Índice » No Consentido » Tres negros a una preciosa nena

Tengo unas tetas grandes y redondas con unas grandes areolas y pezones muy sensibles que se me paran con mucha facilidad. Mi novio lo sabe y sucede que hace unas semanas mi novio me llevó a acompañarle a una investigación en una aldea de negros. Durante las caminatas y fotografìas los tres negros que nos guiaban me miraban embobados. No me gusta usar sostèn y debajo del vestidito de algodòn blanco me veìan las apetitosas tetas. De regreso mi pervertido novio lo notò y entonces les dijo algo en su lengua. En ese mismo momento uno de los negros me doblò los brazos hacia atràs inmovilizàndome, tratè de palalear pero los otros me rompieron la blusa y mis tetas saltaron insurrectas, muy calientes por el clima. Tuve miedo porque se lo sensible que soy a eso. En efecto empezaron a apretarme los pezones con los dedos. Yo me sacudìa para liberarme mientras mi novio se sentò sonreido a ver el espectàculo. - Auxilio -gritè. Pero mi novio les dijo otra cosa, y entonces los dos negros me chuparon los pezones, cada uno en un pecho, se me pegaron como terneros. Mis pezones se pusieron muy hinchados y la concha me empezò a lubricar. Un fuego incontenible me poseyò y empecè z jadear. No querìa que me violaran pero estaba muy caliente, hirviendo. Empecè a sacudir mis caderas y entonces sentì como me derribaban en la yerba. El que estaba detràs me soltò los brazos y se empezò a masturbar una verga larga y muy negra. Yo odiana a los negros pero agarrè por la cabeza a los otros negros fornidos movièndoselas para que no dejaran de mamarme. Ya no querìa escapar. Empecè a sacudir la pelvis hacia arriba. Saltaba y gritana que me dieran verga, pero mi novio les ordenò que todavìa no. Entre màs me mamaban las tetas, las chupaban y apretaban hasta el dolor, yo màs me excitaba. No aguantè y me empecè a correr allì mismo con las solas chupadas de las tetas. Me salìan chorros de mi propia leche. Cuando vieron eso, se alborotaron y se sacaròn las vergas. Eran gigantescas, casi me desmayo: uno la tenìa como de 12 pulgadas y no miento, el otro era un animal de 16 pulgadas brutalmente gruesa. Era un verdadero caballo. Me asusté y cuando quise recordar mi asco, el tercero me empezò a meter en la boca grandes tragadas de su verga azulina y resbalosa. El otro me separó las piernas y empezó a metermela con calma. Yo jadeaba pero tenìa la boca llena. Me la fue metiendo por golpes hasta que me entrò toda. Yo tengo una cavidad larga pero no muy ancha y me maltrataba los bordes pero el placer era tal que mi vagina se lo chupaba con lujuria. Me la metìa y me la sacaba cada vez màs duro y màs ràpido. Me ahogaba y en todo eso el de la verga gigantesca no dejaba de manosearme las tetas. El primero se vino en mi boca y mi cabello y me untò con dulzura las mejillas y el cuello. Cuando yo estaba a punto de mi orgasmo de nuevo, el segundo me la sacò de la vagina y con mis lìquidos me untò el ano, y lo abriò con sus dedos. Mi primera vez anal. Antes de darme cuenta el me levantò y me acostò sobre el pero boca arriba y me lo metìa desde atràs por el culo. Se sentì doloroso, pero cuando me lo quiso sacar yo me dejè caer de golpe, casi lo sentì hasta la mitad de mi cuerpo, vi estrellas. enloquecì y empecè a gritar como una mona. Entonces el que me chupaba las tetas me las soltò. Me las tenìa muy rojas y ardientes, y se arrebatò como un gorila. Se arrodillò de frente sobre mi. Me asustè mucho y quise apartarlo. Eso no lo aguantarìa. Lloraba y le rogaba a mi novio. Pero èste le dio una orden, y el negro me encajò ese gran pene de caballo en la vagina de un solo golpe. Gritè muy fuerte, pero el que estaba acostado debajo de mi, me tapò la boca mientras me cojìa màs duro por el culo. El que me daba por delante no tenìa donde apoyarse asì que me tomò de los hombros, lo que lo hacìa tirarse con fuerza dentro mìo. El dolor fue terrible, pero yo enloquecì otra vez y empecè a moverme circularmente. Les gustò porque apretaron la marcha. Los dos me dababan rìtmicamente y el del pene gigante empezò a mamarme las tetas otra vez. Lo hacìa como un maestro. El otro me soltò la boca y yo empecè a jadear. Era supremo: dos vergas gigantes, negras y babosas dentro de mi, hirviendo y sacudiendome. el de abajo acariciàndome la espalda y la cintura y el caballo apretandome los pechos con los dientes y la lengua. Seguì gritando pero de placer. -Còjanme, còjanme perros. Yo soy tu puta, yo soy tu puta culeadora-gritaba yo salvaje. El de adelante era mi favorito. Lo abracè, sacò su boca de mis tetas y nos empezamos a besar y besar. Nos lamìamos y babeabamos, me metìa la lengua en la boca, y despuès de veinte minutos de esa locura imparable con los dos adentro nos empezamos a correr uno por uno, primero el que me rompiò el culo, despuès yo y de ùltimo mi caballo favorito. Allì quedamos desfallecidos. Yo sangraba un poco por el culo, pero los potentes chorros de esperma de mi caballo en la vagina ocultaron todo rastro, y se quedò cansado sobre mi. Ahora por fin yo habìa encontrado el novio elegido. Nunca màs me fui de la aldea. Y aunque èl es mi amante salvaje de varias veces al dìa, cuando a veces quiero me tiro a los tres negros de esa tribu. Ellos no tienen màs mujer porque sus vergas sòlo seràn mìas incansablemente. yo soy la única puta capaz de tragarse las tres a la vez....

escrito por Anonimo
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