Hoy luego de muchas dubitaciones me decidí por escribir a esta página, mi nombre es Juan Diego y el relato que os voy a contar incluye a una dignísima señora que se llama Valentina. Trabajábamos en un hospital peruano, ella en una sección de finanzas y yo me dedicaba como administrador, los dos casados y felices en sus hogares.
Teníamos aproximadamente dos a tres años de conocernos y coincidencias del destino se fue a vivir en el trayecto que yo hacía diariamente a mi casa.
En este tiempo siempre demostré un respeto muy cordial, alguna vez conocí a su esposo, un señor médico cirujano que laboraba en otra ciudad y venia solamente los sábados y domingos a visitar a su esposa y sus dos menores hijas. A la mayorcita le enseñaba pues también yo era docente universitario y cosas del destino me toco dictarle un curso en pregrado (seguía sistemas).
El tiempo transcurrió y las miradas cada vez entre nosotros eran sugestivas y por allí uno que otro abrazo o algún beso medio robado que me permitía pensar que algún día ese cuerpo más o menos escultural tenía que comérmelo enterito y en una cama de algún hostal.
Efectivamente sucedió lo que en mis adentros pensaba, una tarde que como nunca me quedé trabajando salimos prácticamente juntos y le dije si la podía llevar a su casa, total estaba en el camino, me dijo “no hay problema” vamos señor…”, justo antes de llegar a su casa, era viernes y le pregunté si no llegaría su esposo y me dijo, no, no llega hasta mañana hoy tiene guardia y no vendrá, entonces la invité a tomar una sangría (vino mezclado con gaseosa) que vendían en una tienda un tanto lejana, me dijo “perfecto”, fue a sí que enrumbé en mi carro al mencionado lugar y empezamos a beber esta vendida sangría, botella tras botella, nos acabamos cinco, a esa altura de la noche a madrugada ya empezamos a besarnos y toquetearnos y a seguir con unos tragos más y ya el instinto pudo más que las ganas de no querer hacer lo que tenía que llegar, nos fuimos a un hotel cercano y allí con más pasión nos empezamos a besar ella estaba con un vestido corto, siempre fue una mujer muy provocativa sentí como empezó a frotarme la pichula yo le levanté la falda y empecé a tocar su concha que por cierto ya estaba caliente y muy mojada, en ese momento me puse algo torpe e hice que se apoyara en la cama, le quité la falda y puse su calzón fuera de mi vista, lo primero que hice fue penetrarla con fuerza ella empezó a quejarse pidiendo que lo hiciera con más calma, en eso que yo la penetraba pude mirar ese ano estrechito cerrado, agarré y metí mi dedo, ella en ese momento se separó de mi y me dijo que ya había llegado muy lejos, se puso a llorar pues en ese instante se acordó de su esposo pedí que se calmara y solicité un trago más al cuartelero y continuamos tomando unos tragos, en eso ella agarró y empezó a mamarme el miembro y yo con la mano derecha empecé a tocar nuevamente su concha y su ano, qué sensación más rica! ella me dijo que fuera más paciente, nuevamente empezamos a comernos como locos, yo empecé a mamar sus senos que tenían unos pezones muy buenos, bajé hasta su vagina que estaba muy mojada, hice que ella se sentara sobre mi cara y empecé a deleitarme con ese sabor que ella tenía luego se levantó y se metió mi verga en su boca, qué delicioso! hizo que la penetrara yo tenía la verga muy dura y se la metí pero hice que se ponga de cuatro patas apunté directo a su culo, le metí la cabeza con calma y ella empezó a gemir y me pedía que ya no lo hiciera, demasiado tarde ya estaba todo adentro, ella suplicaba basta pero poco a poco ella empezó a gemir y eso me excitaba más, un momento de esos en los que yo me movía se me salió la verga y lo que hice fue fijarme en su ano que estaba bastante abierto eso me impulsó a que se la volviera a meter, pero esta vez ya para terminar y empecé a moverme como bestia, ella lo único que hacía era agarrarme con una mano a mi cadera y me decía que lo hiciera, con calma yo ya no pude, ya me venía, solo sé que terminé en su ano, después me dormí por la borrachera. Nunca voy a olvidar ese día pues me la comí por delante y por detrás en tres oportunidades, fue un esperar justo luego de tantos años de conocernos.