Soy un hombre que, sexualmente hablando, siempre tuve una vida tranquila, es decir sin demasiadas alternativas. Todo esto fue hasta que comencé a trabajar realizando mantenimiento de hogares, donde fui conociendo mucha gente.
En una oportunidad fui convocado por los padres de una compañera de colegio de mi hijo para realizar la pintura de toda su casa.
Una vez arreglados los detalles del trabajo, comencé mi tarea, que me llevó 15 días.
A este matrimonio lo conocíamos desde hacía 4 años, en los cuales me llamaba la atención ciertas miradas de la mujer, a las que nunca tuve en cuenta.
El esposo se iba a trabajar a las 9,30 horas regresando luego de las 18 horas.
Luego del tercer día de trabajo, los que transcurrieron sin novedad, necesité ayuda, ya que me encontraba arriba de una escalera y le pedí a la mujer que me acercara un pincel que me había dejado en el piso.
Cuando se acercó giré para tomar el pincel, y para mi sorpresa , cuando acerqué mi mano en lugar de darme el pincel me tomó de ella y comenzó a besarla.
Al principio mi sorpresa fue inmensa, pero deje que los acontecimientos continuaran para ver hasta donde se llegaba.
Se llegó muy lejos, ya que luego de besar mi mano, se acercó, estando yo arriba de la escalera quedaba su boca justo a la altura de mis genitales, sobre los que se apoyó y comenzó a besar por encima del pantalón.
Luego desabrochó el mismo, bajándolo, y encontrando mi miembro en absoluta erección, el que se metío todo en su boca, y la realidad es que lo apretaba tanto que me dolía pero no dije nada, ya que lo estaba pasando muy bien.
Siguió unos minutos hasta que estaba por eyacular, le avisé para que no se tragara mi leche, pero pidió que siguiera hasta el fin. No recuerdo haber despedido tanta cantidad de esperma nunca en mi vida, fue impresionante ver su boca y su rostro cubierto con mi leche. Siguió chupando hasta que no quedó rastros del esperma.
Luego bajé de la escalera porque quería complacerla a ella, pero esto lo dejo para otro relato.