Me llamo Marie, soy casada, bonita y tengo 26 años. Hago mucho deporte y me encanta el Gimnasio. Estoy casada hace dos años, y aunque no se cuantos hombres me han hecho insinuaciones en el Gim, nunca me intereso ninguno, pues amo a mi marido. Sin embargo desde hace unos tres meses le estoy siendo infiel, y tal vez escribo esto porque me siento mal conmigo misma.
Todo comenzo en una playa cuando fui allí sola, pues mi esposo estaba de viaje. Me quede en una posada del pueblito cercano a la playa, y de allí fui caminando hacia el mar. Es como un km al lado de un riachuelo hermoso. Decidí ir por el rio, y allí me encontre frente a frente, con un negro enorme totalmente desnudo. El me miro a los ojos y vi asustada y fascinada como se le erectaba su inmenso miembro. El me sonrió y se puso su traje de baño pidiendome excusas. Al ver que no había ningún peligro bromeé con el y seguí mi camino. Toda esa mañana estuve rememorando el momento. Al mediodía lo vi mirandome tomar Sol, como uso hilo dental podía detallarme perfectamente. Lo invite a venir y estuve charlando con el largo rato. Era un hombre hermoso, fuerte, pero poco estudiado, de hecho era un pescador del pueblo. Sin embargo me sentía muy atraida por el. ¿Qué busca una mujer rubia, bien acomodada y culta en un hombre así?, me pregunte a mi misma, y la respuesta fue obvia:"solo sexo". Me asuste de mi misma y me levante para irme. El se ofreció a acompañarme y acepte divertida. Le iba a coquetear, iba a fantasear con el, y luego lo dejaría, pense. Pero las cosas no fueron así. Caminamos por el río riendonos de nuestro encuentro matutino, y nos fuimos excitando. "Tienes un trasero bellísimo",me dijo. "Tu un portento entre las piernas", conteste. "Pareces una Diosa con tan poca ropa", "y tu una escultura de ébano", José, así se llamaba me tomo por los hombros y me trajo hacia el, dandome el beso más ardiente, cálido, húmedo y erótico que hubiera recibido. Su lengua hizo estragos en mi boca, perdí la noción del tiempo y de la realidad y me abandone a sus deseos. José me desnudo lentamente, y allí en aquel riachuelo, en medio de una selva imponente, deje que aquel maravilloso desconocido me hiciera el amor, y me sentí como una Eva en el paraíso. Su pene se deslizaba en mi cuerpo con una suavidad increible, debido a lo lubricada que estaba, pero nunca hasta ese momento me sentí tan llena y completa, además su carne oscura, donde se destacaban sus formidables musculos, se destacaba de una manera impresionante sobre mi blanca piel. José se vino mientras yo me corría, los chorros de su semen quemando mis entrañas me dieron un orgasmo prolongado, que no oculte, y me aferré a el con desespero. José me beso con ternura, y me dijo un montón de cosas bellas que volvieron a encenderme, por lo que nos amamos nuevamente con pasión.
Después de bañarnos y jugetear en el río, seguimos hacia la posada. Allí lo lleve a mi habitación y desnudando su virilidad lo disfrute oralmente bebiendome todo su semen. Cenamos juntos y nos fuímos a la cama temprano. a las 4:00 a.m. José se fue a pescar diciendome que quería verme más tarde para enseñarme algo nuevo. A las 11:00 nos vimos en la playa y me llevó a su casa, donde nos desnudamos con pasión, pero esta vez me pidió que no me opusiera a nada, pues había notado que nadie había entrado a mi cuerpo por mi trasero. Me encendí, pero también sentí un gran temor y así se lo dije. "No temas mi cielo, respondió, no te voy a hacer daño".
José comenzó a calentarme, y a lubricar mi ano, fue deslizando sus dedos uno a uno tomandose un gran tiempo en hacerlo, abriendome generosamente. Yo gemía de gozo, y temor. Después de darme un orgasmo con su boca, me di cuenta que había deslidado 3 dedos en mi apertura, y yo temblaba de placer y deseo. José me voltió y me pidio que le levantara la cola, lo que hice estremeciendome de deseo. Se monto sobre mi, coloco su glande en mi ano y me apretó suavemente, empezando a penetrarme con su inmensa verga. "Relajate mi vida, hoy va ser el día más importante en tu vida erótica, porque hoy pierdes real y definitivamente tu virginidad". Eso me excito mucho y levante más mi trasero sintiendo como me invadía aquel enorme sexo. Fue una entrada suave, y solo me dolió un instante, sus manos acariciaban mi clítoris y al sentirme totalmente llena, dí un grito de placer y tuve el más intenso y divino orgasmo de mi vida. José siguió montandome suavemente, retrasando varias veces su orgasmo, y regalandome 5 o 6 orgasmos intensos. Esa noche me quede con el, y volví a la ciudad al día siguiente. Ahora cada vez que mi esposo viaja me voy a aquella playa donde me entrego en cuerpo y alma a un hombre de otra raza, cultura y estrato social. Allí, en la soledad de su casa y del río solo soy su hembra, su amante, su puta, su mujer y todo lo que el quiera que sea. José no es culto, ni preparado, ni rico, pero es el hombre más delicioso del mundo y un amante extraordinario.