Índice » Hetero Infidelidad » El Jefe de mi esposa

Mi mujer, morena de 32 años, comenzó a vestirse con conjuntos de tela muy clara y muy delgada que con la luz del día, permitía adivinar el color de su tanga semitransparente y no se diga, sentada de frente no era difícil ver lo mas interno de sus muslos, la curva de sus nalgas y fácilmente podías ver su velluda  raja a través de la calada y pequeña tanga.

Era bastante bueno el sexo que teníamos, pero quizás no le llenaba del todo porque precisamente se hizo costumbre que después de una noche de gran placer, se vestía con esa tanguita que prácticamente se caía sola, esa minifalda azul de tela tan delgada que cuando de sentaba no oscurecía su entrepierna y facilitaba las miradas de mas de un curioso que ante tal visión despertaba el deseo. Su blusa azul, con cierre al frente y entallada hacia ver sus firmes tetas luchando por saltar fuera de la prenda. Yo estaba seguro que ella solo se sentía apetecible después de una noche de placer. Así se vestido ese día para ir a trabajar y no faltaba la ocasión en que la asistente de su jefe me decía que mi esposa estaba en junta a puerta cerrada en la oficina con Raúl, su jefe.

Me surgió la duda de que mi muy deseable esposa podría  estar satisfaciendo sus necesidades sexuales con su jefe cuando un día, después de una extraordinaria noche de pasión, al día siguiente le llame por teléfono a su oficina y me dijo Mary, la asistente que mi esposa y su jefe fueron a visitar a un cliente. La busque en su teléfono celular y no contesto.

Llegó a la casa a la hora de la comida, vestida con su minifalda azul y su blusa del mismo color, note que sus labios estaban irritados como los de una colegiala que se acaba de besar con pasión a un hombre con barba o bigote, que por cierto, Raúl su jefe, usa bigote. Le pregunte la razón de su irritación y solo me dijo que se había depilado -nunca le pregunte-¿ a que hora durante el horario de oficina te pudiste haber depilado con cera? - estábamos frente a una vecina y decidí no hacerle una escena.

 

Nuestro sexo siguió siendo bueno y después de otra noche, a la mañana siguiente de otra noche de lujuria, el ritual fue el mismo. Se despertó con una sonrisa en la cara, se baño y se puso la tanga menos apretada, la que casi se le caía al caminar. Se puso sus tacones mostrando sus piernas desnudas, recién rasuradas y el vestido de color gris semitransparente, de una pieza con minifalda.

 

A medio día, desde la oficina la busqué por teléfono para saludarla. La asistente de Raúl me informo que mi esposa estaba en junta a puerta cerrada con su jefe. Sin más, no insistí y maneje hasta el edificio en el que trabaja mi esposa. Estacione mi carro en el aparcadero que esta contiguo al edificio en la parte de atrás. La ventana que esta atrás de la oficina de Raúl da hacia el aparcadero y note que él estaba sentado en su lugar de espalda a la ventana. Distinguí lo que parecía ser mi esposa frente a el, moviendo el brazo que pensé estaba escribiendo. Como no contesto a mi saludo me acerque mas para ver si podía lograr un mejor ángulo y entendí porque no respondió a mi saludo. Ella estaba sentada de espaldas a Raúl sobre las piernas de él y de espaldas también a la ventana. Con su mano derecha terminaba de endurecer el pene de Raúl, mientras que en un rápido movimiento, levantó un poco su trasero, se colocó la cabeza del pene en los labios de la vagina mientras con su mano izquierda hacia a un lado la pequeña tanga y se dejó caer de un solo golpe, haciéndose penetrar hasta lo mas profundo de sus ansiosas entrañas. Raúl se estremeció por el placer, arqueando hacia atrás su espalda y cabeza, momento en el que pensé sería sorprendido mirando la escena, pero Raúl solo podía concentrarse en ser el objeto de placer de mi esposa.

Ariel, mi esposa levanto un poco su cuerpo, apoyo sus manos en el escritorio y comenzó a mover su cadera en forma circular haciendo que el pene de Raúl se paseara por todo el interior de su vagina haciendo que ambos perdieran todo contacto con lo que pasaba alrededor y solo disfrutaban el intenso placer.

Decidí entrar a la oficina por la puerta. Caminé hasta la oficina por el interior del edificio. Encontré a Mary y le pedí que llamara a mi esposa. Mary llamo por el intercomunicador y no contestaron. Gritó junto a la puerta avisando que yo estaba ahí y con una mezcla de mal humor e interrogación Ariel contestó que ya salía. Mary intentó abrir la puerta pero ésta estaba cerrada con llave.

Ariel finalmente salió de la oficina, con toda naturalidad me saludó y me preguntó ¿Qué te trae por aca? A lo que solo pude asestar, a saludarte.

escrito por El cornudo morboso I
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