No era la primera vez que mi marido y yo íbamos a un camping nudista de la provincia de Málaga, pero sí la primera que me sucedió algo inesperado.
Llevábamos ya una semana allí, cuando en la tarde del viernes una pareja comenzó a colocar su tienda junto a la nuestra, no sé por qué, pues estaba harta de ver hombres desnudos allí, cuando vi al nuevo vecino montando su tienda, aún vestido, sentí algo totalmente nuevo, sentí el deseo de ver su cuerpo, de tocarlo. No sé si era hermoso, sólo que me sentía terriblemente atraida hacia él.
Una vez que terminaron de montar la tienda él se desnudó para ir a la ducha, me quedé observando su cuerpo y no sabía qué me pasaba, no podía quitar mis ojos de su sexo, precioso, grande, potente...no pude evitarlo y fui detrás de él para compartir la ducha que estaba al aire libre, para seguir viéndolo disimuladamente.
Me coloqué junto a él, no sé si por timidez él no parecía darse cuenta de mi presencia, y sentí como el agua que había tocado su cuerpo salpicaba el mío, vi como lavaba cada una delas partes de su cuerpo, también su sexo, cómo crecía este al frotárselo sin más intención que eliminar el sudor del viaje.
Cuando se secaba sentí que me miró por primera vez, devolví la mirada esta vez a sus ojos y por un segundo creo que se hizo complice de mi deseo, justo cuando llegaba su novia.
Se dirigieron a la playa, nudista también, mi marido, que no se había dado cuenta de nada, y yo seguimos sus pasos y como sin querer nos colocamos al lado de la pareja.
Estábamos tumbados en la arena, nos miramos y sentimos. El tuvo que ponerse boca abajo para ocultar su erección y por debajo de su brazo yo sabía que me miraba, la situación era muy morbosa y yo no sabía en qué iba a acabar todo aquello.
Habría pasado un cuarto de hora cuando mi deseado desconocido fue a bañarse, solo, antes de ir hacia el agua miró mis ojos y dejó resbalar su mirada por mi sexo. Me sentí atraida como un imán, dije a mi marido que si nos bañabamos, él contestó que seguiría tomando el sol un rato y yo me dirigí hacia el agua.
Apenas si había entrado y aún de pie noté cómo el buceaba muy cerca de mi cuerpo, me miraba bajo el agua, salió frente a mi y sólo dijo "hola" al mismo tiempo que sonreía.
El agua era absolutamente transparente, yo le seguí el juego, buceé entorno a el con los ojos bien abiertos, él estaba absolutamente erecto, precioso. Al pasar dejó resbalar su mano por mi espalda, por mis nalgas. Cuando noté su mano ahí salí, le miré como si estuviera enfadada, cuando en realidad estaba encantada, y como si de una venganza se tratara me acerqué, después de obswervar que en la arena nuestras parejas estaban distraidas, y tomé entre mis manos su pene.
Alguien entró en el agua junto a nosotros.
Durante todo el fin de semana, hasta que se fueron el domingo, vivi la mayor situación de morbo que he conocido en mi vida. No hubo sexo, sólo ese minimo roce submarino, pero no cambiaría por nada los momentos que viví de tensión y deseo