El relato de hoy habla de un chico muy normal al que la vida ofrece una experiencia digna de los mejores cuentos eróticos jamás escritos y que abrirá su mente de tal forma, que marcará sus actos el resto de sus días.
¿Qué quién es ese afortunado? No puedo evitar que se dibuje una sonrisa picara en mi rostro cuando pienso que ese chico soy yo, y es que cuando acabe la historia todos comprenderéis bien el porqué y os aseguro, que me envidiareis de por vida.
Como os decía yo soy un chico normal, educado en una familia de clase media, con una educación familiar tirando a clásica, es decir, todo indicaba que mi vida sería 10 horas de trabajo, 1 ó 2 polvos a la semana con mi mujer, la parejita de niños y algún hobby de esos que salen en los fascículos. Sin embargo desde aquel día una estrella especial me guía y me ha hecho vivir las más excitantes aventuras que cualquiera puede soñar.
Todo ocurrió cuando tenía 21 años, a punto de terminar la carrera. Hasta entonces había tenido un par de novias oficiales y algún que otro rollito de barbacoa, pero mis experiencias se limitaban a lo más básico. Había hecho el amor sin saber muy bien lo que hacía y sin más motivación que la de hacer el propio acto, jamás había cumplido ninguna perversión, ni sueño erótico o fantasía y además estaba totalmente convencido de que esto solo era posible en los libros o pagando lo que le quita la gracia, ¿verdad?
¿Os habéis fijado alguna vez en uno de esos yogurcitos? ¡Sí!, esas chicas con cuerpos de diosa griega recién formados y una mirada tan inocente y provocadora a la vez que parecen estar pidiendo a gritos lecciones de amor. Si sois normales, como yo, os habréis fijado en ellas intuyendo el placer que se podría obtener de ellas pero jamás se os habrá ocurrido, en serio, intentar nada porque nos sentiríamos un poco agresores de esa inocencia y estamos seguros de que al final nos arrepentiríamos. Pero ¿qué ocurriría si la vida creara una situación especial que no te dejara opciones, una situación en la que la conciencia no tuviera la más mínima oportunidad de influir sobre los instintos? Todos sabéis lo que ocurriría pero desdichadamente estas situaciones no ocurren en la realidad, casi nunca...
“ Hola que tal “ y dos besos es lo único que había intercambiado hasta aquel día de mayo con Raquel, la hermana de mi mejor amigo. La conocía desde hacía 6 años, cuando iba a casa de Ramón a beber agua después de jugar al fútbol en el polideportivo que había cerca de su casa. Entonces, lo más erótico que había visto de ella era su barbie desnuda tirada en un rincón del sofá. Y es que, amigos, el tiempo con las mujeres hace maravillas y jamás se puede saber, cuando son niñas, cuales de ellas se convertirán en frutos del paraíso.
Ramón no era un chico tan normal como yo, porque sus padres estaban forrados, su casa era una pequeña mansión con un enorme jardín lleno de árboles de jardín, una piscina y con una casa de invitados al otro lado de la misma. Me encantaba ir a su casa y hacer el gamberro en la piscina, jugar con sus coches teledirigidos y con su gran colección de videojuegos. Cuando lo que os voy a contar ocurrió yo casi no pisaba su casa, salvo para alguna fiestecilla que organizábamos y cuando se hacían eran en la casa de invitados por lo que hacía años que no veía a nadie de la familia salvo a su madre.
Aquella primavera, ya llevaba cuatro años trabajando por las tardes en el montaje de todo tipo de cristales, ese era el negocio de la familia. Ese año el padre de Ramón decidió hacer reformas en la casa y contrato a mi padre para instalar claraboyas en el patio interior de la casa, una pared de vidrieras en la casa de invitados y alguna que otra mampara. Yo fui el elegido entre la gran plantilla de nuestra empresa (mi padre, mi hermana, mi primo y yo) para realizar tan arduo trabajo y con esa misión me presente en casas de Ramón el Viernes por la tarde.
El viernes se consumió trasladando material a la casa y ayudando a Paco y a Ramón a retirar todo lo que estorbaba a mi cometido, porque al día siguiente no habría nadie en la casa que pudiera ayudarme a hacerlo. Ramón se iba esa misma tarde con su padre a pescar y Paco estaría al día siguiente de compras en la ciudad hasta bien entrada la tarde. Por cierto, ¿os he presentado a Paco?.Paco es el “abuelo” de la casa, está contratado en la casa desde mucho antes que Ramón naciera y hace de jardinero, chapucillas, guarda y abuelo improvisado. Para terminar con el servicio también he de deciros que hay contratada una chica para todas las tareas domésticas, pero que no vive en la casa, afortunadamente para Ramón, puesto que es una de esas “mamas del año” y no creo que la mente calenturienta de Ramón fuera capaz de soportar dormir bajo el mismo techo sin matarse a pajas.
¡Que pringao soy! Es lo único que pensé cuando al siguiente día a las 6:30 de la mañana sonó el despertador, pero las empresas familiares tienen esa peguita. Tras deambular por mi cuarto hasta encontrar la salida más próxima a la cama que no resultaron ser ni la del armario ni la del ropero empotrado, me vestí para la faena y puse rumbo en mi deportiva C-15 al curro.
Atravesé la puerta de la parcela a las 7:25 con la llave que me había dado Ramón y comencé mi tarea en la casa de invitados, la pared de la vidriera me llevaría casi toda la mañana. A las dos horas el claxon del Range Rover me saludo tímidamente, era Paco que se marchaba a la ciudad y a las 8:30 apareció la madre de Ramón tan amable como siempre a traerme un cola-cao y unas galletitas, hacía años que no iba por allí pero se acordaba perfectamente de mis gustos.
Si pena ni gloria paso la mitad de la mañana y a las 11:00 de la mañana empezó el movimiento en el jardín. Cuando quise darme cuenta estaba lleno de gente joven haciendo ruido y bañándose en la piscina. Ellos llenos de barrillos e hiperactivos y ellas, en su mayoría, tomando el Sol e imagino que cotilleando de chicos, aunque no de los que estaban allí porque a las jóvenes siempre le gustan los chicos con menos hormonas y más experiencia. Como negar que cuando vi tanto revuelo me asome a fisgar un poco y a buscar entre tanta juventud alguna futura maravilla de la naturaleza, porque hay que estar atento a la “cantera” que de vez en cuando regala alguna que otra alegría a la vista.
En este caso destacaba entre todas una chica castaña, preciosa y delgadita, a la que auguré un gran futuro con los chicos y nombre de manera unilateral desde aquel momento “Miss Fiesta de la Piscina” después de verla sonreír. Tras imaginarla de rodillas ante mí y no precisamente para rezarme un padre nuestro, me gire para continuar con la faena que termine media hora después. Recogí las cosas y crucé el jardín, no sin ningún comentario típico de sobre mi trasero.
El techo de la casa principal era mi siguiente objetivo y hasta allí subí. Desde allí contemple el final de la pequeña fiesta y como “Miss Fiesta de la Piscina” se marchaba no sin antes volver a clavar sus rodillas frente a mí, en otro alarde imaginativo. Pronto la hora de comer se me echo encima y declinando la invitación de la madre de Ramón con la excusa de las prisas, me dirigí al baño para lavarme las manos y volver al tejado donde tenía pensado disfrutar de mi merecido bocadillo de calamares, porque la casa de Ramón esta en un valle orientado al mar y las vistas son increíbles. En mi camino de vuelta no puede evitar mirar por la puerta entreabierta del dormitorio de los padres de Ramón.-¡Joder!-me dije a mí mismo y no era para menos porque la imagen que contemple fue tan impactante que aunque, por vergüenza, no me detuve, retuve esa imagen como una foto fija durante varios minutos para poder repasar los detalles. Allí estaba tumbada en la cama de matrimonio, era una chica que parecía bastante joven y que llevaba puesto un top de tirantes azul y una faldita estampada de flores en tonos rosas. ¿Cómo se me paso esta preciosidad en el recuento de la piscina?
Estaba boca arriba con el mando de la televisión en la mano y haciendo zapping, lo que no tiene nada de especial, salvo por el hecho de que tenía unas muy moldeadas piernas y un culito que quedaba ligeramente al descubierto por esa ley de la física que dice que las faldas tiende a subirse por los muslos de las mujeres, confirmado que hasta la ley de la gravedad tiene sus excepciones. Se había subido por encima de los muslos dejando ver el principio de unos glúteos muy prometedores. Entre sus nalgas una delgada franja de color blanco dejaba adivinar su minúscula braguita y más arriba su pelo liso suelto que caía sobre uno de sus hombros dejaba al descubierto el perfil de un rostro juvenil de rasgos muy tiernos. Fue sólo un instante el que contemple la imagen pero mi imaginación se desató y no paraba de peguntarme como sería el resto de ese su cuerpo, que cara tendría, y sobre todo a quien pertenecería.
No tarde mucho en hacer cuentas y llegar a la conclusión de que no podía ser otra que Raquel, la hermana de Ramón. Cuanto había crecido y que bien lo había hecho, era un yogurcito y no se me quitaba de la cabeza mientras que subía al tejado. Me senté a la sombra y tuve que resistirme para no volver al pasillo a fisgar en aquella habitación. La hermana de mi mejor amigo estaba buenísima, lastima que fuera tan joven, debía tener 18 años recién cumplidos pero estaba para comérsela. La niñita me había puesto como una moto y ni siquiera se había enterado, si supiera como me ardió el pecho cuando la vi y las ganas que me entraron de abrir la puerta de golpe, arrancarle la faldita, besarla en la nuca y poseerla en la misma posición en la que estaba, se habría puesto como un tomate.
Tardó en pasar la calentura pero el trabajo me ayudo y continué en el curro hasta las 5 de la tarde en la que volví a sentarme a la sombra. Estaba mirando el paisaje cuando me fije en el jardín, en un rinconcito, aparentemente oculta, estaba Raquel, tomando el sol sobre una toalla mientras leía un libro. Esta vez tumbada sobre un costado, con el pelo recogido. Era guapísima, casi no reconocía en ella a la niña que yo recordaba, mucho menos con esos pechos, cuyo tamaño era ideal para mis gustos, que invitaban a acariciarlos y morderlos con los labios. Estaba claro que el destino me estaba indicando algo porque no era normal esas dos visiones tan excitantes en un solo día y volví a las andadas, imaginado, esta vez ya con un rostro claro, como la inexperta Raquel y yo hacíamos el amor, llegando a escuchar en mi mente sus gritos de placer.
Como veis la tarde que ya era calurosa de por sí se volvió aún más tórrida y tras media hora decidí dar por terminado el trabajo en el tejado y bajar a la casa de invitados con la excusa de medir la mampara del cuarto de baño que tenía que colocar al día siguiente, pero con la intención de ver de cerca de Raquel y de que ella me viera a mí. La desagradable sorpresa fue que cuando baje, Raquel ya había desaparecido y bastante cabreado por mi mala suerte me dirigí a la casa de la piscina, para medir la dichosa mampara. Entré en la casa, me dirigí al baño y decidido abri la puerta y me colé hasta dentro, escuche un ruido de chapoteo de agua, gire la cabeza y de repente vi a Raquel en la bañera. Nuestras miradas se cruzaron un instante antes de que ambos nos diéramos cuenta de lo embarazoso de la situación y antes de que ella tras el susto, que le hizo pegarse a la pared de la bañera como si estuviera al borde de un precipicio, se sentara recogiendo las piernas con la ayuda de sus brazos para taparse lo mejor posible.
Como ya digo fueron sólo décimas de segundo, pero lo suficiente para contemplar sus pechos desnudos y mojados. Unos pechos con el tamaño justo y que por su juventud apuntaban bien alto. No hubo palabras, ni el típico grito histérico por su parte, simplemente me volví rápidamente sobre mis pasos, salí del baño y cerré la puerta tras de mí. Inconsciente o conscientemente no cerré la puerta totalmente y una delgada apertura quedo entre ella y el marco por la que contemple, gracias al espejo, la posición avergonzada que había adoptado Raquel. Aún así estaba preciosa y tentadora, entre sus brazos y piernas quedaban atrapados sus senos y el principio de sus caderas asomaba entre la espuma. Pero me fijé en algo más, aunque estaba colorada, por la vergüenza en su rostro se dibujaba una sonrisa muy pícara. Conseguí vencer la tentación de seguir mirando e inmediatamente cerré la puerta completamente.
Hasta entonces ninguno había dicho nada, salvo un apagado “Lo siento” que fue lo único que se me ocurrió mientras que cerraba la puerta del baño. No sabía que hacer, me voy y no digo ni palabra, pido perdón mas correctamente, le doy alguna explicación, no sabía que hacer.
-¿Estás aún ahí?- dijo Raquel que a pesar de su edad y de ser la que tendría que estar más violenta había reaccionado mucho antes que yo.
-Sí- contesté y sólo entonces empecé a darle mis excusas, le conté que había entrado a tomar medidas y que creía que la casa estaba sola por lo que no había llamado. Ella, asombrosamente también se disculpó.
– Es que yo creía que ya habías terminado en la casa de invitados y como acababa de tomar el Sol decidí tomarme un baño aquí- me explicó Raquel. Me puse en mi papel de mayor y le dije con cierto aire de superioridad que no se preocupara, que no le diera importancia al asunto, que yo era mayor que ella y que se hiciera a la idea que era su hermano, que no se sintiera avergonzada. –Además, Raquel, tengo que pedirte un favor- y continué – No le cuentes lo que ha pasado a Ramón porque me sentiría muy avergonzado- le dije intentando que no se me notara la aceleración del pulso en la voz tras haberla contemplado casi completamente desnuda justo el mismo día en el que dos pensamientos impuros sobre ella habían pasado sobre mi cabeza.
-No te preocupes- su voz era muy bonita, tierna e increíblemente calmada, aunque de vez en cuando aparecía la típica risa nerviosa. –Además, seguro que has visto chicas mayores desnudas y total yo soy una cría comparada contigo, vamos a olvidar el tema, pero la próxima vez llama a la puerta, ¿ok?- me dijo con cierta sorna.
A esas alturas, la conversación ya tenía un tono casi jocoso y para seguir por ese camino y con la idea de disminuir la tensión le dije que estaba en lo cierto. –Es verdad, aunque tu ya no eres ninguna cría, te lo puedo asegurar - le dije mordiéndome la lengua en la última parte de la frase porque me estaba dando cuenta de que estaba pasando un poco con el comentario y podía ofenderla. Cinco segundos del más sepulcral silencio siguieron a mi metedura de pata, cinco segundos eternos.
-¡Ja, Ja! Míralo como se ha fijado, y dice que no me avergüence, será descarado- dijo entre tímidas risas.
-Era broma... – respondí yo tartamudeando. –Tú eres sólo una niña y yo soy un hombre, no me fijaría en ti jamás en ese sentido- le dije mintiendo como un bellaco.
La conversación tomo un rumbo inesperado y Raquel se enfado por mi último comentario. –Yo no soy ninguna niña, ya soy una mujer en todos los sentidos y si dices que no te has fijado en mí es porque serás rarito- me dijo y no precisamente en tono de broma.
Estaba muy cabreada, y yo no le estaba menos así que no pude dejar la conversación en ese punto, mi estúpido sentido de la masculinidad no podía dejar que una chica que estaba como un tren me acusara de lo que yo no era. Entonces olvide que era la hermana de mi mejor amigo, olvide que era casi una niña y continué con la discusión. –¡Mira niñatilla!, que te quede claro que no soy ningún maricón y precisamente porque soy un hombre hecho y derecho puedo ver a una aprendiz de mujer como tú bañándose y no sentir la más mínima excitación.
-¿Niñatilla? ¡Eso, no te lo crees ni tú!, te apuesto lo que quieras a que no eres capaz de volver a entrar aquí y ver como termino de bañarme sin que te empalmes, ¡estúpido!- respondió ella, tras lo que en mi cabeza se cruzaron varios cables dejando a mi conciencia totalmente KO. Entonces con más ira que otra cosa, entre violentamente en el baño y me plante delante de ella que aún seguía cubriéndose sus senos. -¿Qué estoy haciendo? Seguro que ahora se pone histérica y a ver como cojones explico yo esto- es lo que pensé cuando me di cuenta de lo que había hecho.
-¡Ah, sí!, pues ahora verás como yo si que soy una mujer!- fueron sus palabras clavándome una mirada desafiante. Sin dudar ni un momento se levantó y con los ojos cerrados comenzó a lavarse el pelo. Era imposible, pero me estaba pasando, Raquel desnuda frente a mí, se estaba acariciando el pelo, con sus ojos cerrados y movimientos lentos que la hacían aún más sensual. Contemplé perplejo su cuerpo desnudo al completo, sus pezones rosados y duros, su estomago firme, su ombligo que era en sí mismo una obra de arte, sus caderas de líneas sinuosas propias de una mujer ya formada y, sobre todo, su sexo. No sé sí a esa edad las chicas ya tiene mucho bello púbico pero Raquel no tenía nada, lo que me provocó aun más deseos de tocarla, de besarla, de hacerla mía.
Tras aclararse el champú del pelo, se volvió a sentar en la bañera, que sólo estaba llena por la mitad. Aún seguía con los ojos cerrados. Una vez sentada levanto una pierna y la dejó apoyada en el lateral de la bañera, abrió los ojos y buscó mi mirada. No hizo nada por taparse sus senos que quedaron al aire y con una mirada turbadora me dijo – Ves como te has empalmado, todos los chicos sois iguales por muy mayores que os creáis y tú no ibas a ser distinto-. No le faltaba razón porque ya no me estaba quedando sin espacio en el pantalón, jamás había sentido tanta excitación sólo con ver a una mujer desnuda, pero Raquel tenía algo especial, emanaba sexualidad y estaba pidiendo a gritos que le hicieran el amor.
- Tienes razón, cuando te he visto desnuda me he excitado como nunca y ahora has conseguido descontrolarme, así que ahora mismo voy a desnudarme, me meteré contigo ahí y voy a hacerte el amor hasta que caiga muerto- le dije con un tono casi autoritario. De pronto, el nerviosismo había desaparecido en mí, la timidez y los principios se habían esfumado y nada, ni nadie podía ya pararme, iba a follarme a la hermana de mi mejor amigo de sólo 18 años recién cumpliditos y sólo pensarlo me puso a cien por hora. Raquel, cambio su mirada agresiva por una más acorde con su edad, estaba asustada porque había comprendido que yo estaba hablando muy en serio.
-¡No! Espera yo solo quería demostrarte que no soy una niña- me dijo apresurada.
-No, de eso nada, admite que tú también lo estas deseando como yo- fueron mis ultimas palabras.
-Sí... bueno... pero... - dejo de discutir y una mirada muy inocente fue todo lo que necesitó para hacerme comprender que la tenías en mis manos. Empecé a desnudarme y me dirigí a la bañera aún con el slip.
- Por favor, prométeme que no serás brusco porque yo nunca he hecho el amor con nadie, no tengo ni idea de que hacer y la verdad es que nunca he tenido a un chico desnudo junto a mí- me dijo con la respiración acelerada y tan bajito que casi no pude entenderla. Raquel estaba encendida y eso me sorprendió un pelín porque tras lo que había sucedido yo estaba convencido de que no era ninguna novatilla en el asunto, pero estaba equivocado. Tras esta confesión mi excitación se multiplicó por dos y sin decir una palabra, terminé de desnudarme mientras que con una sonrisa casi paternal le hice comprender que conmigo tenía asegurado el buen trato. A medida que me iba acercando Raquel se iba hundiendo en la bañera hasta quedar tan cubierta por el agua como pudo, en lo que me pareció un arrebato de arrepentimiento ante lo que iba a suceder. Cuando ya estaba frente a Raquel, mi pene ya tenía un tamaño considerable sin llegar a estar erecto, estaba a la altura de Raquel y una sonrisa nerviosa se dibujo en su cara.
La cogí de la mano, hice que se levantara y nos besamos desesperadamente, con necesidad, como si nos fuera la vida en ello. Entre beso y beso bajaba la vista para contemplar lo que tenía delante. Desde tan corta distancia era impresionante, su cuerpo era una locura. Delicadamente la tomé de las caderas y la giré para que quedara de espaldas a mí. Mientras que acariciaba suavemente con mis dedos desde la nuca hasta el final de su espalda cogí la ducha y dirigiendo el agua a su trasero fui ayudándome con mi mano hasta que el chorro bañó directamente su sexo. Raquel que estaba bastante nerviosa, empezó a inclinarse buscando la posición más placentera y apoyada sobre la pared del baño, empecé a pasar mis dedos por toda esa zona, como si estuviera acariciando las alas de una mariposa.
El agua y mis dedos hicieron una mezcla explosiva que sumió a Raquel en gritos sordos de placer, gritos deliciosos en su tierna voz. Yo me recreaba contemplando su culito, era el más sugerente que jamás había tocado. La respiración de Raquel se aceleraba por momentos y con el eco de la habitación se amplificaba resonando en mi cabeza. Estaba a punto de volverme loco de placer y aún no habíamos empezado así que tras varios minutos deleitándola, porque quería asegurarme que ambos estuviéramos en al mismo nivel de excitación, decidí sacarla de la bañera. Sin avisar la agarré por la cintura y la cogí en brazos, la saque de la bañera mientras que ella no paraba de besarme alocadamente con su jugosa boca. Mi pene ya erecto desde hace un buen rato, rozaba con sus muslos, cosa que Raquel también notó porque con el primer contacto sus ojos se abrieron como dos soles.
Fuera del baño y aún en brazos, la metí en una de las habitaciones. La tumbé boca arriba, tomé su mano, la lleve hasta su monte de Venus y ambas manos fueron bajando hasta que ella misma me indicó la exacta posición de su clítoris. Entonces le pedí que se relajara, se recostara y que con sus dedos me abriera paso hasta él. Entonces yo me puse de rodillas al borde de la cama y comencé a besarla y lamerla, con mi lengua haciendo movimientos lentos y circulares por la zona mientras que con mis dedos acariciaba la cara interior de sus muslos. Comenzaron a aparecer espasmos de placer, su respiración entrecortada liberaba gemidos y su cara reflejaba una un gran placer. Estaba claro que nadie había practicado con ella sexo oral tampoco y estaba claro que no le desagradaba. No pude evitar por unos segundos levantar la cabeza sólo para recrearme contemplando la cara de Raquel, que estaba más guapa que nunca provocando en mi unos deseos irrefrenables de penetrarla, pero afortunadamente sabía por corta experiencia que para que aquello saliera redondo, debía tener un poco de paciencia.
Continué esmerándome con Raquel, hasta que me di cuenta que con sus puños cerrados estaban tirando de la sabana y que con su espalda totalmente arqueada Raquel ante su primera experiencia había sobrepasado los limites. -¿Qué tal estás? – le pregunté poniéndome sobre ella y tras besarla apasionadamente. Ella simplemente me devolvió el beso, buscando mi lengua dentro de mi boca, para seguidamente abrazarme como agradeciéndome lo que yo imagine había sido su primer orgasmo con un hombre.
Era la hora, ya no podía retrasarlo más, comencé a lamer sus pezones aprovechando mi posición sobre ella. Sus pechos eran colinas ardientes y cada contacto de mi lengua con ellos los hacía endurecer. Los tomé con firmeza pero sin apretar porque un cuerpo tan virginal no merecía otra cosa mas que dulzura y suavidad. Después me tumbe a su lado y le pedí que se pusiera boca abajo. Ella obedeció inmediatamente, entonces yo me puse de rodillas detrás de ella, la agarré por la cintura y levante sus caderas hasta que apoyo las rodillas en la cama. Con mi mano izquierda volví a acariciar su flor mientras que con la derecha hacía pasadas por su espalda arañándola levemente con mis uñas.
Su piel estaba empapada en sudor, que había sustituido al agua desde que salimos de la bañera. Ella levantó la cabeza del colchón y la giró hacia mí con curiosidad, quería ver lo que iba a hacer con ella.
- No te preocupes, relájate y apoya la cabeza y el pecho en la cama- le dije mientras mi mano derecha sobre su espalda la acompañaba hasta la posición que yo quería. Una vez allí la agarre fuertemente por las caderas acerque mi cintura a ella y empecé a acariciar su sexo con mi pene desde delante hasta atrás. Me incline sobre su espalda y empecé a besar su cuello mientras con una mano tocaba los pechos. Así estuve hasta que note que estaba totalmente preparada.
Allí la tenía rendida ante mí, deseando que la penetrara. Agarré mi pene y lo introduje suavemente en su vagina. Con cada centímetro que introducía Raquel aumentaba la intensidad de sus gemidos y el ritmo de su respiración. Ya estaba totalmente dentro de ella, así que agarre su cintura y empecé a follármela. Los gemidos dejaban paso de vez en cuando a suaves gritos agudos y a medida que mi pene entraba y salía Raquel movía su cadera en pequeños círculos buscando aún más placer y me acompañaba en mi vaivén con la misma coordinación de los bailarines en el tango. En los momentos de mas placer vi como hundía su cabeza en el colchón mordiendo la sabana. Desde mi posición la sensación de dominio sobre Raquel era inigualable, procuré relajarme y ralentizar un poco el corazón tomando y expulsando el aire pausadamente.
Tras varios minutos ya sabía que no podría continuar mucho tiempo así y aumentaba la frecuencia de mis penetraciones a medida que mi clímax se acercaba. Raquel estaba con la cabeza y el pecho sobre colchón, con los brazos estirados y agarrando las sábanas con los puños cerrados. Le di varias palmaditas en el trasero y tomándola de la melena elevé su cabeza por encima del colchón. Penetre más profundo que nunca, tensé su melena, agarre fuertemente una de sus nalgas, se escuchó a Raquel gemir de dolor y me corrí dentro de ella, experimentando una sensación de liberación increíble y un placer indescriptible. Una vez que eyaculé fui suavizando mi vaivén sobre ella hasta que perdí la erección y poco a poco fui soltando su melena para que Raquel volviera a descansar su cara sobre la cama. Así lo hizo y segundos después soltó un profundo suspiro de satisfacción mientras que yo seguía acariciando su espalda y mordisqueaba sus apetecibles nalgas.
Ella se giró y se puso boca arriba, yo me tumbe a su lado colocando mi mano sobre su vientre y besando su hombro. En ese momento me sentí el hombre más afortunado porque era el primero en disfrutar de Raquel, eso ya nadie más podría hacerlo. Había poseído a una joven dulce y tierna, me había comido un yogurcito yo sólo y además era la hermana de mi mejor amigo, lo cual no negaré que tenía un morbo especial. Jamás pensé que una chica tan joven pudiera dar tanto placer, y me pregunté como era posible que hasta me había parecido un crimen lo que acabábamos de hacer si había sido la experiencia más excitante de mi vida.
–¡¡Dios Mío!!- pensé -Lo hemos hecho a pelo- un escalofrío me cruzo por la mente en ese momento, con tanta excitación e improvisación a ninguno de los dos se nos había ocurrido usar nada. La miré a ella tendida en la cama, secándose el sudor de la frente con su mano y recogiéndose el pelo tras sus bonitas orejas y pensé - ¡Qué diablos! Ya esta hecho y bastante bien por cierto, no te preocupes y disfruta del momento-.
-¿Qué hora es?- preguntó Raquel aún con la respiración entrecortada. Habíamos perdido totalmente la noción del tiempo, no sabía si habían pasado 20 minutos o 4 horas. Eran más de las 7 de la tarde, me levanté de un salto, fui al baño me vestí, volví a la cama le di un beso y le prometí que mañana hablaríamos. Ella asentó la cabeza y me dijo que saldría por una ventana de la parte trasera de la casa, para que pareciera que había estado leyendo en el jardín si se encontraba con su madre o con Paco, que ya estaría de vuelta.
Salí de la casa de invitados, fui corriendo hasta la principal, recogí algunas cosas y me despedí de la madre de Ramón sin poder mirarla a los ojos. Al otro día pasaría por allí para terminar los detalles fue lo único que le dije, me monté en el coche y marche a casa. Justo antes de cruzar la puerta la vi por última vez, Raquel estaba sentada en el pasamanos de la esquina de la terraza del primer piso, con una mirada casi de hielo, que me sorprendió. No parecía que hubiera pasado nada aquella tarde, al menos nada inesperado para Raquel.
Por el camino intentaba borrar la sonrisa estúpida de mi cara, para que nadie preguntara el porqué de tanta felicidad cuando llegara a casa pero no me quitaba de mi cabeza la última imagen de Raquel. Aquella noche casi no pegué ojo pensando en ella, reviviendo lo que pasó y rogando por que se repitiera más veces. No os desvelaré si mis deseos se cumplieron o no, pero como ya dije al principio del relato desde aquel día una estrella especial me guía y me ha hecho vivir muchas aventuras que espero contaros pronto.