Índice » Hetero Primera vez » Pompolla

Tenía dieciocho años recién cumplidos y me encontraba en Italia, de viaje de fin de curso con el instituto, pues estaba terminando segundo de bachillerato. Visitamos Roma, Pisa, Venecia, Nápoles... Pero sin duda el mejor día fue el que pasé visitando las ruinas de Pompeya... Había sol pero no hacía un calor espantoso, así que se estaba bastante bien. El guía turístico que el instituto había contratado nos mostró las ruinas del anfiteatro de Pompeya, las casas, etc... Todo era muy interesante, pero lo mejor fue el lupanar. El guía nos explicó que aquello era el prostíbulo de Pompeya, y pudimos ver las camas de piedra que en otra época estuvieron recubiertas de paja, y sobre las cuales las prostitutas de antaño atendían a sus clientes. El lupanar tenia varias habitaciones muy pequeñas, sin puertas, con una de esas “camas” de piedra en cada una... todos mis compañeros de clase salieron del lupanar para dirigirse a la siguiente casa de Pompeya que el guía iba a mostrarnos... Todos fueron, menos yo... Había estado imaginando los polvos que habrían tenido lugar allí, y, si a eso le sumamos que la chica que me gustaba, Soraya, había estado a mi lado durante toda la explicación del guía, pues el resultado es evidente... Mi polla estaba más dura que las piedras con las que estaban construidas las paredes de las casas de Pompeya... Y se ponía más dura al imaginarme tumbado en una de esas camas de piedra, meneándomela sin parar... Así que me aseguré de que no quedaba nadie en el interior del lupanar y me metí en una de las pequeñas habitaciones... Saqué mi polla, tiesa y dura, y comencé a pajearme rápidamente, tumbado en una de las camas de piedra... estaba tan a gusto y tan concentrado en mi paja, que no escuché unos pasos que se acercaban... —¡Luis! ¿Qué haces?— Soraya estaba de pie en la puerta de la habitación, mirándome, totalmente avergonzada... Se había dado cuenta de que no estaba con el resto de la clase y había vuelto a buscarme, por si me había pasado algo... Yo, avergonzado, escondí mi todavía tieso rabo en mi pantalón, pidiendo disculpas...Pero entonces me di cuenta de que ella sonreía... Comenzó a acariciarse las tetas lentamente y se arrodilló en el suelo... Yo no sabía cómo reaccionar... ¿qué estaba haciendo? ¿Intentaba burlarse de mí? ¿Pretendía calentarme y dejarme después en ridículo? ¿O realmente tenía ganas de “jugar” conmigo? No lo supe hasta que no hizo lo que hizo... Arrodillada en el suelo, dirigió sus manos a mi bragueta... Bajó la cremallera y sacó mi polla, que estaba a punto de explotar... lentamente, comenzó a acariciármela, con suavidad... Acercó su lengua a mi glande y lo llenó de su saliva... Entonces empezó a meneármela, cada vez más aprisa, hasta que de repente, se la metió, enterita, en la boca... Sentía que me iba a correr, pero aguanté todo lo que pude... Quería alargar ese placer el máximo tiempo posible... Cuando no pide aguantar más, la avisé de que me corría, pero no me dejó sacársela de la boca... Se tragó toda mi leche. Después de esto pensé que nos reuniríamos con el resto de la clase, y me levanté de la cama de piedra, guardándome la polla dentro del pantalón, pero Soraya me agarró. — No hemos terminado—dijo, mientras se desnudaba... Yo permanecía quieto, sin saber qué hacer... No podía creerme lo que estaba pasando... Cuando Soraya estaba desnuda, me tumbó en la cama de piedra y, como pudo, me quitó el pantalón mientras yo hacía lo propio con mi camiseta. Lentamente, me bajó los calzoncillos, y se puso encima de mí... sentí mi rabo penetrarla... Ella gemía de placer mientras me cabalgaba salvajemente... Se corrió y sentí sus líquidos mojando mi polla... No pude aguantar más... Me corrí también, llenándola de toda mi leche... Esa noche, cuando regresamos al hotel con el resto de la clase, mis compañeros de habitación bajaron a cenar mientras yo estaba en la ducha... Antes de que se fueran les escuché hablar con alguien, pero debido al ruido del agua de la ducha, no pude reconocer con quién... Cuando ellos se habían ido, y yo creía que estaba solo, alguien entró al baño de la habitación del hotel y abrió la mampara de la ducha... Era Soraya, y ya os podréis imaginar lo que pasó...

escrito por Anonimo
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