Mi marido y yo estábamos pasando una etapa de pura rutina. Prácticamente no hacíamos el amor y. si lo haciamos, no era más que un simple misionero.
Aquella mañana mi marido se levantó temprano. Me dijo que tenía que irse de congreso y que no vendría en toda la semana. Cuando entró en la habitación, con solo una toalla, después de tomar una ducha, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Sentí la necesidad de que poseyerá, así que le dije:
- Cariño, te necesito, quiero que hagamos el amor antes de que te marches.
- No me vengas ahora con tonterías. Sabes que tengo prisa, que todavía tengo que ir a la oficina.
- Vamos, no tardaremos mucho.
Y así fue. Se quitó la toalla, apartó un poco el camisón y me penetró sin mostrar mucha efusividad. Tan solo un par de veces lamió mis pezones y al poco rato empezó a gemir antes de correrse dentro de mi. Se vistió, cogió su maletín, me besó en los labios, se despidió hasta la próxima semana y se marchó rápidamente. Fue entonces cuando me di cuenta de que se había olvidado la agenda encima de la mesa del comedor. Me vestí y cogí un taxi para llevársela a la oficina. Subí con rapidez y me sorprendió no encontrar a su secretaria en su escritorio. La puerta no estaba encajada y vi como se la estaba tirando encima de la mesa. Mi marido no mostraba la misma efusividad que hacía un rato antes en la cama de nuestra habitación.
Salí corriendo, sin poder parar de llorar. Me puse a caminar por la ciudad y tiré la agenda en el primer contenedor que encontré. Paré un taxi para ir a casa. Era un chico joven, rubio, con el pelo largo y con una voz muy agradable. No pude contener el llanto, por lo que aquel muchacho me dijo:-
- No se ponga así. Cualquier problema que tenga, tiene solución. Una mujer tan atractiva como usted seguro que tiene motivos para alegrarse.
Las palabras de aquel muchacho me hicieron recapacitar. Así que decidí pagarle a mi marido con la misma moneda. Así, que le contesté:
- Tienes razón. Soy una estupida. Por favor llévame a esta dirección.
Durante el trayecto empecé a poner en práctica mi plan. Separé mis piernas para que pudiera ver mis bragas a través del retrovisor y desabroché uno de los botones de mi camisa para que pudiera ver mis pechos.
-¿Tienes novia?- le pregunté.
- No, Señora.
-¿Estás casado?
-No, he tenido mala suerte con las mujeres.
-Me extraña. Eres un hombre muy atractivo. Seguro que muchas mujeres pagarían por estar contigo.
En ese momento llegamos a mi casa. Fue entonces cuando me preguntó:
- ¿Se encuentra mejor? ¿Puedo hacer algo por Usted?.
- Sí, gracias. Ya me encuentro mucho mejor. ¿Quieres subir un rato? Así podremos charlar más tranquilos. Por cierto ¿cómo te llamas? .
- Julián.
-¿qué haces? ¿subes?
- Con mucho gusto.
Subimos por el ascensor sin mediar palabra. Acercó sus labios y nos fundimos en un beso que me hizo estremecer como hacía mucho que no sentía. Nuestras lenguas se encontraron y luego no podían desatarse. Se notaba que estábamos liberando la tensión acumulada. Yo no podía parar de gemir, por lo que Julián me tapó la boca y con la otra me la paso por debajo de la falda. Apartó mis bragas y separó los labios de mi vagina. Me introdujo un dedo y con otro hacia movimientos circulares cerca de mi clitoris. Fue entonces cuando noté como su pene iba aumentando de grosor. Empece a recorrerlo por el pantalón y noté toda su potencia. Estaba deseoso de salir cuando el ascensor se paró. Habiamos llegado. Nos apartamos y fuimos hacia la puerta. Mientras metía la llave en la cerradura, me abrazaba y me cogía los senos con mucha suavidad y dulzura. Su pene seguía erecto y mayor si cabe. La puerta se cerró de golpe y nosotros empezamos a besarnos con pasión:
-¿Quieres que nos bañemos?
-Lo que tú quieras-contestó Julián.
Nos dirigimos hacia el baño. Me desabrochó la camisa y lamió mis senos sin olvidarse los pezones. Los metía en su boca como si fuera un bebé. Los succionaba y los mordía con delicadeza.
A continuación me quitó la falda y las bragas. Desde las tetas, bajo hasta mi sexo sin apartar la lengua de mi piel, hasta que encontró mi vulva. Con la mano apartó los labios y empezo a introducir su lengua. Llevabamos un rato cuando Julián se incorporó. Fue entonces cuando le quite la camiseta. Dejó al descubierto un pecho muy varonil, musculoso y sin mucho pelo. Lamí sus pezones y continué hasta su ombligo. Desabroche el botón de su pantalón y cayeron al suelo. Llevaba un bóxer de color negro. Metí la mano por una de las piernas y noté que la tenía muy dura. La saqué y le quite el bóxer.
- Ven métete en la ducha.
Nos metimos los dos debajo del chorro de la ducha y empezamos a besarnos. Al rato nos enjabonamos y me metí su pene en la boca. Con la lengua hacía circulos en la punta de su pene para a continuación meneársela con mucha fuerza. Mientras lo hacia, lo miraba a los ojos y Julián me lo agradecía metiéndome un dedo dentro de la vagina. Otra vez había conseguido encontrar mi punto G.
-¿Puedo correrme en tus pechos? Desde que subiste en el taxi no me he podido quitar la idea de la cabeza.
- Sólo si me prometes que en el dormitorio vas hacerme disfrutar tanto como ahora. Así que acepté y empecé a masturbarlo de nuevo.
- Ahhh.. sí,sí,sí... ahora....ohhhh me vengo.
Al instante, empezó a eyacular y cogí su pene y lo golpeé contra mis pezones. Fue una sensación maravillosa sentir aquel pene rozando mis pezones. Chupé sus testículos y las últimas gotas cayeron sobre mis tetas. Estuvimos un rato abrazándonos y besándonos con mucha pasión. Hacia mucho tiempo que un hombre no me hacia sentir tan mujer. Después nos secamos y desnudos nos dirigimos a la habitación. Sentada sobre la cama empecé a lamer sus testículos.
-Julián, espera un momento- Metí la mano en el cajón y saque un preservativo. Se lo puse y empecé a chupar aquella verga, que volvía a recuperar la dureza de antes.
- Ahhh, ¡qué bien lo haces! Sigue no pares...
Llevábamos un rato cuando el me dijo:
-Ahora me toca a mi. Túmbate que voy a darte todo el placer que pueda. Con su lengua recorrió todo mi cuerpo. Cuando llegaba a mi sexo, empezaba a lamerme en otra parte más lejana, lo que iba que mi deseo fuese aumentando. Ya no podía más así que lo dirigí hasta mi sexo. Empezó a succionarlo y darme lametazos que hicieran que me corriera varias veces.
- Vamos penétrame Julián.
- ¿Por qué no te pones tú arriba así podrás controlar con que profundidad quieres que entre?
Me puse encima y bajaba y subía con la ayuda de sus brazos que me sujetaban la cadera. Alguna vez soltaba uno de los brazos y me tocaba el clítoris. Creía que iba a reventar de placer. Aquel pene estaba haciéndome recordar aventuras, excesos y tiempos pasados.
- Ponte a cuatro patas, cariño. Me encanta hacer el perrito. Verás como te gusta.
Efectivamente, sentía como su pene entraba y salía, mientras el sujetaba mis pechos con su manos. Apretaba los pezones con los dedos y otras veces me metía los dedos en la boca como si de un pene se tratara.
- ¿Quieres que te lo haga por el culo?Me preguntó Julián. Me quede petrificada. Nunca lo había hecho por el ano con un hombre y mis amigas decían que era muy doloroso.
- Uy... no sé ... no lo he hecho nunca. No sé si me dolera.
- Tranquila, antes de dedicarme al taxi estuve muchos años trabajando de gigolo y puedo iniciarte sin problemas.
- De acuerdo, pero si me duele paramos.
Me pidió otro preservativo y como no tenía vaselina me pidió un poco de mantequilla. Ya otra vez en la habitación, empezó a besarme el culo. Metía la punta de su lengua mientras con un dedo me tocaba el clítoris. Cuando, me di cuenta ya había introducido dos dedos dentro. Entonces empezó a meterme el pene entero en la vagina, hasta llegar hasta el final, y en el culo sólo el capullo. Notaba como cada vez me la iba metiendo más adentro por el culo. El dolor había desaparecido y ahora sólo me preocupaba saber porque agujero iba a darme placer. Estuvo un buen rato alternando pero al final se centró en mi culo. No obstante, no dejo de estimularme el clítoris con la mano. Me tumbó en la cama y, de lado, repitió la misma acción. Me penetraba por el ano y por la vagina hasta que me dijo.
- Cariño, no voy a tardar en correrme. ¿Puedo volver a hacerlo en tus tetas?
- Sí, pero córrete ya. No creo que pueda aguantar más. Creo que voy a perder el conocimiento. No recuerdo las veces que me he corrido.
-No te preocupes que ya viene cariño...
Efectivamente, al instante empezó a eyacular sobre mis pechos, momento que aproveché para meter su pene entre mis tetas y hacerle una cubana para que no quedará restos de semen en sus testículos.
Nos incorporamos y fuimos a la ducha. Julián se marchó, no sin antes intercambiarnos los números de teléfono. Me dio un beso en la boca y me dijo:
-Tu marido tiene suerte de tener una mujer como tú.
Este es una de mis aventuras para vengarme de mi marido. Si os interesa, puedo contaros alguna más...