Aquella tarde quedé con mi primo para que me reformase la instalación eléctrica de la casa aprovechando que las tardes de verano son largas. Llegué tarde. No había nadie en la casa, pero había cables y algunas herramientas en los pasillos. Tampoco había nadie en el jardín.
La luz de la bodega estaba encendida y bajé.
Mi mujer estaba tendida sobre la mesa desnuda y mi primo tenía la cabeza entre sus piernas. Ella gemía y se acariciaba la tetas. Me quedé observando desde la puerta. Ella se incorporó y acarició le acarició la polla y los huevos. Luego se la estuvo lamiendo y chupando un buen rato.
El se tumbó boca arriba en la mesa y ella se puso encima. Se cimbreaba con unas convulsiones muy sensuales y se acariciaba el clítoris. Tuvo un orgasmo desconocido para mi. Le duró mucho rato y creo que se repitió a los pocos minutos porque ella seguía cabalgando sobre él con avaricia.
Pasados unos minutos, se levanto y se la volvió a chupar, ahora con más sensualidad. Lamía desde los huevos hasta el glande, la besaba por todas partes y al final se la metió en la boca hasta que llegó a su garganta. Su cabeza subía y bajaba para introducirse la picha casi entera.
El advirtió que se iba a correr que la sacara de la boca, pero ella siguió con tanta pasión que el no se pudo contener y empezó a gemir con fuerza. ¡Se estaba corriendo en su boca! La corrida fue larga y yo pensé que tendría la boca llena de leche y le empezaría a caer, pero no fue así. Continuó chupándola hasta que se quedó flácida y cuando se la sacó de la boca no había ni una gota de semen. ¡Se lo había tragado!. Estuvo lamiendo sus huevos y su pelvis y alternaba los lametones con besos en la verga.
Luego se vistieron y ella le dijo:
- Date prisa que mi marido no tardará en llegar y prefiero que no se entere.
Subí la escalera sin hacer ruido y salí hasta la entrada. Grité inocentemente:
- Luisa, ya he llegado.
Ella salió a recibirme a la puerta de la casa y me dio un beso en los labios. Yo noté el sabor extraño del semen, pero la besé en la boca con pasión. Estaba muy caliente y deseaba follarla, pero preferí esperar.
Mi primo estaba arrodillado en el suelo intentando enlazar varios cables. Se ruborizó un poco.
- Tu mujer me ha sido de gran ayuda –dijo.
- Ya me lo imagino. Es muy eficiente. Si necesitas alguien para que te eche una mano te la llevas contigo a trabajar.
- No me lo digas dos veces, que a lo mejor lo hago.
Fue la primera vez que vi a mi mujer con otro, pero no fue la última.