Índice » Lesbicos » Así me hice lesbi

 

Les quiero contar mi historia. Mi nombre es Constanza, tengo 20 años, me considero una mujer bonita y porque no decirlo, atractiva, ya que pretendientes no me faltan, sobretodo en mi universidad. No tengo un cuerpo perfecto (mis medidas son 91-65-98), pero si tengo todo lo que a los hombres le gusta, buenos pechos y caderas. Siempre he llamado la atención por mi contextura delgada acompañada de un buen trasero, eso creo que atrae mucho. Soy morena y me encantan los deportes.

Mi historia comenzó hace tres años atrás, cuando Jaime, mi novio de ese entonces, me propuso "hacer cosas nuevas" para potenciar nuestra relación, que por esos entonces no estaba del todo bien. Esas innovaciones obviamente pasaban por lo sexual, lógico si consideramos que él en ese entonces era 11 años mayor, y yo con 18 era bastante ingenua.

Todo iba bien, hasta que un día, mi ex novio me contó que tenía una fantasía muy grande conmigo. El sueño de Jaime era verme haciendo el amor con una mujer. Al saberlo casi me muero, me dio mucha rabia, ya que lo encontraba degenerado y casi psicópata, pero cuando una está enamorada y sobretodo a los irresponsables 18 años, hace las cosas más increíbles por su pareja y esta no fue la excepción. Acepté cumplir su fantasía, siempre que fuera con alguien discreta y que fuera solo una vez. Pero Jaime tenía otra sorpresa guardada. Resulta que él, en su trabajo, tenía dos compañeras que eran lesbianas. Yo las conocía, ya que más de una vez habíamos ido a un pub a tomarnos un trago. Eran dos mujeres muy reservadas, de 42 años, que la verdad, no se les notaba su condición de pareja. Entonces Jaime me propuso que lo hiciera con una de ellas. Yo después supe que él lo tenía todo planeado, que yo les gustaba a las colegas de mi novio y que él había accedido, aprovechándose de mi ingenuidad y del profundo amor que le tenía, a entregarme por una noche a estas dos chicas a cambio de un favor profesional.

Llegó el día. Yo estaba a punto de arrepentirme, pero Jaime me convenció. Me pidió que me vistiera sin ropa interior y me colocara un vestido rojo, muy corto y muy sexy, que aunque no era apretado, hacía marcar muy bien mi figura. Nos tomamos un vaso de ron, para calmar los nervios y partimos.

Llegamos como a las diez a una hermosa casa, la cual estaba toda oscura, pero con la puerta semi abierta. Nos bajamos del auto y mi novio me dice que ahí es la cita y me hace una seña para que entre. Pasamos a la sala que estaba iluminada sólo por algunas velas de colores y en los sillones la sorpresa: las dos amigas de mi novio. Estuve a punto de salir corriendo, pero ellas de inmediato se pararon y con un tono muy amable me invitaron a quedarme. Yo temblaba, pero Jaime se sentó a mi lado y eso me tranquilizó un poco. Julia, la mayor de las dos mujeres (45 años), nos ofreció un vaso de ron, el cual aceptamos con Jaime y comenzamos a conversar. A medida que pasaba el tiempo el ambiente se distendía y la conversación se hacía muy entretenida. Yo, que no estaba acostumbrada a beber, estaba algo mareada y francamente relajada. Fue entonces, cuando se me acercó Andrea, la otra chica que era un poco más joven y muy bonita. A mi lado y sin hacer mas cosas me dijo que le encantaría regalarle a Jaime un buen momento junto a mí. Yo empezaba a recordar cual era el objetivo de la visita, pero como estaba tan relajada con el ron le dije que a mí también me gustaría jugar para que Jaime se divierta. Entonces Andrea me tomo la mano y me llevó al centro de la sala. Jaime y Julia permanecían sentados frente a nosotras. Entonces Andrea me abrazó por atrás y lentamente comenzó a tocar mi cuerpo. Al principio era raro, pero luego empecé a disfrutarlo. Rozaba lentamente cada parte de mi cuerpo, pero sin duda de que ambas nos dimos cuenta de que mis pechos eran mi zona más sensible, así es que se dedicó a tocármelos con una combinación de fuerza y suavidad a la vez, que me hizo comenzar a gemir de placer. En ese momento, Andrea comenzó a bajarme lentamente mi vestido hasta quedar completamente desnuda frente a mis espectadores. De esta manera Andrea siguió tocándome y esta vez, además, comenzó a lamer mis pezones, dándome un placer increíble, el cual se incrementaba al ver como mi novio y Julia me observaban. Comencé a entregarme por completa y desde ese momento, mis manos comenzaron a buscar el trasero de Andrea, la cual no tuvo problemas en ofrecérmelo. Estaba a mil de caliente, me gustaba mucho lo que me hacían y disfrutaba también con el cuerpo de Andrea, la cual a esas alturas ya estaba desnuda. Tenía un cuerpo hermoso, sobretodo sus pechos, que eran inmensos y los cuales yo no paraba de disfrutar con mis labios.

Estábamos acostadas en la alfombra, hasta que Andrea se sentó y abrió las piernas, mostrándome toda su vulva. Por primera vez sentía atracción hacia una mujer y especialmente hacia sus genitales. Me dijo que quería sentir mi lengua en ella, a lo cual accedí. Fue delicioso probar su vagina, sentir sus pelitos, su fluido ácido y espeso y sobretodo, escuchar como gemía de placer con cada una de mis lamidos, ya que sólo una mujer sabe donde y cómo lograr el máximo placer en la vulva. Por mi parte, sentía como mi entrepierna estaba toda mojada y abierta, esperando que alguien la tomara. Entonces me puse en cuatro patas, mientras seguía lamiendo a Andrea y le ofrecí mi culito a Jaime, el cual no resistió y con la cremallera abajo, sacó su pene y comenzó a masturbarse, al mismo tiempo que Julia desnuda, se acercó a mi cola y comenzó a lamerla. Había sido lejos la cosa más placentera de mi vida, ya que Julia me comía toda, incluyendo a mi ano. No pude disimular el orgasmo más grande de mi vida y justo a manos de dos expertas lesbianas.

Esa noche fue inolvidable. Ya en la madrugada, Jaime me fue a dejar a mi casa y yo sentía todavía la lengua de Julia en mi vagina.

Con el tiempo seguí mi relación con Jaime, pero siempre me quedaba con la sensación de insatisfacción. Su pene no lograba imitar el placer que me había dado Andrea y Julia, a tal punto , de que un día decidí escaparme a la casa de ellas, sin decirle a mi novio. Era un viernes, luego del colegio, a eso de las 7 de la tarde. En casa solo estaba Julia, la cual se sorprendió con mi visita. Me preguntó que me pasaba y le conté que no podía dejar de pensar en aquella noche junto a ella. Cariñosamente me entendió , me dijo de que a veces florecía ese deseo oculto por otras mujeres, pero era normal y así lo tomé. Luego de eso me besó y nuevamente sentí como mi vulva se calentaba al punto de que le imploré que me hiciera el amor y así lo hizo. Hicimos el 69 en la alfombra de su sala y obtuve mi ansiado premio: mi anhelada satisfacción sexual.

Fue así como luego terminé con Jaime y comencé a buscar una compañera para satisfacer mis instintos. Hoy estoy de novia con Elizabeth, una doctora de 49 años, amiga de Julia y Andrea. Es maravillosa, una mujer madura y con unos pechos increíbles. Acaba de separarse de su esposo, el típico médico aburrido que nunca la supo valorar. Ahora vivimos juntas y compartimos el mejor sexo del mundo, acompañado de algo que me encanta, esa pequeña cuota de exhibicionismo que tanto me calienta y que ella maneja y lo acepta muy bien.

Si eres mujer y te interesa conocer más de mis historia con mi novia, escríbeme a mi mail y te las envío, ya que me calienta escribirlas y que otras u otros las lean.

También me encantaría leer las opiniones, tanto de hombres como de mujeres sobre el tema del lesbianismo y porqué no, intercambiar algunas fotos para calentarnos un poco más. Mi mail es conybrot@hotmail.com.

Besos

Cony.

escrito por Anonimo
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