Índice » Hetero Infidelidad » Se volvieron a follar a mi esposa

Hola, soy el feliz cornudo que hace algunos meses les contó “Un masajista se folló a mi esposa”.

 

Desde ese día mi esposa y yo hemos disfrutado más intensamente de nuestra sexualidad ¡Cómo me excita cada vez que ella me da dos besos en la frente! Uno a cada lado de la frente en representación de la linda cornamenta que llevo y ella disfruta.

 

Les comentaré algunas cosas que han cambiado: Antes del 28 de junio del 2007, cuando yo le preguntaba “¿de quién es esta linda chuchita? (refiriéndome a su vagina, por supuesto), ella respondía “tuya amorcito”.

 

Ahora, ante la misma pregunta la respuesta es “mía”. A lo que yo siempre le preciso que aunque tenga libertad de uso sigue siendo mía. Pero ella no está de acuerdo y me dice que ya perdí la propiedad que ha vuelto a ser de ella y que se la entrega a quien ella quiera.

 

Otra cosa que cambió aquel 28 de junio es que a partir de esa fecha cuando yo le preguntaba ¿cuántas pingas se ha comido esta linda chuchita? la respuesta en automático era “dos” (no recuerdo si lo comenté en el relato anterior, pero es importante resaltar aquí que hasta sus 34 años, la mía era la única que ella había probado).

 

Una noche hubo un cambio en esta última respuesta. Estábamos en la cama con la luz apagada, ambos desnudos, nos acariciábamos, ella me besaba mis cuernitos (dice que se me pone más dura cuando lo hace) y mientras yo jugueteaba con sus bellos púbicos le volví a preguntar ¿cuántas pingas se ha comido esta linda chuchita? a lo que respondió “varias”.

 

Me quedé pensando un momento y entonces continué preguntándole ¿cómo que varias? y ella insistió… varias, tal como te acabo de decir, varias. Y entonces me empezó a contar:

 

Recuerdas aquella noche en la que yo tomé la iniciativa (normalmente soy yo quien la busca para tener sexo) y que te puse la chucha en la boca y te obligué a que me la lamieras… quería saber si aún podrías notar el sabor del condón que uso el tipo con el que había follado ese día en la mañana.

 

Me quedé asombrado con lo que me acababa de decir y entonces le pedí que me cuente con detalles lo que había sucedido.

 

Resulta que un día de diciembre, durante los últimos días de clase de mis hijos, ella los llevó al colegio como de costumbre y yo me fui a trabajar como de costumbre. Ella ya había planificado con anterioridad lo que iba a suceder aquel día. Había contratado un servicio de acompañante, compró ropa interior especialmente para la ocasión (según me dijo blanca con círculos morados), preservativos de sabores, una botella de Baileys y contrató una habitación de hotel en un lugar un poco alejado.

 

Ella llegó primero para vestirse (como habíamos salido juntos, había salido vestida como acostumbra a hacerlo todos los días), se dio un baño, se perfumó, se colocó la ropa interior que había comprado, una falda pequeña y una blusa… y esperó…

 

Al rato llegó aquel afortunado tipo. Según me dice era un poco más alto que yo (yo mido 1.68m así que calculo que medía 1.75m aproximadamente), guapo y bien vestido.

 

Entró, la saludó con un suave beso en la mejilla y diciéndole con vos tranquilizadora que estaba a su servicio y que sólo haría lo que ella permitiera.

 

Ella sirvió el Baileys para bajar la tensión, se sentaron al borde de la cama para beberlo mientras conversaban de cosas sin sentido. Se tomaron 2 vasos cada uno antes de que él pasar su brazo por sobre los hombros de ella para empezar a besarla en la mejilla, cuello, orejas… soplaba en su oído y le susurraba lo guapa que estaba y que ella le iba a rogar que la penetre…

 

El se quitó la camisa y desbrochó la blusa de ella, alabó lo lindo de su brasier y pidió ver aquella prenda que le hacía conjunto así que ella se puso de pie y el levantó su falda deslizándola hacia arriba y sacándola por sobre ella.

 

Por supuesto comprenderán que a esas alturas del relato yo estaba con el pene a punto de explotar. Me imaginaba a mi esposa en un cuarto de hotel, vestida sólo con ropa interior ante un desconocido que ya estaba medio desnudo y ambos algo relajados por dos vasos de alcohol…

 

Por fin llegó uno de los momentos que ella más había estado esperando: le desabrochó el pantalón y lo deslizó hacia abajo dejándolo sólo con el calzoncillo, el mismo que no duró mucho tiempo en su sitio.

 

Una vez que deslizó el calzoncillo para abajo pudo descubrir, según me cuenta, una verga más larga y gruesa que la mía con la cual se quedó completamente fascinada.

 

Tomó uno de los preservativos y se lo colocó para luego arrodillarse frente a aquella verga. ¡Cuánto me hubiera gustado verla en aquella posición! Su segunda verga en la boca… le chupó la verga, le lamió los testículos y lo masturbó hasta que se le cansó la mandíbula y entonces ella se levantó y echó en la cama.

 

Él le abrió las piernas, hizo su calzón a un lado, y empezó a lamerle la chucha… se la lamió y se la lamió hasta que ella tuvo su primer orgasmo.

 

Entonces, finalmente sucedió lo que él le había pronosticado: ella se quitó el calzón y abriendo más las piernas le dijo “tengo un problema y tu tienes una enorme solución… penétrame” y él, muy obediente, se puso otro preservativo y colocándose encima de ella le clavó con aquella enorme dotación.

 

Ella lo describe como una gran sensación… por supuesto que la situación era súper excitante para ella: totalmente desnuda en un cuarto hotel con un desconocido que la folla con una enorme verga mientras ella abre las piernas lo más posible mientras el cornudo de su esposo está trabajando ignorando completamente lo que ella está viviendo…

 

Aquel extraño la penetra fuertemente, se la meta y se la saca a un ritmo que a ella le gusta. Ella siente su peso presionándola contra el colchón mientras le susurra al oído “¡qué rica zorra tienes!”, “¡trágate mi sable!”, la llama puta, la llama zorra y a ella le gusta… grita sin control, no le importa que escuchen afuera de la habitación… total, un tipo que no es su esposo se la está tirando y quiere que todos sepan que lo está disfrutando.

 

Sin sacarle la verga la cambia de posición, giran y la pone encima para que ella cabalgue un rato y ella, sin dejar de gritar, brinca encima de él, la idea es sentir cómo aquella verga llega y coloniza aquella parte de su vagina a la que nadie había llegado antes, estaba penetrada más profundamente que nunca.

 

La hacen girar para que ella le de la espalda y luego la ponen de a perrito ¡Qué posición! La que a ella más le gusta, con ninguna otra se siente tan sometida como en cuatro patas (para el que la penetra la vista es espectacular: la imagen de su culo en primer plano, su enorme culo, con el ano asomándose en cada retrocedida para embestir…).

 

Hay un espejo en la cabecera de la cama, ella se está mirando cachar, se excita más viéndose fornicar con aquel tipo. Ella está gritando muy fuerte y él la recompensa con movimientos más violentos hasta que ella sucumbe ante su segundo orgasmo y se retuerce y grita y respira agitada.

 

Él aún no está cansado, la deja que tome aire, ella se para a caminar, las piernas le están temblando, él la observa caminando desnuda por el cuarto, alaba su cuerpo, ella lo mira sonriendo, él se para y se acerca a ella, la abraza y la acerca hasta una pared. Ella entiende lo que el busca y le facilita las cosas, se pone de cara a la pared, se apoya con ambas manos, separa las piernas y levanta el culo facilitándole el camino. Él se para detrás de ella y desliza su pinga, desde atrás, dentro de su vagina.

 

Empiezan las embestidas. Él la tiene tomada por la cintura y le realiza un brutal mete y saca. Ella está feliz ¡Qué rico se la están cachando! Ella baja su mano derecha y empieza a masturbarse, le gusta lo que siente pero quiere más. A él le gusta esa actitud y la premia con más pinga, pone el ritmo a máxima velocidad y le arranca más gritos ¡cáchame!, grita, ¡cáchame!

 

Finalmente le arranca su tercer orgasmo ¡Qué tal aguante del tipo! Si se han dado cuenta hasta el momento él no se ha venido. Ella le pidió que no se corra dentro de ella así tenga condón y ella es la que manda, pero ella lo quiere premiar y le alcanza su ropa interior para que se masturbe y se corra sobre ella.

 

Él obedece y se arrodilla sobre la cama y empieza a masturbarse sobre la ropa interior. Ella se pone en diferentes posiciones para que el observe bien y se grave en la memoria el cuerpo que se acaba de comer. Le muestra la chucha abierta de piernas, le muestra el culo puesta a cuatro patas. Le observa las piernas, el culo, el ano, su rostro volteando hacia él sonriéndole y finalmente él se corre sobre el calzón de ella.

 

El se viste, cobra y se va despidiéndose con un beso en la mejilla mientras ella aún está desnuda.

 

Ella se queda un rato más, se da un baño, cuidando de no dejar correr mucho agua por la vagina, quiere cuidar que de ser posible quede algún sabor para el cornudo. Piensa en la noche que le espera, sin que el cornudo sepa va a comparar las dos pingas. Se viste y emprende el camino para realizar sus actividades normales diarias.

 

En la noche todo fue normal sólo que esta vez ella tomó la iniciativa y lo primero que hizo fue arrodillarse sobre mi cara obligándome, sin que yo lo sepa, a lamer la vagina que horas antes había sido penetrada por otro.

 

La verdad es que no me percaté de diferencia alguna pero me hubiese gustado darme cuenta.

 

Y cuando me lo contó (varias semanas después) me excité mucho y la follé varias veces pensando en la experiencia que me había contado. Si no existiera el peligro del VIH le rogaría que la próxima vez lo intente con la zorra llena de leche pero tampoco estamos dispuestos (ninguno de los dos) a poner en riesgo nuestra salud. Yo continuaré siendo un feliz y seguro cornudo.

 

Espero contar pronto con una tercera ocasión. A veces pienso que ya a sucedido y que aún no me lo ha contado, me excita la idea y paro con la pinga tiesa.

 

Lima, Perú, mayo 2008.

escrito por Carlos R.
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