tan campante, de pronto sus suspiros aumentaron de intensidad y de rapidez, por miedo a que se despertaran los otros dos la besé y ella seguía, de pronto se paro y me dijo: Jul que corrida. ¿Tu también? Y yo contesté: aún no. Bueno a ver que se puede hacer. Y levantándose, se arrodillo ante mi y empezó a chuparla de forma maravillosa, a los pocos minutos se levantó y volvió subirse. Me he calentado otra vez chupándotela, me la meto otro poco. Las sacudidas eran tremendas, tal parecía que esta segunda penetración la satisfacía mas que la primera, de repente empezo a agitarse de forma convulsa y yo notaba sobre mi pene unas tremendas contracciones de su vagina, al final me corrí como un bestia. Me quedé muerto y ella no estaba menos agitada. Se levantó y fue al baño a lavarse, yo hice lo mismo, volvimos al salón, los otros seguían dormidos y decidimos esperar un poco charlando, Pepa se sentó en una silla y yo en un sillón, pero a los 15 o 20 minutos yo me sorprendí mirando hacia la entrepierna de Pepa, la luz era muy tenue y no se veía nada, pero la situación corría el peligro de encenderse otra vez y eso ya sería demasiado. Le dije-Vamos a despertarlos y me contestó –Si será mejor, sonriendo. Los despertamos y después de vestirnos Juana y Yo nos fuimos a casa.

escrito por Anonimo
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