Hace algún tiempo se mudaron al piso de enfrente una pareja de unos
cuarenta años, Luis y Mari; son personas agradables y buenos vecinos. El
tiene negocio propio por lo que pasa la mayor parte del día en él. Ella
está algo entradita en carnes, sus pechos tienen un buen tamaño, algo
caídos, natural después de haber criado a dos hijos.
Al poco de haberse instalado los invitamos a cenar una noche; comimos,
bebimos y charlamos hasta ya bien entrada la madrugada; el comentó la
de detalles que aún le quedaban por colocar en la casa y el poco tiempo
que disponía para ello; yo como buen vecino me ofrecí a echar una mano,
tenía las tardes libres y como mi mujer trabaja a jornada completa me
aburría un poco.
La tarde siguiente me dispuse a cumplir mi ofrecimiento, llamé a su
puerta y abrió Mari, - Hola Carlos - dijo sonriente, - aquí me tienes a tu
servicio - contesté yo. Me explicó que lo que más falta le hacía era
montar una librería para empezar a vaciar cajas y yo presto me dispuse a
la tarea. Mientras colocaba tornillos y tablas ella se dispuso a quitar
del suelo unas marcas que habían dejado los de la mudanza, se colocó a
cuatro patas y con un barreño lleno de agua comenzó a frotarlas.
Llevaba puesta unas mallas ajustadas y una camiseta vieja con el cuello muy
cedido por el paso del tiempo, no tenía el sujetador puesto, supongo que
por comodidad, y por la abertura dejaba entrever sus pechos colgando y
meneándose violentamente; no pude evitar fijarme en ellos, mi polla se
endurecía con cada vaivén, se volvió y ahora su gran culo se meneaba
frente a mi, mi imaginación se disparó pensando en mi polla entrando
entre aquellas nalgas acolchadas, mi bulto iba a reventar, tenía que salir
de allí como fuera, - perdona Mari, tengo que ir al baño -, - claro, ya
sabes donde está, no -. De espaldas a ella me dirigí rápidamente hasta
el baño, al cerrar la puerta algo cayó al suelo, era su sujetador, lo
recogí y olí su aroma, aquel olor me terminó de poner a cien, saque mi
polla y comencé a masturbarme mientras con mi otra mano refregaba su
íntimo olor por mi cara, y al momento - AHHHHHH -, instintivamente bajé mi
otra mano hasta mi polla intentando evitar que mi semen se esparciera
por todo el baño, pero lo único que conseguí es llenar su sujetador
además de la pared y el suelo. - ¿Carlos, estás bien? -, - si, si -,
respondí nervioso, cogí papel higiénico y limpié como pude su prenda y las
manchas de la pared y el suelo, volví al salón terminé el trabajo y me
fui a casa.
Por la noche vino Luis a casa a darme las gracias y a pedirme que si
podía hacerle otro favorcito más (la verdad es que es un poco carota el
tio), el grifo del fregadero no se lo habían instalado y el no tenía ni
idea de cómo hacerlo.
Al día siguiente cogí mis herramientas y me dispuse a realizar el
favorcito, llamé a la puerta y pareció Mari, hoy estaba más arreglada,
llevaba un vestido corto de florecitas muy vaporoso, - pasa vecino - dijo
ella, sonriendo de nuevo, pasamos a la cocina y me eché en el suelo para
poder trabajar bajo el fregadero, ella cogió una escalera pequeña y se
puso a limpiar los mueble frente a mi, cuando levanté la cabeza un
nuevo espectáculo se presentó ante mis ojos, su corto vestido dejaba al
aire sus piernas y sus bragas de color visón, tan ajustadas que se
distinguían perfectamente los labios de su gordo coño, de nuevo mi imaginación
y mi polla empezaban a dispararse pero de momento ella se dio la vuelta
se agachó y dijo -¿qué mirabas tan atentamente, eh?, -¿ qué? -, intenté
hacerme el nuevo, - ¿quieres mis braguitas para hacerte otra paja o
prefieres mi sujetador?-,
-¿De qué estás hablando? - repliqué mientras me levantaba.
- Deberías ser más cuidadoso chico, no sólo manchaste mi sujetador sino
que además dejaste parte de tu leche sobre el lavabo -
No sabía que decir, estaba paralizado y mudo, sentía como me salían los
colores y el calor inundaba mi cuerpo y entonces ocurrió lo que menos
podía imaginarme, ella cogió mi mano, la acerco a uno de sus pechos y
dijo - No prefieres la carne a la tela -, su otra mano se acercó hasta mi
polla y la apretó con fuerza - porque yo si la prefiero - apostilló.
No dude ni un segundo más, desabroché su vestido mientras pellizcaba
sus pezones, lo dejé caer al suelo y su figura como recién sacada de un
cuadro de Velázquez se presentó ante mi, sus pezones eran grandes y
negros, acerqué mi boca hacia ellos y los lamí con suavidad, ella agarró mi
cabeza, pasé a mordisquearlos mientras mi mano se introducía bajo sus
bragas y buscaba su raja, mi dedo rebusco entre aquella maraña de pelos
y por fin, -Ohhhh -, se introdujo en aquel lecho calentito, noté como
se había humedecido ya, baje sus bragas hasta las rodillas y proseguí mi
tarea metiendo un segundo, tercero, cuarto dedo, aquello no era una
raja, era una cueva, la palma de mi mano entraba y salía de él con suma
facilidad ayudada por sus fluidos que aumentaban cada vez más, -Ahh,
ahhh, ahh … -, sus gemidos llenaban la cocina; hábilmente desabrochó mi
pantalón y magreaba mi pene erecto deseoso de penetrar su maduro coño
-Ahhhhhhhh - llegó al orgasmo.
Se agachó, sacó mi polla y comenzó a mamarla succionando con fuerza
durante unos segundos, cuando se la sacó chorreaba de su saliba, se
inclinó un poco sobre mi, la metió entre sus grandes y colgones pechos e
inició un masajeo entre ellos, mi polla iba a reventar.
- ¡Ven aquí! -, la levanté, coloqué una de sus piernas sobre la
escalera, agarré mi porra y son una dura embestida se la introduje en su coño,
-UHHH- volvió a gemir, yo empujaba con fuerza, dentro fuera, dentro
fuera, era como meterla en un inmenso túnel, pero la postura no me
convencía, chocaba contra sus grandes muslos en cada embestida, -¡Date la
vuelta!-, como había imaginado su culo era grande y acolchado, ahora si mi
polla entraba hasta el fondo, en cada empujón sus nalgas vibraban como
si de gelatina se tratara, -Ahh, Ahh , Ahhhhhhhh-, un segundo orgasmo,
estaba lanzada y yo aún no me había calentado.
Seguí empujando con fuerza pero pensé que la falta de presión de su
inmenso coño sobre mi pene iba a alargar la cosa demasiado. Separé un poco
sus nalgas y aprecié su ojete que extrañamente parecía bastante
pequeño, ella estaba excitadicima por lo que me decidí a actuar sobre él,
chupé mi dedo índice y comencé a acariciar su ano suavemente, puse mi mano
sobre su espalda y la empujé hacia abajo para que su culo sobresaliera
un poco más, sus pechos se posaron sobre la fría piedra de la encimera
-ohhhh-, exclamó ella.
Entonces me decidí a pasar a la acción - Quiero darte por el culo - me
enseñaron a pedir permiso siempre antes de hacer algo, - Si, Si, hazme
lo que quieras pero no pares -, saqué mi chorreante polla e intenté
introducirla en su ano -Ag, Ag - se quejó, aquella tarea se presentaba
complicada, - espera - cogí una botella de aceite de oliva que estaba
sobre la encimera, separé un poco su ojete y deje caer un chorrito sobre
él, lo mismo hice sobre mi pene y lo froté, volví a intentarlo y esta vez
si, despacio y con fuerza mi pene poco a poco se introdujo en su
interior, esto era otra cosa, aquel agujerito casi estrangulaba mi polla, que
entraba y salía con cierta fluidez gracias a aquel maravilloso líquido.
Ella comenzó de nuevo a gemir -Ahh, dame, dame más - estaba resultando
una excelente anfitriona, aquellas palabras me estaban poniendo a cien,
notaba como mis huevos se inflamaban más y más y de repente -AHHHHHHH,
AHHH, AHH -, mi leche explosionó en su interior, caí sobre ella
exhausto.
Al sacar mi resbalosa polla de su culo, broto de su interior mi leche
junto a algo de aceite, cogí sus bragas y tras limpiar mi enrojecido
pene, limpié su trasero, - creo que vas a tener que hacer una colada de
ropa interior -, ella sonrió y me beso.
Por la noche bajé a tirar la basura y en la escalera me encontré a Luis
-Hola -, - Qué tal vecino, hoy no he podido terminar de instalarte en
grifo, pero no te preocupes que mañana ya he quedado con tu mujer en
terminar el trabajito -, el iluso me dio las gracias, - No hay de que
vecino, no hay de que -.