¿Cómo relatar uno de los sucesos más trascendentes de mi vida? No soy escritora y hace años que no redacto
ni siquiera una carta. Pero quiero contar algo que me pasó y que me cambio la
vida, que me liberó y me hizo sentir la
mujer más feliz del mundo, plena y satisfecha sexualmente.
Me llamo Miranda y tengo cuarenta y tres años en la actualidad, esto que
les narro me ocurrió cuando tenía cuarenta recién cumplidos y me imagino que fue gracias a mi crisis de
mitad de vida.
Bueno, primero los antecedentes. Yo desde niña siempre sentí atracción
hacía mis compañeritas del colegio o algunas amigas, o niñas que veía en la
calle. Pero siempre traté de reprimirlo. No fue sino hasta la secundaría que
tuve mi primer experiencia lésbica, de muy bajo nivel, simplemente me besaba
con una compañera; Pamela. Luego me sentí muy culpable y dejé de hacerlo, por
más que Pamela me insistió, ya no quise, y de nuevo reprimí la excitación que
sentía y me convencía de que a mí sólo me gustaban los hombres. Porque a las
mujercitas sólo nos deben gustar lo hombres, ¿no?
Así pasé mucho tiempo, con crisis en las que me enamoraba platónicamente
de alguna amiga o compañera, pero sin realizar mis deseos. Pero la mayor parte
del tiempo negaba ese gusto latente en mí. Incluso en la universidad me
reencontré con Pamela, quien era lesbiana declarada, e incluso activista.
Cuando me vio me abrazó y muy amigablemente, sin hablar del pasado y sin
hacerme sentir incomoda, pero yo por miedo a la atracción tan grande que sentí
de nuevo por ella, me alejé y no quise ser su amiga. Creo que ella
entendía mejor que yo lo que me pasaba.
Luego me case y con la emoción y la ilusión pude sepultar mi siniestro
gusto hasta casi hacerlo desaparecer. Me casé a los veintidós años. Tuve un
hijo a los veinticuatro y luego dos niñas, a los veintiséis y a los veintinueve
respectivamente. Pero el gusto de nuevo apareció, y me preocupo más que nunca,
porque me di cuenta de que conforme yo crecía, no me empezaban a gustar más las
mujeres de mi edad, por ejemplo treintonas como yo, sino que me seguían
gustando las muchachas de trece, catorce y máximo diecinueve años. Pero las
adolescentes sobre todo me fascinaban.
Recuerdo una vez que fuimos mi marido, los niños y yo a comer helado a
un lugar muy famoso en la capital de México. Estábamos formados para ordenar
cuando veo a una muchacha, máximo quince años, hermosa, delgada, cabello
castaño claro y ondulado, un rostro perfecto de muñeca, con ojos claros; unos
senos bien formados bajo su blusa roja, pegada, unos shorts pequeñísimos y
pegados, que dejaban ver sus hermosas y largas piernas blancas. Calzaba unos hermosos tacones rojos. Era
preciosa. Y cuando se quitó los lentes de sol sentí que me faltaba el aire, sus
ojos eran hermosos, color avellana y
tenía las pestañas largas y rizadas. Me
desconcerté tanto con la atracción que sentí por esa niña, que no pude ordenar
y lo hizo mi esposo, no recuerdo si comí paleta o helado, ni de que fueron.
Estaba tan atenta en ella que mi marido me preguntó qué me pasaba, y tuve que
salir con el cuento de que me disgustaba que las señoras dejaran salir a sus
hijas a la calle vestidas como putas. Pero la verdad estaba fascinada con esa
hermosa pequeña, y excitada, muy excitada. Todo el camino no dije una palabra y apenas hice caso a mis hijos.
Cuando llegué a casa me metí directo a la tina para darme un baño, y no pude
evitar masturbarme pensando en aquella hermosa niña. De ahí ya no pude negar
mis gustos ocultos, por lo menos a mí misma. Me empecé a hacer amiga de muchas
muchachitas del vecindario, incluso contrate a una pequeña de sirvienta,
tendría trece años y era muy bonita, su cabello negro me encantaba, y sus ojos
eran preciosos, color café claro, una niña preciosa, trabajó para mí un año,
pero como siempre nunca me atreví a nada, me limité a hacerla la protagonista
de mis fantasías. Me volví adicta a la
pornografía lésbica, sobre todo cuando las actrices eran jovencitas de
diecinueve a veintidós fingiendo ser adolescentes de quince a diecisiete. En
mis fantasías la niña de los helados, a quien yo bautice Mariana y mi
sirvienta, Claudia, hacíamos tríos y nos besamos y tocábamos, algunas veces en
el baño, otras en la cocina, en la recamara, en los cuartos de los niños.
Luego al cumplir los treinta y cinco, ya sin poder controlar mi fiebre
lésbica llame a una muchacha que bueno…bueno, a una puta, la cual ubiqué por
internet y después de mucho pensarlo le hice una cita. Nos vimos en un café.
Era una muchacha preciosa, casi tan rubia como yo, pero de cabello lacio, ojos
azules senos prominentes bien formados,
cintura delgada, caderona; hermosa figura, Se llamaba Alejandra y tenía
veintiocho años.
Fuimos a un hotel y estuvimos platicando un rato en lo que se me pasaban
los nervios. Cuando no empezamos a besar
ella tomó el control y me ayudó mucho. ¿Qué puedo decir? Me hizo todo, nos
besamos, nos lamimos por todas partes, sobre todo nuestras vaginas, las tetas,
nos abrazamos y besamos, me penetró y yo a ella. Nos bañamos juntas e hicimos
todo de nuevo, platicamos entre besos y abrazos, me masturbó y sentí como mi
vagina se empapaba sobre sus dedos, sobre sus labios, sobre sus juguetes. Pero
la verdad mi sueño no estaba cumplido, mucho de ese tiempo fantaseaba con que
ella, era una jovencita. Me encantó la experiencia y me sirvió para calmarme un
tiempo, pero mi sueño no estaba realizado.
Fue hasta los cuarenta tuve la oportunidad
de cumplir mis más profundos deseos, y todo gracias al destino que me puso las
cosas como anillo al dedo. En ese año mi
hija asistía a la secundaria, tenía catorce años, y cada mes había que asistir
a una firma de boletas, a la cual yo iba muy gustosa porque aprovechaba para
ver a las chiquillas amigas de mi hija, o de otros años. También por eso mismo
dejaba que mi hija hiciera muchas reuniones o invitara siempre que quisiera
amigas a la casa. Había en particular una niña muy hermosa en su escuela, era de segundo de secundaría también,
pero no del mismo salón que mi hija. Era hermosa, pero lo que se dice hermosa,
algo alta para su edad, ojos verdes, pero como de color esmeralda, brillantes,
acuosos. Su cabello negro a más no poder, lacio, muy pegado a su rostro blanco
de mejillas rojas y pómulos marcados. Yo siempre la miraba cuando iba a la
escuela, me gustaba verla, contemplar sus piernas gruesas y bien torneadas, sus
caderas, lo mala que pretendía verse con la falda corta, lo preciosa que se
veía con su blusa del colegio muy ajustada, como si quisiera reprimir sus
pechos de duraznos maduros. Ya había fantaseado con ella muchas veces.
Esa vez había un alboroto en la escuela, las mujeres del consejo de
padres, estaban vueltas locas. Apenas me acerqué al círculo de madres y
pregunté qué era lo que pasaba, todas se volcaron a mí felices de encontrar
alguien que no sabía del asunto, se peleaban por contarme.
- Hay una escuincla en la escuela que es una
piruja.
- ¿Cómo?
- Como escuchaste, una ramera como tal, le cobra a los muchachos y se deja hacer cosas.
- Eso no es cierto, seguro es uno de esos rumores.
- No, claro que no, ya van varios chicos que han estado
con ella, dicen que ya hasta tiene una tarifa, dependiendo lo que quieran que
les haga es lo que cobra. Ya sólo llegan con el dinero y se lo dan.
- No es cierto.
- Sí, me lo dijo mi hija, una niña de primero la
encontró en el sótano cuando estaba con dos chicos, ¡Con dos!
- ¿Cuál chica?
- Se llama Natalia.
Casi me desmallo, así se llamaba la niña que me cautivaba cada vez que
iba a la escuela. Las otras señoras pronto me sacaron de mis fantasías.
- Se supone que era un secreto a voces, pero
cuando la niña de primero la vio, fue y le contó a la psicóloga, que estuvo
observando a Natalia y no tardó en descubrir que era cierto, que se prostituye
en la escuela.
- ¿Se prostituye?
- Bueno, casi, no hacen todo, pero dicen que les
hace cosas asquerosas.
- ¿Luego?
- Pues justo hoy la tiene en la dirección, sus
papás están dentro con ella.- Ese comentario me desilusionó, pues la Natalia
que a mí me gustaba estaba sentada con sus amigas en el jardín.- Ayer la
sorprendió la psicóloga y según cuentan no tardó en enterarse de que más de una
veintena de muchachos de la escuela la han manoseado y no sé qué otras cosas.
Dicen que hasta el conserje, a cambio de que le prestara las llaves del sótano.
Luego no pudimos seguir platicando porque nos llamaron a firmar boletas,
entré al salón y besé a mi hija en la mejilla, seguramente buenas notas, mi
hija es alumna de nueves y ochos, algunos dieces, pero no siempre, no es de las
cerebrito, como decíamos en mis tiempos. Yo siempre voy muy arreglada a la
escuela con la ilusión de algún día descubrir que una niña me observa de la
forma en que yo observaba mujeres de chica, con la esperanza de encontrar
alguna adolescente lesbiana. Pero toda la atención morbosa que recibía era del
profesor de mi hija. Pobre si supiera lo que yo estaba pensando.
Cuando salimos de la firma de boletas, los papás de Natalia estaban aún
en la oficina, las señoras no se iban, así que me quedé curiosa de saber quién
era esa pequeñita tan fogosa a su corta edad. Cuando salieron la mamá de la
niña iba abrazada del papá, tenía los ojos muy rojos y llevaba un pañuelo en la
mano. Tras ellos salió Natalia, todas las miradas pasaron de su madre a ella,
hasta sus compañeros la veían como si nunca la hubiesen visto antes. ¡Por dios!
Era una niña, no tendría más de trece años, menudita, pero con senos ya
brotando de su pecho, cabello castaño oscuro, ondulado, ojos color avellana, un
rostro de angelito, que me hacían dudar lo que escuche, se veía tan tierna que
me dieron ganas de abrazarla. Se notaba que había llorado, pero ya no lo hacía.
Su cuerpo era esbelto y con gracia en sus movimientos, su cintura, caderas y
piernas ya no eran las de una niña, pero aun estaban en camino de ser las de
una mujer. Era hermosa.
Toda la semana estuve al pendiente de que fue de esa niña, y no fue
difícil lograrlo, la mayoría de mamás del consejo se morían por contar lo que
pasaba. Estaban indignadísimas con la
noticia de que no se expulsaría a la “perdidita”, como la bautizaron. La
escuela había decidido dejarla terminar el periodo, sólo quedaba un mes, y
después no le darían reinscripción al siguiente ciclo escolar, esto
considerando sus calificaciones, las más altas de toda la escuela, era niña de
cuadro de honor. Pronto las madres se
juntaron para recabar firma para que corrieran a la niña, yo no quise firmar.
Yo empecé a interrogar a mi hija sobre “la muchachita esta” así le
preguntaba yo a mi hija por ella. Mi hija me contó que Natalia se la pasaba
casi todo el día en la dirección estudiando sola, solo la dejaban tomar algunas
clases con su grupo, pero más bien estaba aislada, los maestros le pasaban las
guías y apuntes y ella estaba sola todo el día. No podía tomar receso, ni clase
de educación física, arte o aquellas en las que los muchachos no eran muy
supervisados. Mi hija me contó que las chicas pasaban cerca de la dirección y
se reían de ella, murmuraban y que otras incluso le decían “puta” y otras
cosas. También algunos muchachos la molestaban.
Luego otro rumor apareció en la escuela. Como ya les conté había un
grupo de madres muy decididas a que corrieran a Natalia, pero también había
otro aferrado a que no lo hicieran y tratar de callar el asunto. El rumor era
que aquel grupo de padres a favor de que Natalia se quedara en la escuela, eran
padres de chicos que pagaron Natalia por sus servicios. Que el acuerdo de que
Natalia se quedara fue a cambio de que no se revelara con cuales muchachos
estuvo. Y se decía que hasta algunos maestros estaban involucrados, pero todo
se manejaba al nivel de rumores. La única víctima de todo esto fue el conserje
a quien ya habían despedido.
Cada día salín más cosas sobre Natalia, algunas demasiado exageradas
como para creerlas. Pero bueno, una tarde pasé por Sarah, mi hija a la escuela. Por lo regular mis hijas se iban caminando a
la casa, vivimos unas cuantas cuadras, pero esa vez se me ocurrió pasar por mi
hija ya que estaba cerca y para ver de qué cosas más me enteraba de Natalia.
Cuando estoy esperando ver a Sarah en la escuela, veo a Natalia, va
saliendo caminando, y los chicos y chicas alrededor suyo, molestándola,
insultándola, burlándose. Algunos la llaman zorra, ramera, prostituta, algunos
hacen fingidos gemidos de places, que más bien les salen como de animales. Me acercó y me pongo a su lado, le digo a los
niños que se calmen y que la dejen en
paz. No sé qué decir, si me indignó que la ofendieran así, y que habiendo tanto
adulto alrededor, nadie la defendiera, pero no puedo negar que también lo hice
por poder acercarme a ella. Los chicos
asustado y sorprendidos por mi defensa se alejan y murmuran. Veo a mi hija, me está
viendo sonriente. Mi hija es muy linda y siempre me ha dicho que se compadece
de Natalia, y es de las muchachas que no la molesta. Le sonrió y le hago una
seña de que se vaya caminando, ella sonríe y asiente. Natalia me mira
sorprendida, sin hacer nada, no evita mi brazo cuando se lo pongo en el hombro,
con forme nos alejamos los insultos empiezan de nuevo, pero ahora son anónimos,
si giro el cuello veo a todos los chicos y chicas callados, me volteo y
comienzan de nuevo. Siento las miradas amenazadoras, de algunas de las señoras
del consejo, que de seguro ya no serán mis amigas.
- No les hagas caso le digo a Natalia. ¿Vienen por
ti?
- No, me voy sola a mi casa.
- Yo te llevo, ¿te parece?
- Sí.- Dice sin mucho ánimo. La guio al auto y le
abro la puerta.
- No les hagas caso.
- ¿Por qué? Dicen la verdad.- Me quedé callada, no
supe que decir.
- Soy la mamá de Sarah, no sé si la ubiques.
- Sí.
- Hola.- Le extiendo la mano y me la estrecha es
la primera vez que su contacto me excita, mientras la llevaba del hombro sólo
pensaba en sacarla de ahí.
- Esto debe ser muy difícil para ti.
- Algo, pero ya sólo falta una semana para salir.
- Faltan dos.
- Para mí, no. Después de los exámenes finales ya
no vendré, ni a recoger papeles ni a la clausura.
- Que mal, no tiene derecho a hacer eso.
- Yo creo que sí.- Me dice, me deja callada con su
sinceridad.
- ¿Dónde vives?- Me dice y pongo el auto en
marcha.
Yo no podía dejar de mirarla, no sé si ella lo notaba o no. Me iba
quebrando la cabeza pensando como prolongar nuestro encuentro. Ella no vive
lejos, ni a diez minutos, desgraciadamente no hay tráfico, me comienzo a
desesperar, ahora deseo estar con ella, me tiene cautivada. Ahora siento
simpatía por ella, ya no es sólo el deseo y atracción, ya no es sólo el morbo
de lo que creo que hacía, porque la verdad no lo sé bien.
- ¿Quieres tomar algo?- Me pongo muy nerviosa
esperando su respuesta. Ella que iba viendo por la ventana voltea y me mira de
pies a cabeza. Siento que pasa una eternidad y ella no responde. – Debes
necesitar alguien con quien hablar, ¿no?- Me sigue observando y no dice nada.
- Está
bien.
Llegamos a una plaza comercial y caminamos por los aparadores hasta
llegar al área de comida. Nos sentamos en la terraza de un bar y nos quedamos calladas, cada una viendo para
el frente, yo hacía la calle, ella hacía el interior de la plaza. Yo pedí una
limonada, ella pidió un refresco con nieve.
- Sabes, este asunto se olvidará rápido y dos mese
de vacaciones es mucho tiempo, tal vez sí te dejen inscribirte para el próximo
año.
- Tal vez, pero no me interesa reinscribirme.
- Claro que tonta, para que querrías regresar con
esos niños tan burlones, que no te van a dejar en paz.
- No es eso, es que ya no tiene caso para mí estar
en esa escuela, ahora me van a tener todo el tiempo vigilada.
- Pues eso no es problema.
- Sí lo es.- Toma un sorbo de su helado y levanta
el rostro con una mirada diferente.- ¿Crees que todo lo que dicen de mí es
cierto?
- Creo que algo hiciste, pero no creo todo.
Bueno…hay cosas muy exageradas en las pláticas, es como siempre…ya sabes, todo
se exagera.
- ¿Qué cosas?- Me quedo callada.- Dime, no
importa, no creo que sea diferente de lo que he escuchado.
- Bueno…dicen que lo haces con varios chicos a la
vez y con maestros…
- Eso es cierto.- Dice sin dejar de mirarme.
- Ah, bueno…pues yo no creía eso. Dicen que si no
te expulsaron es para que no acuses a todos con los que estuviste.
- Es cierto.
- Dicen que son más de setenta en la escuela tus
clientes, bueno, los hombres con los que has…bueno, ya sabes.
- Eso es una exageración, si eso fuera cierto
sería rica. Sólo han sido veintisiete.
La boca se me
seco. Me admiraba esa niña que me hablaba con tanta calma de todo el asunto.
Empecé a darme cuenta de mi error de apreciación.
- Bueno, aún así son muchos.
- ¿Qué más dicen?
- Bueno dicen que…que has actuado en películas…
- ¿Porno?
- Sí.
- Eso no es cierto.
- ¿No te sientes mal?
- ¿Tú te sientes mal?
- ¿Yo?- Su pregunta me dejó hela.- Pues sí,
bueno…yo…sí. Mal por ti.
- ¿De verdad?
- Sí.
- También hay rumores de que he estado con chicas.
¿Los has escuchado?
- Sí, ¿Es verdad?- De inmediato bajó la vista,
para ocultar mi emoción y le brillo de mis ojos. Actué demasiado curiosa.
- ¿Tú qué crees?
- Que no.
- Pues sí es cierto.- De nuevo el brillo de mis
ojos me delata y ella sonríe.- Sí he estado.
- ¿También te pagan?
- Ya no pierdas tu tiempo. Eres lesbiana, ¿no?
- ¡No! Yo…yo estoy casada tengo hijos.- Doy un
trago a mi limonada, casi medio vaso.
- Que mal, nos habríamos divertido mucho.- Dice y
termina su refresco, hace ademan de levantarse.
- ¡No! No quise decir que no quiera…bueno…no sé,
yo nunca…me sorprende que siendo tan chica.
- Mil quinientos, todo lo que quieras.- Pone su
mano sobre la mía.
- Los cajeros automáticos está del otro lado.- Nos
levantamos y nos vamos.
Con forme
caminamos a los cajeros, me empiezo a poner muy nerviosa, las piernas me
tiemblan y siento sudor corriendo por mi frente. Pienso que todos los que nos
ven saben porque voy con esa niña, una tontería lo sé, pero no me puedo sacar
ese pensamiento de la mente. Ya con
dinero en la bolsa, lo que empiezo a sentir es emoción. Caminamos al carro y
una vez dentro me quedó observándola. Me excito, no puedo creer que esa
chiquilla se vaya a entregar a mí, estoy a punto de convertir en realidad el
sueño de mi vida.
- No sé a dónde ir.
- No acostumbro esto, de verdad, pero podemos ir a
mí casa.
- ¿Tu casa?
- No te preocupes, está bien.- Toma mi mano entre las suyas y luego la descansa
sobre su muslo, bastante arriba. Yo siento que las bragas se me humedecen de
inmediato.
- Okey.
Vive en una zona habitacional bastante descuidada, de condominios
horizontales al frente y verticales al fondo, de tres pisos. Ella vive en una
casa dúplex de una sola planta, color azul con café, la pintura es vieja y la
reja esta oxidada. Hay un auto en la
entrada.
- Ven.- Dice y me toma de la mano.- Abre la puerta
de la casa con una llave muy grande que saca de su mochila. La pintura de la
puerta esta vieja y la madera hinchada.- Pasa.
La casa es pequeña, también se ve vieja por dentro, pero limpia, con luz
y acogedora. Hay olor a comida. Cuando
pasamos a la sala pasa algo que me desconcierta mucho. Una señora sale de la
cocina, es su mamá, la recuerdo porque la vi llorar el día de entrega de
boletas. Se ve muy guapa, y si es mucho más joven que yo, acaso treinta y cinco
años. Yo me quiero echar a correr pero Natalia me aprieta la mano.
- Hola mamá.
- Hola hijita.
- Te presento a Miranda, es mamá de una de mis
compañeras.
La mamá no muestra desconcierto alguno, me sonríe y me tiende la mano.
Se presenta con amabilidad. Su nombre es Angélica, incluso me hace un cumplido
sobre mis zapatos. Yo sigo desconcertada, pero la cosa no para ahí.
- No sabíamos a donde ir mamá, así que pensé que
por esta vez estaría bien que viniéramos aquí.
- Está bien hijita.
- Vamos a estar en mi recamara.- Dice Natalia.
- Sí, yo me voy a apurar con mis cosas.- Me sonríe
- Deja el dinero ahí en la mesa.- Me dice Natalia.
No me queda más que obedecer, saco de la bolsa los mil quinientos pesos y los
pongo en la mesa. Me toma de la mano y me guía al pasillo.
- Con permiso.- Digo estúpidamente al pasar junto
a su mamá.
- Es propio.- Sonríe.
Entramos a la recamara de Natalia, es bonita, increíblemente pequeña
pero muy ordenada, increíblemente ordenada. La cama es matrimonial, así que se
como casi todo el espacio, entre el tocador y esta apenas hay espacio para
pasar o abrir los cajones, pero no completamente. Hay un escritorio esquinado
que queda casi pegado a la esquina de la cama y se come un poco de la puerta
del closet. Hay repisas rosas sobre la cabecera, con muñecas y libros. La
lámpara del techo tiene un globo aerostático de papel cubriendo el foco. La
pintura del techo es como un cielo con muchas nubes, es bonito e ingenioso. Dos paredes de la recamara son de un azul
claro, la otra pared es blanca, al igual que las puertas del closet y la puerta
de entrada. Sobre la cabecera hay un radio despertador, sobre el escritorio
muchos, muchos libros. El cuarto es casi el típico de una adolescente, pero con
mucho orden, y cómo decirlo, mucho más intelectual aunque no sé si me doy a
entender.
Nos sentamos en la cama, ella sólo un instante pues se para a cerrar las
ventanas, las cortinas son diáfanas, dejan pasar mucha luz. El edredón es
multicolor con rosas bordadas. Natalia regresa y se sienta junto a mí, me pone
la mano en la rodilla. La sangre se me sube al rostro y mi corazón se acelera
al instante. Se pega más a mí y me sonríe.
- Tú mandas.
- Yo…
Me acerco a ella y le doy un besos en los labios, algo ansioso, pues me
da miedo que esté soñando y despierte antes de tocarlos, pero no. Los labios
siguen ahí, los míos y los de ella, que son fríos y gruesos. Siento también el
frio de su nariz en mi cara, me encanta, su aroma inunda mis fosas nasales, ya
no noto el aroma de la comida. Su boca se abre lentamente y mi lengua entra en ella le recorre la boca,
siente sus dientes grandes y perfectos. Nuestras salivas se mezclas, la de ella
sabe deliciosa o eso imagino. Nos separamos, pero sólo unos segundos, como para
tomar impulso y besarnos con más pasión. Ahora su lengua también ha entrado en mi boca, lucha con la mía que
quiere ir a la suya, ella también recorre mis labios, mi paladar, incluso mis
encías. Sube más su mano por mi muslo, ahora siento sus dedos bajo mi falda. Yo levantó la mano y se la
pongo detrás del cuello, para presionarla más contra mí, para que mi lengua le
llegue hasta la garganta de su hermosa boca. El rostro me arde de una forma deliciosa, estoy en éxtasis total, es
como vivir un sueño, es un sueño, pero con la conciencia de que es verdad, de
que no terminara con una sensación de vacío. Pongo mi otra mano sobre su cintura. Me despego de su cara, le beso la
frente, los ojos, la nariz, los labios, la barbilla y el cuello. Dudo una
fracción de segundo, pero creo que no tengo porque hacerlo, así que me decido,
es mi sueño y se está cumpliendo, no me quedaré con ganas de nada; le paso mi
lengua por toda la cara, la siento arrastrase por su rostro, cada relieve de su
bella cara está debajo de mi lengua. Ella se deja hacer, cuando termino, sonríe y
me lame el rostro también, me acaricia la pierna, me toma por la espalda y de
besos en beso terminamos recostadas sobre un campo de flores multicolores, ella
sobre mí, si abro los ojos veo el cielo, pero más hermoso que el cielo es ver a
Natalia, con el cabello sobre el rostro, ver sus ojos a centímetros de los
míos. La jaló de la cintura y de inmediato siento su peso sobre mí. Ha llegado la hora, la mano me tiembla con un
intenso cosquilleo que nace desde mi brazo, pero debo vencer esa sensación
seguir avanzando en mi cuerpo, ver hasta dónde puede llegar este placer que
ahora es arrebatador. Pongo mi mano sobre la parte trasera de sus muslos y
lentamente la subo hasta que siento el vuelo de su falda; suspiro, es una
barrera que estoy a punto de romper. Mi mano sigue su camino ascendente, siento
como cada uno de mis dedos rozan la tela de su falda y van adentrándose en
ella, pronto, demasiado pronto todos mis dedos están dentro de la tela, pero la
tela poco me importa, lo que siento bajo mi mano es hermoso, es la piel tibia,
tersa y firme de las piernas de Natalia, es la sensación más hermosa de mi
vida, mi mano describe círculos en sus piernas, al igual que mi lengua dentro
de su boca. Pronto siento otra tela, pero al contacto de esta siento una
excitación, que hace que sienta mi vagina completamente empapada, algo
increíble, algo maravilloso, que no creí que existiera, brota de entre mis
pierna a todo mi cuerpo, la tela que toco es la de las bragas de Natalia, ahora
tengo mi mano en sus nalgas. Es lo más maravilloso del mundo entero.
Natalia se mueve, se desliza, quedo debajo de sus piernas ahora siento
sus nalgas algo abiertas, deliciosas. Me besa el cuello, yo tengo ya las dos
manos en sus nalgas, no me canso de recorrerlas, de jugas con el resorte de sus
bragas, en las piernas, en el final de la espalda. Meto mis dedos por la orilla
de las bragas, sólo un poco, quiero disfrutarlo, pero la tentación es demasiado
grande. Natalia hace algo maravilloso, se endereza sobre mí y con ambas manos
me sube la falda hasta la cintura y se vuelve a recostar sobre mí, siento el
calor de su vagina sobre la mía, es increíble. Le jalo la blusa hacía arriba, ella me abre camino, siento su espalda
desnuda, siento la tela de su sostén, ahora tiene la blusa en los brazos, pero
se deshace de ella rápidamente, no la avienta la pone delicadamente en la silla
del escritorio, luego regresa sobre mí y me invade, me apabulla con sus besos,
la abrazo, siento su calor pero no es
suficiente. Me abrazo a ella, y giró pronto la tengo contra la cama, en un
segundo estoy sobre ella, me levanto y me desabotono la blusa. Ella de
inmediato palpa mis pechos sobre el sostén. Yo arqueo la espalda, el placer es
mucho, ella me levanta las copas y mis tetas caen grandes, firmes, los pezones
rozados completamente erectos, los siento piradísimos. Ella me las estruja,
cuando desciendo me las mesa, me las chupa.
- Ay Natalia, me encantas, sigue, por favor no te
detengas.- Ella es obediente, así que sigo gozando un rato.
Niego sigo yo, la beso de nuevo en la cara, no sé cuantos centenares de
besos le he dado. Le beso el cuello, le beso el pecho, le beso los tirantes del sostén. Ella se arquea y se lo desabrocha, un simple movimiento de mi mano y
veré esas jóvenes y hermosas tetas. No, aún no quiero verlas, la tela de su
sostén rosa es delgada, siento sus pezones parados, sus tetas arden, suspira
mucho mientras se los masajeo.
- Chúpamelas, Miranda.-
- Encantada.
Levanto la tela ella levanta los brazos. Yo sí aviento todo, nada se
donde queda, sus tetas son preciosas, sus pezones se ven rojos, gruesos, las
tetas son duras. Le suspiro en la tetas, el olor a su perfume, al de su piel es
maravilloso, estiro la lengua con expectación, las tetas de una adolescente de
trece años pronto estarán en mi boca, pronto serán mías. El contacto me
estremece, la lamo con cuidado, como un tesoro. Las baso, las sigo masajeando.
Natalia tiene las manos en mis nalgas, y las estira hasta rosar mi vagina sobre
el calzón y me hace gemir de placer- Sigo bajando a besarle las costillas, a
lamerle la panza, a chuparle e inundarle el ombligo, a besar la frontera de su
piel y su falda. La falda no se la bajo,
se la subo, presionando sus piernas con mis manos, sus bragas también son
rozadas, no, rosa con blanco, ya veo los detalles tiene bolitas rozas. El olor de su sexo mojado llega hasta mí, es
delirante. Mis labios van solos, sin que yo lo mande hasta sus bragas…que
sensación tan maravillosa. Le beso la
raja y le lamo las bragas, pronto de tanto lamer siento empapado el triangulo
de Natalia, mi saliva está mezclada con sus jugos. Bajo las bragas, bajo los
calzones y se los saco. Le beso las piernas en su totalidad, la acaricio.
Su vagina tiene ya algunos vellos, son más claros que los de su
cabellera, me hacen unas ricas cosquillas en la barbilla. Estoy besando la raja
de una niña de secundaría. Yo siempre una señora correcta, yo con una hija en
el mismo grado que ella, tengo mi lengua abriendo sus labios, mi boca juega con
su clítoris, mi lengua lleva sus jugos mi boca, espesos, para tragármelos. Le
doy la chupada de su vida, no sé, con cuantas personas ha estado, pero segura
estoy que nadie se la ha chupado como yo. Natalia gime como loca, la penetro con mis dedos y los gemidos se convierten en
gritos de placer, me dice que le
encanta, me dice: “sí, si…así deme más Miranda... ¡ah! sí”
Luego es su turno, me voltea, me baja la falda, de nuevo la dobla, me
baja las pantimedias, me empieza dedear sobre las pantis que están bien
mojadas, gracias ellas. Me besa las
tetas, nos besamos en la boca. Siento
como baja, siento su lengua, siento sus dientes en la piel, eso en particular
me volvió loca. Casi…”¡Apúrate Natalia! Pasa mi ombligo, su boca se acerca y su manos me cierran las piernas
para sacarme las panties, levanto las piernas al aire y me saca las panties y
termina de sacarme las pantimedia también. Ya está ahí siento su respiración,
aún no me toca y ya estoy gimiendo y pidiendo más, ya me derretí en sus manos.
Pero todo cambia cuando siento su lengua en mi vagina, no puedo describirlo,
¿qué diría? No sé, sólo puedo decir que sentía placer hasta en los huesos, me
tocaba el clítoris con la lengua y el placer iba hasta las uñas de mis manos,
pero Natalia no se detuvo ahí, hizo algo más, algo que no sabía que se hacía…yo
pensaba haber hecho todo, pero no tenía idea. Me separo las pierna y me las
doblo hacía atrás hacia mi rostro, mis rodillas, apuntando casi a mis senos, me
abrió aun más, me dio dos lengüeteos en mi raja, acompañados de sus dedos, pero
luego, sin aviso, sin saber que esa era una parte sexual de mi cuerpo, sentí
una ola de calor que me hizo grita.
- ¡Ah! Sí,
así.- No me di cuenta que era en el instante.
- ¿Te gustó?
- No te detengas.
Lo hizo de nuevo y de nuevo me retorcí en su cama, sobre sus flores. Por
fin entendí lo que hacía, por fin supe de dónde venía el place. Natalia me
estaba lengüeteando el ano, me estaba metiendo la lengua en las nalgas y giraba
y giraba su lengua en mi culo, en el centro de mi culo. Era alucinante. Yo
pedía más y ella me dio más hasta que me dijo.
- Ponte en cuatro.
Así lo hice y de nuevo sentí su lengua, esta vez en mis nalgas, lamiendo
mis nalgas, sentía sus manos, luego se bajo, la sentí en mi ano de nuevo, que
delicia. Pero a ese placer se sumo, el masaje de su dedo en mi concha, luego la
penetración, mis dos agujeros estaba recibiendo mucho placer, el mayor gozo de
mi vida por una niña de trece años. Yo agaché la cabeza y mordí el edredón.
Sentí que algo explotó en mí y tuve y increíble orgasmo, o sería el primer
orgasmo de mi vida, porque comparado con eso, no sabía que era el placer. Sólo
Natalia me lo mostró. Caí en la cama, mis rosillas no me sostuvieron, sentí
como me choreé en la cama. Suspiré y jadeé para recuperar el ritmo de mi
respiración. Me puse de costado y Natalia
se acostó junto a mí, la abracé. Nos
besamos.
- ¿Te gustó Miranda?
- ¡Mucho, ha sido por mucho lo mejor de mi vida! ¡
Eres increíble, hermosa ¡
- Qué bueno, gracias.
Nos estuvimos besando y comenzamos a platicar. Yo estaba maravillada por
esa preciosa criatura, que a su corta edad sabía tan bien como hacer gozar a
una mujer, que me enseñó cosas que no imaginaba que se pudieran sentir. Pero aun
así mis dudas eran muchas.
- No entiendo lo que pasa aquí Natalia.
- ¿Qué?
- Lo de tu mamá, yo la vi llorar el día de la
firma de boletas.
- Ah, eso…bueno, sólo estaba fingiendo. Mi mamá
sabe como soy, sabe lo que hago y sabe porque lo hago.
- ¿Le parece bien?
- Sí claro. Sabe que soy feliz. Ella se dedica a
lo mismo. No creas que me explota o me pervirtió, pero seguramente eso hizo más
fácil su comprensión. Ella me dijo que si me gustaba lo hiciera bien, y ganara
dinero.
- No las entiendo.
- No porque piensas igual que todo el mundo. Yo
tengo mi cuerpo, lo puedo usar para lo que quiera, no creo que tenga nada de
malo ganar dinero con él, además ese dinero lo necesito, y disfruto lo que
hago, lo amo.
- Pues…bueno, me imagino que tienes razón, además
eres muy buena.- Sonrío y le beso el hombro.- ¿Tu papá lo sabe?
- No tengo papá, el hombre que fue a la escuela es
amigo de mi mamá. Yo necesito dinero quiero ir a la universidad, me gusta el
sexo, y el dinero que necesito lo puedo ganar haciendo lo que me gusta. No me
interesa seguir en esa escuela, porque prefiero irme a otra donde nadie me
conoce y empezar otra vez, siempre se gana más dinero al principio. Sí me
descubrieron fue porque me descaré, a sabiendas de que el próximo año me
cambiaría de escuela.
- ¿Tu mamá no gana bien con lo del sexo?
- No suficiente, tenemos deudas. Yo quiero ir a la
universidad, a una buena. Estoy juntando.
En eso mi celular sonó, me levante en la cama y jale mi bolsa.
- Hola…hola hija, si. Pase al súper a comprar unas
cosas y…sí estuve ocupada.- Natalia me rodeo con sus brazos y comenzó a besarme
las tetas, yo apenas y comprendía lo que Sarah me decía.- Sí hija ya no
tardo…había comida lista. Aja…¿Ya llegó tu hermano?- Natalia me seguía besando,
incluso en la boca, yo no me podía resistir.- Sí mi amor, no tardo. Bye.
- ¿Sarah?
- Sí.
- ¿Debes irte?
- No inmediatamente.
- Te puedes bañar si quieres.
- Te quiero hacer lo que me hiciste, quiero
besarte…
- Me quieres chupar el ano.
- Sí.
- Hazlo. ¿Me pongo en cuatro?
- Sí.
Lo hizo y vi sus nalgas redondas y bien formadas frente a mí. Las besé y
la excitación inicio de nuevo. Me agache y antes de tocar el ano, que era mi
objetivo, le chupé de nuevo su hermosa y riquísima vagina, la hice gemir y
suspirar. Luego llegó la hora de lamer su ano. Pero que digo lamer, si soy
honesta conmigo misma, diré que se lo lamí chupe, mordí y succioné. Me encanto
la sensación, me encantó el sabor, me encantó todo de lamerle el ano a mi
amante de trece años, me excito y lo gocé como nunca. Iniciamos de nuevo todo,
nuestras lamidas, el sexo oral, me penetro, y yo a ella, además chupe y trague
todos sus fluidos. Fue otra ronda de sexo coronada por el mismo orgasmo
delicioso.
Cuando nos levantamos de la cama eran casi las cinco de la tarde.
- ¿Me puedo bañar?
- Claro el baño es la puerta del fondo.- Debió ver
que dudaba.- Ve así como estás, no pasará nada, yo oí cuando mi mamá prendió el
boiler de seguro porque sabe que te vas a bañar.
Abrí la puerta con mucha cautela para no encontrarme a la mamá, no había
nadie, pero cuando pasé por su cuarto la vi, estaba de espaldas. Me metí rápido
al baño y cerré la puerta. Cuando me estaba cayendo el agua caliente, yo
pensaba en todo lo que había sucedido, y sorprendente mente me di cuenta de que
me sentía increíblemente bien.
En eso oí la puerta abrirse, me asomé por la
cortina y vi que era Natalia, le sonreí, iba completamente desnuda. Se acercó y
me beso. Entro a la ducha conmigo y me trato como a una reina. Me enjabono el
cabello y le cuerpo, todo de forma muy delicada, luego me enjuagó, me perfumo;
es decir, ella me bañó. Todo entre besos y caricias. Cuando el baño termino
ella me secó con una toalla que olía a perfume, me cepillo el cabello y me lo
secó con la secadora hasta que quedó completamente seco, ella dijo que no
quería que sospecharan en mi casa. Luego me dio una bata, que me quedaba muy
chica y se me transparentaba un poco. Ella se envolvió en la toalla y salimos
del baño.
En el pasillo estaba su mamá y casi me muero de vergüenza. Pero ella al
verme me sonrió y se acercó a mí.
- ¿Le gustó?
- Mucho.- Dije muy roja.
- No se apene, no es nada malo, aquí queremos que
usted se sienta bien, y que no caiga en esos engaños de pensar que lo que
siente, que lo que le gusta es malo.
- Gracias.- Ella me miró de pies a cabeza.
- Espero que mi hija le haya dicho que yo me
dedico a lo mismo, es caso de que algún día se le antoje hacerlo con una mujer
de su edad, me encantaría tenerla aquí.
Eso me dejo mojada de nuevo, apenada y feliz a la vez.
- Gracias.
Seguimos nuestro camino a la recamara. Mi ropa estaba doblada y colgada,
no tarde en vestirme, mi blusa había sido planchada, pero no estaban mis
bragas, sólo estaban las de Natalia.
- Te regalo la mías, las tuyas están a un lado de
tu bolsa.
- ¿Las quieres?
- Sí. Me
pongo las tuyas y tú te pones la mías, no creo que te ajusten mucho, se
estiran. Así que me puse sus bragas la vi ponerse las mías, nos besamos y me
fui a mi casa.